jueves, 15 de agosto de 2019

Una breve historia de casi todo

El pasado domingo terminé de leer el cuarto libro de este verano, concretamente 'Una breve historia de casi todo', del escritor estadounidense Bill Bryson.
El autor plasma en esta obra tres años de ardua labor documental para tratar de explicar de una manera muy resumida cómo comenzó todo y cómo hemos llegado hasta aquí, es decir, lo que hemos sido, lo que somos y, por qué no, lo que podremos ser. A lo largo de treinta capítulos, el libro abarca todo el conocimiento humano en lo que a ciencia se refiere a través de sus diferentes disciplinas (física, química, astronomía, geología, biología, antropología, zoología, genética...), conceptos y teorías (los átomos, las células, la teoría del Big Bang, la teoría de la relatividad, la tectónica de placas, el evolucionismo, el ADN, la extinción de los dinosaurios, el origen del ser humano...) y científicos (Newton, Darwin, Mendel, Curie, Hubble, Wegener, Watson, Rutherford, Einstein, Mendeléyev, Linneo...) para que cualquier persona pueda entender, o al menos hacerse una idea, cómo la vida y nuestra propia existencia surgieron de un determinado cúmulo de circunstancias que se dieron en un determinado momento, así como que cualquier pequeña variación en los miles de años que tiene nuestro universo podría haber deparado una historia bien distinta a la que conocemos.
Es la segunda vez que afronto la lectura de este libro, ya que hace unos diez años empecé a leerlo y, no recuerdo exactamente por qué, lo abandoné. Quizás fuese porque algunos capítulos y fragmentos se me hicieron pesados y aburridos, cosa que me ha ocurrido ahora, lo cual tiene sentido porque hay ciertas disciplinas de la ciencia que no me interesan tanto como otras, pero, tras haberlo leído al completo, puedo afirmar que se trata de una obra muy recomendable y accesible, teniendo en cuenta el rechazo que suele generar la ciencia al ciudadano medio. Lo que sí que recuerdo a la perfección de aquella primera lectura es que la introducción del libro me encantó, y ahora no ha sido menos: es más, la he leído tanto al principio como al final, y os animo a que vosotros también lo hagáis (no es difícil encontrarla en Internet), es sencillamente espectacular. El libro cuenta con varias virtudes, y una de ellas es que es evidente que el autor se ha documentado a la perfección, no solamente con libros y revistas (la bibliografía abarca casi veinte páginas), sino también con numerosos profesores y especialistas de museos y universidades que le han ayudado a componer un ameno ensayo divulgativo y carente de fórmulas sobre la vida en sus más diversas facetas y de cómo la ciencia ha tratado de entenderla y explicarla a lo largo de la historia a través de esas grandes ideas y teorías que surgieron en las mentes de brillantes científicos. Si una cosa queda realmente clara tras esta lectura es que la vida, tal y como la conocemos, es un auténtico milagro, y que nuestra existencia, la de cada uno de nosotros, es tan improbable que se haya dado que deberíamos dar gracias por cada segundo que respiramos y por formar parte de una especie que tiene la capacidad de saber cómo surgió la vida en nuestro planeta. Otra cosa que me ha encantado es que el autor recurre a unas más que acertadas comparaciones para que podamos entender realmente la magnitud de los números que utiliza a lo largo del libro, como por ejemplo la edad del Universo, las distancias planetarias, la duración de las eras geológicas de la Tierra, el tamaño de los átomos y las moléculas, o la cantidad de antecesores que tiene cada ser humano. Se trata por lo tanto de una obra imprescindible para quien quiera leer divulgación científica, sepa apreciar lo maravillosa que es la vida y valore la importancia de la ciencia.

miércoles, 7 de agosto de 2019

Viaje a España 2017: día 6

Jueves, 10 de agosto de 2017

8:00
Como a lo largo de todo el viaje, nos levantamos pronto para aprovechar la jornada al máximo, y este día con más razón, puesto que por la tarde visitaríamos el monasterio de Santo Toribio de Liébana por ser Año Jubilar Lebaniego, la principal causa por la que mi madre había planteado este viaje. Lo primero que hicimos fue ducharnos, y luego vestirnos para poder terminar de hacer la maleta, aunque la noche anterior ya la dejamos prácticamente listas, para seguidamente bajar a la cafetería del hotel a desayunar. Yo repetí la combinación del día anterior (un par de tostadas con mantequilla, un sobao pasiego, una napolitana de chocolate y un vaso de leche con Colacao), a la que le añadí un croissant de chocolate. Una vez desayunados, mi madre dijo de ir a comprar más cajas de polkas para algunos familiares, por lo que, en vez de irnos ya, nos dimos un pequeño paseo hasta el obrador de la confitería Santos para comprarlas.
De vuelta en el hotel, subimos a la habitación para recoger todo el equipaje, tras lo cual dejamos las llaves de la habitación en la recepción para, ahora sí, ir al coche pasadas ya las diez y media de la mañana. Nos incorporamos a la autovía A-8 para luego continuar por la nacional N-621 a la altura de Unquera, comenzando de esta forma una ruta de pequeñas localidades cántabras, y algunas asturianas, rodeadas de verdes paisajes y frondosos bosques: San Pedro de las Baheras, Buelles, Panes, etc. Llevábamos ya casi una hora en el coche cuando llegamos a un largo tramo de carretera en el que los dos carriles se hacían más estrechos, las curvas se sucedían una tras otra, y a ambos lados se levantaban enormes paredes y montañas de piedra siguiendo el curso del río Deva. Estábamos en el desfiladero de La Hermida, y, a pesar de lo peligroso que resultaba circular por allí, es sin duda alguna la carretera por la que más he disfrutado conduciendo.
Las condiciones de la carretera me obligaban a ir a no más de 20 o 30 km/h, de hecho en algunos momentos tuvimos que parar para que en las curvas pudieran pasar dos coches al mismo tiempo, o incluso en algunas rectas cuando venía un camión en sentido contrario. Esos momentos los aprovechaba para mirar por la ventanilla y coger el móvil para hacer algunas fotos de unos paisajes que me dejaron embelesado. Jamás me imaginé que iba a pasar por un camino tan bonito, que apenas sintiese miedo por conducir por una carretera tan estrecha en la que el coche casi rozaba con las rocas, o que no me importase parar cada dos por tres por culpa del tráfico. Pasado este bello tramo de más de 20 km, la carretera volvió a hacer más ancha, y apenas diez minutos después ya estábamos en Potes. La idea era asistir a la misa del peregrino que se celebraría en el monasterio a las 12:00, pero ya no nos iba a dar tiempo, así que decidimos no parar e ir directamente a Fuente Dé, adonde llegamos a la una menos cuarto.
Aparcamos el coche en un enorme descampado, a los pies de los Picos de Europa, un macizo montañoso inmenso que me dejó boquiabierto, al igual que lo estuve apenas una hora antes, pues el paisaje era bien parecido, aunque ahora no tenía que estar pendiente del tráfico y sí de no parar de hacer fotos con mi cámara para llevarme un recuerdo gráfico de ese espectáculo de la naturaleza que tenía ante mí. Si por algo es conocido Fuente Dé es por su teleférico, el cual cruzaba por encima de nuestras cabezas salvando un desnivel de unos 750 metros desde la estación base hasta la situada en una de las cimas que nos rodeaban, pero no nos subimos básicamente por dos razones: una, porque me daba un poco de miedo; y dos, porque tendríamos que esperar al menos un par de horas y no disponíamos de ese tiempo. Así pues, después de pasar allí más de media hora, volvimos al coche para ir definitivamente a Potes.

