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martes, 22 de diciembre de 2015

La democracia invisible

Todavía se habla, y mucho, de las elecciones generales del pasado 20 de diciembre, lo cual es lógico teniendo en cuenta que apenas han pasado dos días y que probablemente hayan sido las más esperadas e igualadas desde la transición, sobre todo por la irrupción de dos nuevos partidos (Ciudadanos y Podemos) dispuestos a derrocar al bipartidismo (PP y PSOE) que ha gobernado España desde hace más de 30 años. Si una cosa está clara es que, en mayor o menor medida, todos han ganado, como siempre ocurre, ya sea por ser el que más escaños tiene, por haber conseguido que el otro partido ya no tenga mayoría absoluta, por estrenarse con fuerza en el Congreso de los Diputados, por... Por muchas razones, la victoria está en boca de todos, pero, como también siempre ocurre, quien ha vuelto a perder ha sido la democracia.
No hay más que analizar los datos, tal y como hice hace cuatro años en dos posts (éste, sobre el reparto de escaños entre las circunscripciones electorales, y éste, sobre la atribución de escaños según los votos obtenidos), para confirmar que esta vez la democracia tampoco ha sido invitada a la que se supone que es su fiesta. ¿Te imaginas que el día de tu cumpleaños se organiza una fiesta para celebrarlo y a ti no te dejan pasar? ¿O que el día de tu boda llegas a la iglesia y te dicen "Mira, vete que tú aquí no pintas nada"? Pues esto es lo que le ocurre a la pobre democracia, tan frágil, tan triste, tan invisible, cada vez que acudimos a las urnas para elegir al partido que debe llevar las riendas de nuestro país los próximos cuatro años.
No voy a hacer un análisis tan exhaustivo como el que me curré en las dos entradas que os he mencionado antes, pero sí que os mostraré lo suficiente como para que veáis cómo ha quedado configurado el Congreso y cómo podría o debería estar si nuestra amiga hubiera sido invitada a su fiesta. Empecemos recordando un par de aspectos de nuestra 'querida' Ley Electoral que resultan más que determinantes en la configuración final del Congreso de los Diputados: la primera, que en las elecciones generales hay tantas circunscripciones como provincias (50) y ciudades autónomas (2) en vez de una circunscripción única y nacional; y la segunda, que se obvian los votos de aquellos partidos que no han conseguido al menos un 3 % de los votos válidos emitidos en cada una de dichas 52 circunscripciones. Por otra parte, también resulta conveniente mencionar que utilizamos el sistema D'Hondt para la asignación de escaños a los partidos políticos que cumplen esta última condición, un sistema que, como ya vimos hace unos años, no es demasiado equitativa.
Y antes de pasar a analizar la primera de las dos tablas comparativas que os voy a mostrar, qué menos que comentar algunos datos importantes de estas elecciones generales. Se ha contabilizado un total de 25.350.447 votos, de los cuales 226.997 han sido nulos (esto implica que no se tienen en cuenta a la hora de asignar el porcentaje de voto de cada partido) y 187.771 han sido votos en blanco. En elecciones anteriores, estas dos cantidades han sido mayores, pero aún así habría que destacar que los votos nulos serían la novena fuerza más votada, mientras que los votos en blanco serían la undécima, de tal forma que ambos montantes tendrían que estar representados con tres escaños cada uno en el Congreso. Por otra parte, voy a considerar a Podemos como un único partido y no como varios movimientos y mareas repartidos por la geografía española, para un mejor análisis de los votos emitidos.
Aquí tenemos la primera tabla comparativa. La primera columna muestra los votos recibidos por cada partido (he obviado los que han conseguido menos de 30.000 votos); la segunda, el porcentaje de votos con respecto a los votos totales menos los nulos; la tercera, los escaños que le han sido asignados a los partidos aplicando la Ley Electoral vigente; y la cuarta y última, los diputados que le corresponderían a cada partido si aplicásemos directamente los porcentajes de la segunda columna a 350, que son los escaños a repartir entre todos, es decir si tuviésemos una única circunscripción y no aplicásemos el corte del 3 %. Los números hablan por sí solos, pero no está de más que resaltemos algunos de los más llamativos.
Para empezar, lo que está claro es que los partidos nacionales mayoritarios y los nacionalistas son los que siempre se llevan el gato al agua, especialmente los primeros, mientras que los partidos que tienen sus votos muy repartidos parten en clara desventaja. Aquí tenemos los evidentes casos del PP, que consigue unos 20 escaños más de los debidos; el PSOE, que debería tener 13 menos; Ciudadanos, que contaría con nueve asientos más; UP-IU, que pasaría a tener un grupo parlamentario propio más que sobrado; o partidos muy minoritarios (PACMA, UPYD, BNG...) que tendrían algún que otro representante en la Carrera de San Jerónimo. Si esto ya quema los ojos, atentos a las comparativas entre parejas de partidos políticos que os detallo a continuación.
Comencemos con Ciudadanos, uno de los novatos, que tiene casi la mitad de los votos recibidos por el PP de Mariano Rajoy; sin embargo, los populares van a tener el triple de representación parlamentaria que la formación de Albert Rivera. Continuamos con el gran debutante, Podemos, que, a pesar de casi igualar en votos al PSOE de Pedro Sánchez, tiene veintiún escaños menos, por lo que Pablo Iglesias, al que se le ve muy contento, debería estarlo aún más. Pasamos ahora a un habitual perdedor de esta Ley Electoral, UP-IU, que sale mal parado sobre todo en comparación con los nacionalistas, a los que supera más que sobradamente en sufragios, pero luego se tiene que contentar únicamente con 2 escaños en vez de los 13 que realmente le pertenecen; mientras tanto, Esquerra consigue 9 con dos tercios de los votos, y Coalición Canaria, con menos de la décima parte de apoyos, se lleva un diputado. Terminamos con otro resultado muy llamativo, el del PACMA, con una cantidad de votos similar a BILDU, se queda a cero al tiempo que la formación independentista tendrá dos representantes.
Como ya hemos comentado, la asignación de escaños se lleva a cabo aplicando el sistema D'Hondt, al que muchos consideran culpable de las notables desigualdades que acabábamos de analizar, lo cual no es del todo cierto, ya que el principal responsable de estos desajustes viene siendo la división en circunscripciones provinciales, lo cual provoca que el voto de un soriano tenga mucho más valor que el de un madrileño o un alicantino. En cualquier caso, tampoco es que el sistema D'Hondt sea del todo justo, sobre todo si lo comparamos con otras fórmulas electorales que se aplican en países como Alemania, Dinamarca, Australia, etc.
En esta tabla comparamos el reparto de escaños que se obtendría aplicando los cuatro sistemas mostrados (D'Hondt, Sainte-Laguë, Hare y Droop) suponiendo que tuviésemos una circunscripción nacional y que no descartásemos a los partidos políticos con menos de un 3 % de votantes sobre el total de válidos. Si queréis recordar cómo funciona cada método electoral, os remito a la entrada que publiqué hace cuatro años para no alargar más ésta. En resumidas cuentas, el cociente Hare viene a ser lo más parecido a una asignación de escaños proporcional a los votos recibidos, y si no, comparad su columna con la última de la primera tabla que os he mostrado. Casualmente, el cociente Droop genera los mismos guarismos, aunque a veces sí que presentan diferencias de un escaño arriba o abajo en algunos partidos. Lo que sí está claro es que el sistema D'Hondt, libre de toda culpa por lo que antes hemos explicado, en realidad beneficia a los partidos mayoritarios a costa de los muy minoritarios, a los que deja sin representación en el Congreso de los Diputados. Y cabe decir que esta vez las diferencias entre este método y los cocientes Hare y Droop son bastante pequeñas, lo cual se debe a que tenemos dos nuevos partidos fuertes (Podemos y Ciudadanos) que han aportado más estabilidad en este aspecto. Con respecto al método Sainte-Laguë, que en realidad es una pequeña variante del método D'Hondt, el reparto obtenido es mejor que el de éste, aunque no del todo equitativo. Muchos critican que con los cocientes Hare y Droop se puebla el hemiciclo de partidos con una representación testimonial (uno o dos escaños), pero si es lo que los españoles han votado, ¿por qué no tienen el mismo derecho a tener voz que el resto de formaciones?
Las matemáticas no engañan. Cuanto más circunscripciones tienes, es decir, cuanto más redondeas, más error cometes, y si no que se lo digan a los partidos afectados. Si a esto le sumamos la obligación de tener un mínimo porcentaje de votos para aspirar a conseguir representación, el injusto reparto de escaños entre las circunscripciones y la fórmula electoral aplicada, nos queda una tarta mal dividida que no refleja lo que los españoles han dicho con sus votos. A ver si de una vez por todas impera el sentido común y la proporcionalidad, porque si no me veo cada cuatro años publicando una entrada como ésta, y la verdad, uno ya se cansa de tanto repetirse en estos temas.
Como siempre, la Ley Electoral da mucho que hablar, pero más van a tener que hablar ahora los grandes partidos entre ellos. Es momento de formar gobierno y toca pactar, dialogar y ceder, lo cual parece poco probable teniendo en cuenta todas las combinaciones medianamente viables y las posturas de cada uno, así que todo apunta a que dentro de unos meses tendremos que acudir de nuevo a las urnas, y quién sabe si a unas terceras elecciones... En cualquier caso, lo que está fuera de toda duda es que la democracia volverá a ser ignorada en su día más importante.

Nota: este post forma parte del Carnaval de Matemáticas, que en esta quincuagésima novena edición, también denominada 6.9: El conjunto de Cantor, está organizado por Marta Macho Stadler a través de su blog ZTFNews.

viernes, 13 de marzo de 2015

Andalucía es la cobaya

Los andaluces estamos citados a las urnas el próximo domingo 22 de marzo para elegir a la persona que presidirá la Junta de Andalucía los próximos cuatro años, o menos, quién sabe, porque la actual legislatura no va a llegar siquiera a agotarse debido al adelanto electoral que anunció a comienzos de año la actual presidenta, Susana Díaz, quien por cierto no fue la elegida en las últimas elecciones, sino que cogió el testigo de José Antonio Griñán tras renunciar éste al cargo apenas un año y medio después de dichos comicios, más o menos el mismo tiempo que va a estar Susana al frente de la comunidad autónoma. Está convulsa Andalucía: dos presidentes en la legislatura, conflictos en el pacto de gobierno entre PSOE e IU, elecciones anticipadas, casos de corrupción, candidatos que no llenan...
Son muchas las pegas que podemos poner a estos tres últimos años de política andaluza, pero la más importante de todas resulta ser que vamos a ser la cobaya, el banco de pruebas, el entrenamiento, el "a ver qué pasa" con vistas a unas elecciones generales que, salvo sorpresa mayúscula, se celebrarán allá por el mes de noviembre. No cabe duda de que Andalucía no podía esperar a agotar la legislatura, pero muchos nos preguntamos por qué no se han hecho coincidir con las municipales del 24 de mayo. ¿Qué sentido tiene? Obviamente es una decisión partidista que nadie discute que tendrá sus intereses, pero resulta que es una decisión que está jugando con personas, con ciudadanos, con andaluces, y con ellos no se puede jugar más porque ya hemos perdido mucho y vamos a perder más, empezando por el dinero, puesto que organizar una sola jornada de votaciones en vez de dos en tan corto intervalo de tiempo como va a ocurrir hubiera supuesto un notable ahorro de dinero, que no es precisamente lo que nos sobra, sino lo que nos falta.
Si alguien quiere ganar dinero en las casas de apuestas, lo tiene muy fácil: el PSOE va a ganar las elecciones, eso sí, con mayoría simple, y aquí creo que todos volvemos a estar de acuerdo. Ha estado muy inteligente Susana Díaz con esto de adelantar las elecciones para antes incluso que las municipales, y es que el objetivo no es otro que minimizar la irrupción de Podemos en el Parlamento de Andalucía, que bastantes escaños va a conseguir ya en el Congreso como para que también ahora se apropie del gran bastión socialista. Aquí está la clave, y es que da la impresión de que al PSOE apenas le queda el territorio andaluz para mantener su fuerza como uno de los dos brazos de un bipartidismo español que, aunque vigente, muestra unos alarmantes signos de debilidad. Los socialistas no se pueden permitir perder Andalucía, y la única manera de impedirlo es tal y como lo están haciendo. Repito que dudo mucho que vaya a ocurrir, pero, si realmente el PSOE no saliese vencedor en estas elecciones, que se vaya despidiendo de las municipales, de la generales y hasta de las de las comunidades de vecinos.
Salvo sorpresón mayúsculo, los socialistas van a ser la fuerza más votada, y eso a pesar de que el descontento de los andaluces con la gestión que han llevado a cabo desde siempre ha ido a más con el paso de los años, el cual se ha agudizado con los casos de corrupción en los que se han visto envueltos los dos anteriores presidentes, Manuel Chaves y José Antonio Griñán. A pesar de todo esto, y como somos como somos, vamos a volver a votarles, igual que ocurrirá en noviembre con el PP, que también se ha lucido estos años y sí, también ganará las generales con mayoría simple. Ahora bien, ¿con quién va a hacer coalición el PSOE? El PP está absolutamente descartado e IU no parece que vaya a conseguir los escaños suficientes para sumar mayoría, así que Podemos, que sí que parece que 'podrá' conseguir esos asientos del Parlamento andaluz, resulta ser la única opción posible. Miedito me da.
El PP vuelve a ser el eterno aspirante, el quiero y no puedo, el que no se puede quitar la etiqueta de segundón en una comunidad autónoma que se le resiste por más que lo intente. Estuvo cerca de romper la estadística en las elecciones de 2012, cuando fueron el partido más votado, pero el pacto PSOE-IU les echó de la presidencia tal y como estaba cantado. Se presenta como candidato un tal Juanma Moreno, que más que político parece el típico señorito andaluz. Sinceramente, me da la impresión de que como cabeza visible de los populares y como rival de Susana Díaz tiene poco que hacer, y cuidado, no estoy diciendo que la actual presidenta sea mejor que él, pues de hecho veo a los dos muy verdes y sin el perfil que precisa el futuro líder de una comunidad autónoma tan importante como Andalucía.
Por más que le pese, el Partido Popular no puede evitar verse salpicado por los casos de corrupción tal y como le ocurre al PSOE; bien es cierto que a nivel andaluz no está tan manchado, aunque a saber cuánta mierda tienen escondida entre Despeñaperros y el estrecho de Gibraltar y que todavía no ha salido a la luz. Si los socialistas saben que van a ganar, lo bueno que tienen los populares es que saben que no tienen nada que perder. Como perder, van a conseguir menos escaños que la última vez, pero eso ya lo saben por mucha confianza y seguridad que muestren de cara al exterior, y es que además les va a resultar imposible doblegar al PSOE porque no van a encontrar un partido que vaya con ellos de la mano; con mucha suerte, Ciudadanos podría echarles un cable, pero lo dicho, se me antoja muy muy improbable. En cualquier caso, lo que es seguro es que el PP es la única vía de escape posible si los andaluces realmente quieren acabar con el interminable y muy discutible gobierno socialista de Andalucía, aunque me temo que van a tener que esperar otros cuatro años más, o menos, que nunca se sabe.
Luego tenemos a los partidos minoritarios, que parece que esta vez sí que se van a repatir un buen botín de escaños, principalmente entre Podemos, IU y Ciudadanos, es decir, un fiel reflejo de lo que a priori ocurrirá el próximo otoño, si exceptuamos a los partidos nacionalistas, claro está. La formación del omnipresente Pablo Iglesias parece que va a salir bastante bien parado, y eso que su objetivo no son estas urnas, sino las de las generales, donde todo apunta a que se convertirán o en una tercera fuerza con mucho peso o incluso en la segunda. Aquí en Andalucía van a llegar con el tiempo justo pero necesario para, quizás, ser la llave que necesita el PSOE si quiere seguir gobernando, y es que da la impresión de que IU va a ser la perdedora oculta de estas elecciones, como si fuese la culpable de los últimos tres años de gobierno en Andalucía. Si se cumplen los pronósticos, va a pasar de ser parte del gobierno de la última legislatura a convertirse en la cuarta formación más votada, y puede que la quinta, porque Ciudadanos viene pisando fuerte, aunque sin hacer mucho ruido porque, al igual que Podemos, su objetivo también son las generales para tener una importante presencia en el Congreso de los Diputados.
Éste es el panorama que tiene por delante Andalucía. Los resultados que deparen estas elecciones son toda una incógnita, pues parece tan probable que el PSOE recupere el primer lugar en lo que a votos se refiere como el PP repita victoria en las urnas para quedarse otra vez sin gobernar. Ahora bien, ¿qué pactos habrá? ¿Cederá el PSOE para coaligarse con la joven Podemos o volverán a ir de la mano de IU si finalmente éstos suman los escaños necesarios? ¿Podrá por fin el Partido Popular dirigir el destino de los andaluces si Ciudadanos, el partido que parece más afín en el panorama político actual, entra con fuerza en el Parlamento andaluz? ¿Se quedará si gobernar el partido más votado? ¿Utilizará realmente Susana Díaz estas elecciones como trampolín para disputarle la candidatura socialista a Pedro Sánchez en las próximas generales? ¿Sería descabellado que la irrupción de Podemos obligase a PSOE y PP a llegar a un entendimiento y gobernar juntos los próximos cuatro años?
Hay muchas preguntas, pero para las respuestas tendremos que esperar al 22 de marzo. Eso sí, las respuestas no van a ser las correctas, porque realmente tendría que darse el 24 de mayo en vez de ser el experimento que va a acabar siendo y porque los resultados electorales no van a reflejar el verdadero sentir del pueblo andaluz. Pregunta final: ¿seremos capaces de aguantar una legislatura completa? Me temo que no...

jueves, 29 de marzo de 2012

¡No a la huelga!

Ni por un instante me podría haber imaginado lo que me ocurrió esta pasada medianoche. Estaba con mis amigos Carmona y Marisa terminando de jugar al Trivial que organiza el pub irlandés Morrisey's cada miércoles, y, tras quedar en tercera posición, mi amigo acudió a la barra para que le dieran nuestro premio (tres chupitos), mientras que Marisa y yo nos quedamos sentados en nuestra mesa charlando. Me di cuenta de que ya eran las 0:15, así que solté en plan de broma un "¡Ya estamos en huelga!". No pasó ni un minuto cuando se nos acercó uno de los camareros del pub para decirnos con una cara de seriedad y preocupación que fuéramos recogiendo porque los piquetes iban a entrar en el local.
Mi amiga y yo nos miramos a la cara con incredulidad y como diciendo "Sí, ¡venga ya! ¿Cómo que van a entrar?". Pues sí, entraron, y no fueron pocos. De repente, unas veinte o treinta personas invadieron el pub armados con sus banderas, pitos y megáfonos, los cuales emitían un sonido tan ensordecedor que yo tuve que taparme los oídos. No contentos con sus gritos, decidieron echar una bomba de humo pestilente dentro del local que nos obligó a abandonarlo porque no se veía casi nada y encima costaba hasta respirar. Al salir a la calle, comprobamos que los huelguistas se iban multiplicando poco a poco y que el Morrisey's no era el único bar al que habían obligado a desalojar. ¿Qué pasa? ¿Que el derecho a la huelga es tener derecho a negar el derecho a trabajar?
Mi indignación iba subiendo por momentos, pues lo que estaba viviendo era como poco esperpéntico. Por lo visto, el portero de una discoteca situada a pocos metros de nosotros se había resistido a los manifestantes y éstos acabaron por tirarle huevos y humillarle. Lo peor no es esto, sino que todo estaba ocurriendo a las doce y media de la madrugada, una hora en la que todo el mundo está durmiendo en sus casas, y hay que tener en cuenta que la gran mayoría de los que viven en el centro histórico de Málaga son jubilados y gente mayor, por no decir además que a muy pocos metros de donde nos encontrábamos (unos cincuenta) hay un hospital. ¿Qué pasa? ¿Que el derecho a la huelga es tener derecho a negar el descanso de los demás?
Los piquetes seguían montando follón, gritando, tirando petardos y bombas de humo, haciendo sonar las sirenas de sus megáfonos... De repente, por una calle se acercaba otro, como si de una guerra se tratara. Os lo juro, ha habido batallas peor organizadas que ésta. Y encima con ellos ni se podía hablar, ya que siempre te negaban la palabra para eludir la realidad y el raciocinio de los que sí estamos cuerdos. Carmona y yo acompañamos a Marisa hasta su coche, y en el camino pasamos por delante de la Catedral, la cual tenía pegados en su reja dos carteles que rezaban "Cerrado por huelga". Marisa, obviamente, se acercó inmediatamente para arrancarlas con rabia y enfado. ¿Qué pasa? ¿Que el derecho a la huelga es tener derecho a meter a la Iglesia en esto?
Ya solos, Carmona y yo decidimos dar una vuelta por el centro para comprobar cómo iba evolucionando la cosa. Sobre la una nos encontrábamos por calle Santiago, donde los policías estaban controlando la situación debido a que algunos bares habían sufrido destrozos por parte de los huelguistas a modo de mesas y sillas tiradas por los suelos. Justo delante del cine Albéniz, uno de ellos se encaró y empujó a un policía e inmediatamente éste y sus compañeros comenzaron a poner las cosas en su sitio haciendo uso de sus porras. Jamás en mi vida había presenciado una cosa así. Los manifestantes seguían con sus megáfonos sonando y gritando sin parar. En ese momento, caí en la cuenta de que desde mi casa se tendría que estar escuchando perfectamente todo este jaleo, y resulta que en mi casa hay una persona gravemente enferma (mi padre) que hoy se ha tenido que levantar a las seis y media para ir al hospital a tratarse con quimioterapia. ¿Qué culpa tiene mi padre de que el Gobierno haya impuesto una reforma laboral que no os gusta para que pueda descansar tranquilamente?
Con el paso de los minutos, los manifestantes se fueron dispersando hasta el punto de que las calles se quedaron prácticamente vacías sobre la una y media como si nada hubiera pasado. Durante nuestro paseo, comprobamos que todos los negocios habían sido empapelados con carteles de "Cerrado por huelga" o cosas por el estilo, y en varios muros también se podían leer pintadas con mensajes similares. No se salvaron ni los cajeros automáticos, que digo yo que entonces hoy no puedo sacar dinero, ¿no? Pasamos de nuevo por delante de la Catedral, que de nuevo estaba adornada con más pegatinas del 29-M y que no dudé en despegar. Ya en calle Císter, donde vive mi amigo Carmona, vimos un par de contenedores derribados y con toda la basura esparcida por el suelo. ¿Qué pasa? ¿Que el derecho a huelga es tener derecho a destrozar el mobiliario urbano y llenar las calles de mierda?
Me despedí de mi amigo y volví a mi casa por calle Alcazabilla, no sin antes detenerme en cada negocio y pared para arrancar todo rastro de cartel huelguista como buenamente pude, porque algunas pegatinas no se podían quitar del todo. Si ellos me fastidiaron una noche de ocio y diversión con mis amigos, si ellos impidieron a los camareros del pub en el que me encontraba a trabajar libremente, si ellos no habían dejado dormir a unos malagueños que no tenían culpa de nada... ¿Por qué no iba yo a responder de esta forma? Si ellos tienen derecho a empapelar Málaga con sus quejas, yo también tengo derecho a dejar limpia mi ciudad.
Yo reconozco que no tengo ni la más remota idea de lo que implica la reforma laboral del PP. Sí, llamadme ignorante, desentendido de la política de mi país o lo que queráis. Yo no me caso con ningún partido político, pero no hay que ser muy listo ni estudiar ninguna carrera universitaria para darse cuenta de que lo de anoche no habría pasado con el PSOE, ¿o es que alguien recuerda algo así en la anterior huelga? El que quiera opinar aquí, que opine, pero aviso de antemano que no voy a tolerar que me tachen de un partido o de otro porque estará muy equivocado. Eso sí, me gustaría que alguno de los que estuvo esta madrugada escandalizando por las calles del centro de Málaga tuviera un mínimo de dignidad de comentarme y defender que algo de lo que acabo de relatar es mentira.
De los huelguistas y sindicalistas de anoche sólo puedo decir que son unos auténticos cobardes. ¡Qué fácil es entrar en un pub y obligarles a que cierren con amenazas y destrozos! ¡Qué valiente es luchar cien contra cinco! ¡Qué fácil es desvelar a unas personas que no tienen culpa de nada con gritos, pitos y sirenas! ¡Qué valiente es luchar contra personas indefensas! De haber sabido lo que pasó anoche, hubiera cogido mi cámara de fotos para poder denunciar a todos los que hicieron que tuviera que salir huyendo del Morrisey's para no ahogarme en sus bombas de humo. Y menos mal que yo soy pacífico y que ellos eran muchos más, que si no el que habla habría empezado a pegar mamporros a todo el que se pusiera por delante hubiera sido yo. Pensarlo lo pensé, pero ¿quién es el valiente que se juega el físico ante una panda de maleducados?
Por último, quiero terminar diciendo que, si ya tenía un mal juicio de los políticos, más lo tengo ahora de los sindicatos, que, por cierto, los pagamos todos los españoles con nuestros impuestos. Tanto que nos quejamos de los sueldos vitalicios de los políticos, ¿por qué no quejarse del dinero que se llevan los sindicalistas? Yo no voy a apoyar huelgas como ésta, tengan o no tengan razón, pero las cosas no se hacen así. Sólo hay que tener dos dedos de frente, nada más.

jueves, 20 de octubre de 2011

Un sistema electoral injusto

Hace cinco meses, analizamos en esta entrada cómo se lleva a cabo el reparto de escaños para cada provincia cuando se celebran unas elecciones generales como las que tendrán lugar dentro de exactamente un mes, el próximo 20 de noviembre, tal y como anunció este verano el todavía Presidente del Gobierno, Jose Luis Rodríguez Zapatero. Dicho reparto, que ya vimos que tiene varios defectos, es solamente el primer paso de la distribución de los escaños, puesto que el segundo, y quizás más importante, es el que se refiere a la forma en la que a cada partido se le asignan estos 350 asientos del Congreso de los Diputados en función de los votos recibidos por parte del electorado. A lo largo de este post, comprobaremos que la democracia de las urnas vuelve a brillar por su ausencia y que el sistema electoral español tiene margen de sobra para ser mejorado en el futuro.
Al igual que el análisis que hice el pasado mes de mayo, el que ahora os voy a presentar encuentra su base en uno de los capítulos del libro 'El periodista matemático', de Fernando Blasco, pero haré un estudio de su contenido en el que entraré con más profundidad, además de aportar otras ideas y visiones acerca del tema en cuestión. Así pues, hay que empezar por el principio, es decir, por lo que dice la Ley Orgánica 5/1985, de 19 de junio, del Régimen Electoral General en su artículo 163:
Artículo 163:
  1. La atribución de los escaños en función de los resultados del escrutinio se realiza conforme a las siguientes reglas:
  • No se tienen en cuenta aquellas candidaturas que no hubieran obtenido, al menos, el 3% de los votos válidos emitidos en la circunscripción.
  • Se ordenan de mayor a menor, en una columna, las cifras de los votos obtenidos por las restantes candidaturas.
  • Se divide el número de votos obtenidos por cada candidatura por 1, 2, 3, etcétera, hasta un número igual al de escaños correspondientes a la circunscripción (...). Los escaños se atribuyen a las candidaturas que obtengan los cocientes mayores en el cuadro, atendiendo a un orden decreciente.
Lo descrito en el segundo y tercer punto del apartado 1 no es más que la aplicación directa del conocido como sistema D'Hondt (en la jerga popular nos referimos a éste como ley D'Hondt), una fórmula electoral para la asignación de escaños ideada en 1878 por el jurista y matemático belga Victor d'Hondt. Para ver cómo funciona exactamente, vamos a ponerlo en práctica con un ejemplo, concretamente tomando los datos que se obtuvieron en las últimas elecciones generales en la circunscripción de la provincia de Vizcaya, donde se escrutaron 630.917 votos válidos y donde únicamente cinco partidos superaron el porcentaje mínimo para poder repartirse los 8 escaños en juego.
Analicemos el contenido del cuadro. El primer escaño es asignado al PSOE por ser la fuerza más votada, mientras que el segundo se lo lleva el PNV, que es el siguiente el votos. El tercer diputado le corresponde de nuevo a los socialistas, pues, tras haber dividido sus votos entre 2, su cociente es mayor que el del resto de partidos. El PP se queda con el cuarto escaño, el PNV con el quinto, el PSOE con el sexto, los nacionalistas se llevan el séptimo y, para terminar, los socialistas se quedan con el octavo y último; por su parte, EB-B y EA se quedan sin representación. ¿Cuál es el problema? El PSOE, a pesar de que solamente ha obtenido el doble de votos que el PP, cuenta con cuatro veces más diputados que los populares, lo cual no deja de ser contradictorio e injusto matemática y democráticamente hablando.
Esto parece indicar que el sistema D'Hondt cojea por algún costado, así que probemos los mismos datos con otra fórmula electoral, como, por ejemplo, el método Sainte-Laguë, llamada así en honor del matemático francés que lo creó. La forma de proceder es idéntica a la anterior, con la única salvedad de que ahora los divisores son los números impares en vez de los naturales. Veamos pues cómo quedaría ahora la tabla del reparto de escaños.
Se aprecia que ya ha habido una sensible variación, pues el PSOE ha perdido un diputado en beneficio del PP. Antes eran los populares los que se quejaban; sin embargo, ahora los socialistas también tienen sus motivos, puesto que su proporción de escaños es menor que la de los votos. Cierto, pero al menos las diferencias no son tan grandes como ocurría con el sistema D'Hondt.
En fin, seguimos sin poner de acuerdo a todas las partes, así que pensemos en una fórmula que deje a todos contentos. Vamos a experimentar con la que es quizás la fórmula más intuitiva de todas, el cociente Hare, el cual consiste en calcular primeramente una cuota que resulta de dividir el total de votos válidos entre el número de asientos a repartir. A continuación, y para cada partido, hallamos la parte entera del cociente que se obtiene de dividir sus votos entre dicha cuota para saber cuántos escaños le corresponden; por último, repartimos los escaños sobrantes entre aquellas candidaturas que presentan una parte decimal mayor. Apliquemos este método al ejemplo precedente.
Teniendo en cuenta que en Vizcaya se contabilizaron 630.917 votos válidos y que a esta circunscripción le corresponden 8 escaños, la cuota que se obtiene es de 78.865'63 votos por cada escaño. Como se puede observar, los tres partidos más votados consiguen de inicio respectivamente 2, 2 y 1 diputado, tal y como indican las partes enteras de sus cocientes; casualmente, los tres escaños que nos faltan por asignar también se los llevan PSOE, PNV y PP, ya que sus partes decimales son las tres mayores de las cinco en disputa. Así pues, el reparto final coincide con el del método Sainte-Laguë, por lo que los socialistas todavía tienen un pretexto para seguir protestando; mientras tanto, los nacionalistas vascos guardan silencio al ver que estando en medio no molestan.
Estudiemos una cuarta fórmula electoral que también es utilizada en algunos países, aunque no tanto como las tres anteriores. Se trata del cociente Droop, el cual adjudica los escaños de una manera análoga a la del cociente Hare, con la única excepción de que el cálculo de la cuota es algo más complejo, pues se le suma 1 al resultado de dividir los votos válidos emitidos entre el número de escaños a repartir incrementado en una unidad. Veamos cómo quedaría la tabla tras aplicar este procedimiento.
En esta ocasión, la cuota resultante es de 70.102'89 votos por cada escaño. Una vez más, se repite la distribución de los diputados entre los tres partidos que copan la mayoría de los votos, sólo que esta vez el PSOE se lleva sus tres escaños en reparto inicial, mientras que los dos asientos extra se los quedan PNV y PP.
Tras lo visto hasta aquí, podemos afirmar que el sistema D'Hondt da la impresión de que no es la fórmula electoral más adecuada para hacer el reparto de escaños, y eso a pesar de que es quizás la más utilizada en todo el mundo. Los otros tres métodos expuestos parecen coincidir en sus resultados; sin embargo, esto no debe llevarnos a pensar que siempre va a ocurrir así, pues, sin ir más lejos, en el libro de Fernando Blasco se muestra un ejemplo en el que el cociente Droop genera un reparto calcado al de D'Hondt. Que la distribución de los escaños de estos métodos coincida o no va a depender principalmente de dos factores: del número de votos que ha recibido cada partido en cada circunscripción y del número de diputados que le corresponde a ésta. Resulta obvio pensar que, cuanto mayor sea la circunscripción, el reparto será mejor, en el sentido de que las proporciones entre votos y escaños de cada partido estarán más equilibradas. No pensamos mal, pero, antes de entrar en más detalle, me gustaría que le echásemos un vistazo a la siguiente tabla.
En la primera columna, muestro los votos recibidos por los veinte partidos más votados en las elecciones generales de 2008, mientras que en la segunda indico qué porcentaje del total han obtenido. La tercera columna contabiliza los escaños que le fueron asignados a cada partido tras aplicar lo dictaminado por el artículo 63 en cada una de las circunscripciones; por su parte, la última representa cómo se habrían repartido los diputados en proporción al porcentaje de votos de cada partido. La comparativa habla por sí sola. PSOE y PP sacan provecho del injusto reparto de escaños basado en circunscripciones provinciales, al tiempo que otras organizaciones como IU o UPyD salen claramente perjudicadas, pues la primera debería tener once diputados más, y la segunda, otros tres. Resulta curioso también que el PNV, con casi los mismos votos que el partido de Rosa Díez, cuenta con 6 escaños por 1 de UPyD, lo cual indica que, aunque los dos partidos mayoritarios son los más beneficiados, los partidos con más relevancia en la política nacionalista (CiU y PNV) también experimentan un notable empujón representativo en comparación con los que podríamos llamar estatales. Es evidente que algo está fallando.
Retrocedamos al final del párrafo anterior a la última tabla. Decía que si las circunscripciones fuesen más grandes, entonces habría más justicia. Con el sistema electoral actual, se está penalizando a las organizaciones políticas minoritarias, puesto que, al tener sus votos muy repartidos por toda la geografía española, les resulta muy complicado rascar un escaño; de hecho, salvo pequeñas excepciones, los pocos diputados con los que cuentan los han conseguido en provincias con grandes poblaciones. ¿Cómo se soluciona esto? Muy fácil: considerando una única circunscripción nacional. Tiene su lógica, ya que en las elecciones generales estamos eligiendo a las personas que van a representarnos como país y que van a trabajar para el conjunto de España. ¿Por qué entonces asignamos los escaños por provincias?
Otro tema espinoso es el referente al porcentaje mínimo de votos que un partido debe aglutinar para ser tenido en cuenta en el reparto de escaños. Con las circunscripciones provinciales, esta puntualización apenas entra en escena, pues únicamente afecta a Madrid y Barcelona, donde se asignan más de una treintena de diputados; no obstante, si tuviéramos una única circunscripción, el corte del 3% si que resultaría decisivo, ya que en tal caso el Congreso de los Diputados estaría copado solamente por militantes del PSOE, PP, IU e CiU. Para visualizar las diferencias que se generan en cada caso, he creado la siguiente comparativa.
Las dos primeras columnas contienen los mismos datos de la tabla anterior, es decir, los escaños asignados oficialmente a cada partido y los que les corresponderían proporcionalmente al número de votos obtenidos, respectivamente. La tercera muestra cómo quedarían repartidos los diputados si tuviésemos una única circunscripción nacional manteniendo el corte del 3% de los votos totales, mientras que en la cuarta se ha realizado el mismo experimento, pero esta vez obviando ese porcentaje mínimo establecido en la ley. Esta nueva comparativa refleja que mantener el requisito de que un partido logre un determinado apoyo del electorado para poder optar a sentarse en el Congreso sería un auténtico disparate. Los 25.734.866 votos emitidos en 2008 obligarían a cada candidatura a ser votada por al menos 772.045'98 españoles, lo cual, como dije antes, provocaría que sólo estuviésemos representados por cuatro partidos. En cambio, si no tuviéramos en cuenta lo de obtener al menos el 3% de los votos válidos, la distribución de escaños resultante sería muy parecida a la del reparto estrictamente proporcional, con la única salvedad de que PSOE y PP se llevan los escaños de los minoritarios que no llegan siquiera a tener un diputado, es decir, se mantiene el empujoncito a los partidos mayoritarios.
Creo que por ahora estamos todos de acuerdo en que poco a poco nos vamos acercando a la solución más democrática, y nunca mejor dicho, ya que asignar los escaños a nivel nacional en vez de por circunscripciones y hacerlo sin apartar a los que no alcanzan un apoyo mínimo no hace más que reducir las enormes e injustas distancias que genera el sistema electoral actual. ¿Podemos mejorar todavía más? Sí. Basta con probar las cuatro fórmulas electorales explicadas al principio con las dos medidas que acabamos de detallar para determinar cuál de ellas asigna de una forma más equitativa los 350 escaños del Congreso de los Diputados entre los distintos partidos. Para ello, fijémonos en la siguiente simulación.
Cada columna contiene los escaños que recibirían los veinte partidos políticos más votados en 2008 para cada método de asignación de diputados. Se aprecia claramente que, a priori, el sistema D'Hondt es el que lleva a cabo un peor reparto de los escaños, pues, al contrario de lo que ocurre con las otras tres fórmulas electorales, deja sin representación a más de una decena de partidos. El método Sainte-Laguë, a pesar de que su forma de proceder es muy similar a la del primero que hemos analizado, reporta unos resultados mucho más razonables, pero sigue beneficiando ligeramente a los dos pesos pesados, sobre todo si los comparamos con los de la columna de escaños proporcionales de la tabla anterior. Este reparto ideal es el que parece que consiguen los cocientes Hare y Droop. Sin duda alguna, estos dos son los que asignan los asientos del Congreso de la manera más justa, y casualmente lo hacen exactamente igual, salvo ese escaño que baila entre el PP y UPyD.
Ya parece que está todo más que claro, pero todavía me queda por hacer un último experimento, probablemente el más significativo de todos. Acabamos de comparar las cuatro fórmulas electorales atendiendo al número de escaños que le asignan a cada partido, pero como mejor se advierte cuál es la que genera menos desigualdad es analizando los datos relativos, es decir, los porcentajes, y concretamente lo que voy a simular ahora es la diferencia entre el porcentaje de diputados y el de los votos que cada partido ha obtenido.
Como se puede observar, esta tabla confirma lo que habíamos argumentado antes. Basta con fijarse en los cuatro números que aparecen debajo de las columnas en las que calculo la diferencia de porcentajes citada anteriormente, pues representan la varianza de dichas diferencias porcentuales. ¿Cómo se interpreta este guarismo? Si su valor alto, quiere decir que los datos están dispersos, mientras que si su valor es bajo, los datos están más concentrados. Sabiendo esto, podemos deducir que D'Hondt es el peor método de los cuatro, ya que PSOE y PP cosechan una cantidad de escaños que excede en más de un 2% de la que les tocaría por votos, lo cual se refleja en el valor de la varianza calculada, que es 6, 105 y 64 veces mayor que la de los otras tres fórmulas, respectivamente. Sainte-Laguë mejora un poco el reparto, y más todavía Droop, pero Hare es el que se lleva definitivamente el gato al agua, puesto que es el que beneficia a todos los partidos más o menos por igual, tal y como revela su varianza.
Después de este extenso análisis, uno saca tres conclusiones muy evidentes:
  1. Si estamos eligiendo a las 350 personas que se van a sentar en el Congreso de los Diputados, que es el órgano constitucional que representa al pueblo español, la circunscripción tiene que ser única para que el voto de un palentino tenga el mismo valor que el de un madrileño.
  2. Todos los partidos tienen derecho a participar en igualdad, por lo que obviar a aquéllos que no consiguen un mínimo porcentaje de apoyo del electorado no es más que callar la voz de buena parte de España.
  3. La fórmula electoral usada para asignar los escaños, basada en el sistema D'Hondt, beneficia a los dos partidos mayoritarios y perjudica tanto a los minoritarios como a los que tienen sus votos muy repartidos. El método Hare, tanto por su simplicidad como por su equitatividad a la hora de distribuir proporcionalmente los diputados, debe ser su sustituto.
El próximo 20 de noviembre, cuando vayáis a introducir vuestro voto en la urna, recordad que ganará un partido, pero en cambio no acabará ganando la democracia.

Nota: este post forma parte del Carnaval de Matemáticas, que en esta decimoséptima edición, también denominada 2.7, está organizado por Daniel Martín Reina a través de su blog La Aventura de la Ciencia.

sábado, 30 de julio de 2011

Zapatero deshoja la margarita

Al final, elecciones anticipadas. Quién lo diría después de que tanto Jose Luis Rodríguez Zapatero como el PSOE hayan repetido por activa y por pasiva que ni por asomo se planteaban adelantar las elecciones generales que, en teoría, tendrían que celebrarse en la primavera de 2012. Los españoles estamos convocados a las urnas el 20 de noviembre para elegir al Gobierno que dirigirá el rumbo de este país durante los próximos cuatro años.
"La decisión está tomada desde hace tiempo". Me hace gracia esta frase salida de la boca del todavía Presidente del Gobierno. Está más que claro: nos está tomando el pelo. O esto, o es la primera prueba de que en cuanto abandone La Moncloa se va a dedicar al mundo del humor. En 'El club de la comedia' no creo que le cierren las puertas, que donde caben dos caben tres. Hasta hace unas semanas, reiteraba ante las constantes presiones procedentes de la oposición popular (apréciese el doble sentido de este vocablo, pues me refiero tanto al PP como al pueblo) que su intención era agotar su legislatura para poder acometer las reformas que quedan pendientes, aunque yo creo que más bien era por orgullo propio y cabezonería. Vamos, un claro ejemplo de que el refranero español es una fuente de sabiduría, porque se me viene a la cabeza lo de "donde dije digo, digo Diego".
La desconfianza en la persona de Jose Luis es tal que ya se está comentando que el anuncio del anticipo de las elecciones ha sido fruto de los deseos del PSOE y del que será candidato socialista en los comicios, Alfredo Pérez Rubalcaba, aunque cualquiera diría que ha estado jugando a la ruleta de la margarita, es decir, que, en vez de un 'me quiere, no me quiere', el deshoje ha sido un 'las adelanto, no las adelanto'. A pesar de haberse retractado de sus propias palabras, no cabe duda de que ésta ha sido la mejor decisión que ha tomado Zapatero a lo largo de su mandato. No estoy queriendo decir que en sus más de siete años como líder del Ejecutivo no haya dado con la tecla en ningún momento; sin embargo, sus pocos aciertos se antojan insuficientes ante tantos errores. Se ha visto condenado por la crisis económica y por una cifra de parados que no paraba de crecer con el paso de los meses. Las críticas, como casi siempre, pesan mucho más que los aplausos.
Obviamente, el adelanto de las elecciones generales se antojaba más que necesario, y esta afirmación no es partidista por mi parte. Es evidente que España no va bien y que las medidas aplicadas hasta el momento no están surtiendo el efecto deseado, en parte por la incapacidad del Gobierno y también porque las circunstancias no han sido favorables, así que lo mejor que se podía hacer era convocarlas lo antes posible, y que gane el mejor. Se necesita un nuevo punto de partida. Que gana el PSOE, pues que demuestre que no va a tropezar dos veces con la misma piedra. Que gana el PP, pues que demuestre que tiene soluciones. Que gana otro partido... Bueno, aquí no digo nada porque esta opción la veo imposible.
El anuncio, para algunos cantado y para otros inesperado, ha sido muy comentado por la fecha escogida. El 20 de noviembre fue el día que falleció Francisco Franco, y no son muchos los que se han apresurado a afirmar que la elección del día de los comicios ha sido el primer golpe de efecto de los socialistas por las connotaciones políticas e ideológicas que dicho aniversario conlleva. En mi opinión, dudo que los españoles vayan a sentirse influenciados y, por consiguiente, que los resultados vayan a verse afectados por esta coincidencia. También merece ser comentado el día del anuncio. En este caso, Rodríguez Zapatero ha sido más listo que nadie: viernes, final de mes, comienzo de las vacaciones. Conclusión: mes de agosto tranquilo.
Me centro ya en los comicios del 20-N. El duelo Rubalcaba-Rajoy es indudable, más que nada porque, por más partidos que se presenten, España es bipartidista. Se presume un enfrentamiento al más puro estilo Madrid-Barça de los últimos tiempos, es decir, un PP favorito que ha arrasado en las municipales y en las autonómicas de la misma forma que los azulgranas se llevan el trofeo de casi cada torneo en el que compiten, y un PSOE que trata de resurgir de sus cenizas y de revertir lo que dictan las encuestas al igual que los blancos tiran de chequera para volver a ser el equipo que fue antaño. Y, siguiendo con el símil futbolístico, también hay que recalcar que se echa en falta una tercera fuerza que a medio plazo pueda convertirse en una alternativa real y sólida. El problema es que la Ley Electoral no favorece a los partidos minoritarios, por lo que me temo que, salvo reformas legales, seguiremos siendo gobernados por el PPSOE.
La campaña electoral ya tiene su pistoletazo de salida. El mes de agosto se quedará mudo de opiniones. Septiembre y octubre darán que hablar. Noviembre juzgará y pondrá a cada uno en su sitio.

martes, 17 de mayo de 2011

¿Reparto equitativo de escaños?

Los españoles mayores de 18 años estamos citados el próximo domingo a las urnas para votar al que queremos que sea nuestro alcalde o alcaldesa durante los próximos cuatro años; de la misma forma, también tendremos la oportunidad de elegir al presidente de nuestra Comunidad Autónoma, excepto en los casos de Andalucía, Cataluña, Galicia y País Vasco, que celebrarán sus comicios en los próximos años. Siempre se ha dicho que los resultados de las elecciones municipales son la antesala de los que se obtendrán al año siguiente en las generales, pero aquí no voy a entrar en mucha materia política de si esto es verdad o no. Simplemente, voy a explicaros cómo se hace el reparto de los 350 escaños del Congreso de los Diputados para cada provincia y haceros ver que no hay tanta democracia como nos quieren hacer ver, puesto que dicho reparto es de todo menos equitativo y democrático.
Uno de los libros que me leí el verano pasado fue 'El periodista matemático', de Fernando Blasco, y en él descubrí lo que os acabo de comentar. Uno de sus capítulos nos explica cómo se asignan los diputados a cada una de las circunscripciones electorales para cuando se van a celebrar elecciones generales en España. El autor lleva a cabo una serie de experimentos para comparar las asignaciones que él obtiene con las que realmente se utilizaron en los comicios de 2008, y la comparativa deja al método oficial en paños menores. Así pues, a un año vista de las de 2012, me he propuesto hacer yo mismo esa comparativa y compartirla con vosotros.
Para empezar, veamos qué dice la Constitución acerca de la asignación de los diputados. Su artículo 68 reza lo siguiente: "El Congreso se compone de un mínimo de 300 y de un máximo de 400 diputados (...) La Ley distribuirá el número total de diputados asignando una representación mínima inicial a cada circunscripción y distribuyendo los demás en proporción a la población". La ley a la que se refiere la Carta Magna es la Ley Orgánica 5/1985, del 19 de junio, del Régimen Electoral General, que dice lo siguiente en sus artículos 161 y 162:
Artículo 161:
  1. Para la elección de Diputados (...), cada provincia constituirá una circunscripción electoral. Asimismo, las ciudades de Ceuta y Melilla serán consideradas, cada una de ellas, como circunscripciones electorales.
Artículo 162:
  1. El Congreso está formado por trescientos cincuenta diputados.
  2. A cada provincia le corresponde un mínimo inicial de dos diputados. Las poblaciones de Ceuta y Melilla están representadas cada una de ellas por un diputado.
  3. Los doscientos cuarenta y ocho diputados restantes se distribuyen entre las provincias en proporción a su población, conforme al siguiente procedimiento:
  • Se obtiene una cuota de reparto resultante de dividir por doscientos cuarenta y ocho la cifra total de la población de derecho de las provincias peninsulares e insulares.
  • Se adjudican a cada provincia tantos diputados como resulten, en números enteros, de dividir la población de derecho provincial por la cuota de reparto.
  • Los diputados restantes se distribuyen asignando uno a cada una de las provincias cuyo cociente, obtenido conforme al apartado anterior, tenga una fracción decimal mayor.
¿Qué fallos considero que se están cometiendo en dicha ley? Básicamente dos: fijar el número de diputados en 350 y asignar un número de diputados mínimo a cada circunscripción electoral. Lo primero quizás no sea un error del todo, puesto que así es más fácil medir la diferencia de escaños de los partidos políticos de unas elecciones a otras; no obstante, después veremos que este detalle debería ser algo secundario, porque lo que importa es repartir los escaños, que pueden ser desde 300 a 400, lo mejor posible. Lo segundo sí que no tiene discusión, ya que, al asignar dos diputados como mínimo a cada circunscripción electoral, estamos creando un desequilibrio entre provincias que tienen un número de habitantes muy dispar. Si se me permite, yo añadiría un tercer fallo en esta ley, y es que el reparto se atenga a la población total de cada provincia y no a la que realmente puede votar. Ya sé que un chaval de 10 años, aunque no puede ir a las urnas, va a estar igualmente representado que una persona mayor de edad, pero se supone que los padres de este chaval eligen por él con su voto, por lo que, como acabo de decir, en el reparto de escaños se debería dividir por la población con derecho a voto en vez de por la total.
Así pues, he buscado en el INE el censo electoral, actualizado a fecha del 1 de abril, para las elecciones municipales del próximo fin de semana y he simulado el que sería el reparto de escaños por provincia suponiendo que en realidad ahora fuésemos a elegir a nuestros representantes en el Congreso de los Diputados según el método descrito en la ley actual, con la única variación de que considero como población a la que tiene derecho a voto y no a todos los habitantes de cada provincia:
Como podéis apreciar, en primer lugar sumo para cada provincia sus habitantes con derecho a voto, tanto los que residen en ella como los que viven en el extranjero, para, a continuación, obtener el número de escaños de cada provincia. Por último, calculo a cuántos habitantes representa realmente cada diputado de cada provincia y mido la distancia en valor absoluto de dichas cuotas de representación con respecto a la media, que en este caso serían 86.574 habitantes. Encontramos numerosos resultados paradójicos, por ejemplo a la hora de comparar Málaga y Segovia, puesto que cada diputado de la provincia andaluza representa a 110.832 malagueños, mientras que uno de la provincia castellanoleonesa hace lo propio con sólo 41.173 segovianos; además, también existe una gran diferencia entre la media de las cuotas de representación, que hemos dicho que es de 86.574 habitantes, y la que se calcula inicialmente para distribuir los escaños, que es de 143.169 habitantes. Así pues, es evidente que este método de reparto nos distribuye los escaños de forma equitativa entre todas las provincias.
¿Existe alguna solución que mejore el reparto? Sí, y más sencilla que la oficial. Basta con no asignar ningún escaño de antemano, ni uno a Ceuta y Melilla ni dos a las provincias peninsulares e insulares, y aplicar el método descrito en el apartado 3 del artículo 162, pero obteniendo la cuota de reparto dividiendo entre 350 y no entre 248, e integrando las poblaciones de Ceuta y Melilla al resto de la población. Los resultados que se obtienen son los que se muestran en la tabla inferior, donde vemos que el reparto de escaños es bastante diferente al del método original. Comparemos de nuevo las provincias de Málaga y Segovia: un diputado de la primera representa ahora a 100.757 malagueños, mientras que uno de la segunda hace lo propio con con 123.520 segovianos, es decir, que la diferencia se ha reducido bastante. Prueba de ello es que la diferencia entre la media de las cuotas de representación reales (102.147 habitantes) y la cuota calculada para repartir los escaños (101.772 habitantes) es mínima.
¿Se pueden mejorar los resultados que acabamos de obtener? Sí. ¿Cómo? Pues basta con considerar a más diputados, ya que la Constitución dice que debe haber entre 300 y 400, así que vamos a aplicar el último método pero suponiendo que el Congreso de los Diputados estuviese compuesto por 400 escaños. De esta forma, los resultados que se obtienen son los que se detallan en la tabla inferior. Comparamos de nuevo las provincias de Málaga y Segovia, y comprobamos que las diferencias existentes entre ellas son razonables, ya que un diputado de Málaga representa a 92.360 malagueños y uno de Segovia, a 123.520 segovianos. Atendemos también a la diferencia entre la media de las cuotas de representación reales calculadas tras conocer el reparto de los escaños (88.407 habitantes) y la cuota de reparto inicial (89.050 habitantes), que es todavía más pequeña que en el caso anterior.
Tras analizar los tres casos expuestos, no está de más comparar el número de escaños que ha obtenido cada provincia con cada método de reparto, y para ello vamos a seguir estudiando los ejemplos de Málaga y Segovia. A la provincia andaluza le corresponden oficialmente 10 escaños, suponiendo que hoy se celebrasen las elecciones generales, pero si no se hiciera una asignación mínima inicial tendría 11, como se puede observar en la segunda tabla; en el caso de que se decidiera ampliar el número actual de diputados del Congreso hasta los 400, Málaga tendría un escaño más todavía, según se deduce de los resultados expuestos en la tabla anterior. Por su parte, Segovia gozaría actualmente de 3 diputados, el triple de lo que realmente le corresponde por su reducida población, tal y como se ha calculado en los dos métodos no oficiales expuestos aquí. ¿Qué se deduce de todo este análisis? Pues que las provincias con poca población están más representadas que aquéllas que tienen un número de habitantes considerablemente mayor.
Las tres tablas anteriores son un poco grandes, pero con una mucho más pequeña como la que aparece bajo estas líneas podemos resumir las diferencias existentes entre los tres métodos descritos. En esta tabla, comparamos únicamente cuatro variables: el mínimo de las cuotas de representación resultantes de dividir la población con derecho a voto de cada provincia entre sus escaños asignados (obviando a Ceuta y Melilla, que en el método oficial no contabilizan en el reparto), el máximo de dichas cuotas de representación, la media de dichas cuotas, y la varianza media de dichas cuotas a la media anterior (en realidad, es la media de los valores de la última columna de las tres tablas grandes, similar a calcular la desviación típica). Como se puede observar, la diferencia entre el máximo y el mínimo del método oficial es demasiado amplia, del orden de cinco veces mayor, mientras que, en los otros dos métodos, la diferencia entre ambas variables es apenas del doble. La media ya ha sido analizada en cada método al compararla con la cuota de representación inicial, mientras que la variable que hemos denominado varianza media nos dice que el método legal es mucho más discriminatorio que los dos que hemos propuesto aquí.
Queda demostrado por tanto que los escaños no se reparten de forma equitativa por todo el territorio español, puesto que las provincias más pobladas salen perjudicadas en comparación con las que cuentan con menos habitantes. Obviamente, es imposible tener un reparto de escaños totalmente proporcional, ya que la única forma de conseguirlo sería con un representante por cada español, y esto es inviable, pero sí es muy sencillo reducir en la medida de lo posible las diferencias que existen hoy en día con los dos métodos alternativos que se han expuesto aquí y en el libro de Fernando Blasco, ya sea aumentando hasta 400 el número de diputados, obviando la asignación inicial de escaños o considerando solamente a la población con derecho a voto.
De nuevo, las matemáticas nos han ayudado en un aspecto más de nuestra vida, como es el caso de la política, para demostrar que la democracia podría mejorarse.

Nota: este post forma parte del Carnaval de Matemáticas, que en esta decimocuarta edición, también denominada 2.4, está organizado por Clara Grima a través de su blog Seis Palabras.