domingo, 18 de octubre de 2020

Trece años en los tiempos de la COVID-19

Todos tenemos fechas especiales que recordamos con añoranza, alegría o tristeza, según el caso. Para mí, una de esas fechas es el 18 de octubre de 2007, el día en el que publiqué la primera entrada de 'El mundo de Rafalillo', un blog que está hoy de cumpleaños, 13 años nada menos, una cantidad tradicionalmente vinculada a la mala suerte, y resulta que el destino ha querido que este blog sople trece velas casualmente en el peor año de la historia reciente de la humanidad por culpa de una enfermedad, la COVID-19, que ha provocado ya la muerte de más de un millón de personas en todo el mundo en menos de doce meses y que ha cambiado nuestra forma de vivir y de relacionarnos.
El blog ha experimentado muy pocos cambios en los últimos años. Lejos quedan aquellos inicios en los que publicaba entradas casi en días alternos, gracias en parte a las ganas y la ilusión que conlleva comenzar un nuevo proyecto y también al tiempo que permitía ser estudiante; desde hace unos 8 o 9 años, con esa ilusión inicial desvanecida y con mucho menos tiempo por estar trabajando y tener más responsabilidades, 'El mundo de Rafalillo' se parece poco a lo que en un principio fue, pero lo importante es que sigue en pie. Se mantiene con vida, aunque con una rutina de entradas que apenas se ha visto alterada de un tiempo a esta parte, y es que me bastan los dedos de una mano para enumerar las secciones del 90 % de los posts publicados en los últimos años, a saber: las entradas casi mensuales de 'No es mío, pero es interesante', las no tan mensuales del 'Carnaval de Matemáticas', las de los relatos de los viajes que he hecho (mantengo el retraso habitual), las de los libros que leo cada verano y las de las procesiones de Semana Santa, aunque este año con la pandemia poco ha habido que contar, y ya veremos cuándo tardaremos en volver a ver tronos por las calles.
Pase lo que pase, publique más o publique menos, haya o no haya coronavirus, el resumen estadístico no puede faltar a su cita en cada aniversario para saber qué ha deparado el blog en los últimos doce meses:
  • 43 entradas publicadas (tres más que el año anterior), lo que depara una media de 3 o 4 entradas al mes.
  • 78 comentarios, más del doble que el año anterior, y que representa casi dos comentarios por cada entrada publicada.
  • Unas 13.200 visitas recibidas, es decir, un 6 % más que hace un año. Esto supone una media de 36 visitas diarias.
  • Las visitas proceden de 103 países de los cinco continentes. Casi la mitad de los visitantes son de España, mientras que los demás lo hacen principalmente desde Latinoamérica (México, Colombia, Argentina, Perú...), Bélgica y Estados Unidos.
  • La duración media de las visitas sube hasta los 55 segundos, tres más que el año anterior.
  • El blog ha sido visualizado unas 16.800 veces, un 12 % más que el año anterior. Son 725 las diferentes páginas que se han visualizado, siendo la de ¿Qué harías si fueses invisible? la más visitada.
  • El blog tiene 59 suscriptores (igual que el año pasado) y 59 seguidores (uno más que hace un año).
Los datos de estos últimos doce meses son curiosamente mejores que los obtenidos un año atrás, aunque eso no quiere decir que sean buenos, ya que en nada se parecen a los de los comienzos del blog. Mi idea sigue siendo la de mantener activo el blog todo lo que pueda, que en principio mantendrá el ritmo actual, lo que permitiría llegar a finales del año que viene a las 1.000 entradas publicadas, una cifra redonda que quién sabe si supondrá el punto y final a 'El mundo de Rafalillo', lo cual no sería descartable. Lo que sí que parece ya casi imposible de llevar adelante son los otros dos blog temáticos que tengo en mente desde hace años: el de Flipeando las Matemáticas, que lleva varios años sin actualizarse; y el de fotografías cofrades, que a este paso nunca verá la luz.
Como siempre, no quiero terminar esta entrada sin dar las gracias a todos los lectores que todavía siguen pasándose por 'El mundo de Rafalillo' con más o menos fidelidad, aunque sea solamente de forma puntual, lo cual quiere decir que lo que publico suscita cierto interés. Ojalá que dentro de doce meses podamos celebrar un nuevo cumpleaños, y sobre todo que sea en unas circunstancias mejores que las que estamos viviendo actualmente.
¡Muchas gracias a todos!