14:00
Aparcamos en una explanada detrás de la Iglesia de San Vicente y nos acercamos a la Hostería La Antigua, el alojamiento que habíamos reservado, aunque unos días después nos llamaron para decirnos que habían cometido un error en la reserva y que nos tendríamos que alojar en otra hostería cercana, y como compensación tendríamos que pagar solamente 50 € en vez de los 60 € de temporada alta y que además nos darían un obsequio. Cuando llegamos, nos atendió una mujer, y tras identificarnos, nos llevó a nuestro nuevo alojamiento, situado a muy pocos metros de allí. La habitación, la 203, era similar a la que habíamos reservado inicialmente, así que no pusimos pegas, y menos todavía cuando nos dijo que finalmente no tendríamos que pagar nada, que nos regalaban el alojamiento, así que eso que nos ahorrábamos.
Antes de volver a la calle, me quité la camiseta de manga larga que llevaba puesta para cambiármela por un polo de manga corta, y es que no hacía tanto frío como estaba previsto, sino más bien calor. Como ya iba siendo hora de almorzar, nos fuimos directamente a la primera opción que tenía anotada en mi lista de recomendaciones, Casa Favila, que resultaba que no tenía ninguna mesa libre, pero justo al lado de la entrada había una pareja a la que le quedaba poco para terminar, por lo que decidimos esperar, aunque mi madre fue la que se quedó allí mientras yo fui a dar una vuelta por las calles del pueblo. Casualidades de la vida, en una tienda me encontré con una antigua alumna de La Asunción, el colegio en el que trabajé durante tres cursos antes de conseguir una plaza en las Oposiciones; y luego, de vuelta en el restaurante, resulta que la mujer de esa pareja que estaba terminando de comer había trabajado en Sant Feliu de Guíxols en el hotel del tío de mi madre. Desde luego, el mundo es muy pequeño.
Ya sentados a la mesa poco después de las tres de la tarde, mi madre se pidió el menú especial, con fabada asturiana de primero y cachopo de ternera de segundo, mientras que yo me decanté por el menú normal, con una tabla de embutidos de primero y un cachopo de lomo de segundo, y ambos menús con el pan, el agua y el postre incluidos. Espectacular. Según mi madre, hacía mucho tiempo que no se comía una fabada tan buena, la tabla venía muy completa (cuatro lonchas de chorizo, salchichón, cecina y jamón), y los dos cachopos estaban muy sabrosos, se notaba que eran caseros. De postre pedimos sendas porciones de tarta, de queso la de mi madre y de chocolate la mía. En total, 29 € por el almuerzo (17 € el menú de mi madre, 12 € el mío), una relación calidad precio casi insuperable.
Nada más terminar de comer, fuimos en busca del coche para subir al monasterio, pero por el camino fuimos viendo el pueblo, cuyas calles empedradas estaban a rebosar de turistas. Atravesamos el Puente Nuevo, situado sobre el río Quiviesa, que desemboca unos metros más adelante en el río Deva, y desde el cual vimos la Torre del Infantado, actual sede del Ayuntamiento. A continuación, llegamos a una pequeña plaza en la que encuentra el monumento a Jesús de Monasterio, un violinista nacido en Potes, así como la antigua iglesia de San Vicente, que ahora es la Oficina de Turismo del pueblo, y la nueva iglesia de San Vicente, en cuyo interior habría que destacar el altar mayor y los pequeños retablos de sus capillas que dan cobijo a algunas tallas de santos, cristos y vírgenes.

16:25
Nos montamos en el coche, que estaba aparcado allí mismo, y subimos al monasterio de Santo Toribio de Liébana, que, como era de esperar, estaba bastante concurrido. Accedimos al templo por la Puerta del Perdón, que solamente se abre durante el Año Santo Jubilar, y ya dentro lo recorrimos tranquilamente a la espera de que a las cinco se expusiera el Lignum Crucis. La iglesia, bastante bien conservada, combina elementos del románico y del gótico, y no destaca por tener muchos elementos decorativos, más allá de un órgano, un altar muy sobrio y la tumba de Santo Toribio, aunque sí que llama la atención sobre el resto del conjunto la gran capilla en la que se venera el Lignum Crucis, el trozo más grande que se conserva de la cruz en la que se supone que murió Jesucristo.
A las cinco en punto, uno de los frailes franciscanos que cuidan el monasterio se acercó a dicha capilla para coger el Lignum Crucis y llevarlo al altar para proceder a la explicación, bendición y veneración del Lignum Crucis, tras lo cual los allí presentes formamos una cola para besar la reliquia. Después, salimos para visitar el claustro del monasterio, muy ajardinado, y ya luego mi madre fue a la tienda del monasterio para comprar algún recuerdo. A continuación, volvimos al coche para acercarnos a la ermita de San Miguel, situada al final de una carretera a apenas un kilómetro de distancia del monasterio de Santo Toribio de Liébana. Probablemente sea el templo más pequeño que he visitado, y a través de la reducida reja de la puerta, pues estaba cerrada, solamente pude distinguir una cruz y una pequeña talla de San Miguel en su interior.
Sin embargo, el principal motivo por el que quise subir hasta allí no era el templo en sí, que como he dicho no era gran cosa, sino poder disfrutar de la panorámica que se podía divisar desde la colina que corona la ermita: los Picos de Europa, el valle de Liébana y los pueblos desperdigados por entre las laderas. Allí pasamos unos diez minutos entre la inmensidad y la tranquilidad que nos rodeaba antes de volver a Potes, adonde volvimos poco antes de las seis y media. Nos acercamos a la Torre del Infantado, situado entre el Puente Nuevo y el Puente de la Cárcel, por el cual bajamos para continuar nuestro paseo siguiendo el curso del río Deva, de aguas cristalinas y salpicado de piedras y rocas, una composición que capturé en varias fotografías con mi cámara.
Al llegar al siguiente puente, volvimos a la calle principal del pueblo, cuyas numerosas tiendas fuimos recorriendo de una en una para ver qué recuerdos y qué productos típicos comprar. Yo me puse a buscar la típica camiseta que suelo comprarme cuando viajo; al final, después de mucho comparar y probarme varios modelos en varias tiendas, me decanté por una azul de 12 € en la que aparece la estela de Barros, uno de los símbolos de Cantabria, junto con otros dos glifos con forma de espiral que también había visto por la zona. Por su parte, mi madre compró varios quesos y paquetes de sobaos en un par de tiendas, una de ellas la de la hostería en la que habíamos reservado el alojamiento, y así al menos les agradecíamos el gesto de habernos pagado la habitación por el error que cometieron en la reserva.

20:30
Tras dejar lo que habíamos comprado en la habitación y descansar un poco, volvimos de nuevo al pueblo para seguir descubriendo sus encantos. Uno de ellos es el Puente de San Cayetano, otro de los puentes de piedra que surcan la villa de Potes, en este caso en los últimos metros de río Quiviesa, a uno de cuyos márgenes bajé por una de las escalinatas situadas junto al puente para hacer algunas fotos a los patos y gansos que nadaban en sus aguas. A continuación, nos incorporamos a la carretera que atraviesa el pueblo, concretamente a la altura de un pequeño parque en el está la estatua del Homenaje al médico rural; luego, continuamos por una de las muchas calles empedradas del pueblo, ésta paralela al río y surcada por varios arcos de piedra, y después por el Puente Nuevo para volver a la zona de las tiendas de recuerdos y comprarle a nuestra perra Lola un llavero con un cencerro para colgárselo en su collar.
Después, estuvimos dando un paseo por el pueblo buscando un sitio para cenar, aunque en realidad no teníamos mucha hambre, pues el almuerzo fue más que contundente. Al final nos decantamos por uno de los que llevaba recomendados en mi lista, El Refugio, donde nos tomamos una Coca-Cola cada uno y una ración de rabas de calamar; en total, 9'60 €. Fue allí precisamente, mientras esperábamos que nos sirvieran la cena, cuando me enteré de que el destino definitivo que me habían adjudicado para el siguiente curso era Cártama, en el IES Jarifa, lo cual me agradó porque me quedaba más cerca de casa y evitaba tener que alquilarme un piso como tuve que hacer ese curso en Coín; de hecho, ya han sido dos cursos los que he pasado en este instituto y puede que siga uno más.
Ya cenados y siendo noche cerrada, seguimos paseando por Potes para ver iluminado algunos de sus monumentos, como por ejemplo la Torre del Infantado. Nos acercamos también al Puente Nuevo y al Puente de San Cayetano, donde bajé al río para recorrerlo hasta el Puente de la Cárcel por uno de sus márgenes. Ya de vuelta con mi madre, regresamos a la habitación de nuestro alojamiento a eso de las once de la noche. Al igual que la noche anterior, como a la mañana siguiente nos tocaba irnos de nuevo y ponernos en carretera, dejamos las maletas preparadas para no perder mucho tiempo y salir lo más temprano posible. Pusimos las alarmas de nuestros móviles a las siete y media, y pasadas las doce de la madrugada ya estábamos acostados.

