martes, 22 de mayo de 2018

Un escape room en la clase de Matemáticas

Hoy voy a compartir con vosotros una de las experiencias más gratificantes que he vivido en mis casi cinco años como profesor de Matemáticas. Por todos es sabido que esta materia está tildada de difícil y aburrida, y he aquí que yo, harto de escuchar estos lamentos por parte de mis alumnos, siempre estoy dándole vueltas a la cabeza para buscar una manera de hacerla más fácil y divertida, aunque sea solamente en momentos y días puntuales, porque la verdad es que los profesores no tenemos mucho margen de maniobra con tanta burocracia y tantas tareas administrativas que nos roban un precioso tiempo que podríamos dedicar a preparar mejor las clases y a elaborar recursos y materiales atractivos. Pues bien, hace unos meses se me ocurrió hacer un escape room en mi grupo de 3º ESO de Matemáticas Aplicadas, y la experiencia, como he dicho antes, fue bastante positiva, tanto para mí como para mis alumnos. ¿Quieres saber cómo llevé a cabo esta idea? Sigue leyendo y ya me contarás al final qué te parece.
Yo soy un tipo raro, y también un poco friki, por qué no decirlo, y entre mis muchas rarezas está la de que soy capaz de estar en mitad de una conversación con una o varias personas y que de repente me ronde una idea por la cabeza que nada tiene que ver con el tema del que estamos hablando, así, sin venir a cuento, y entonces ya no puedo dejar de pensar en esa idea durante unos minutos. Resulta que, allá por el mes de diciembre, una de esas ideas que me vinieron así como de la nada fue la de hacer un escape room en una de mis clases de Matemáticas. Para quien no lo sepa, un escape room es un juego que básicamente consiste en encerrar a varias personas en una habitación de la que solamente podrán salir si son capaces de resolver en un tiempo limitado (lo habitual es una hora) varios enigmas, los cuales, al igual que la habitación, suelen estar ambientados en una determinada temática (terror, fantasía, ciencia-ficción, historia, etc.). Esta alternativa de ocio se está haciendo cada vez más popular, y es habitual encontrar numerosos escape rooms en varias ciudades; de hecho, hace un año fui por primera vez a uno aquí en Málaga con unos amigos como parte de la celebración de una despedida de soltero y nos lo pasamos genial.
A priori, la idea de aplicar el escape room a una clase de Matemáticas parecía innovadora y atractiva, pero me surgieron varias incógnitas. La primera era en qué grupo hacer la prueba. Este curso tengo cinco grupos, a saber: mi tutoría de 1º ESO con 32 alumnos; tres de 2º ESO, dos de ellos con unos 15 alumnos y otro con 25; y un 3º ESO de Aplicadas con 20 alumnos, aunque habitualmente vienen a clase solo 13 o 14. Mi tutoría la descarté por ser muy numerosa, y los de 2º ESO, pues también porque en todos ellos tengo a unos cuantos alumnos disruptivos que temía que me pudiesen torpedear el juego. Así pues, me quedaba la opción del grupo de 3º ESO de Matemáticas Aplicadas, que, si bien estos alumnos no tienen mucho interés por estudiar, todos ellos tienen un comportamiento aceptable, y además es un grupo reducido, lo que facilitaría que se moviesen con facilidad en el aula. Primera incógnita despejada.
La segunda incógnita era en qué unidad didáctica aplicar esta idea y cómo. Fuese cual fuese la elegida, lo que tenía claro era que preparar el escape room me iba a llevar un tiempo considerable, por lo que pensé que podría aprovechar las vacaciones de Navidad para ello con vistas a la unidad didáctica que íbamos a empezar antes de dichas vacaciones y continuar tras las mismas, concretamente de la ecuaciones de primer y segundo grado. El cómo lo tenía más o menos claro. Los enigmas a resolver serían precisamente ecuaciones, tanto ejercicios como problemas, que estarían escondidos en el aula, y para encontrarlas contarían con varias pistas ingeniosas acerca de su ubicación. La solución obtenida en cada ecuación se colocaría en la casilla correspondiente de una plantilla, para formar así una frase compuesta por números que tendrían que convertir en letras con la ayuda de dos cifrados que estarían custodiados por dos profesoras que en ese momento estarían dando clase en otras aulas, de tal manera que, para saber a qué aulas acudir, los alumnos tendrían que resolver además un par de acertijos. De esta forma, el objetivo del escape room sería averiguar esa frase misteriosa para poder 'escapar' del aula.
