viernes, 30 de julio de 2021

La verdad sobre el caso Savolta

Mi segunda lectura de este verano ha sido 'La verdad sobre el caso Savolta', del escritor español Eduardo Mendoza.
Javier Miranda es un joven que trabaja en el despacho de abogados del señor Cortabanyes en la Barcelona de 1917, año en el que la clase obrera comienza a sublevarse para defender sus derechos a través de huelgas y rebeliones que alteran la vida de la ciudad. Por entonces conoce al francés Paul André Lepprince, quien trabaja en la empresa del industrial catalán Enric Savolta, aunque pronto se hará cargo de ella e incluso se casará con la hija de Savolta tras el misterioso asesinato de éste. La confianza que crece entre ellos es tal que Lepprince, cuando se anima a convertirse en alcalde de Barcelona, le propone a Javier que sea su secretario e incluso que se case con María Coral, una joven gitana de un cabaret que fue su amante. Entre tanto, se suceden diversos asesinatos de personas que en mayor o menor medida están relacionadas con la actividad de la empresa de Savolta, cuyos problemas económicos se van acrecentando poco a poco.
Estaba yo en 2º Bachillerato cuando mi profesor de Lengua Castellana y Literatura nos dijo que ese curso teníamos que leer este libro o 'La familia de Pascual Duarte'. Compré los dos y acabé leyendo el de Camilo José Cela, mientras que el de Eduardo Mendoza se quedó en mi estantería a la espera de ser leído más adelante. Pues resulta que han tenido que pasar 17-18 años, la mitad de lo que llevo vivido hasta ahora, para que por fin me haya decidido a leer la primera novela de Mendoza, y la verdad es que me alegro de que en su momento me hubiese decantado por el libro de Cela, ya que ése me gustó mucho y éste me ha gustado más bien poco. No pongo en duda la calidad literaria de esta obra de Eduardo Mendoza, pues se ve que está muy bien escrito y narrado, aunque a mí se me ha hecho un poco pesado por diversos factores, principalmente dos: uno, que la trama no me ha terminado de convencer, ya que no me siento muy atraído por los problemas sociales y laborales de la época en la que está ambientada la obra; y el otro, que en casi todos los capítulos se entremezclan hechos sucedidos en diferentes momentos temporales que no han hecho más que crearme confusión y, por consiguiente, que no haya sido capaz de hilar bien toda la historia, salvo en las últimas páginas, cuando se explica prácticamente todo. Por otra parte, he echado en falta que en el libro tuviese algo más de peso el género policíaco, que algo tiene, y no tanto el social o histórico, y, aunque a priori no contaba con que fuese a gustarme mucho, sí que es cierto que esperaba haber disfrutado un poco más de su lectura. Con estas palabras no pretendo cerrarle la puerta al resto de títulos de uno de los escritores españoles más importantes de los últimos 50 años, puesto que 'El misterio de la cripta embrujada', otro de sus libros más reconocidos, puede que sí se adapte mejor a mis gustos literarios, por lo que probablemente le daré una nueva oportunidad a Eduardo Mendoza en el futuro.

jueves, 22 de julio de 2021

Viaje a España 2019: día 4

Jueves, 28 de febrero de 2019

8:10
Al igual que los días anteriores, lo primero que hice nada más levantarme fue darme una ducha. Ya vestido y preparado para afrontar un nuevo día del viaje, me reuní con mis amigos, que habían dormido en la otra habitación para que no les molestasen mis ronquidos, y a las nueve y cuarto salimos para ir a desayunar de nuevo a Panaria; al igual que el día anterior, tomé pan tostado con aceite y una taza de leche con Cola Cao, pero también me pedí un croissant (3'70 € en total).

De allí nos fuimos a la plaza Porlier, donde vimos el Palacio de Camposagrado y la escultura de 'El viajero', y ya en la plaza de Alfonso II el Casto nos topamos con el Palacio de Valdecarzana-Heredia y con la Santa Iglesia Basílica Catedral Metropolitana de San Salvador de Oviedo, aunque antes de visitarla estuvimos unos minutos viendo el monumento a Alfonso II el Casto, el Jardín de los Reyes Caudillos y la capilla del rey Casto.