martes, 30 de julio de 2019

El silencio de la ciudad blanca

El tercer libro que me he leído este verano ha sido 'El silencio de la ciudad blanca', de la novelista española Eva García Sáenz de Urturi.
Los cadáveres de un chico y una chica de veinte años aparecen en la Catedral Vieja de Vitoria. Las víctimas están desnudas, con las manos apoyadas en la mejilla de la otra y tienen apellidos compuestos alaveses, un ritual que casa con el de los crímenes ocurridos hace dos décadas, cuando fueron asesinadas parejas de cero, cinco, diez y quince años. El inspector Unai López de Ayala será quien lleve el caso junto con la inspectora Estíbaliz Ruiz de Gauna, su inseparable compañera, y la subcomisaria Alba Díaz de Salvatierra, recién llegada a la comisaría y con la que mantendrá una relación personal y profesional. Tasio Ortiz de Zárate fue condenado por esos asesinatos, y casualmente está a punto de salir de la cárcel, por lo que Unai sospecha que está implicado de alguna manera en estos nuevos crímenes dobles que se siguen sucediendo. Lo que el inspector López de Ayala desconoce es que todo comenzó mucho antes de lo que él pensaba.
Yo no soy muy propenso a dejarme llevar por el último boom literario del que todo el mundo habla, más que nada porque alguna que otra vez te llevas un chasco, pero he de reconocer que, cuando me enteré de que 'El silencio de la ciudad blanca' se estaba convirtiendo en el best-seller del momento y leí su argumento, me vi obligado a incluir inmediatamente este título en mi lista de futuribles. Tardé un año en hacerme con él y otro más en leerlo. Sencillamente espectacular. Me ha resultado adictivo desde el primer capítulo, cuando tiene lugar el primer doble crimen que reanuda los que hubo en el pasado. A partir de ahí resulta complicado dejar de leerlo, y es que, si bien yo he repartido la lectura a lo largo de una semana para disfrutarlo por más tiempo, de habérmelo propuesto hubiese devorado el libro en un par de días. Por momentos trepidante, nos encontramos con una serie de crímenes rituales cometidos por un asesino que demuestra ser más inteligente que el investigador principal, el inspector López de Ayala, quien por más caminos que sigue para tratar de cazar al culpable siempre se encuentra con un muro que le impide averiguar quién es realmente. Es por ello que tanto Unai como el lector sospechan de numerosos personajes a lo largo de la trama, lo que da lugar a otros tantos giros en la investigación, hasta que llega un momento que ya se sabe claramente quién es, pero al final resulta que esa persona no es quien parece ser, sino quien menos te imaginas, de ahí la inteligencia del asesino. Una de las cosas que más me ha gustado del libro es lo bien que alterna el relato de los crímenes actuales con el de los hechos acaecidos en dos momentos del pasado, que son precisamente los que explican por qué el asesino actúa como tal; sin embargo, a mi parecer hay algunos detalles de los crímenes que no se terminan de aclarar en el desenlace, y es que, por poner un ejemplo, cuesta entender cómo es posible que dos cadáveres aparezcan casi de la nada en mitad de una plaza llena de gente y que nadie se dé cuenta de ello. También cabría destacar la buena ambientación que la escritora hace de los lugares en los que se desarrolla la novela, principalmente en Vitoria y sus alrededores; de hecho, me han entrado muchas ganas de viajar allí y perderme por las calles de la capital vasca y sus pueblos. Nos hallamos pues ante una novela policíaca y de intriga muy completa, tiene prácticamente de todo: crímenes, rituales, leyendas, misterio, cultura, pasión, historias personales, etc. Es de esos pocos libros que, al terminar de leerlos, me han hecho pensar tanto que es una pena que ya lo haya acabado como que es uno de los que a mí me gustaría escribir algún día. Ni que decir tiene que leeré el siguiente título de la trilogía de La Ciudad Blanca.

miércoles, 24 de julio de 2019

No es mío, pero es interesante (CXXVII)

Ya tenemos aquí una nueva entrega de 'No es mío, pero es interesante', una sección en la que os recomiendo las entradas de otros blogs y webs que más me han interesado en las últimas semanas. Para variar, tenemos algunos blogs que han colado más de una aportación, como son los casos de Microsiervos y Ya está el listo que todo lo sabe, con once y cinco posts, respectivamente. Y lo mismo pasa con la variedad de contenidos: matemáticas, ciencia, astronomía, vídeos, curiosidades, etc.
Repasemos la lista de enlaces de esta entrega:
¿Os han gustado las recomendaciones de esta entrega? Espero que sí y que me lo hagáis saber a través de un comentario ;)

jueves, 18 de julio de 2019

Los gritos del pasado

Hace un par de días terminé de leer el segundo libro que he devorado este verano, y ha sido 'Los gritos del pasado', de la escritora sueca Camilla Läckberg.
Las vacaciones de Erica Falck y Patrik Hedström, que están a punto de ser padres, se ven interrumpidas por la aparición del cadáver de una joven turista alemana cerca de Fjällbacka. El cuerpo está desnudo y lleno de heridas y lesiones, pero lo más desconcertante es que debajo encuentran los esqueletos de dos chicas que desaparecieron hace más de veinte años. Patrik y su equipo se ponen al frente de la investigación y descubren que el principal sospechoso de aquellas desapariciones es Johannes Hult, que se suicidó poco después tras haber sido denunciado por Gabriel, su propio hermano. La turbulenta y tensa relación de los integrantes de la familia Hult, así como los secretos que ocultan algunos de ellos, dificultan la resolución del crimen, el cual se complica todavía más cuando unos padres acuden a comisaría para denunciar que su hija lleva varias horas sin dar señales de vida.
Hace tres años, cuando leí 'La princesa de hielo', el primer título de la serie de Los crímenes de Fjällbacka de la escritora sueca Camilla Läckberg, me animé a continuarla, y la verdad es que dicha decisión no pudo ser más acertada. Si ya me gustó aquella lectura, la de 'Los gritos del pasado' ha sido incluso mejor, puesto que me ha enganchado desde la primera página hasta la última gracias a la excelente narración de la trama, fluida y para nada enrevesada, y con unos diálogos muy creíbles y naturales; por otra parte, el que también se expliquen los problemas y vicisitudes del día a día de los personajes, además de la propia resolución del caso, permite que te involucres incluso más en la historia y que entiendas la forma de comportarse de cada uno de ellos. Esta vez, el papel de Erica pasa a ser secundario y pierde protagonismo en favor de Patrik, su pareja, quien se aleja de ese perfil de detective que trabaja prácticamente en solitario, como ocurre con los clásicos Sherlock Holmes o Hércules Poirot, ya que se rodea de varios compañeros muy diferentes entre sí que también cumplen con una misión más o menos decisiva en la investigación. Sí que tengo que decir que el final me ha dejado con algunas incógnitas sin resolver del todo, pues no he terminado de entender el por qué de dos o tres detalles que se mencionan en la historia, pero a esto le doy una importancia mínima. Mantengo mi idea de seguir leyendo a Camilla Läckberg y sus crímenes de Fjällbacka, y es que a buen seguro que disfrutaré con esas futuras lecturas al igual que lo he hecho con las dos primeras.

viernes, 12 de julio de 2019

Viaje a España 2017: día 5

Miércoles, 9 de agosto de 2017

7:30
Nos levantamos bien temprano para afrontar una jornada muy intensa, puesto que teníamos planeado visitar Santillana del Mar, Comillas y San Vicente de la Barquera, para luego volver a Torrelavega y pasar allí el resto del día. Poco antes de las nueve, una vez duchados y arreglados, bajamos a la cafetería del hotel para desayunar, en mi caso un par de tostadas (más gruesas de lo habitual) con mantequilla, un sobao pasiego, una napolitana de chocolate y un tazón de leche con Colacao. Subimos de nuevo a la habitación para coger mi mochila de la cámara de fotos y los paraguas, ya que estaba lloviendo y el pronóstico para el resto del día no era del todo bueno.
A las nueve y media, nos montamos en el coche y pusimos rumbo a Santillana del Mar, la villa de las tres mentiras, en mitad de un buen aguacero; por suerte, al llegar allí, dejó de llover, lo cual fue un alivio, ya que no hubiera sido lo mismo visitarla paraguas en mano y estando pendiente de no resbalarse. Aparcamos en una explanada con zona azul, por lo que abonamos 1'5 € para poder dejar allí el coche hasta las 12:00, hora a la que calculábamos que habríamos terminado. Pasamos por entre el Museo Diocesano Regina Coeli y la ermita San Roque para a continuación cruzar al casco histórico del pueblo, considerado uno de los más bonitos de España, y la verdad es que el distintivo lo tiene más que merecido.
Me quedé prendado desde el primer momento en que puse los pies en sus calles adoquinadas, relucientes por la reciente lluvia, y me vi rodeado de sus construcciones de piedra, muchas de ellas palacios muy bien conservados, y es que estar paseando por allí fue como retroceder doscientos o trescientos años en el tiempo. Avanzamos por la calle principal, repleta de balcones adornados con macetas llenas de flores y de tiendas en las que se venden productos típicos cántabros (sobaos, quesos, anchoas...), donde se encuentran, entre otras, la Torre de los Velarde y las Casas de los Quevedo y Cossío, hasta llegar a la plaza presidida por la Colegiata de Santa Juliana, el monumento más importante de la villa; sin embargo, antes de visitarla, seguimos un poco más hasta la plaza de las Arenas para ver el Palacio de Velarde.
Tras hacernos unas fotos junto a la portada del templo, entramos en la colegiata, previo pago de 3 € por cabeza. Nada más entrar, nos topamos con la capilla de Polanco y con el claustro, pero primero nos dirigimos al templo propiamente dicho. Tal y como ya había advertido en el exterior, el estilo era claramente románico, con predominio del arco de medio punto y bóvedas de cañón, aunque también aprecié alguna bóveda de crucería más propia del gótico. Del interior, cabría destacar el órgano, el altar mayor y el sepulcro de Santa Juliana, así como algunas capillas. Seguidamente, volvimos al claustro, probablemente lo mejor de la colegiata, pues combina la sencillez de estos espacios con la complejidad y diversidad de sus arcos y capiteles, todos ellos diferentes y con motivos vegetales, animales y antropomorfos.
Ya fuera de la colegiata, recorrimos en sentido inverso la calle principal del pueblo, transitada principalmente por turistas que iban de un lado para otro, aunque a más o menos por la mitad nos desviamos por una bocacalle que desemboca en la Plaza Mayor. Nada más llegar, sentimos caer unos cuantos goterones que inmediatamente se convirtieron en un considerable aguacero que nos obligó a guarecernos en el soportal del edificio del Ayuntamiento, desde donde pude ver la Torre de Don Borja y la Torre del Merino. Allí permanecimos unos diez minutos hasta que escampó, tras lo cual seguimos por otra de las calles de Santillana del Mar teniendo cuidado de no resbalarnos con el agua caída y el suelo empedrado, pero, a pesar del cuidado que tuvimos, mi madre hizo un mal gesto con el pie y rompió uno de sus zapatos. Menos mal que en el coche tenía unos de repuesto, así que fue a por ellos para que no caminase descalza.

11:45
Nos pusimos de nuevo en carretera para ir a Comillas, adonde llegamos sobre las doce y cuarto después de dar algunas vueltas buscando sitio. Finalmente aparcamos junto al cementerio, construido sobre los restos de una antigua iglesia, y el cual visitamos para ver la escultura de El Ángel Exterminador que se alza sobre él. De allí nos fuimos hasta el parque Güell y Martos, una colina presidida por el imponente Monumento al Marqués de Comillas y en la que también destaca el llamativo Palacio de los Duques de Almodóvar del Río, de un evidente estilo inglés y que, salvando las distancias, guarda cierta similitud con el Palacio de la Magdalena de Santander, pero más pequeño.
A continuación, bajamos al casco histórico pasando por delante de la estatua del Sagrado Corazón de Jesús y desembocando en la plaza de la Constitución, lugar donde se encuentra el antiguo Ayuntamiento de Comillas, así como la iglesia de San Cristóbal, en la cual entramos. El interior del templo era bastante espacioso, con bóvedas de crucería a pesar de ser una construcción barroca, y con varias imágenes de procesión, entre ellas la del Cristo del Amparo, patrono del pueblo; por su parte, del exterior cabría destacar su alta torre campanario. Seguidamente nos acercamos a la plaza en la que se halla el Ayuntamiento, la fuente de los Tres Caños y la Casa Ocejo, que es donde el rey Alfonso XII veraneaba en Comillas.
De allí, nos fuimos a ver El Capricho de Gaudí, un edificio modernista del famoso arquitecto catalán, pero había mucha cola para entrar, así que descartamos esta visita; al menos pudimos contemplar este singular y colorido edificio desde el sendero de los Jardines del Palacio de Sobrellano, el siguiente lugar al que fuimos. Justo a continuación, después de traspasar un gran arco de piedra, nos topamos con la Capilla Panteón y el Palacio de Sobrellano, ambos de estilo neogótico y de aspecto imponente, y cuyas visitas también suprimimos, puesto que ya se iba acercando la hora de comer. Desde el mirador situado delante del palacio, pudimos divisar la antigua Universidad Pontificia de Comillas, así como el núcleo principal del pueblo, adonde volvimos tras hacernos algunas fotos.
Nos decantamos por la taberna Trescaños para el almuerzo, en el que ambos pedimos el menú del día, que costaba 12'90 €; en mi caso, pedí macarrones con chorizo de primer plato, albóndigas con patatas de segundo, y tarta de chocolate de postre. Correcto, pero no para tirar cohetes. Ya comidos, tiramos para la plaza Corro de San Pedro, por donde nos empezó a chispear levemente, y luego llegamos hasta la Puerta de los Pájaros, la entrada a una residencia privada que destaca por su peculiar forma, y que fue diseñada por Gaudí. A pocos metros de allí encontramos la ermita de Santa Lucía, de reducidas dimensiones y de un blanco reluciente, y junto a ella un mirador desde el que se podía divisar la costa de Comillas, con su playa y los acantilados. Bajamos al paseo marítimo, dejando a nuestra izquierda el parque Güell y Martos, para regresar al coche y poner rumbo a San Vicente de la Barquera cuando el reloj ya marcaba las tres y cuarto de la tarde.
Llegamos en apenas veinte minutos y con el cielo ya totalmente despejado, y así se mantuvo el resto del día, lo cual fue un alivio. Aparcamos el coche junto al estuario, que estaba con la marea alta y salpicada de pequeños botes pesqueros, una estampa bellísima que no dudé en inmortalizar en varias fotos. Después, nos acercamos al pequeño puerto deportivo, repleto de embarcaciones amarradas, para luego cruzar el puente que conecta con la otra parte del pueblo, en la cual se encuentra la capilla de la Virgen de la Barquera, que en ese momento estaba cerrada, pero pudimos ver el interior a través de la reja de la puerta. Al fondo de la única nave de la que se compone, de cuyo techo cuelga un velero en miniatura, vimos el altar en el que se venera la pequeña imagen de la Virgen de la Barquera, que desde la distancia parecía más bien una muñeca.

16:15
Deshicimos nuestros pasos para emprender el camino de regreso al núcleo principal del pueblo, de nuevo bordeando el estuario hasta llegar al puente que cruzamos antes, pero esta vez continuamos por una calle en cuesta en la que se encuentran los monumentos más importantes de San Vicente de la Barquera. En primer lugar, pasamos por delante del Castillo del Rey, una fortaleza del siglo XIII construida sobre una gran roca en un lugar estratégico, desde donde teníamos unas excepcionales vistas tanto del propio pueblo como del estuario y los verdes paisajes que lo rodean, y es que, mirases donde mirases, te quedabas embelesado.
Más adelante, vimos el Ayuntamiento y la Torre del Preboste, y ya al final de la calle, la iglesia de Santa María de los Ángeles, de gran tamaño y estilo gótico, pero en la que no pudimos entrar por estar cerrada, así que nos conformamos con disfrutar de los bellos paisajes que se podían divisar desde el mirador situado justo después de la muralla que la rodea. Tras pasar allí unos minutos, bajamos por las empinadas calles del pueblo para coger de nuevo el coche, aunque yo me quedé con ganas de más y de hacer fotos por la zona del puente de la Maza. Como mi madre ya estaba un poco cansada, aparcamos cerca de uno de los extremos del puente, de tal manera que ella se quedó en el coche esperando mientras yo inmortalizaba en mi cámara las últimas estampas que me regalaba San Vicente de la Barquera.
Ya de vuelta en Torrelavega, aparcamos el coche cerca del hotel, y directamente nos fuimos a dar una vuelta por esta localidad cántabra. Primero fuimos a la iglesia de la Virgen Grande, llamada así por la patrona de la ciudad, cuya imagen se venera en su interior, aunque si por algo destaca este templo es por su llamativa arquitectura de estilo modernista, alejada de los cánones a los que estamos acostumbrados, pues se construyó hace poco más de cincuenta años. Empezando por el exterior, destaca su alargada fachada dividida en dos partes: la baja, con forma de gran hornacina abovedada y presidida por una escultura de la Virgen y el Niño Jesús; y la alta, una gran espadaña que contiene al Sagrado Corazón de Jesús. Con respecto al interior, cabe resaltar su forma elíptica en vez de las habituales naves, su bóveda estrellada y el colorido de su altar mayor, con mosaicos y vidrieras con motivos religiosos.
Nos acercamos a continuación a la Casa Consistorial, con aspecto de palacio y coronada por una torre en su parte central, para seguidamente continuar por la calle José María Pereda. Lo siguiente con lo que nos topamos fue con la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, ésta sí más parecida a la imagen que todos tenemos de una iglesia, y eso a pesar de que también es de reciente construcción, de finales del XIX, mientras que su estilo es el neogótico, lo cual era fácil de advertir a primera vista gracias al rosetón de su fachada principal y a la presencia de contrafuertes y arbotantes. Nada más entrar, nos recibió una mujer que nos invitó a unirnos al grupo de la visita guiada gratuita que acababa de comenzar y que estaba dirigida por otra mujer, lo cual nos vino de perlas.
Durante cerca de media hora, recorrimos con todo detalle el templo al completo, con explicaciones muy didácticas y claras por parte de la guía. Compuesta por una nave central de mayor altura que las dos laterales y con los arcos ojivales y la bóveda de crucería característicos del gótico, esta iglesia cuenta con numerosos elementos reseñables, entre ellos el Altar de la Inmaculada, a cuyos pies se hallan las tumbas de personalidades históricas de Torrelavega; las vidrieras, en especial las del rosetón, en la que se muestran doce elementos identificativos de la Pasión de Cristo (las treinta monedas de plata, el gallo, la corona de espinas, los clavos...); el órgano situado bajo el rosetón; y varias capillas, entre las que destaca por encima de todas la del Cristo de la Agonía, un crucificado de excepcional factura atribuido a Alonso Cano.
Cuando ya nos íbamos, mi madre le pidió a las dos mujeres encargadas del templo si le podían aconsejar alguna confitería para comprar algún dulce típico de la ciudad, a lo que inmediatamente le recomendaron las polkas de Santos, unos pequeños hojaldres cubiertos de glasa, y cuyo obrador estaba precisamente a pocos metros de allí. Nos acercamos al obrador, escondido en un portal y bajando unas escaleras, y vimos en directo a través de una cristalera cómo hacían estos dulces; como era de esperar, mi madre no dudó en comprar un par de cajas, y a la mañana siguiente incluso volvería a por más.