domingo, 11 de octubre de 2020

No es mío, pero es interesante (CXLII)

Aquí tenemos una nueva entrega de 'No es mío, pero es interesante', una sección en la que os recomiendo las entradas de otros blogs y webs que más me han interesado en las últimas semanas. Como suele ser habitual, hay blogs que consiguen colar más de una entrada, como son los casos de Microsiervos y Ya está el listo que todo lo sabe, con seis y tres aportaciones, respectivamente. Lo que tampoco cambia es la variedad de contenidos: matemáticas, astronomía, ciencia, vídeos, curiosidades, etc.
Echémosle un vistazo a la lista de enlaces de esta entrega:
¿Os han gustado las recomendaciones de esta entrega? Espero que sí y que me lo hagáis saber a través de un comentario ;)

viernes, 2 de octubre de 2020

Viaje a Brighton: día 1

Jueves, 9 de agosto de 2018

4:15
Hoy tocaba levantarse bien temprano para ir de viaje a Brighton con motivo de la boda de Pepe, mi amigo del colegio más antiguo que conservo, y que se iba a casar con su novio inglés Tom, al que ya conocía de varias visitas que había hecho a Málaga. Tras asearme, desayunar y terminar de hacer la maleta, me despedí de mi madre y salí de casa a las 5:15 para ir andando hasta la estación de Málaga-Centro Alameda, comprar un billete (1'8 €) y tomar el C-1 de las 5:55 con destino al aeropuerto, de tal manera que llegué allí once minutos después.
Me fui directamente al control de seguridad, donde me tuvieron que cachear porque el arco pitó cuando pasé por él, pero obviamente no hubo ningún problema. Consulté el panel de información de vuelos para comprobar que la puerta de embarque asignada al mío era la B18, y fue darme la vuelta y encontrarme con Lorena, una profesora del IES Jarifa, el instituto en el que había trabajado ese curso, y que estaba con su hijo y con la hija de su pareja; casualidades de la vida, iba a coger el mismo vuelo que yo, aunque ella para pasar unos días en Londres.

Nos dirigimos juntos al control de pasaportes, y luego a la cola de la puerta de embarque de nuestro vuelo de Norwegian. Fue allí esperando cuando llegó mi amiga Marisa, que también estaba invitada a la boda y con quien había organizado el viaje, qué sitios visitar en Brighton, etc. Ya en el avión, cada uno se fue al asiento que tenía asignado (30A en mi caso, ella en la parte central), pero, una vez que despegamos a las 7:40, me cambié de sitio para sentarme con ella, pues a su lado había un asiento libre, y así al menos tenía con quien hablar durante las más de dos horas que duraría el vuelo.

Aterrizamos en el Aeropuerto de Londres-Gatwick a las 8:46 (hora inglesa), unos veinticinco minutos antes de lo previsto. Al abandonar el avión, me volví a encontrar con mi compañera de trabajo, y, tras una larga espera en el control de pasaportes, me despedí de ella. Ya solo con Marisa, lo primero que hicimos fue comprar los billetes de tren para Brighton (10'50 libras cada uno), y luego entramos en Marks & Spencer, donde compré un par de cajas de cookies que me costaron 3'50 libras.
El tren salió a las 10:01 y tardó unos cuarenta minutos en llegar a la estación de Brighton. Cuando salimos al exterior, resulta que estaba lloviendo, así que nos tocó ir andando a nuestros respectivos alojamientos paraguas en mano. Primero llegamos al The Grand Brighton, el hotel en el que se quedaría Marisa, mientras que yo tuve que caminar un poco más hasta el Adelaide House, el hostal que yo había reservado para las dos noches que pasaría en Brighton.
Cuando llegué, el hombre que me atendió me dijo que la habitación estaría disponible a partir de la una, pero me dio la posibilidad de dejar la maleta en el salón de la entrada y esperar allí, así que escribí a Marisa y me dijo que me acercase a su hotel, pues ella sí había podido subir ya a su habitación. El hotel The Grand Brighton es de los caros, así que en la recepción me preguntaron por el nombre de la huéspeda y el número de habitación (la 228) para poder dejarme subir a ver a mi amiga.
Ya con Marisa, en una habitación mucho más lujosa que la que me encontraría más tarde en mi hostal, ella se preparó un té y me invitó a tomarme un chocolate que preparamos con los productos que tenía disponibles en la habitación. Sobre las doce y media, tras acordar lo que haríamos a lo largo del día, salimos de la habitación y resulta que nos encontramos a Pepe por las escaleras del hotel. Le dijimos que se viniese con nosotros a dar una vuelta, pero tenía compromisos familiares, así que ya le veríamos al día siguiente en su boda.


12:45
Seguía bastante nublado y lloviendo, por lo que durante nuestro paseo por el centro de Brighton no pude hacer fotos con mi cámara. Estuvimos principalmente por The Lanes, una zona del centro de la ciudad con calles estrechas y coloridas, pequeñas tiendas con encanto y numerosos pubs y cafeterías. Precisamente, una de las cosas que hicimos fue tantear dónde almorzar, y finalmente nos decantamos por el pub The Pump House; en concreto, tomé agua para beber, mientras que para comer me decidí por unas pork sausages with a creamy mashed potato (12'50 libras en total).

De allí volvimos a nuestros respectivos alojamientos para descansar un poco. Llegué a las tres al Adelaide House, donde ya me dieron la llave de mi habitación, la 27, situada en una tercera planta sin ascensor, pequeña y con un baño muy reducido. Por lo que me costó (135 libras por dos noches con desayuno incluido), en España hay hostales e incluso hoteles mejores, pero la verdad es que me fue difícil encontrar una habitación individual y con baño privado medio decente y a un precio razonable en Brighton.

Colgué en unas perchas el traje y la camisa para que no estuviesen tan arrugados al día siguiente, y luego me puse a ver la tele para escuchar un poco de inglés, que falta me hacía porque cada vez lo tengo más oxidado, entre otras cosas las noticias de la BBC y el concurso Are you smarter than a 10 year old?, tras lo cual escribí a Marisa para quedar de nuevo, ya que había dejado de llover y el cielo se había quedado bastante despejado, a lo que me dijo que nos viésemos a las cinco y media enfrente de su hotel.
De camino al hotel, pasé por la Regency Square, la plaza en la que se encuentra el hostal y al final de la cual, ya en el paseo marítimo, se erige el British Airways i360, una gigantesca torre de observación de 162 metros de altura que cuenta con una cápsula mirador desde donde se puede disfrutar de unas vistas inmejorables de la ciudad y del Canal de la Mancha, eso sí, pagando las 16'50 libras que cuesta.

Justo enfrente, en mitad del mar, pude contemplar el West Pier, un antiguo muelle que, tras cerrar en 1975, se ha ido deteriorando con el paso del tiempo y que además ha sufrido dos incendios, pero cuyos restos han permanecido y se han convertido en un punto de interés más de Brighton. Avancé por el paseo marítimo, bastante amplio y que da acceso a la playa (de piedras, no de arena), hasta llegar a la altura de The Grand Brighton.


17:35
De nuevo con Marisa, y ya con la comodidad de un día soleado, retomamos la visita a la ciudad. Comenzamos nuestra ruta por West Street, calle en la que vimos algo tan chocante como una bandera LGBT en la fachada de la Saint Paul's Parish Church, aunque también conviene apuntar que Brighton es conocida por ser la ciudad más gay friendly del Reino Unido, y más adelante nos topamos con la Clock Tower, de 23 metros de altura.

A continuación seguimos por North Street, en la cual hay un supermercado Sainsbury's en el que encontré las cookies que probé en mi viaje a Escocia y que tanto me gustaron, pero las compraría el día que volviese a Málaga. Continuamos por New Road, una calle en la que está el Theatre Royal Brighton y desde donde se puede acceder al Pavilion Gardens, un parque en el que se encuentra el Brighton Dome Concert Hall y el Brighton Museum & Art Gallery.

Seguidamente, nos acercamos al North Gate, una puerta que hace la función de entrada principal a este parque, en el cual también pudimos admirar el Royal Pavilion, una antigua residencia real que cuenta con un estilo arquitectónico muy llamativo y oriental, rasgos que también comparten los otros monumentos ubicados en estos jardines.

Continuamos nuestro paseo por el Town Hall, es decir, el edificio del Ayuntamiento de Brighton, y luego nos adentramos de nuevo en The Lanes para perdernos por sus coloridas callejuelas y plazas, así como entrar en algunas de sus tiendas, aunque esta vez lo pudimos ver y disfrutar mejor que por la mañana cuando estaba lloviendo.

Al final, acabamos desembocando en el paseo marítimo, desde donde accedimos al Brighton Palace Pier, el único muelle que queda en la ciudad y que está destinado al disfrute de todo el que pasa por allí, ya que cuenta con numerosos puestos en los que puedes beber y comer de casi todo (helados, refrescos, chucherías, donuts, crepes, gofres...), una gran sala con máquinas recreativas y un parque de atracciones al final del mismo.

Otro de los puntos fuertes del muelle es que ofrece una panorámica muy buena de la costa de Brighton y de sus playas; es más, mirando hacia el este, a lo lejos, incluso podíamos divisar parte de los acantilados de creta de los Seven Sisters que teníamos pensado visitar el día después de la boda.


19:00
Al volver a la entrada del muelle, Marisa dijo de ir al Brighton Marina, un puerto deportivo con tiendas y restaurantes que quedaba bastante alejado, de hecho tardamos más de treinta minutos en llegar andando, pero nos llamó la atención que en el trayecto apenas nos cruzamos con nadie. Una vez allí, resulta que todos los establecimientos estaban cerrados, así que solamente pudimos ver algunos yates amarrados y poco más.

Deshicimos el camino, ahora por la parte superior del paseo marítimo para ver las largas hileras de casas señoriales que daban al mar, de tal manera que cuando regresamos al Brighton Palace Pier pasaban ya algunos minutos de las ocho de la tarde.

Teníamos que darnos cierta prisa en buscar algún sitio para cenar, puesto que en el Reino Unido tienen otros horarios en lo que a las comidas se refiere, por lo que no nos complicamos y fuimos al Regency Restaurant, situado a pocos minutos de donde nos encontrábamos. En mi caso, pedí agua para beber y cené un fish and chips, y en total me salió por 12'30 libras.

Cuando salimos de allí, a eso de las nueve y media, ya era de noche, y justo enfrente teníamos el British Airways i360 con una iluminación muy llamativa y que hacía que pareciese un ovni, así que no me pude resistir a hacerle unas fotos. Fue entonces cuando nos despedimos hasta el día siguiente y volver a nuestros respectivos alojamientos.

Ya en la habitación del hostal, me puse un rato a ver la tele antes de acostarme sobre las once, que el día siguiente se aventuraba largo y había que afrontarlo bien descansado.

jueves, 24 de septiembre de 2020

Fútbol y matemáticas

Mi última lectura veraniega ha sido la del libro 'Fútbol y matemáticas', del profesor inglés de Matemáticas Aplicadas David Sumpter.
El autor analiza la relación que existe entre el fútbol y las matemáticas, dos disciplinas que en apariencia tienen pocos lazos en común, pero en realidad las matemáticas pueden tener y tienen más influencia de la que nos podemos imaginar en el deporte rey, y eso es lo que nos descubre David a través de los trece capítulos divididos en tres partes de los que se compone este libro. Por poner algunos ejemplos, se puede estudiar si la disposición táctica de los jugadores en el terreno de juego es mejor o peor a través del diagrama de Voronoi y de la triangulación de Delaunay correspondientes; la trayectoria que sigue el balón cuando un jugador hace una chilena no es más que una parábola cuya ecuación depende de la velocidad y del ángulo inicial del remate; una tabla de contingencia le puede servir a un entrenador para saber si le conviene atacar o defender en función del rival al que se enfrenta; y también tenemos a las casas de apuestas, que hacen uso del estudio de probabilidades para determinar las cuotas de las diferentes apuestas que se pueden hacer (resultado del partido, número de saques de esquina, posesión del balón...), eso sí, de tal manera que ellos siempre salgan ganando.
Cuando hace unos años vi que se había publicado un libro con este título, que une dos de mis grandes pasiones, sabía que tarde o temprano acabaría en mi estantería, y así ha sido. Lo primero que se me pasó por la cabeza con respecto al posible contenido de este libro fue que el autor dedicaría una parte del mismo a analizar los diferentes elementos que nos podemos encontrar en un partido de fútbol, como son el balón (una esfera o un icosaedro truncado) o el terreno de juego (sus dimensiones, rectángulos, circunferencias, arcos, distancias...), o las simetrías y las diversas formas de los escudos de los equipos de fútbol; sin embargo, no he encontrado nada de esto a lo largo del texto, es más, la presencia de la geometría en el libro no es la más preponderante, puesto que cobran más peso otras ramas como son la estadística y la probabilidad, con las cuales también contaba. El autor apoya su análisis matemático de las diferentes formas en las que se manifiesta el fútbol (resultados de partidos, mapas de calor de los jugadores, direcciones de los pases de un equipo, cánticos de la afición, predicciones de las casas de apuestas...) en múltiples modelos y simulaciones por ordenador para argumentar sus conclusiones en un sentido u otro, así como en diversos símiles con conductas animales, ya que su trabajo como investigador en la universidad está orientado al comportamiento colectivo en las áreas de la biología y la sociología. Este aspecto es uno de los puntos fuertes del libro, pero, aunque parezca paradójico, es al mismo tiempo el principal defecto que le encuentro, ya que a veces peca de ser demasiado técnico, teniendo en cuenta que lo que se pretende con textos como éste es divulgar matemáticas de una manera amena y sencilla, e incluso a mí me ha costado entender algunos fragmentos. Otro aspecto positivo a destacar es que he aprendido bastantes cosas, algunas de las cuales las podría poner en práctica en el aula para explicar a mis alumnos ciertos conceptos matemáticos que quizás entiendan mejor con un enfoque balompédico. Como bien afirma el autor, es cierto que hay cosas en el fútbol y en el resto de la vida que no podemos explicar del todo a través de las matemáticas, pero sí que es cierto que las matemáticas pueden ayudar a entender mejor tanto la propia vida (en el texto se menciona cómo se transmiten las enfermedades contagiosas como el SARS, creo que os sonará de algo de estos últimos meses) como el fútbol, tanto desde el punto de vista de los jugadores, como de los entrenadores y de los aficionados. En resumidas cuentas, un libro recomendable para lectores con un perfil como el mío, aficionado al fútbol y amante de las matemáticas, y que lo disfrutará desde estas dos vertientes.

Nota: este post forma parte del Carnaval de Matemáticas, que en esta nonagésima primera edición, también denominada 11.5, está organizado por Mayte Jiménez Romera a través de su blog Qué vamos a hacer hoy.

viernes, 18 de septiembre de 2020

Viaje a España 2018: día 8

Martes, 17 de julio de 2018

8:00
Al igual que en los días anteriores, nos levantamos temprano para ducharnos y, esta vez, para hacer las maletas definitivamente, puesto que el viaje llegaba hoy a su fin, pero, al contrario que los otros días, el desayuno fue en el propio hotel, ya que estaba incluido en el precio. En mi caso, cogí del bufé pan tostado y un panecillo para tomarlos con mantequilla, tres piezas de bollería y un vaso de leche con Cola Cao.

Antes de emprender el regreso a Málaga, dimos una vuelta por Cáceres para visitar algunos de los sitios que estaban cerrados la tarde anterior. El primer lugar al que fuimos fue el Centro de Divulgación de la Semana Santa Cacereña, en el cual pudimos ver, entre otras cosas, las túnicas de las diferentes cofradías que la componen y una maqueta con una procesión en la plaza Mayor, así como el aljibe del convento de los Jesuitas, pues está ubicado en la cripta de la iglesia de San Francisco Javier.

Precisamente a continuación entramos en la iglesia de San Francisco Javier, puesto que la tarde anterior no estaba abierta. Tras pagar 1'5 € por la entrada, accedimos al interior del templo, de un evidente estilo barroco y en el que destacan su retablo mayor, sus numerosas capillas y, sobre todo, su cúpula.

La entrada incluía la subida a una de las dos torres, pero mi madre prefirió no subir. Al llegar arriba, pude contemplar unas vistas excelentes de la ciudad y divisar algunos de los monumentos que rodean a esta iglesia, tales como la Torre de las Cigüeñas, la Torre de Sande y la Concatedral de Santa María, por citar algunos ejemplos.

Luego, tras una breve visita al patio del Palacio Episcopal, nos dirigimos a la iglesia de Santiago de los Caballeros. Me llamó mucho la atención la gran cantidad de imágenes de la Semana Santa cacereña que se veneran en este templo, entre ellas las de la Sagrada Cena, Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Misericordia; además, allí también estaba el trono de la Virgen del Carmen que vimos procesionar la tarde anterior.

De vuelta al hotel, pasamos por la plaza Mayor para hacernos una última foto de despedida de Cáceres, y también entramos en una tienda de productos típicos para comprar unas tortas. Antes de ir a la habitación para recoger las maletas, subimos a la terraza del hotel, pues desde allí hay muy buenas vistas de algunos de los principales monumentos de la ciudad, como por ejemplo el Palacio de los Golfines de Arriba o el Palacio de Toledo-Moctezuma.


11:45
Tras recoger el equipaje de la habitación, fui a por el coche mientras mi madre me esperaba en la recepción del hotel para no tener que cargar con todas las maletas, de tal forma que, entre una cosa y otra, salimos de Cáceres a las doce del mediodía. Hicimos una parada en un área de servicio pasado Mérida para comprar una botella de agua, mientras que la siguiente, a eso de las dos y media, fue en otra área de servicio a la altura de Monesterio, donde almorzamos dos menús a 10'5 € cada uno, en mi caso una sopa de picadillo, filete empanado con patatas y melón.

Sobre las cuatro de la tarde, y tras repostar diésel allí mismo, reemprendimos el camino de regreso a Málaga. Paramos de nuevo para estirar las piernas entre Paradas y La Puebla de Cazalla, de tal manera que cuando llegamos a casa eran las ocho menos cuarto de la tarde. Punto y final para un viaje que me ha permitido conocer Salamanca, León, Ávila y Cáceres, unas ciudades a las que sin duda alguna me gustaría volver para disfrutarlas de nuevo.

sábado, 12 de septiembre de 2020

No es mío, pero es interesante (CXLI)

Aquí tenemos una nueva entrega de 'No es mío, pero es interesante', una sección en la que os recomiendo las entradas de otros blogs y webs que más me han interesado en las últimas semanas. Como de costumbre, hay blogs que consiguen colar más de un post, como son los casos de Microsiervos y Ya está el listo que todo lo sabe, con siete y dos aportaciones, respectivamente. Lo que tampoco cambia es la variedad de contenidos: matemáticas, astronomía, curiosidades, vídeos, etc.
Echémosle un vistazo a la lista de enlaces de esta entrega:
¿Os han gustado las recomendaciones de esta entrega? Espero que sí y que me lo hagáis saber a través de un comentario ;)

viernes, 4 de septiembre de 2020

Viaje a España 2018: día 7

Lunes, 16 de julio de 2018

8:30
Nos levantamos temprano para ducharnos y dejar listas las maletas para continuar con nuestro viaje, pero antes de partir teníamos que desayunar, y en concreto fuimos a la cafetería La Colonial El Grande, situada en la plaza de Santa Teresa de Jesús y en la que me tomé un desayuno similar al del resto de días: una tostada con aceite, una napolitana de chocolate y un vaso de leche con Cola Cao.

Volvimos al hotel para recoger las maletas y nos montamos en el coche a eso de las diez y cuarto para poner rumbo a Cáceres. Hicimos un par de paradas intermedias, una en Piedrahita para repostar diésel y otra en un área de servicio en Aldeanueva del Camino, de tal manera que cuando llegamos a Cáceres eran las dos y cuarto. Nos alojamos en el Hotel Exe Ágora Cáceres por una noche que nos costó 65'70 €, concretamente en la habitación 305.

Dejamos las maletas en la habitación y nos fuimos directamente en busca de un sitio para almorzar; tras consultar la lista de recomendaciones que llevaba preparada de casa, nos decantamos por el restaurante Tapería Ibérico. Pedimos una botella de agua grande para los dos, una ensalada gastronómica de entrante, un plato principal (entrecot de ternera mi madre, huevos con chorizo para mí) y tarta de queso de postre. La elección fue más que acertada.


16:10
Iniciamos la visita a Cáceres propiamente dicha en la plaza de las Piñuelas, en la cual se erige la Torre del Horno, para a continuación bajar por una escalinata hasta el Foro de los Balbos, un espacio rectangular donde se encuentran el pilar de San Francisco y una copia de la estatua del Genio Andrógino, también conocida como la diosa Ceres.

Después nos adentramos en la plaza Mayor, de forma rectangular, alargada y ligeramente en cuesta. Allí pudimos ver la Torre de la Yerba, el Ayuntamiento, la Torre de los Púlpitos, el Arco de la Estrella, la ermita de la Paz y la Torre de Bujaco.

Atravesamos el Arco de la Estrella, que cuenta en la parte superior con una pequeña hornacina que aloja la imagen de Nuestra Señora de la Estrella, para acceder a la plaza en la que se encuentra la Concatedral de Santa María, en la base de cuya torre está adosada la estatua de San Pedro de Alcántara.

Tras pagar la entrada (4 € cada uno), accedimos al interior del templo, que, a pesar de no ser tan llamativo como los de otras catedrales que habíamos visitado, sí que tenía su encanto. De estilo románico y gótico, cuenta con numerosas capillas dedicadas a varias advocaciones, entre ellas la del Cristo Negro de Cáceres, pero sin duda alguna destaca por su gran retablo mayor plateresco sin policromar.

La entrada incluía la visita al Museo de la Concatedral, en el que se exponen diversas piezas y obras de arte de carácter religioso, así como la subida a la torre. Subí yo solo, ya que mi madre estaba cansada, y desde allí arriba pude divisar una espectacular panorámica del conjunto monumental de la ciudad, como por ejemplo el Palacio de la Generala, la Torre de Sande, la iglesia de San Francisco Javier o el Palacio de Toledo-Moctezuma.

Al salir de la concatedral, callejeamos por los alrededores del templo, y en concreto vimos el Palacio Episcopal, la Casa de los Ovando, el Palacio de Mayoralgo, el Palacio de la Diputación, el Palacio de los Golfines de Abajo y el Palacio de Carvajal, en cuyo interior pudimos ver una maqueta del casco antiguo de la ciudad, así como visitar su patio y su jardín.

Luego, nuestro paseo nos llevó hasta la Torre de los Espaderos, la Puerta de Coria o del Socorro y el Palacio de Toledo-Moctezuma, para seguidamente acercarnos al Palacio de Godoy y a la iglesia de Santiago de los Caballeros, que estaba cerrada en ese momento, al igual que la iglesia de Santo Domingo.

Tras ver las torres del Palacio Galarza y del Ateneo de Cáceres, nos fuimos a merendar a La casa del goloso; en concreto, mi madre se tomó un batido de nutella y una tarta de nutella, mientras que yo me decanté por un batido de vainilla y tortillas con nutella. Tras esta contundente y deliciosa merienda (15'50 € en total), volvimos al hotel para descansar un rato.


20:10
El primer lugar al que fuimos al reanudar la visita a la ciudad fue la iglesia de San Juan Bautista, junto a la cual se erige el Monumento a los Cofrades. A continuación, repetimos el camino que hicimos después de almorzar para llegar a la plaza Mayor, en la cual nos percatamos de la presencia de unas letras de hormigón de color amarillo con el nombre de la ciudad.

Después, nos adentramos en el casco antiguo de Cáceres para ir a la plaza de San Jorge, adonde se encuentran la iglesia de San Francisco Javier con sus llamativas torres pintadas en blanco, la Casa Palacio de los Becerra y el Jardín de Doña Cristina de Ulloa.

Paseando por el laberinto de calles que es realmente la zona monumental de la ciudad vimos la Casa del Mono, la Casa del Sol, la Casa del Águila y la Torre de Sande, que llama poderosamente la atención porque está en gran parte cubierta de vegetación.

Más adelante, llegamos a un espacio en el que se encuentran la iglesia de San Mateo, la Casa de Lorenzo Ulloa, el Palacio de las Cigüeñas y su torre, el convento de San Pablo, el Palacio de las Veletas (actual sede del Museo de Cáceres) y la Casa de los Caballos.

Nos acercamos al Arco del Cristo, la puerta de entrada a la ciudad monumental más antigua, para luego descender por la calle San Roque y ver la Torre de la Puerta del Concejo y el Baluarte y la Torre de los Pozos, hasta llegar a la ermita de las Candelas y a la Torre Desmochada.

Desde allí nos reincorporamos al casco antiguo, y en nuestro paseo fuimos viendo el convento de Santa Clara, la Casa de los Sánchez Paredes, el Palacio del Comendador de Alcuéscar (actual Parador de Turismo de Cáceres), la Casa de los Paredes-Saavedra, el Palacio de los Golfines de Arriba y el Palacio de los Condes de Adanero, situado frente al Arco de Santa Ana.

A continuación, bajamos a la plaza de San Juan cuando, de repente, escuché a lo lejos una banda tocando marchas de Semana Santa, y es que resulta que en la plaza Mayor estaba la procesión de la Virgen del Carmen, así que no dudé en acompañarla un rato, en concreto hasta que el trono llegó a la plaza de Santa María, junto a la concatedral. ¡Quién me iba a decir que iba a presenciar una procesión en el viaje!

Pasaban ya varios minutos de las diez de la noche, momento en el que los principales monumentos ya estaban empezando a iluminarse. Para hacer tiempo, decidimos tomarnos un refresco en una de las terrazas de la plaza Mayor, concretamente en el restaurante El Pato.

Antes de buscar un sitio en el que cenar, dimos un pequeño paseo por el casco histórico para ver algunos de sus principales monumentos con la iluminación nocturna, entre otros la propia plaza Mayor, el Arco de la Estrella, la Concatedral de Santa María, la iglesia de San Francisco Javier o el Foro de los Balbos.

Finalmente, la cena la hicimos en el mismo sitio en el que habíamos almorzado, en el restaurante Tapería Ibérico. No teníamos mucha hambre, por lo que, además de agua para beber, pedimos una tosta de jamón ibérico con base de tomate y otra de jamón ibérico con base de Torta del Casar. Ambas estaban muy buenas, y en total nos salió por unos 9 €.

Ya cenados, nos fuimos directos al hotel para subir a la habitación y hacer las maletas, pues era la última noche del viaje y al día siguiente tocaba volver a casa. Tras eso y ver un poco la tele, nos acostamos a la una menos cuarto de la madrugada.