A continuación, nos adentramos en el pórtico que da acceso al interior de la Catedral, cuya entrada nos costó 7 € a cada uno, audioguía incluida. Nada más entrar, advertimos el predominante estilo gótico del templo por los arcos ojivales y la bóveda de crucería de la nave central. Avanzamos por las capillas de la nave de la Epístola hasta llegar al ábside, en la que sobresale por su belleza y majestuosidad el retablo mayor.

Seguidamente, tras pasar por delante de la imagen medieval de El Salvador, accedimos a la Cámara Santa, una de las estancias más importantes de la Catedral, puesto que en ella se custodian tesoros y reliquias como el Arca Santa, la Cruz de la Victoria, la Cruz de los Ángeles y el Santo Sudario, entre otros.

La visita nos llevó después a la cripta de Santa Leocadia y al claustro, desde donde pasamos a la Sala Capitular, en la cual se conservan los restos de la sillería del coro, antes de regresar a la Catedral propiamente dicha y poder admirar de nuevo el magnífico retablo de la Capilla Mayor.

Terminamos la visita recorriendo la nave izquierda a través de sus numerosas capillas, entre las que destacan la de la Anunciación y la de la Asunción. Tras casi hora y media de visita, salimos de la Catedral para seguir conociendo la ciudad, aunque no sin antes hacerme una foto junto con la escultura de 'La Regenta' y la Catedral de Oviedo de fondo.

12:15
Avanzamos por las céntricas calles Rúa y Cimadevilla hasta desembocar en la plaza de la Constitución, donde se erigen la Casa Consistorial de Oviedo y la iglesia de San Isidoro el Real, en la cual entramos para admirar su evidente y majestuoso estilo barroco, sus numerosas capillas con tallas de cristos, vírgenes y santos, y su retablo mayor.

Después fuimos al Mercado de El Fontán, en uno de cuyos puestos me compré un bollo preñao por 1'10 € para probar este producto típico asturiano, tras lo cual nos acercamos a la plaza de Daoiz y Velarde, que estaba a rebosar de gente y tenderetes por el mercadillo que se monta allí cada jueves, y a la plaza del Fontán, muy característica con sus pórticos de columnas y soportales.

Nuestro paseo nos llevó ahora hasta los edificios del Palacio de la Junta General y de la Casa-Palacio de la Presidencia del Gobierno del Principado de Asturias, justo enfrente del Campo de San Francisco, un enorme parque urbano cuyos numerosos árboles estaban casi todos sin hojas por las fechas en las que nos encontrábamos.

Debido a su gran tamaño, estuvimos paseando por este parque cerca de media hora, tiempo en el que tuvimos la ocasión de ver el estanque de los Patos y los numerosos puntos de interés que hay en él, como por ejemplo el monumento a José Tartiere, el antiguo arco de entrada a la desaparecida iglesia de San Isidoro, la estatua de Mafalda o la de Sabino Fernández Campo, entre otros.

Dejamos el parque y cruzamos la calle Uría a la altura de donde se encuentra la estatua de Woody Allen para a continuación pasar por delante del Teatro Campoamor, avanzar por la calle Pelayo, donde nos topamos con varias esculturas urbanas de bronce, y llegar hasta la Basílica de San Juan El Real, que se encontraba cerrada en ese momento.

Como ya eran cerca de las dos, paramos unos minutos para pensar si almorzar en Oviedo o en Cudillero, que sería nuestro siguiente destino. Al final, decidimos comer aquí, concretamente en el restaurante El Fartuquín, donde dos de mis amigos se pidieron un menú especial de 17 €, mientras que el otro y yo nos decantamos por el menú del día a 10 €, en mi caso ensaladilla rusa, filete de ternera a la plancha y tarta de chocolate. Todo estaba exquisito, de hecho hasta probé alguno de los platos de mis amigos.

Salimos del restaurante más que saciados y casi tan llenos como el día anterior en Gijón para hacer una pequeña parada en el hotel y coger el coche para echar la tarde en Cudillero y Avilés, de tal manera que, saliendo de Oviedo, pasamos por delante de la iglesia de San Julián de los Prados, otro de los templos prerrománicos de la ciudad que son Patrimonio de la Humanidad.

17:10
Dejamos el coche en el aparcamiento del puerto pesquero de Cudillero, cerca de una bonita cascada situada frente al muelle, y de allí nos fuimos andando al núcleo principal del pueblo, enclavado en la montaña con unas coloridas casas que parecen forman un anfiteatro que se abre al mar, y cuyas edificaciones más notables son la iglesia de San Pedro, en la que no pudimos entrar porque se estaba oficiando un funeral, y el Ayuntamiento.

A continuación, nos dispusimos a ir al Mirador de la Garita y al Mirador de la Atalaya, para lo cual tuvimos que subir los interminables escalones de un laberinto de calles estrechas y en cuesta que al menos a mí me dejaron agotado, aunque el esfuerzo mereció la pena, ya que las vistas que teníamos del pueblo, del puerto y de los acantilados desde allí arriba eran inmejorables.

Tras descansar y disfrutar de la panorámica durante unos quince minutos, bajamos de nuevo al pueblo con cuidado de no caernos, pues algunos tramos estaban un poco deteriorados y había que agarrarse a las barandillas, y nos fuimos en busca del coche para continuar con el viaje.

Llegamos a Avilés poco antes de las siete de la tarde, de tal manera que dejamos el coche en la zona azul para seguidamente darnos una pequeña vuelta por la ciudad, pues la idea era cenar en Oviedo. En primer lugar, nos topamos con la iglesia de Santo Tomás de Canterbury, conocida popularmente como la catedral de Avilés, pues por su tamaño así lo parece.

Avanzamos por la calle de la Cámara hasta desembocar en la plaza de España, la cual está presidida por el edificio del Ayuntamiento, aunque estaba oculto tras un escenario. A continuación vimos el Palacio de Ferrera, que actualmente alberga un hotel, y la Fuente de los Caños de San Francisco, situada junto a la iglesia de San Nicolás de Bari.

Continuamos nuestro paseo por la peatonal calle Galiana y luego nos adentramos en el parque de Ferrera cuando ya era prácticamente de noche, por lo que apenas pudimos verlo en condiciones. Salimos por la calle Rivero, más o menos a la altura en la que se encuentran la Fuente de los Caños de Rivero y la capilla de San Pedro, tras lo cual regresamos a la plaza de España.

19:55
No teníamos mucho más que hacer allí, así que nos fuimos en busca del coche para volver a nuestro hotel de Oviedo, adonde llegamos poco antes de las nueve de la noche. Una vez allí, mientras veíamos por la tele el Valencia-Betis de la Copa del Rey, nos pusimos a mirar en qué hotel nos quedaríamos el día siguiente a medio camino de regreso a Málaga. Finalmente, reservamos dos habitaciones en Llerena, en la provincia de Badajoz, y seguidamente salimos a la calle a cenar.

Acabamos yendo a la Sidrería El Gato Negro, donde ya cenamos dos días antes, aunque nos gustó tanto que no nos importó repetir. Yo no tenía mucha hambre y apenas comí un poco de cachopo de cecina y algunas anchoas con queso manchego, ya que el almuerzo fue bastante contundente, pero mis amigos no se cortaron y, además de lo que compartí con ellos, se pidieron una jarra de sangría, seis botellas de sidra, un plato de zamburiñas, un pastel de cabracho, una crema de la casa y un arroz con leche.

Cuando pagamos la cuenta, de casi 100 €, y salimos del restaurante, ya era la una menos veinte de la madrugada. Volvimos tranquilamente al hotel, de tal manera que cuando subimos a nuestras habitaciones pasaban ya diez minutos de la una, hora a la que nos pusimos a dejar las maletas medio hechas para no perder mucho tiempo a la mañana siguiente para continuar con el viaje, de tal manera que, entre una cosa y otra, nos acostamos a las dos.

martes, 13 de julio de 2021

La novia gitana

El primer libro que he leído este verano ha sido 'La novia gitana', de la escritora madrileña que se esconde tras el seudónimo de Carmen Mola.
Susana es una joven gitana que ha sido raptada después de celebrar su despedida de soltera y que aparece muerta unos días más tarde tras haber sido asesinada por alguien que le ha realizado unos agujeros en la cabeza en los que ha metido varios gusanos que han ido devorando poco a poco su cerebro. La inspectora Elena Blanco, junto con su equipo de la Brigada de Análisis de Casos (BAC) y el subinspector Ángel Zárate, se encarga de la investigación de un crimen cuyo modus operandi resulta ser prácticamente idéntico al del asesinato de Lara, la hermana de Susana, que tuvo lugar siete años atrás y cuyo asesino, Miguel Vistas, se encuentra en prisión. Cuando se revisa este caso, no tardan en aparecer ciertas irregularidades que invitan a pensar que quizás se condenó a un inocente, que el verdadero asesino de Lara anda suelto y que es el mismo que el de Susana.
La primera referencia que tuve de este título fue hace un par de años y tras una conversación sobre gustos literarios con un compañero de trabajo, quien me habló de un libro que llevaba poco tiempo a la venta y que estaba teniendo muy buena acogida. Luego me enteré de Carmen Mola no era el verdadero nombre de la autora, sino un seudónimo, lo cual le aportaba si cabe más misterio a este libro del género policíaco, y, en efecto, de que se estaba convirtiendo en un bestseller que al final ha derivado en una exitosa trilogía. Con todos estos ingredientes, sabía que tarde o temprano acabaría leyendo este libro y que muy probablemente lo disfrutaría, como así ha ocurrido. La trama es la típica en la que hay un crimen que resolver, varios personajes a los que se les cuelga el cartel de sospechosos conforme se descubren nuevas pistas y se revelan ciertas informaciones ocultas, y una inspectora con problemas personales que hace todo lo posible por encontrar al verdadero asesino. 'La novia gitana' engancha de principio a fin gracias a su lectura ágil y a que se compone de capítulos cortos que te dejan con ganas de leer un poquito más; además, no abusa de un gran número de personajes secundarios que aportan poco y lían mucho, sino que cuenta con los justos y necesarios para que la historia sea más creíble y que no todo gire exclusivamente alrededor del personaje principal, la inspectora Elena Blanco. Al final se resuelve el caso y se atan todos los cabos, bueno, todos excepto uno, y aquí viene casi lo mejor del libro, que queda pendiente para el segundo título de la trilogía y cuya puerta se deja abierta en las últimas páginas para dejarte con ganas de más. En resumidas cuentas, un libro muy entretenido para los aficionados al género policíaco de una misteriosa Carmen Mola cuyas obras seguro que seguiré disfrutando.

domingo, 4 de julio de 2021

Viaje a España 2019: día 3

Miércoles, 27 de febrero de 2019

8:15
Con el sonido del despertador, me levanté y me fui directo a la ducha, tras lo cual le cedí el sitio a Jose, quien, al igual que su hermano el día anterior, también me hizo saber que no había podido dormir del todo bien por culpa de mis ronquidos (ya me gustaría a mí evitarlo). A las 9:25, salimos del hotel para ir a desayunar a Panaria; en concreto, yo desayuné pan tostado con aceite, una taza de leche con Cola Cao y una mini palmera que venía de acompañamiento (2'40 €).

A continuación, fuimos en busca del coche de Miguel, que lo dejamos el día anterior en un garaje situado frente al hotel, para subir al Monte Naranco y visitar la iglesia de San Miguel de Lillo y la iglesia de Santa María del Naranco, los dos templos prerrománicos del siglo IX que se encuentran en él, y desde cuyo mirador pudimos divisar tanto la ciudad de Oviedo como las cumbres nevadas de la Cordillera Cantábrica.

Sobre las 11:30 partimos en dirección a nuestro siguiente destino, la iglesia de San Salvador de Valdediós, la iglesia de Santa María la Real y el Monasterio de Santa María de Valdediós, que se localizan en Villaviciosa, a unos 40 km de Oviedo. La entrada para la visita al conjunto nos costó 5 € a cada uno, pero tuvimos que esperar al turno de las 12:30 para que el guía nos atendiera junto con otros turistas.

En primer lugar, entramos en la iglesia de Santa María la Real, un templo que cuenta con algunas capillas y altares de estilo románico y que está comunicado con el monasterio, a cuyo claustro renacentista accedimos a continuación, y siempre acompañados por el guía y sus exhaustivas y animadas explicaciones, se le veía muy metido en el papel.

Después, continuamos la visita con la iglesia de San Salvador de Valdediós, que data del siglo IX y presenta una planta basilical de tres naves con arcos de medio punto y bóvedas de cañón, características propias del estilo prerrománico de este templo de pequeñas dimensiones que se conserva bastante bien a pesar de su antigüedad.

13:35
Cogimos de nuevo el coche y nos fuimos a Tazones, un pequeño pueblo de pescadores, pero con mucho encanto, situado a pocos kilómetros de Villaviciosa. En primer lugar entramos en la iglesia de San Miguel, y luego bajamos por su llamativa calle principal con sus coloridas fachadas y numerosos restaurantes de pescado y marisco, hasta desembocar en la cala desde donde se divisan varios acantilados de la costa asturiana, y por último también vimos la peculiar Casa de las Conchas, la cual encontramos a pocos metros de allí escondida entre otras casas del pueblo.
 
Apenas estuvimos media hora en Tazones, ya que, aunque nos planteamos la posibilidad de almorzar en el pueblo, finalmente decidimos ir a Gijón y comer allí, por lo que de nuevo nos pusimos en carretera. Eran las 15:15 cuando aparcamos en la zona azul frente a la playa de Poniente de Gijón, tras lo cual nos dirigimos al restaurante Tierra Astur, que era uno de los más recomendados de la zona.
 
Uno de los objetivos del viaje era descubrir y saborear la gastronomía de Asturias, y, si ya la cena de la noche anterior fue todo un éxito en este sentido, el almuerzo de este día no se quedó atrás, puesto que nos pusimos las botas con manjares como una rueda de embutidos y quesos asturianos, unos tortinos de cecina de vacuno y queso de cabra, un gran cachopo de carne con jamón y queso, y un surtido de postres asturianos.

Salimos del restaurante pasadas las cinco de la tarde con la barriga llenísima y tras haber pagado una cuenta de más de 100 € que nos supo hasta barato teniendo en cuenta todo lo que comimos, además de mi botella de agua y de las cinco botellas de sidra y de los tres cafés con leche que se tomaron mis amigos. Así pues, con el estómago llenísimo y encorvados casi sin poder caminar, nos dimos un paseo rodeando la playa de Poniente.

Tras renovar el ticket de la zona azul en la que habíamos aparcado el coche, seguimos paseando, esta vez rodeando por completo el Puerto Deportivo de Gijón, cuyos muelles y dársenas estaban repletos de embarcaciones amarradas, principalmente pequeños yates y veleros.

18:15
Cuando llegamos a la plaza del Marqués, me dispuse a fotografiar el Árbol de la Sidra, la Colegiata de San Juan Bautista, el Palacio de Revillagigedo y el Monumento a Pelayo, y en esto que un hombre de unos 80 años me cogió por banda para hablar conmigo y contarme un tostón sobre que si lo de Pelayo es todo mentira, que si los libros de Historia no cuentan la verdad, y así tuve que aguantarle durante 10 minutos mientras veía a Miguel, Jose y Fran a varios metros de allí riéndose por lo mal que lo estaba pasando, pues no sabía cómo quitarme a este hombre de encima.

Ya liberado de este hombre y de nuevo con mis amigos, avanzamos por la Plaza Mayor, en la cual se erige el edificio del Ayuntamiento, hasta llegar a uno de los extremos de la playa de San Lorenzo, la más conocida de Gijón, en el cual se localiza la iglesia de San Pedro, de estilo historicista y en la que cabe destacar su gran torre.

A continuación, subimos al Cerro de Santa Catalina para ver la célebre y peculiar escultura de hormigón de Eduardo Chillida 'Elogio del Horizonte'. Tras pasear unos minutos por el cerro y asomarnos a los acantilados, bajamos por la zona del Puerto Deportivo hasta regresar a la plaza del Marqués.

De camino al coche, pasamos por delante de las famosas letronas rojas de Gijón, así que nos hicimos algunas fotos para despedirnos de una ciudad que apenas pudimos visitar durante un par de horas, así que habrá que buscar alguna excusa para volver y conocerla mejor. Salimos de allí a las ocho menos diez y apenas media hora después ya estábamos aparcando en el garaje situado frente a nuestro hotel de Oviedo.

Nada más subir a las habitaciones, Jose, Miguel y Fran se llevaron un colchón de la 402 a la 403 para poder dormir juntos en una misma habitación y, de esta forma, evitar mis ronquidos, tras lo cual nos dispusimos a ver el Real Madrid-Barcelona de la vuelta de las semifinales de la Copa del Rey que, para alegría de mis amigos, acabaría ganando el Barça por 0-3.

Cuando terminó el partido sobre las once de la noche, nos planteamos cenar algo, aunque en realidad no teníamos hambre después del suculento almuerzo de Gijón, así que únicamente nos dimos una vuelta para comprar un par de botellas de agua y una lata de Fanta de limón en una máquina de vending. De nuevo en el hotel, terminamos con la mudanza de las habitaciones y nos acostamos pasada ya la medianoche.