20:00
De vuelta al hotel, pasamos por delante de una pared pintada con varios hombres lanzando una bola, lo cual me llamó la atención. Resulta que era la Peña Bolística de Torrelavega, y, lleno de curiosidad, entré y me encontré con un pequeño recinto con gradas alrededor de una pista cubierta de arena en la que se estaba jugando a este peculiar deporte, el bolo palma, que por lo que deduje es bastante típico en Cantabria, y que consiste en derribar nueve bolos de madera lanzando una bola, también de madera. Ya en el hotel, subimos a la habitación para descansar después de haber pasado un largo y ajetreado día de un lado para otro, tanto andando como en coche.
Pasado un buen rato, salimos de nuevo a la calle para cenar, concretamente en Pizza Lavie, una pizzería situada muy cerca del hotel y que ese día tenía una oferta de pizzas a 6'50 €, motivo por el cual había bastante gente y tuvimos que hacer cola para hacer nuestro pedido, pero por suerte una de las pocas mesas del local se quedó libre al poco de llegar nosotros. Mi madre se pidió una pizza de cinco quesos, y yo una de pepperoni, bacon y salchichas, y la verdad es que ambos quedamos muy satisfechos, tanto por el sabor como por el tamaño de las pizzas; en total, con las bebidas incluidas, fueron 15 €, muy bien de precio. Después de dar una pequeña vuelta por la zona para bajar un poco la cena, volvimos definitivamente al hotel para, entre otras cosas, dejar las maletas medio hechas, puesto que al día siguiente nos pondríamos en carretera para ir a Potes. Tras poner los despertadores para que sonasen a las ocho de la mañana, nos acostamos siendo casi ya las doce de la noche.

viernes, 5 de julio de 2019

El misterioso caso de Styles

Esta misma mañana he terminado con la primera de mis lecturas veraniegas, concretamente 'El misterioso caso de Styles', de la escritora británica Agatha Christie.
La señora Emily Inglethorp muere repentinamente por la noche en la mansión Styles. Allí lleva varios días de acogida el señor Hastings, quien no duda en acudir al detective belga Hércules Poirot cuando se sospecha que no ha fallecido por causas naturales, sino por haber sido envenenada con estricnina. Todos los huéspedes de la mansión (los dos hijastros de Emily, la esposa de uno de ellos, su segundo marido, una amiga...) son potenciales sospechosos del asesinato, puesto que existe una cuantiosa fortuna que alguien tiene que heredar. La investigación del detective Poirot, acompañado de su inseparable amigo Hastings, saca a la luz numerosas pistas que acaban dando con el verdadero asesino y desentrañando cómo se cometió realmente el crimen.
He tardado siete años en volver a leer a Agatha Christie, y eso que me encantó mi primer encuentro con su genial personaje, el detective Hércules Poirot, en el famoso 'Asesinato en el Orient Express', pero por aquel entonces me propuse empezar con la saga desde el principio, y no fue hasta las pasadas navidades cuando me regalaron el primer libro en el que aparece Poirot. Las comparaciones con esa otra lectura son inevitables, y he de decir que este relato no me ha gustado ni me ha enganchado tanto como el otro, lo cual no quiere decir que no lo haya disfrutado. En realidad es normal que así sea, puesto que la lógica dicta que un escritor va puliendo su narración y los argumentos de sus obras con el paso de los años, y estamos hablando de dos libros publicados con catorce años de diferencia. En cualquier caso, se observan muchas similitudes que deduzco que se mantendrán en todos los relatos protagonizados por Hércules Poirot, entre ellas la sagacidad y la intuición del detective, la profunda admiración que el señor Hastings profesa por Poirot, la exposición y descripción de los personajes y del lugar de los hechos, los continuos giros de la trama o el no saber hasta casi el último momento cómo se resuelve el caso. Aquí es donde yo veo que cojea un poco esta obra, puesto que algunas de las deducciones que el detective hace a lo largo del suceso, si bien tienen sentido y encajan con lo que se ha descrito anteriormente, parecen como sacadas de la nada, aunque en parte la autora lo hace así para dificultar la investigación que el lector hace de forma paralela y que no consiga encontrar al asesino antes que el propio Poirot. En fin, una lectura corta y agradable para quien quiera iniciarse en un género, la novela policíaca, que va a seguir protagonizando buena parte de mis lecturas, y a buen seguro que los relatos de Hércules Poirot estarán entre ellas. Espero no tardar tanto con el siguiente.

domingo, 23 de junio de 2019

Respuestas de alumnos 'matemáticos' (VI)

Ya es tradición que al terminar el curso recopile las respuestas más curiosas y enrevesadas que me he encontrado en los exámenes de mis alumnos, y esta vez no iba a ser menos. Este año me ha tocado dar Matemáticas en dos grupos de 1º ESO, Matemáticas Aplicadas en un grupo de 4º ESO y TIC en otro grupo de 4º ESO, y de nuevo he podido sacar una aceptable lista de respuestas de esas que van contra toda lógica o que son fruto de esa imaginación tan extraña de mis alumnos, aunque hay que decir que en otras materias la cosecha es mucho mayor y de mejor calidad, caso de Historia o Lengua, y lo sé por lo que me cuentan mis compañeros. Así pues, vamos con esas perlas que me han regalado mis alumnos, cuyas ocurrencias se unen a las que ya he compartido en años previos (2013, 2014, 2015, 2017 y 2018).
Empezaremos con los alumnos de 1º ESO, concretamente con las soluciones que han dado a algunos problemas a lo largo de este curso, las cuales brillan por su imposibilidad de ser ciertas. En el examen de números enteros, puse un problema en el que tenían que averiguar la edad a la que murió Pitágoras, a lo que un alumno respondió que lo hizo con 1044 años, más incluso que Matusalén; luego, en ese mismo problema, preguntaba por el año de nacimiento de Hipatia, siendo la respuesta de otro alumno que nació 907 años después de la muerte de Hipatia, es decir, que la primera matemática de la historia llegó a resucitar. En uno de los problemas del tema de números decimales, daba las distancias que había corrido una persona de lunes a viernes y pedía la distancia media recorrida; pues bien, uno de mis alumnos se quedó tan pancho al decir que corrió 213'85 km cada día, algo así como la distancia que separa Málaga de Jerez de la Frontera por carretera. Precisamente por esto les preguntaba en un problema del examen de proporcionalidad, en concreto cuántos litros de diésel consume mi coche cada vez que voy de viaje a Jerez, 189.000 litros según uno de mis alumnos, lo cual es mucho más que todo lo que voy a gastar en toda mi vida. En ese mismo examen, pero en el otro grupo, les pedía que calculasen cuántos kilos de pienso comería mi perra en 70 días, a lo que uno de mis alumnos respondió que 2 kilos; si eso fuese verdad, me temo que mi perra no llegaría a durar ese tiempo.
Sin duda alguna, las mejores respuestas siempre me las encuentro en el tema de geometría, para ser más exactos en la parte teórica, pues la capacidad de inventiva de los alumnos no se puede medir ni con las propias matemáticas. Por ejemplo, en una de las preguntas había que completar las frases propuestas con las palabras adecuadas, y en una de ellas me dejaron estas respuestas (entre paréntesis):
  • Un ENEÁGONO (ENÁNOGO, NANEAGONO) es un polígono de nueve lados.
En la siguiente pregunta, tenían que definir varios conceptos geométricos, entre ellos el diámetro de una circunferencia, que según uno de mis alumnos es "una línea curva que permite sostener el círculo", mientras que otro afirmó que es "una fórmula que se usa para saber cuántas diagonales tiene una circunferencia". La verdad, no sé cuál de las dos es mejor. Finalmente, en otra pregunta de este examen les pedía que escribiesen los tres puntos notables del triángulo que están contenidos en la recta de Euler, entre las cuales me encontré con las siguientes: ALTOCENTRO, COMPLEMENTO, CIRNSCUNCENTRO, ASECTRIZ.
Mucho más escueta ha sido la cosecha en el grupo de 4º ESO de Matemáticas Aplicadas, y no precisamente porque la materia se les dé bien, sino todo lo contrario. Lo que pasa es que muchos me entregan el examen total o prácticamente en blanco, mientras que los que resuelven mal los ejercicios y problemas planteados no han dejado soluciones llamativas. Apenas he podido rescatar un par de respuestas en el examen de cuerpos geométricos, en el cual también puse una pregunta en la que pedía que completasen cada frase con la palabra correspondiente, concretamente las siguientes:
  • Un tetraedro tiene cuatro caras que son triángulos EQUILÁTEROS (CUADRÁTICAS).
  • Las caras de un dodecaedro tiene forma de PENTÁGONO (PIRÁMIDE) regular.
A última hora, concretamente en la recuperación del tercer trimestre, he podido rescatar una nueva respuesta fuera de toda lógica, y es que en un problema pedía que calculasen la altura de la torre Eiffel aplicando semejanza de triángulos, a lo que un alumno ha llegado a la conclusión de que mide 0'003 metros, es decir, 3 milímetros de altura. Creo que sobran los comentarios.
Como decía al principio, este curso me ha tocado dar TIC a un grupo de 4º ESO, y resulta que en esta materia también he podido recopilar varias respuestas de esas que te dejan boquiabierto. Las comparto también por aquí aunque no sean 'matemáticas', que seguro que os sacan alguna que otra carcajada.
  • ¿Verdadero o falso? El DNI electrónico utiliza corcho para su fabricación, al igual que las tarjetas de crédito. Según varios alumnos, esta afirmación es VERDADERA.
  • Los idiomas más utilizados en Internet son el INGLÉS (HARDWARE), el CHINO (SOFTWARE) y el ESPAÑOL (MICROSOFT).
  • Definición de brecha digital: es el estrecho entre la sociedad y las redes sociales.
  • Un disco duro está compuesto por varios DISCOS (CÓDIGOS) apilados con un eje común, cada una de cuyas caras se divide en PISTAS (PENDRIVES), y éstas a su vez en SECTORES (TARJETAS DE MEMORIA).
  • ¿Con qué órgano del cuerpo humano se suele identificar al microprocesador?: PULMÓN, VISTA, DEDO.
  • ¿Qué significan las siglas ROM?: ROSS OSMO MEDIE.
  • ¿Qué significan las siglas BIOS?: BISIC OSETCAME.
Como habéis podido comprobar, a imaginación es muy difícil ganar a nuestros alumnos. Si tuviesen tanta imaginación para otras cosas, su rendimiento académico sería mucho mejor que el que demuestran, aunque también es cierto que no podría publicar entradas como ésta, así que tampoco me voy a quejar mucho. En fin, espero que os hayáis echado unas risas leyendo estas respuestas de mis alumnos 'matemáticos'. El curso que viene, más y ¿mejor? 

Nota: este post forma parte del Carnaval de Matemáticas, que en esta octagésima tercera edición, también denominada X.3, está organizado por Pedro Daniel Pajares a través de su blog A todo Gauss.

domingo, 16 de junio de 2019

No es mío, pero es interesante (CXXVI)

Aquí tenemos una nueva entrega de 'No es mío, pero es interesante', una sección en la que os recomiendo las entradas de otros blogs y webs que más me han interesado en las últimas semanas. Como viene siendo habitual, algunos blogs han conseguido colar más de una aportación, en concreto Microsiervos, Gaussianos y Fogonazos, con siete, dos y dos posts, respectivamente. También es tradición que haya una gran variedad de contenidos: matemáticas, ciencia, astronomía, curiosidades, vídeos, etc.
Repasemos la lista de enlaces de esta entrega:
¿Os han gustado las recomendaciones de esta entrega? Espero que sí y que me lo hagáis saber a través de un comentario ;)

domingo, 9 de junio de 2019

Objetivo: La Luna. 50 Aniversario de una misión cumplida

Ayer por la mañana acudí al Centro de Ciencia Principia para asistir a la última conferencia de los sábados del presente curso, titulada 'Objetivo: La Luna. 50 Aniversario de una misión cumplida' e impartida por Jesús Chinchilla Domínguez, divulgador y miembro de la Agrupación Astronómica de Málaga "Sirio".
Como de costumbre, llegué unos minutos antes de tiempo a Principia para pasar un rato en la Sala Tomás Hormigo viendo y experimentando con los nuevos módulos que hay allí expuestos, tras lo cual me dirigí a la Sala Faraday para coger un buen sitio para la conferencia. A las doce y cinco, uno de los responsables de Principia comenzó con la presentación del ponente, precisamente uno de los impulsores de este centro de ciencia, destacando su labor divulgadora y su colaboración en las observaciones astronómicas que organiza Principia cada mes. Jesús Chinchilla empezó la charla con un par de preciosas fotos de la Luna, una llena y otra en cuarto creciente, en las que pudimos apreciar perfectamente sus mares, llamados así porque Galileo, cuando los observó con su telescopio, creía que eran extensiones de agua. Luego, mostró algunas fotos más en las que dejó patente la influencia que nuestro satélite ha tenido a lo largo de nuestra historia, así como la idea de llegar hasta ella, en diversos ámbitos, como por ejemplo en las esculturas de dioses de varias civilizaciones, en el estudio cartográfico que hizo Galileo de la Luna o en escritores como Verne o Hergé en algunas de sus obras.
A continuación, entró de lleno en la carrera espacial propiamente dicha, la cual dio comienzo durante la Guerra Fría que enfrentó a Estados Unidos y la Unión Soviética durante casi medio siglo, una carrera que estuvo liderada respectivamente por los ingenieros Von Braun y Koroliov, quienes diseñaron los primeros cohetes lanzados al espacio para cada bando. Oficialmente se considera que dicha carrera comenzó con el lanzamiento del satélite artificial soviético Sputnik 1, seguido del Sputnik 2 en el que viajó la perra Laika, mientras que EEUU tuvo que esperar hasta 1958 para poner en órbita su primer satélite artificial, el Explorer 1. Tras el contraataque estadounidense, la URSS dio varios golpes sobre la mesa, pues en 1959 consiguió hacer la primera foto de la cara oculta de la Luna, pero sobre todo en 1961 y 1963 cuando Yuri Gagarin y Valentina Tereshkova, respectivamente, se convirtieron en el primer hombre y la primera mujer en viajar al espacio. Fue por entonces, en 1962, cuando el presidente Kennedy pronunció su famoso discurso en el que dijo que eligieron "ir a la Luna no porque sea fácil, sino porque es difícil", con el Programa Mercury ya vigente y habiendo mandado ya al espacio a astronautas como Alan Shepard y John Glenn, un logro conseguido en buena parte por las matemáticas afroamericanas que inspiraron la reciente película 'Figuras ocultas'.
El ponente continuó con la presentación que había preparado hablando del Programa Gemini y del Programa Apolo, que fue el que finalmente consiguió llevar al hombre a la Luna en la misión Apolo 11, cuya tripulación estuvo compuesta por Neil Armstrong, Edwin Aldrin y Michael Collins. Para recordar tan histórico momento, que tuvo lugar el 20 de julio de 1969, Jesús nos puso el vídeo del descenso final del módulo lunar Eagle hasta posarse en la superficie del satélite, y luego otro en el que se ve a Armstrong bajando por las escaleras del módulo y pisando la Luna mientras pronunciaba su famosa frase, ya en la madrugada del 21 de julio. El ponente nos contó varias curiosidades y anécdotas de ese primer alunizaje, como por ejemplo que los astronautas trajeron 22 kilos de roca lunar, mientras que allí dejaron un retrorreflector y un sismógrafo, entre otros objetos, como por ejemplo una bandera estadounidense que realmente no está ondeando, sino que está arrugada por su sujección al travesaño de la misma; que en la famosa foto que Armstrong hizo de Aldrin se puede apreciar nuestro planeta reflejado en la visera del casco de Aldrin; y también que la retransmisión por televisión de este paseo lunar se hizo a través de tres antenas situadas en California, Madrid y Camberra. Ya de vuelta en la Tierra y sanos y salvos, los tres astronautas fueron recibidos con honores en diversas ciudades del mundo, entre ellas Madrid en octubre de ese mismo año 1969.
El Programa Apolo continuó hasta la misión Apolo 17 de 1972, año en el que el hombre ha pisado por última vez la Luna, aunque según el ponente se espera que China sea la próxima potencia en llevar al hombre a nuestro satélite antes de 2024. Ojalá pueda ver algo así muy pronto, tiene que ser algo indescriptible. Finalmente, Jesús nos puso un vídeo con espectaculares imágenes de la Luna tomadas por la LRO (Lunar Reconnaissance Orbiter) y amenizadas por la música del 'Claro de luna' de Debussy. Como no podía ser de otra forma, tras un caluroso aplauso del público allí presente, el ponente recibió un rodillo antigravitatorio en miniatura de manos de uno de los responsables de Principia, quien además dio por terminado el ciclo de conferencias de los sábados e invitándonos a volver el curso que viene.

jueves, 9 de mayo de 2019

No es mío, pero es interesante (CXXV)

Aquí tenemos una nueva entrega de 'No es mío, pero es interesante', una sección en la que os recomiendo las entradas de otros blogs y webs que más me han gustado en las últimas semanas. Como de costumbre, hay blogs que consiguen colar más de una aportación, como es el caso de Microsiervos, con ocho posts. También es habitual que los contenidos sean de temática variada: matemáticas, ciencia, astronomía, curiosidades, vídeos, etc.
Repasemos la lista de enlaces de esta entrega:
¿Os han gustado las recomendaciones de esta entrega? Espero que sí y que me lo hagáis saber con un comentario ;)

lunes, 29 de abril de 2019

Una Semana Santa nueva y polémica

Esta vez sí, 2019 fue el año en el que la Semana Santa de Málaga estrenó por fin el nuevo recorrido oficial del que durante tanto tiempo se había hablado y especulado que se iba a poner en marcha tarde o temprano. Lo que estaba claro era que, llegado el momento, las críticas iban a llegar, pues no siempre llueve a gusto de todos, pero resulta totalmente inadmisible que todos los fallos logísticos, estéticos, de seguridad y de otro calado se hayan achacado a este nuevo recorrido oficial, ya que buena parte de esos fallos son ajenos al itinerario común que tienen que seguir todos los cortejos, e igualmente no se puede aceptar el deleznable comportamiento de un sector del público al que no me atrevería calificar de cofrade y que ha protagonizado varios momentos y escenas de auténtica vergüenza a lo largo de toda esta Semana Santa. Tanto unos (Agrupación de Cofradías, Ayuntamiento...) como otros (público) se han equivocado independientemente del nuevo recorrido oficial, pues hay cosas que se están haciendo mal desde hace tiempo, y repito, poco tiene que ver que ahora se empiece pidiendo la venia en la plaza de la Constitución y se termine en la torre sur de la Catedral, lo cual tiene sus ventajas y sus inconvenientes, como también ocurría con el ya antiguo recorrido oficial, pero ahora toca analizar eso que se ha hecho mal y buscar soluciones. A todo esto, las cofradías y hermandades han salido a la calle y hemos podido disfrutar de procesiones, que parece que se ha convertido en algo secundario este año; bien es cierto que tanto el Miércoles Santo como el Jueves Santo la lluvia hizo acto de presencia, lo que afectó a todos los cortejos de estos dos días, pues algunas tuvieron que modificar su recorrido y otras no pudieron salir, y hubo hasta las que se mojaron, aunque haya a quien esto no le importe.
El Domingo de Ramos amaneció con el cielo despejado y luminoso, y, cómo no, fue en calle Parras donde se escucharon los primeros toques de campana de una maratoniana jornada, concretamente para los tronos de la Pollinica, que con la nueva configuración del día ha perdido ese protagonismo casi absoluto de la mañana entrando en el recorrido oficial casi a la hora de comer y encerrándose más tarde, algo ilógico por la gran cantidad de niños que forman parte del cortejo. La siguiente hermandad en discurrir por el nuevo recorrido oficial fue la de Humildad y Paciencia, que por vez primera hizo estación de penitencia en la Catedral y que, además, pasará a la historia por ser la que inauguró la rampa de acceso al primer templo de la ciudad por la Puerta del Sol, un ansiado anhelo que ya es una realidad. También debutó en el interior de la naves catedralicias el cortejo de Lágrimas y Favores, que ha abandonado las horas matutinas para, de esta manera, poder disfrutar de esta preciosa Virgen por la noche. El Dulce Nombre dio continuidad al reguero de hermandades que entró en la Catedral, una de las hermandades que se han visto beneficiadas por el nuevo recorrido oficial, pues mantiene buena parte de su itinerario y, además, evita el paso por el lateral sur de la Alameda. A continuación procesionó la Salud, que ha ganado mucho con los cambios de este año, los cuales le han permitido encerrarse a una hora más razonable que a la que lo hacía hasta ahora. La Humildad volvió a poner un cortejo serio y reconocible en la calle, con crucetas musicales acordes y de gran calidad para sus tronos. Algo parecido ocurre con la Salutación, especialmente destacable en entornos como Pozos Dulces, San Agustín o de regreso a su feligresía, así como en su estación de penitencia en la Catedral. El Huerto recuperó cierto protagonismo en la jornada, pues ahora es la penúltima en pasar por el recorrido oficial y discurrió por enclaves como la plaza del Obispo o calle Nueva, ambos muy recomendables para casi cualquier cortejo, pero por contra se vio perjudicada a última hora por no poder instalarse la rampa que estaba prevista junto al puente de la Aurora con el objetivo de hacer más corto su regreso, por lo que se tuvo que encerrar más tarde que lo inicialmente acordado. Finalmente, como viene siendo habitual en los últimos años, el Prendimiento puso el broche a esta larga jornada con sus dos grandes tronos en un itinerario que no solamente apenas cambia con el nuevo recorrido oficial, sino que además en su caso gana pasando por delante de la fachada principal de la Catedral.
El Lunes Santo ha sido uno de los días que más se ha reestructurado a raíz del nuevo recorrido oficial. Se mantiene en primera posición la Crucifixión, que, tras atravesar la Catedral, regresó a su barrio pasando previamente por la plaza de la Merced, y recordemos que sigue en proyecto completar el trono del Cristo con un conjunto escultórico con el que sin duda la hermandad ganaría atractivo en la calle. Una de las grandes beneficiadas de la jornada con esta nueva Semana Santa es Pasión, ahora la segunda del día, pues evita pasar tres veces por el mismo punto como le ocurría hasta ahora en calle Granada, y, aunque pierde calle Nueva, gana San Agustín, que son palabras mayores, más si cabe con el acompañamiento musical con el que cuentan ambas tronos. La hermandad de los Gitanos siempre resulta atractiva en la calle, pues tiene uno de los cuerpos nazarenos más nutridos y equilibrados de toda la semana, tiene momentos únicos como su paso por la Tribuna de los Pobres o su encierro, pero sí, una vez más tengo que dejar constancia de mi desacuerdo con que los gitanos se sitúen justo detrás del trono y no tras las respectivas bandas. Dolores del Puente le ha dado la vuelta su itinerario, pues, además de salir a plena luz del día, ahora recorre su barrio a la ida en vez de antes del encierro, que además tiene lugar a una hora más decente y, por consiguiente, más arropada por el público. El Cautivo fue la otra cofradía que más ganó este Lunes Santo, ya que adelanta su salida, deja de ser la última en pasar por el recorrido oficial y ahora termina su procesión varias horas antes que de costumbre, con todo lo que ello implica; además, ha estrenado el nuevo palio para la Virgen de la Trinidad, una obra maestra, aunque para mi gusto excesivamente recargado, pues cuesta identificar el color del mismo. Por último, Estudiantes se convierte en el cortejo que pasa en último lugar por el recorrido oficial, y mantiene por otra parte el acto de la plaza del Obispo a la ida tal y como hizo el año pasado, todo un acierto, ya que lo hace sin las habituales bajas de nazarenos que suelen darse en todas las cofradías en su tramo final, y además evita que se convierta en una prolongación del recorrido oficial, que ahora termina a muy pocos metros.
El Martes Santo lo abrió el Rocío, y eso que hasta hace pocos años lo cerraba y todos nos echamos las manos a la cabeza cuando se produjo ese cambio, que para nada le ha afectado negativamente, sino todo lo contrario, pues ha sabido mantener una de sus referencias del recorrido (Tribuna de los Pobres) y potenciar otras (calle Echegaray y la vuelta al barrio). Reconozco que soy poco objetivo cuando opino de la procesión de las Penas, pero es que los que me conocen saben que el Cristo de la Agonía es mi debilidad, sobre todo teniendo en cuenta que tiene el acompañamiento de la Banda de Cornetas y Tambores del Paso y la Esperanza, la mejor del género en la ciudad, y que su transitar por calle San Agustín es una cita marcada en rojo en mi calendario cofrade a la que obviamente no he faltado este año. Nueva Esperanza se asienta en la tercera posición de la jornada, y es de las que gana y pierde con el nuevo recorrido, puesto que a favor tiene su paso por calle Nueva y la plaza del Obispo, y en contra, que se alarga algo su ya de por sí extenso itinerario, el que más de Málaga. La hermandad del Rescate es de las que no ha experimentado alteraciones notables con el flamante recorrido oficial, más allá de pasar por delante de la Catedral. Lo mismo se puede afirmar de la Sentencia, que deja de ser la última del Martes Santo, lo cual no le impide casi calcar el itinerario y el horario del que disfrutaba en los últimos años. Esta vez, fue la Humillación la que cerró la jornada, algo que no estaba previsto, pues, al igual que el Huerto el Domingo de Ramos, contaba con disponer de la rampa provisional del puente de la Aurora para acortar su regreso, aunque al menos hay que celebrar que vuelva a salir de la iglesia de Santo Domingo; ahora lo que falta es que también se encierre allí.
El Miércoles Santo fue uno de los días inestables de la Semana Santa, meteorológicamente hablando, pues el cielo amaneció muy nublado y las previsiones eran de lluvia a partir de medianoche, hora a la que prácticamente todas las cofradías estarían en la calle. Mediadora fue la primera en salir, pero, consciente del riesgo que implica hacerlo desde la lejanía de calle Ayala, acordó con Estudiantes poder guarecerse en su casa hermandad si fuese necesario. Una hora más tarde se echó a la calle Salesianos con su único trono, y, con la idea de evitar males mayores, aceleró su paso para hacerlo por delante de Mediadora en el recorrido oficial. Por entonces, Fusionadas acababa de anunciar la suspensión de su estación de penitencia por las calles de Málaga, mientras que la cofradía del Rico solamente iría a la plaza del Obispo para el acto de la liberación del preso, tras lo cual regresaría a su casa hermandad. Con el paso de los minutos, poco antes de sus respectivas horas de salida, Paloma, Sangre y Expiración confirmaron que tampoco podríamos disfrutar de sus cortejos procesionales, algo que ya nos esperábamos todos los cofrades. El problema vino cuando Salesianos, tras su estación de penitencia en la Catedral, se encontró con que no podía continuar por el Patio de los Naranjos por estar regresando el Rico por calle Císter tras el acto de liberación del penado, y al mismo tiempo Mediadora se encontraba esperando en Molina Lario sin poder refugiarse en las naves catedralicias ante una lluvia que podía caer en cualquier momento, pues el cielo seguía encapotado. Al final, la cofradía del Rico se salió con la suya e hizo valer su peso histórico, pues debería haber esperado a que Salesianos y Mediadora, que sí estaban completando sus respectivos itinerarios, siguiesen su camino, aunque parte de culpa también fue de la Agrupación de Cofradías por no coordinar esta coincidencia de cortejos provocada por la amenaza de precipitaciones. Una vez liberada la salida por el Patio de los Naranjos, Salesianos emprendió su regreso a Capuchinos, el Rico se encerró en su casa hermandad, y Mediadora, tal y como había previsto, se dirigió a la de Estudiantes, donde cuyos hermanos ya habían dejado el hueco necesario para que cupiesen los tronos del Redentor del Mundo y la Mediadora de la Salvación. Las predicciones no se equivocaron, y es que la lluvia hizo acto de presencia justo a medianoche, sin procesiones en la calle, por lo que no hubo que lamentar daños ni en las imágenes ni en los enseres de las cofradías.