La tercera y última incógnita era la siguiente: ¿cuándo hacerlo? Con este grupo tengo cuatro clases cada semana, una a primera hora (los lunes) y las otras tres a segunda (miércoles, jueves y viernes). Pues bien, resulta que el aula donde doy clase a este grupo se suele quedar vacía los jueves a primera hora porque hay desdoble de algunas materias, y precisamente esa hora la tengo siempre libre porque ni tengo que dar clase a otro ni tengo reuniones, por lo que podría aprovecharla para montar el juego con tranquilidad. Así pues, busqué el primer jueves de enero posterior a haber explicado todos los conceptos necesarios de ecuaciones de primer y segundo grado para que los alumnos estuviesen capacitados para resolver las del escape room. El gran día sería el 18 de enero.
Como he comentado antes, dediqué varios días de mis vacaciones de Navidad a preparar todo el material necesario para poder jugar a este escape room matemático. En primer lugar, pensé en cuál sería la frase que mis alumnos tendrían que descubrir, puesto que, en función de cuántas letras tuviera, necesitaría más o menos ecuaciones. Una vez escogida, me inventé ejercicios y problemas de ecuaciones de primer y segundo grado cuyas soluciones estuviesen entre -13 y 13, ya que luego cada número estaría asociado a una de las 27 letras del abecedario, que es en lo que consistía el primer cifrado, mientras que el segundo cifrado asociaría cada una de esas letras a otra diferente, ya que con el primero se obtendría una frase sin sentido con las letras desordenadas que, una vez aplicado el segundo, ya permitiría conseguir el mensaje oculto. Con respecto a los dos acertijos que tendrían que resolver los alumnos para averiguar a qué aulas acudir a buscar los respectivos cifrados, cada uno de ellos estaría compuesto a su vez por otros dos: uno para averiguar el curso y otro para la letra del aula en cuestión. Por último, saqué a relucir mi ingenio para crear una pista para cada uno de los lugares del aula en los que escondería las ecuaciones.
El ya referido jueves 18 de enero, lo primero que hice fue entregar los dos cifrados a las profesoras que estarían dando clase en las dos aulas que tendrían que averiguar los alumnos resolviendo los citados acertijos. Unos minutos después de que diese comienzo la primera hora de clase, subí al aula, que no estaba ocupada, tal y como estaba previsto, y me encerré en ella para montar el escape room: aparté las mesas y las sillas a los lados para que no entorpeciesen, escondí las ecuaciones en los lugares que había pensado, y, finalmente, dejé una mesa en el centro con la plantilla que tendrían que rellenar los alumnos y con las pistas para guiarles en la búsqueda de las ecuaciones. Tras ello, me sobró un buen rato antes de que terminase la hora, por lo que aproveché esos minutos para escribir ESCAPE ROOM bien grande en la pizarra junto con algunos guiños matemáticos, y así ambientar un poco el juego.
Cuando tocó el timbre del cambio de hora, salí al pasillo para cerrar la puerta y esperar a mis alumnos de 3º ESO de Matemáticas Aplicadas. Ellos ya estaban avisados por mi parte de que la clase de ese día sería especial, y así lo confirmaron cuando entraron en el aula, que no presentaba el aspecto habitual. A todos se les cambió la cara cuando vieron la pizarra y les di la bienvenida a este escape room matemático, cuyas normas les expliqué a continuación para que pudiesen empezar a jugar. Lo primero que tenían que hacer era consultar las pistas para averiguar dónde estaban escondidas las ecuaciones; como muestra, un par de dichas pistas eran las siguientes:
  • Es más moderna que la verde: una de las ecuaciones estaba oculta en la parte trasera de la pantalla digital, que obviamente es más moderna que la pizarra de tiza de toda la vida.