El Jueves Santo se convirtió en uno de los días más vergonzosos que recuerdo de la Semana Santa de Málaga. Cuesta entender que el día anterior varias cofradías tomasen la difícil y acertada decisión de no procesionar ante una previsión de chubascos ya de madrugada, y que en esta jornada todas se echasen a la calle con pronóstico de lluvias intermitentes durante toda la tarde. Las tres primeras hermandades del día acordaron retrasar sus salidas unos 45-60 minutos a la espera de que las previsiones mejorasen, o que al menos el cielo abriese un poco, lo cual ocurrió, aunque con unas amenazantes nubes que hacían presagiar lo peor. La nueva configuración de la jornada dejó a la Cena como la primera corporación en pasar por la tribuna de la plaza de la Constitución, seguida por la Santa Cruz, que en segundo lugar puede llegar a integrarse algo más en un día de cofradías de gran renombre, y Viñeros. A partir de las siete, el agua caída del cielo se hizo notar con lloviznas intermitentes que no parecieron sembrar demasiadas dudas a las cofradías que ya estaban procesionando ni a las que estaban a punto de hacerlo, y tampoco cuando se fueron convirtiendo progresivamente en lluvias más consistentes y de mayor duración. Vera Cruz, ahora enclavada en mitad de la jornada, Zamarrilla y Mena debieron deshacer sus pasos y dar media vuelta cuando las primeras gotas cayeron sobre sus respectivas imágenes, cosa que sí hizo Misericordia, que con su cortejo desplegado en Ancha del Carmen decidió regresar a su casa hermandad y suspender su procesión. Unas más y otras menos, el resto de cofradías vio cómo sus sagrados titulares se mojaron, puesto que algunas no se dignaron a cubrirlos con plásticos para minimizar los daños, mención especial para Mena, pues daba pena ver al Cristo de la Buena Muerte y Ánimas con la lluvia que le cayó entre las nueve y las nueve y media, demostrándose así que tienen más interés en que la Legión cante 'El novio de la muerte' que proteger su valioso patrimonio, y no lo digo solamente yo, sino también una amiga que pertenece a la Congregación. La Cena, una vez que salió del recorrido oficial, recortó camino de regreso a su casa hermandad, al igual que hizo Santa Cruz tras esperar en la Catedral a que dejase de llover a partir de las diez, hora a la que salió la Esperanza con la seguridad de que ya no había riesgo de precipitaciones. Viñeros, que también hizo estación de penitencia en las naves catedralicias, discurrió por la feligresía de los Mártires en busca de su encierro. Vera Cruz, al llegar a calle Atarazanas, decidió abandonar el recorrido oficial para refugiarse en su iglesia de San Juan, aunque lo tuvo difícil para conseguirlo, ya que una parte del público presente en dicha calle no quiso dejar libre una de sus bocacalles para que el cortejo llegase lo antes posible a su templo con la excusa de que no querían perder su sitio para ver a la Legión, y es que ni la Policía consiguió convencerles de que se quitasen de en medio. Al final, el público de la curva con calle Torregorda sí que tuvo dos dedos de frente y dejó pasar al cortejo de Vera Cruz, y también al de Zamarrilla, que aprovechó ese paso abierto para no completar su itinerario y volver a su casa hermandad de calle Mármoles. Mena terminó completando su itinerario, ya sin la intensa lluvia caída, e igualmente hizo la Esperanza, aunque eludió su paso por Puerta Nueva y Fajardo para no coincidir con la Cena. El Nazareno del Paso, este año con túnica lisa, bendijo al pueblo malagueño por dos veces en la tribuna de la plaza de la Constitución, tanto al incorporarse al recorrido oficial como a la vuelta antes de adentrarse en las calles Especería y Cisneros, donde el cortejo estuvo muy arropado por el público, especialmente la Virgen de la Esperanza.
El Viernes Santo es, a falta de algunos ajustes, el día que más ha mejorado con la implantación del nuevo recorrido y con la apertura de la segunda puerta de la Catedral, al menos en lo que a la fluidez del discurrir de los cortejos procesionales se refiere. Ahora es Monte Calvario la primera en pedir la venia en la plaza de la Constitución y, por consiguiente, para acceder a las naves catedralicias, ya sin las antiguas prisas por abandonarlas para que la siguiente cofradía pudiera entrar en la Catedral. A continuación le tocó el turno al Descendimiento, que nos dejó bellísimas y privilegiadas estampas por el Paseo del Parque, así como por calle Císter y la plaza de la Aduana. Dolores de San Juan volvió a dejar su impronta de seriedad y luto en la calle, aunque, al igual que otras cofradías de la jornada, se vio perjudicada a su paso por la zona de plaza de Uncibay y calle Calderería entre las incontables terrazas y mesas de los bares y restaurantes que la pueblan, pues se pierde el recogimiento propio del Viernes Santo. El Amor incorporó la calle Alcazabilla a su itinerario de ida, un lugar donde cualquier cofradía gana presencia y vistosidad con la Alcazaba como invitada de excepción, lo mismo que ocurre en la plaza del Obispo, por donde también transita ahora, al igual que las hermandades que le siguen. El Traslado sorprendió con los nuevos ropajes del grupo escultórico que acompaña al Cristo, antes de colores excesivamente llamativos y ahora en tonos blancos y negros, lo que resta luminosidad a un trono ya de por sí escaso de luz, mientras que la Soledad de San Pablo lució la ráfaga que estrenase en su salida extraordinaria del pasado otoño y que tan bien le sienta. La Piedad sigue sobrecogiendo al representar el momento en el que la Virgen sostiene en sus brazos el cuerpo inerte de su hijo, aunque no ayudan mucho algunas de las marchas de su cruceta. El Sepulcro volvió a silenciar las calles de Málaga, únicamente rotas por las notas de la 'Marcha fúnebre' de Chopin, así como de otras que poco a poco se van incorporando a su repertorio, mientras que la Virgen de la Soledad nos regaló otra espectacular doble curva de calle Duque de la Victoria a calle Císter. Servitas sigue cerrando esta jornada de luto, más que nunca cuando lo hace María Santísima de los Dolores, para quien se apagan las luces de las calles por las que pasa, cosa que no hacen algunos establecimientos que no parecen estar al tanto de una petición tan simple y arraigada; por cierto, el cortejo pecó de ir excesivamente rápido, lo que se tradujo en que se encerrarse una hora y cuarto antes de lo previsto.
El Domingo de Resurrección fue otro de los días que amaneció con el cielo nublado, pero la procesión del Resucitado solamente se vio afectada por una tímida llovizna sin importancia. El cortejo volvió a contar con nazarenos propios, así como de una representación de todas las cofradías de la Semana Santa con sus respectivos guiones corporativos: las del Domingo de Ramos, Lunes Santo y Martes Santo en la sección del Cristo; las del Miércoles, Jueves y Viernes Santo en la de la Virgen. Como noticia destacable habría que mencionar que por fin el Santísimo Cristo Resucitado procesionó en su nuevo trono, bastante mejor que el anterior, lo cual no era difícil, aunque un poco extraño en sus líneas y formas.
La valoración general de esta Semana Santa se ve sensiblemente afectada por la revolución que ha supuesto la implantación del nuevo recorrido oficial y todas las quejas y fallos que han tenido lugar, errores que, repito, no son todos achacables a este cambio y que han cometido todos los actores de la misma: Agrupación de Cofradías, las propias cofradías, el público, el Ayuntamiento, etc. Sea como fuere, todos tenemos que poner de nuestra parte para mejorar todo lo que no ha funcionado esta Semana Santa, pero siempre desde el respeto y aplicando el sentido común, que ha faltado, y mucho, en estos días. En lo que a mí respecta, este año he hecho unas 4.100 fotografías, que como siempre se quedarán en bastantes menos una vez que las revise detenidamente, después de haber pasado casi 64 horas en la calle viendo procesiones.
Empieza la cuenta atrás para la Semana Santa de 2020, en la que, salvo sorpresa mayúscula, se mantendrá el nuevo recorrido oficial con vistas a celebrar el centenario de la Agrupación al año siguiente y prolongarlo indefinidamente. Entre tanto, podremos disfrutar de algunas procesiones extraordinarias de aquí al final de año, concretamente la de María Santísima de la Estrella y la del Santísimo Cristo de la Humildad en su Presentación al Pueblo (Ecce-Homo). Así pues, de aquí al próximo 5 de abril de 2020 nos queda algo menos de un año para trabajar duro por una Semana Santa menos crispada y más cofrade, que es de lo que se trata.