  • Eiffel: inevitablemente les tenía que hacer pensar en la palabra 'torre', y es que una de las ecuaciones estaba pegada en la torre del ordenador del aula.
Conforme iban encontrando las ecuaciones, las fueron resolviendo. Bien es cierto que les tuve que dar una pequeña ayuda para encontrar tanto una de las ecuaciones como la solución de alguna de ellas, pero, exceptuando esos momentos puntuales, el resto de la hora estuve sentado en mi mesa viendo lo bien que se lo estaban pasando, lo nerviosos que se ponían cuando hacían los ejercicios y problemas y se daban cuenta de que lo estaban resolviendo mal, cómo se repartían las tareas para aprovechar el tiempo del que disponían, etc.
Más o menos en mitad de la hora, les propuse el primero de los acertijos para averiguar en qué aula estaba oculto el primer cifrado, y, unos minutos después, el acertijo del segundo cifrado, para los cuales les dejé utilizar el móvil, puesto que necesitarían buscar en Internet cierta información para resolverlos. Por ejemplo, uno de ellos se componía de las siguientes partes:
  • Curso: el único número que es triangular, cuadrado, pentagonal, etc.
  • Letra: primera letra de la ciudad en la que Pitágoras fundó su famosa hermandad.
Como podéis comprobar, el aula a la que acudieron dos de los alumnos para recoger uno de los cifrados era la de 1ºC. A falta de unos diez minutos para que terminara la clase, ya solamente les quedaba aplicar los dos cifrados a las soluciones de las ecuaciones que ya habían resuelto para, de esta forma, averiguar la frase secreta con la que terminaba el juego, que era "Pi no es tres catorce".
Indudablemente, este escape room matemático fue todo un éxito. Conseguí motivar a unos alumnos que tienen poco interés en estudiar con un juego en el que tenían que resolver ecuaciones y acertijos en un tiempo límite, y no sólo eso, ya que además utilizaron sus móviles con un fin educativo y lúdico que no fuese whatsappear o hacerse un selfie; por otro lado, también vieron lo importante y necesario que es trabajar en grupo y de forma cooperativa, puesto que de forma individual no habrían podido terminar el juego. Y, por la parte que me toca, tengo que recalcar que los alumnos se lo pasaron muy bien haciendo y jugando con las matemáticas, que es lo que pretendía con este escape room.
Sin duda alguna, tengo pensado repetir esta experiencia sí o sí. Lo bueno es que el escape room se puede aplicar en la materia de Matemáticas en muchas unidades didácticas además de para las ecuaciones de primer y segundo grado, pues también veo factible hacerlo con números enteros, fracciones o geometría, por poner algunos ejemplos. Por contra, presenta el inconveniente de que en la hora previa a su realización es necesario que el profesor no tenga clase y que el aula donde se vaya a jugar esté libre para poder montar el escape room, al menos de la manera en la que yo lo he planteado, pero bueno, siempre se pueden buscar aulas alternativas o ponerse de acuerdo con otros profesores para poder poner en práctica este juego.
En fin, espero que os haya gustado esta idea del escape room, que ni que decir tiene que se puede aplicar en otras materias además de en Matemáticas, y es que, sin ir más lejos, mi compañera de Francés, cuando le conté lo satisfactorio de mi experiencia, ya se ha planteado montar un escape room en uno de sus grupos; además, ya he visto estos últimos meses por las redes sociales que no soy el único al que se le ha ocurrido esto del escape room en las aulas, tanto en Primaria como en Secundaria, así que tiene pinta de que esta técnica de gamificación se está poniendo muy de moda. Y tú, ¿te atreves a hacer un escape room con tus alumnos?

Nota: este post forma parte del Carnaval de Matemáticas, que en esta septuagésima séptima edición, también denominada 9.1, está organizado por Rafael Martínez González a través de su blog El mundo de Rafalillo.

No hay comentarios: