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jueves, 10 de noviembre de 2011

'El mundo de Rafalillo' se pone a dieta

Mucha gente opina que un blog se alimenta de entradas y, en consecuencia, de los comentarios que se suceden en éstas. A esta gente no le falta razón, y, siguiendo con este símil, hoy vengo a deciros que 'El mundo de Rafalillo' se pone a dieta. Hablando en plata, que el blog no se va a actualizar tanto como hasta ahora.
Si todavía no te lo crees, créetelo. No es ninguna broma. Lo llevo avisando en Twitter desde hace ya varios días, eso sí, con mucha intriga y sin entrar mucho en detalle, pero es una decisión que tomé hace ya un par de meses. Más o menos a mediados de septiembre, casi de la noche a la mañana, pasé de tener tres o cuatro alumnos a los que daría clases particulares de Matemáticas durante este curso a tener una decena. En ese instante, mi cabeza comenzó a planificar mi futuro a corto plazo, un futuro que ya es presente y que se basa en una rutina diaria tal como ésta:
  • Levantarse a las seis y media de la mañana para desayunar e ir a las clases del Máster de Profesorado de Educación Secundaria Obligatoria y Bachillerato, Formación Profesional y Enseñanzas de Idiomas (de aquí en adelante, simplemente 'Máster') de lunes a miércoles.
  • Llegar a mi casa sobre las tres y media para almorzar y descansar sólo unos minutos antes de salir de nuevo por la puerta para dar clases particulares.
  • Volver a casa a las ocho y media, o a las nueve, o a las siete, o a las diez...
  • Las mañanas de los jueves y los viernes, así como sábados y domingos, dedicarlos a los cursos on-line que dan puntos para la fase de concurso de las oposiciones, a los trabajos y prácticas del Máster, a preparar material y exámenes para las clases particulares, etc.
Pues bien, esta rutina sufrió unos pequeños cambios hace unos días, puesto que hasta fin de año tendré que acudir cada viernes a una conferencia del Máster (algunas por las mañanas, algunas por las tardes), mientras que por otro lado me he quedado sin dos alumnos por motivos más que justificados. Como se puede ver, mis jornadas están más que apretadas, y ya lo estoy sufriendo, tal y como preveía hace dos meses. Con estas palabras no quiero dar la impresión de estar echándole la culpa a mis alumnos, sino todo lo contrario, pues benditas sean las horas en las que sus padres me llamaron para contar conmigo. Lo digo de corazón, que para algo disfruto como un niño cuando estoy explicándoles potencias, ecuaciones o límites.
¿Qué consecuencias conlleva esto? Pues básicamente lo que decía al principio: el ritmo de actualización del blog va a bajar considerablemente. Acostumbrado a publicar entre trece y catorce entradas cada mes, ahora os tendréis que conformar con apenas cuatro o cinco. ¡Qué queréis que os diga! A mí me fastidia tener que abandonar mi blog aunque sea parcialmente, pero pienso que, dadas las circunstancias, es mejor publicar una entrada redactada en condiciones que tres o cuatro deprisa y corriendo. Algunos posts como los de mis podios en las partidas de Trivial (empezando por el que conseguí el miércoles de la semana pasada) o los de las crónicas de los partidos del Málaga caerán en el olvido, aunque alguno esporádico sí que publicaré; también me da pena por algunas secciones que dejarán de tener la periodicidad que les ha caracterizado hasta ahora, y sobre todo por las muchas entradas de opinión que tenía en mente y que nunca serán publicadas porque básicamente ya no tendrían sentido alguno dentro de varios meses.
¿Qué es lo que sí se va a mantener intacto? Más o menos lo siguiente: mi aportación mensual al Carnaval de Matemáticas, totalmente intocable, sobre todo teniendo en cuenta que mi objetivo es llegar a ser profesor de Matemáticas; la sección 'No es mío, pero es interesante', puesto que apenas me quita tiempo, solamente el de leer las entradas que luego os recomiendo; los juegos ('Adivina quién soy', 'Adivina dónde estoy', 'Acertijos' y 'Cifras y letras'), ya que suelen dar mucho juego, valga la redundancia; y algún que otro post variado, como de música, humor, curiosidades, ciencia, etc.
El objetivo de todo esto es que 'El mundo de Rafalillo' siga vivo, aunque sea con menos publicaciones, así que es ahora más que nunca cuando vosotros tenéis que cobrar más protagonismo con vuestros comentarios y aportaciones. Por mi parte, para compensar el bajón de actualizaciones que va a experimentar el blog, os recomiendo que a partir de ahora también me sigáis por Twitter, ya sea directamente como usuarios de éste o indirectamente a través del gadget que encontraréis en la columna izquierda, puesto que ahí es muy probable que deje algún que otro tweet a diario.
Esta situación se va a mantener así al menos hasta el próximo mes de julio, cuando espero haber terminado el Máster; de todas formas, intentaré en la medida de lo posible publicar más posts en fechas tales como las de Navidad o Semana Santa, aunque no prometo nada. Lo siento, de verdad, pero en esta vida hay que saber priorizar. Y gracias a todos por entenderlo.

P.D.: por cierto, que hoy cumplo 25 años. Vaya regalito que me he dado...

viernes, 11 de febrero de 2011

No fue un día más, pero sigo igual

Ya está. Ya soy Ingeniero Informático, o no sé, creo que es Ingeniero en Informática... Bueno, da igual, que ya he terminado la carrera porque el pasado miércoles defendí mi Proyecto Fin de Carrera, aunque en realidad no lo seré oficialmente hasta que pague la enésima tasa para obtener ese título que viene con el autógrafo del Rey Juan Carlos I, cuya muñeca debe estar ya rota de tanto firmar diplomas, documentos y hasta una Constitución. Como muchos de vosotros no pudisteis asistir y la mayoría no estuvo conmigo todo el día, pues aquí tenéis un pequeño relato de cómo fue ese 9 de febrero de 2011.
La noche anterior llegaron a mi casa familiares desde Jerez de la Frontera (la mitad de mi sangre es de esta ciudad gaditana), pero sólo mi abuela y su hermana pudieron quedarse a dormir en mi casa, más que nada porque no hay sitio para más, así que mis dos tías y el novio de una de ellas tuvieron que pasar la noche en el apartamento que tenemos en Rincón de la Victoria. Me acosté justamente a medianoche, pero a los diez minutos me tuve que levantar porque la sábana y la manta se habían salido por el final de la cama (los problemas que tiene ser más largo que la cama), así que tuve que hacerla; de nuevo en posición horizontal, no tardé demasiado en dormirme a pesar de que no dejaba de pensar en cómo iban a ser las siguientes horas de mi vida.
El despertador sonó cinco veces, tantas como alarmas me pongo cada día aunque sea domingo, pero racaneé unos minutos en la cama antes de levantarme sobre las ocho y veinticinco. Y la rutina de siempre: visita al baño para perder peso en el váter y agua fría para lavarme la cara y peinarme, visita a la cocina para prepararme mi mollete con aceite y un vaso de leche con Nesquik, visita al salón para leer la prensa y pegar los cromos de Semana Santa que ahora están regalando con el periódico. Eran ya las nueve y cuarto y quedaba mucho tiempo por delante, así que me fui a mi habitación para encender el portátil y navegar un poco por Internet, y así de paso relajaba esos nervios que quería evitar. Mis tíos acababan de llegar y los demás ya se estaban vistiendo, así que hice lo mismo con el traje que me había comprado para la ocasión, más concretamente mi primer traje. Sí, tengo 24 años y unos cuantos meses y hasta el pasado miércoles nunca me había puesto un traje, pero esto es algo de lo que algún día os hablaré por aquí.
A las diez y media, cuando ya estábamos todos arreglados, partimos en dirección a la universidad. Mientras preparaba el portátil para la presentación, la botellita de agua y probaba las demos, se iban sucediendo las visitas a la Sala de Grados A: mi otra abuela con su hermana, mis tíos, amigos... Hasta vino Sixto, mi tutor de beca hasta el pasado mes de diciembre, quien se acercó únicamente para saludarme y desearme suerte, puesto que tenía una reunión a la misma hora que la defensa de mi proyecto. ¡Qué caprichoso es el destino! Era la tarde del 29 de septiembre de 2004, concretamente las 15:30, en el aula 3.0.3: mi primera clase de la carrera, 'Cálculo para la Computación', y el profesor, Sixto Sánchez Merino. Quién me iba a decir en ese preciso instante que 2.324 días más tarde, en mi último día de carrera, iba a coincidir con la misma persona que estaba frente a mí encima de una tarima escribiendo su nombre, su correo electrónico y su despacho en la pizarra más larga que había visto en mi vida y rodeado de otros cuarenta o cincuenta alumnos con los que apenas había intercambiado un frío "Hola" justo antes de que diera comienzo una nueva etapa de nuestras vidas. Allí estaban, por ejemplo, David y Fran. ¿Os acordáis?
Diez minutos antes de las doce, llegó a la sala mi director de proyecto, José Muñoz Pérez. Le presenté a mis padres, con los que estuvo charlando unos minutos, mientras que yo empezaba ya a notar cómo llegaban los nervios, sin saber qué hacer, dónde estar o con quién hablar. Al poco rato, prácticamente a las doce, aparecía por la puerta uno de los integrantes del tribunal; los otros dos tardaban en venir, cosa por la que José se quedó muy extrañado, y yo intervine diciendo: "Pues nada, si no vienen, me ponéis ya la nota y nos vamos". Mi comentario denotaba dos estados emocionales contradictorios: humor, un síntoma que era de agradecer, y nerviosismo, un síntoma que era inevitable. A las doce y diez, llegaron los dos que faltaban, así que me dirigí a la tarima, me puse la chaqueta, activé la presentación, bebí un sorbo de agua, cogí el puntero e inspiré todo el aire que pude para relajarme y quitarme de encima una mínima parte de la presión que sentía sobre mí. El presidente del tribunal, tras pronunciar las frases protocolarias del acto, me cedió la palabra.
Me presenté diciendo mi nombre y el de mi director de proyecto, además del título de éste. Desde el comienzo noté que me costaba hablar, que se estaba empezando a formar un tapón en la boca del estómago y en la garganta que me hacían sentir incómodo. Pasé de transparencia para mostrar el índice de la presentación y pasé al bloque de introducción. Las primeras diapositivas fueron un suplicio, pues me costó una barbaridad enlazar una frase en condiciones; de hecho, recuerdo perfectamente que por un instante hablaba desordenadamente, al más puro estilo Yoda. La incomodidad corporal no era sólo interna, sino también externa, ya que no estaba acostumbrado a tener un puntero en la mano, y es que a mí me gusta mucho gesticular con las manos, utilizar los dedos para enumerar cosas y hacer algún que otro aspaviento. Iba ya por la novena o décima transparencia y el nerviosismo seguía ahí. Y todavía me quedaba un largo rato...
Fue empezar el segundo bloque de la presentación, en el que hablaba sobre los sistemas de videovigilancia, y noté que ya me estaba amoldando a la situación, que los nervios iban desapareciendo y que ya daba algunos pasos por la tarima para dejar de ser un palo de metro noventa estático. También me animé a mirar al tribunal y al público cada dos por tres, lo cual significaba que estaba cogiendo confianza y a sentirme muy cómodo allí de pie. Cuando ya me tocó explicar el desarrollo del sistema que había implementado, estaba en mi salsa, con un ritmo continuo, hablando prácticamente de memoria y sin mirar las diapositivas, dirigiéndome tanto al tribunal como a los asistentes como si estuviese dando clase. Me fijé en todos: mis padres estaban muy pendientes de la explicación, mis abuelas y sus hermanas estaban medio idas, mis tíos con la boca abierta pero con cara de estar enterándose superficialmente de lo que estaba exponiendo, mientras que mis amigos, casi todos compañeros míos en estos últimos años, daba la impresión de que sí entendían los razonamientos que argumentaba. La tranquilidad definitiva me la dieron los tres integrantes del tribunal, a los que veía mover sus cabezas de arriba a abajo, señal inequívoca de que lo estaba haciendo bien.
Así pues, todo iba como la seda, y mucho mejor de lo que esperaba. Tan bien me encontraba que, a pesar de que tenía la boca totalmente seca, preferí no beber agua para no cortar el ritmo que había alcanzado; es más, hasta comencé a emplear palabras muy técnicas y poco usuales, como me confesaron al día siguiente algunos amigos que estuvieron allí. En los primeros minutos, mi cerebro estaba dividido en tres partes: lo que estaba diciendo, lo que estaba pensando para decir a continuación y los nervios que temía que me hicieran fallar. Pasados los primeros cinco o seis minutos, borré esta última y casi casi que me quedé sólo con la primera, porque, como he dicho, hablaba de memoria, como si estuviese leyendo un libro. Ahora tocaba presentar un par de demos del sistema implementado. Tenía pensado ejecutarlas directamente a través de MATLAB, pero, unos días antes, Javi me recomendó que sería mejor grabarlas en un vídeo por si acaso en la presentación surgieran fallos. Fue todo un acierto hacerle caso, porque gracias a su consejo conseguí reducir en unos cinco minutos la explicación de las demos y, por ende, de la defensa del proyecto. Fue precisamente aquí, al poner los vídeos, cuando aproveché para beber un poco de agua.
Ya me quedaba únicamente el final de la presentación, la correspondiente a las conclusiones y las líneas futuras que proponía tanto para mejorar mi sistema como para ser aplicadas en otros similares. Y para la última diapositiva, dejé esta frase de Albert Einstein:
Si no puedo dibujarlo, es que no lo entiendo
Si os habéis fijado, esta frase es precisamente la que aparece en la parte superior de la columna derecha del blog en este mes de febrero. ¿Por qué elegí esta frase del conocido físico alemán? Pues porque creo que resume a la perfección lo que ha sido mi Proyecto Fin de Carrera. Yo quería hacer algo que pudiera explicar tanto en la presentación como en la memoria de tal forma que fuese fácilmente entendible por todos. Obviamente, no pretendía que mis padres o cualquier miembro de mi familia, que conocen poco o nada de lo que he hecho, entendiesen a la perfección mi trabajo, pero sí que se quedaran con la idea y el objetivo principal del proyecto, que no es otro que detectar la actividad humana que está realizando la persona que aparece en la escena que se está vigilando. Así pues, si yo no era capaz de transmitir y de dibujar lo que había hecho, entonces no habrían merecido la pena los últimos diez meses. Y así acabó mi presentación, que duró una media hora.
A continuación, el vocal, el secretario y el presidente del tribunal nos felicitaron tanto a mí como a mi director de proyecto por el trabajo realizado, y pasaron a hacerme algunas preguntas sobre lo que había expuesto en la presentación. Yo creía que éste iba a ser uno de los momentos en los que los nervios se iban a apoderar completamente de mí, pero no, estaba muy relajado y en ningún momento sentí que el tribunal me estuviese haciendo un interrogatorio. Respondí a sus dudas con una soltura que me sorprendió, como si estuviese charlando con ellos en un bar. Lo único incómodo fue la postura de mis brazos: detrás, delante, cruzados, con las manos en los bolsillos... No sabía cómo ponerme, y más todavía con un traje al que no me terminaba de acostumbrar, y eso que me quedaba perfectamente. Tras diez o doce minutos de preguntas, el tribunal nos invitó tanto a mí como a los asistentes a abandonar la sala para deliberar la calificación final con mi director de proyecto.
Mis familiares y amigos me fueron felicitando por la presentación que había hecho, aunque también me confesaron lo mismo que yo sabía, es decir, que al principio me notaron muy nervioso pero que después me asenté muy bien y que me vieron muy cómodo en la explicación. Como os podéis imaginar, mis abuelas estaban llorando, aunque antes incluso de comenzar ya estaban así. Yo solamente me dedicaba a preguntar al que me felicitaba si había entendido algo de lo que había expuesto, y, como me esperaba, obtuve las respuestas que deduje de sus caras en mitad de la presentación. A los dos o tres minutos, se abrió la puerta de la sala para que entrásemos de nuevo en ella.
Me subí a la tarima y, tras beber un poco de agua, me puse de frente al tribunal. El presidente se dirigió a mí para comunicarme que por unanimidad habían decidido otorgarme la máxima calificación de Sobresaliente con propuesta para Matrícula de Honor. Los asistentes no tardaron un segundo en ponerse en pie y aplaudirme. No sabía qué hacer, ni a quién mirar, ni nada, sólo notaba que mi cara temblaba un poco; no soy de los que se sienten cómodos cuando le aplauden, no sé por qué, quizás porque no me gusta ser el centro de atención en situaciones como ésta. Me di cuenta de que José Muñoz me hizo un pequeño gesto para que fuese a saludar al tribunal; yo sabía que tenía que hacerlo, pero claro, me quedé paralizado esos dos o tres segundos y casi se me había olvidado. Le estreché la mano a los tres integrantes del tribunal y también a José, al que también le di las gracias por su ayuda en estos meses.
Ya finalizado el acto en sí, volvieron las felicitaciones por parte de familiares y amigos. A continuación, me hice algunas fotos con José Muñoz, con mis padres, con toda la familia que pudo venir. Tras varios minutos en los que estuvimos charlando todos con todos de forma distendida, mi familia y amigos fueron poco a poco desalojando la sala mientras yo recogía el portátil que me había prestado el grupo de investigación de José para la presentación, además de comprobar cuál de las cuatro memorias que había tenido que imprimir y encuadernar estaba en mejor estado para quedarme con el ejemplar que me correspondía. Una vez fuera, me despedí de mi director de proyecto, aunque quedamos en vernos la semana siguiente.
Íbamos a comer en la calle, pero antes fuimos a casa para cambiarme ropa, puesto que ya no aguantaba ni el traje ni los mocasines. Llamamos al restaurante Mario Eva para reservar mesa y nos dirigimos inmediatamente hacia allí. Además de los familiares que fueron a verme a la defensa del proyecto, vinieron a la comida tres de mis primos, aunque también faltó mi abuela por parte paterna. Tras una copiosa comida a base de pescado frito, lo típico de aquí en Málaga, mi madre me leyó una emotiva carta que había redactado días atrás y que repasaba mis veinticuatro años de vida: la escayola que tuvieron que ponerme en las piernas nada más nacer, las subidas y bajadas del Camino Nuevo para ir a la guardería Villa María, las dos semanas que pasé en el hospital, los innumerables trabajos que me mandaban en el colegio, los llantos de cuando se me rompió el disco duro del portátil y estuve a punto de perder el trabajo de meses y meses, etc.
El pasado miércoles fue un día muy intenso, un día que recordaré toda mi vida, pues significó el final de mis estudios universitarios. A partir de ahora, tendré un papel que dice que soy ingeniero, pero, siendo sinceros, yo me siento igual que hace unos días. Ni hace una semana era menos importante ni dentro de una voy a serlo más. No quiero que por tener un título de este calibre me llamen don Rafael, señor Martínez, ingeniero o usted, ni siquiera Rafael, porque yo quiero seguir siendo Rafa, el Rafa que desayuna un mollete con aceite cada mañana, el Rafa que empieza a leer el periódico por la sección de cultura y sigue con la de deportes, el Rafa que saborea una sopa calentita como si fuera el mejor manjar, el Rafa al que se le ponen los vellos de punta cuando ve un trono de Semana Santa que avanza al compás de una marcha, el Rafa que vive un partido del Málaga como si lo estuviera jugando, el Rafa que encuentra en la terraza de su apartamento de Rincón de la Victoria el mejor rincón para devorar un libro, el Rafa que tarda meses en planificar un viaje de cuatro o cinco días, el Rafa que intenta publicar una entrada cada dos o tres días en su blog para entretener a sus lectores, el Rafa que disfruta con sus amigos de una película en el cine o de una partida de Trivial o de un campero o de una simple Coca-Cola, el Rafa que adora a su familia, el Rafa que quiere aprender de los demás, el Rafa que no se siente más importante o más listo o más inteligente que nadie, el Rafa que intenta corregir sus defectos y no presume de sus virtudes, el Rafa que se ruboriza y se siente incómodo cuando alguien le pone por las nubes, el Rafa que no se termina de creer que de la unión de un óvulo y un espermatozoide minúsculos pueda surgir una persona, el Rafa que mira al oscuro cielo de la noche y se pregunta por qué estamos aquí o por qué somos así o qué es lo que hay más allá...
El pasado miércoles no me ha cambiado en absoluto, ni quiero que me cambie. Sólo he acabado una etapa para empezar otra, pero voy a seguir siendo el mismo Rafa de siempre.

P.D.: un tal Séneca dijo una vez que si le ofreciesen la sabiduría con la condición de guardarla para él sin comunicarla a nadie, entonces no la querría. Yo soy de la misma opinión, así que, si alguien está interesado en tener una copia de la memoria de mi Proyecto Fin de Carrera, no tiene más que pedírmela y se la enviaré encantado en formato pdf. Y que así fluya el conocimiento.

martes, 20 de abril de 2010

El final de un camino

Ya se va viendo el final de un camino, un camino que empezó allá por septiembre del año 2004 y que, en unos meses, morirá cuando un tribunal me anuncie mi última calificación.
Quién lo iba a decir, empezando por el que escribe, cuando, sin todavía haber cumplido los dieciocho, asistí a mi primera clase de la carrera, que ahora estaría a sólo un paso de dar por terminada una etapa importante de mi vida. Casualidades de ésta, aquella primera clase fue la de 'Cálculo para la Computación', cuyo profesor era Sixto, mi actual profesor de beca, quien, para sorpresa de todos los alumnos, nos puso una pequeña prueba preliminar de Matemáticas, y no lo llamo examen porque era una 'chuminá' como se dice por aquí, un mero trámite compuesto de diez simples ejercicios de inmediata resolución sobre sistemas de ecuaciones, trigonometría, derivación, integración, matrices, etc., lo que viene a ser un resumen de lo aprendido en bachillerato.
El primer año, todo se veía negro cuando el compañero que se sentaba a tu lado contaba tres, cuatro, cinco años más que tú, cuando mirabas los tablones de notas repletos de suspensos, o cuando tu nombre o tu DNI era el que aparecía junto a esa fatídica palabra. Llegar a quinto parecía una quimera, es más, los amigos que nos solíamos juntar en clase acostumbrábamos a bromear diciendo que quinto no existía, que eso era como los Reyes Magos y el Ratoncito Pérez. Como era de esperar, febrero fue decepcionante en comparación con lo que venía haciendo años atrás, acostumbrado a muchos nueves y dieces; estrenarme con un Notable, un Aprobado y dos Suspensos y medio (el medio era el parcial de Cálculo) no era la mejor forma de empezar, pero tenía asumido que, habiéndome metido donde me había metido, era lo más normal. De hecho, debería estar contento teniendo en cuenta que la mayoría de mis compañeros corrieron peor suerte, aunque tampoco es que estuviera triste, porque confiaba en sacar adelante este escollo.
Y así llegó junio, cuando suspendí una y aprobé cuatro, más una a la que no me presenté. Y después vino mi primer septiembre, con tres Notables. Y luego vino segundo, con los primeros Sobresalientes y Matrículas de Honor. Y luego tercero, el curso que menos me costó. Y luego cuarto, con esa Arquitectura de Redes que me acompañó hasta el septiembre de quinto. Y llegó este año, el sexto de 'los restos', es decir, lo que no dio tiempo a hacer en los cursos anteriores por tener siempre una o dos asignaturas colgando: el Prácticum, dos optativas y dos de libre configuración.
Salvo una de libre configuración de la que me examino en junio, lo demás ya lo he dejado finiquitado en febrero con un inmejorable pleno de cuatro Matrículas de Honor. Empecé con un trámite de prueba preliminar y, para terminar, ya sólo me queda lo que dicen que también es un trámite: el Proyecto de Fin de Carrera. Trámite o no, este último paso es el más largo y, como tal, puede hacerse interminable o llevadero según quién te acompañe. Por suerte, mi caso tiene pinta de ser lo segundo, ya que fui en busca del profesor que quería que dirigiera mi PFC, José Muñoz, y no tardó ni un minuto en ofrecerme un proyecto. Además, no dudó en aceptarme tras haberme tenido como alumno en una optativa del primer cuatrimestre y haber sacado dos dieces en sendos parciales de su asignatura, y, según dice él, desde que imparte clase aquí en Málaga, ningún alumno había conseguido dichas calificaciones en las dos pruebas de su optativa.
Tras leerme varios artículos relacionados con mi proyecto, me puse a redactar el correspondiente anteproyecto, el cual, tras las pertinentes revisiones de mi director de PFC, entregué la semana pasada en la secretaría de la facultad a la espera de su aprobación. Como siempre, al proyecto hay que ponerle un título que parezca que estés trabajando en un invento que va a cambiar el mundo, o, por lo menos, muy profesional: Sistema de Detección y Seguimiento de Actividades Humanas. Seguramente, poco intuiréis con este nombre, así que os copio a continuación un pequeño párrafo del anteproyecto donde se describe el objetivo de mi PFC:
Este proyecto tendrá como primer objetivo detectar el movimiento de una persona dentro de un entorno cerrado a través de una cámara fija. Una vez que la persona haya sido localizada, se determinará qué tipo de acción está realizando: si está caminando, sentada, cayéndose, levantándose, etc.
Además, se prestará especial atención a los casos en los que se detecte que la persona se ha caído y no se levanta, ya que dicha situación será considerada como una anomalía de la que serían alertados los responsables de la vigilancia de esta grabación.

Pues nada, ya sabéis cuál será el motivo de mi estudio durante los próximos meses. ¿Prisas por terminar el PFC pronto? Ninguna, las prisas las tenía en primero y en segundo para llegar lo antes posible al momento en el que me encuentro, que bastante horas me he tirado en mi casa estudiando sin parar como para ahora seguir con ese estrés. El PFC prefiero hacerlo bien y con tranquilidad antes que rápido y mal, así que mi idea es tener listo el proyecto en sí (es decir, lo que viene a ser la parte de programación, las pruebas, la aplicación final) para octubre más o menos y redactar la memoria en aproximadamente un mes, por lo que podría defenderlo antes de que acabara el año. Pero vamos, sin prisas como he dicho, que si se alarga hasta comienzos de 2011 tampoco pasa nada, eso sí, siempre antes de Semana Santa, que ya sabéis que en esas fechas sólo me gusta tener una preocupación.
Todo empezó con un trámite y todo acabará con un trámite. ¿Qué vendrá después? Espero que muchos años de fructífero trabajo. ¿Dónde? No lo sé. Terminemos primero esta etapa y que luego vengan las demás.

lunes, 3 de agosto de 2009

Maldito junio

Ahora que junio ya queda relativamente lejos, estoy en disposición de narraros el que ha sido uno de los peores meses académicos de mi carrera universitaria.
Mis compañeros de clase y demás amigos me dirán que con tres notables y otros tantos sobresalientes de nada me puedo quejar, y tienen toda la razón, porque a mucha gente le gustaría sacar esas notas, pero para mí son un tanto mediocres teniendo en cuenta todo el esfuerzo y el tiempo que le he dedicado y todas las cosas que he dejado de hacer.
Desde que empezó el segundo cuatrimestre, he tenido que compaginar las asignaturas de la carrera con el puesto de becario, que, como os comenté en una entrada anterior, exigía veinte horas semanales. Yo sabía que esta nueva experiencia (semi)laboral me iba a quitar mucha tiempo de estudio, pero, al estar remunerado, algo compensaría. Nada más lejos de la realidad. Además de tiempo de estudio, he tenido que sacrificar el poder salir con mis amigos para ir al cine o a cenar, y es que, en apenas cuatro meses, sólo lo he hecho tres o cuatro veces. Las únicas vacaciones que me he tomado fueron en Semana Santa, porque esos días no los perdono por nada del mundo. Y ya está.
Llegaron los exámenes de junio. Me dije: después de tanta dedicación, tendré mi merecida recompensa con las notas que espero sacar. Iluso de mí. Sólo salí plenamente contento del primer examen, y, a partir de ahí, decepción tras decepción. Con el paso de los días, tenía menos ganas de sentarme a estudiar y más ganas de salir a la calle y darme una vuelta, aunque tuviera que soportar el sofocante calor de Málaga. Pero el deber es el deber, y yo soy de los que no se queda tranquilo hasta que no cumple con su deber.
La moral ya la tenía casi por los suelos, pero una mañana de jueves la terminó por hundir. La noche anterior estaba haciendo parte de un trabajo que teníamos que entregar entre cuatro compañeros; mi portátil se estaba quedando sin batería, así que lo conecté a la alimentación... y, al instante, ni el ratón ni el teclado respondían. Apagué manualmente el ordenador y lo reinicié. Mensaje del sistema: "El archivo 'C:\WINDOWS\System32\Config\System' no se encuentra o está dañado'". Perfecto, me quedo sin portátil en mitad de un trabajo. Ya era medianoche, así que a la mañana siguiente lo llevé a la tienda. En cuanto le expliqué al que me atendió lo que me había pasado, lo primero que me dijo fue que lo más seguro es que el disco duro estuviera roto. Le dejé el portátil para que lo probaran mientras yo iba a mi casa por el disco duro externo para salvar los datos, si es que se podía. Cuando volví, la cosa cambió... a peor: "Lo siento, el disco duro está cascado". La única manera de salvar los datos era enviar el disco duro a una empresa de Madrid que me cobraría unos 1.500€, pero sin garantía de recuperarlo todo. Me negué rotundamente. Me dijo también que el disco se había roto por culpa de un chispazo eléctrico, justo cuando enchufé el cable de alimentación la noche anterior.
Por culpa de ese chispazo, había perdido todo lo que había hecho en el último mes y medio de la carrera, además de las cerca de 10.000 fotos que había hecho en Semana Santa. Nada más salir de la tienda, me derrumbé. No pasó ni un minuto cuando empecé a llorar en medio de la calle en dirección a mi casa. Cuando llegué, no hice otra cosa que tumbarme en mi cama y pensar entre un mar de lágrimas en todo lo que había perdido, nada más y nada menos que casi dos meses de mi vida que no iba a poder recuperar. Como os podéis imaginar, me invadió una impotencia que nunca había llegado a sentir; no acababa de asimilar que el esfuerzo empleado durante esas últimas semanas no iba a servir para nada, sólo para destrozarme durante unas horas...
Porque sólo fueron unas horas. Estuve toda la mañana rezando porque, de una forma u otra, este destino cruel tuviera otro final. Una llamada poco antes de comer me devolvió la ilusión. Era de la tienda. Tras haberlo intentado una veintena de veces, habían conseguido acceder al disco duro. En dos minutos, me planté allí con mi disco duro externo para salvar todo lo que se pudiera. Es increíble cómo, en una sola mañana, pasé de renunciar a todo lo que me quedaba por delante a dibujar en mi cara una sonrisa que creía iba a tardar mucho más en volver. A pesar de este final feliz, me iba a quedar sin portátil durante cerca de dos semanas, y todavía quedaba un examen y dos trabajos que terminar, y me las tenía que apañar con el sobremesa, que, con el paso de los días, anda más bien para atrás. Tanto, que el lunes siguiente lo tuve que llevar a la tienda, por lo que estuve cuatro días sin ordenador. Eso me obligó a terminar los trabajos en el último momento, a apenas horas de que acabase el plazo para entregarlos.
Y las calificaciones finales fueron llegando poco a poco. Más o menos era lo que me esperaba después de cómo había salido de los exámenes, pero en nada se parecía a lo que tenía previsto sacar y que, desde mi humilde y honesta opinión, me merecía. El colmo fue ver que sólo tenía un 5'5 en el primer examen, del que salí bastante contento. Fui a revisión, y resulta que confundí un 5 por un 2 en el primer apartado de un problema, y ya por eso lo tenía mal entero; menos mal que le hice ver al profesor que, suponiendo que ese apartado lo tuviera bien, el resto también lo estaba, como así fue, para, al menos, rescatar la mitad del problema. Como dije al principio de la entrada, el balance final ha sido de tres notables y tres sobresalientes, en parte por despistes como este último, por bajones como el que he comentado o porque el profesor es como es, o una mezcla de todo lo anterior. En fin, que ese balance tenía que haber sido, sin exagerar, de cuatro sobresalientes y dos matrículas de honor, a tenor de todo lo que realmente sabía de cada asignatura y de todo lo que había estudiado.
El mes de junio terminó con otra 'mala' noticia. Una vez terminados los exámenes, me reuní con mi profesor de la beca, ya que me había liberado del trabajo durante este mes para poder estudiar más tranquilo y teníamos que hablar para planificar el horario de trabajo de julio. Si no había tenido suficiente con todo lo que me había pasado en las últimas cuatro semanas, ahora tendría que dedicarle siete horas diarias a la beca para recuperar el tiempo perdido en junio, o lo que es lo mismo, levantarse a las 6:30 de lunes a viernes y regresar a casa sobre las 16:30. La mitad de los días no he tenido más remedio que echarme una siesta después de comer, cosa que no había hecho casi nunca en los últimos años, para descansar algo. Menos mal que desde el viernes por la tarde ya estoy de vacaciones...
Para terminar, voy a dar la nota positiva de la entrada, que me está quedando muy triste. A primeros de mes, compré los vuelos para ir en octubre a Roma. Dos compañeros de la facultad se van de Erasmus el curso que viene a Milán, y, como vimos que los billetes de avión estaban baratos en esa fecha, no lo pensamos un momento. Los cuatro vuelos que tengo que coger (Málaga-Milán, Milán-Roma, y regreso) me han salido por sólo 47'95€, aunque, en verdad, sólo costaba en total 25'95€, los otros 22 euros son por pagar con Visa. Además, tres amigos míos se han unido también a este viaje, así que todo apunta que los cuatro días que voy a estar en Roma van a ser de los mejores de mi vida. Ironías del destino, todavía no he terminado de contaros mi viaje a Italia del pasado mes de febrero (en unos días espero terminar de escribir la entrada sobre el día que estuve en Roma) y en menos de un año voy a volver. ¡Bendita ironía!

martes, 2 de junio de 2009

Hora de estudiar

Como cada vez que llegan los tan temidos exámenes, os tengo que anunciar que, durante unas semanas, no voy a seguir publicando entradas en 'El mundo de Rafalillo' para estar totalmente concentrado en el estudio.
Supongo que habréis notado que llevo un tiempo (aproximadamente desde el pasado mes de febrero) sin actualizar el blog con tanta frecuencia como antes, y los motivos que os voy a argumentar lo justifican de sobra. Si el pasado cuatrimestre ya fue bastante duro, éste no os quiero ni contar. No estaba contento con las típicas seis asignaturas que un alumno de Ingeniería en Informática suele cursar en cada cuatrimestre, y voy y me hago becario. Resultado: no vivo.
La beca exige unas veinte horas semanales, lo que, unido a las clases y a todas las prácticas y trabajos que hay que hacer para cada asignatura, ha conseguido que la palabra 'agobio' sea mi sino durante los últimos meses. Es raro el día en el que haya terminado una práctica y llegue a clase y no me manden otras dos, o que el profesor de turno anuncie a los cuatro vientos "Tal día tenemos un parcial". Y ahora es cuando viene lo interesante. A partir del lunes, comienza el período de exámenes de mi escuela; pues bien, al principio del curso, como todo hijo de vecino, me puse a la tarea de elegir las asignaturas de las que me iba a matricular, y resulta que el calendario que me quedaba para la convocatoria de junio era tan 'divertido' como tener cuatro exámenes la primera semana, es decir, la que viene. Yo pensé: "las optativas se podrán aprobar con parciales y/o prácticas, así que tampoco pasa nada"... Y pasa mucho. Sí señores: el lunes, el martes, el miércoles y el viernes tengo mi particular 'vía crucis', y, de regalo, un parcial este viernes, aunque si lo apruebo no tendré que hacer el examen de junio, por lo que sólo me quedaría el de 'Economía' el día 24, o, lo que es lo mismo, casi dos semanas para meterme en vena la inflación, la ley de la oferta y la demanda, la intervención del Estado y demás menesteres económicos que, se supone, nos han explicado en clase (con transparencias en inglés, por cierto).
Creo que ha quedado bastante claro que ya es un logro por mi parte que haya podido mantener en pie este blog en los últimos meses. He intentado que, por lo menos cada semana, hubiera algo nuevo que contar en este trocito de Internet que pertenece tanto a mí como a vosotros, ya fueran las crónicas de los partidos del Málaga, las pruebas de 'cifras y letras', las curiosas 'preguntas con respuesta' o la actualidad de la Semana Santa de Málaga, que, por cierto, ha sido la única semana del cuatrimestre en la que la palabra 'estudiar' desapareció de mi vocabulario. Las entradas que tengo pendiente de publicar son muchas. La primera: terminar de contaros mi viaje a Italia, que sólo he podido escribir de los dos primeros días y todavía me quedan cuatro, entre ellos, el día que estuve en Roma. Os lo aviso, ésa entrada va a ser antológica.
En fin, ya va siendo hora de que vaya acabando. Aunque al principio dije que no iba a publicar entradas durante los próximos días, no descarto que, una vez haya pasado la próxima semana de exámenes, caiga alguna así de repente, por lo que estad atentos por si hay novedades. De todas formas, las problemas de 'cifras y letras' siempre están activos, la semana pasada os puse un acertijo que sigue sin respuesta (tenéis hasta el viernes, no lo dejéis para el final) y hace un par de días le dediqué una entrada a Akinator, por lo que si os aburrís es porque queréis. Y si aun así no os quedáis contentos, también podéis visitar los blogs de mis amigos. Estaré atento a todos los comentarios que me escribáis, por lo que seréis respondidos siempre que pueda.
¡Hasta luego y suerte con los exámenes (el que tenga, claro :P)!

jueves, 20 de noviembre de 2008

Informática se echa a la calle

Más de 2.000 estudiantes y profesionales de Ingeniería Informática nos manifestamos ayer al mediodía para defender nuestra titulación. La Plaza de la Constitución fue el punto de inicio de esta marcha que transcurrió por calle Larios, Plaza de la Marina y Paseo del Parque, hasta llegar a las puertas del Rectorado de la Universidad.

Ya antes de las 12:00h, la gran mayoría de los asistentes abarrotaba la Plaza de la Constitución con pancartas y carteles con alusiones a nuestra situación actual. En cabeza de la manifestación, se encontraban, entre otros, representantes del Consejo de Estudiantes de la ETSII, el director de la Escuela junto con varios profesores y el decano del Colegio de Ingenieros en Informática de Andalucía, los cuales portaban la pancarta principal, que rezaba 'INFORMÁTICA: SOLUCIÓN, REGULACIÓN'. Por su parte, los demás manifestantes también ofrecían sus propios lemas: 'Ingenieros de primera, no unos picateclas', 'Por usar el Nero, no eres ingeniero', 'Somos ingenieros, que se entere el mundo entero', 'Hace años lo pedimos; cumplid lo prometido', 'Apadrina un informático', 'RIP, futuro Informática', 'Ingenieros: o todos blancos o todos negros', 'Situación actual... Fallo del Sistema' o 'Sin regulación... Obama también programa'.
Cuando llegamos a la Plaza de la Marina, cortamos la calle con una sentada en el paso de peatones que se llegó a prolongar durante cerca de quince minutos. Algunos conductores, hartos de este corte de tráfico, decidieron dar media vuelta como buenamente podían, y uno de ellos fue objeto de ataques por algunos de los manifestantes, lo cual, todo hay que decirlo, es lamentable, porque una cosa es luchar por lo que nos pertenece y otra es ser un cafre. La policía, por suerte, controló la situación y cortó el Paseo del Parque para que no se produjeran embotellamientos y pudiéramos seguir con la manifestación.
Una vez que llegamos al Rectorado, Adelaida de la Calle, rectora de la Universidad, salió a nuestro encuentro para manifestar su apoyo a la causa. Aquí tenéis un extracto de sus palabras:
Contáis con todo mi apoyo, que ya he manifestado en el Consejo de Universidades y apoyo que suscribo en un artículo que saldrá publicado en un periódico de máxima difusión y que será suscrito por el rector de la Universidad Politécnica de Valencia, el rector de la Universidad de Cantabria, el rector de la Universidad de Santiago de Compostela y vuestra rectora. En él apoyamos la regularización de vuestra profesión como tema de mayor interés y lo basamos en el conocimiento de la cantidad de estudiantes que estáis participando en esta actividad y en los intereses de la propia sociedad para que seáis vosotros los que tengáis estas atribuciones profesionales.

A continuación, Julia Sánchez Simón y Sergio Tomás Ortiz, representantes del Consejo de Estudiantes, leyeron el 'Manifiesto por una Informática digna', en el que se explicaba la situación actual y futura de nuestra titulación y nuestras peticiones y exigencias, que, entre otras muchas, son las siguientes:
  • Inclusión de los títulos de Ingeniero e Ingeniero Técnico en Informática entre las propuestas del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES).
  • Regulación de nuestras atribuciones profesionales en un plazo máximo de doce meses.
  • Paralización de la asignación de competencias propias del ámbito de la Ingeniería en Informática a otras titulaciones ajenas.
  • Creación de los Consejos Generales de Colegios de Ingeniería e Ingeniería Técnica en Informática.
En resumen, que no estamos protestando por protestar. No queremos ser ninguneados, porque ayer fuimos más de 2.000. No queremos ser un cero a la izquierda, porque somos cinco ceros a la derecha de un dos en toda España. No queremos ser más que nadie, sino iguales que los demás. Para seguir apoyando esta causa, en la parte superior del blog encontraréis un enlace a 'Salvemos Informática', una web en la que podemos firmar para que nuestra titulación no caiga en el olvido y siga adelante como las demás.
Ya por último, os dejo varios enlaces de noticias de prensa y vídeos y reportajes fotográficos realizados por varios compañeros de la facultad.
SUR | Cerca de un millar de estudiantes...
La Opinión de Málaga | 'Por una informática digna'
Málaga Hoy | "¡Hasta mi abuela ahora..."
Youtube | Manifestación de Málaga
Picasa | Álbum 'Manifestación Informática Málaga', de Emilio Moya
Flickr | Álbum 'Manifestación Informática', de Danikaze
Ockie | Álbum 'Manifestación 19N', de Eduard R. Ockerse

sábado, 28 de junio de 2008

De vuelta al blog...

... Pero para irme otra vez. Ya lo sabía la última vez que os escribí, pero no quería que pensárais que iba a abandonar el blog o algo así, para nada. La razón que os doy ahora es que yo veraneo en un apartamento que tengo, o, mejor dicho, que tienen mis padres, en Rincón de la Victoria, y allí no tengo ordenador ni conexión a Internet, por lo que me es imposible seguir escribiendo durante los próximos dos meses. No obstante, intentaré actualizar el blog cuando vaya a casa de mis primos o de algún amigo.
Lógicamente, los meses de julio y agosto no pago las cuotas del ADSL, así que, como el martes empezamos el nuevo mes, me dedicaré estos tres días que me quedan para escribir todo lo que pueda; al menos, compensaré el haber estado más de tres semanas sin poner nuevas entradas.
Yo ya estoy oficialmente de vacaciones, aunque lo que son vacaciones... no voy a poder disfrutarlas tanto como quisiera, porque en septiembre tendré que presentarme a, al menos, dos asignaturas, y esperemos que no sean más, porque los exámenes de junio no han salido como esperaba o merecía. Habrá que esperar a que salgan las notas para salir de dudas y planificar el horario de estudio de estos meses.
Lo que sí es seguro es que no empezaré hasta dentro de un mes aproximadamente, porque necesito descansar como el comer. Aprovecharé para ir a la playa, al cine, leer unos cuantos libros, hacer deporte y todo lo que se me ponga por delante. Menos estudiar, lo que sea.
¡Disfrutad del verano y estad atentos por si actualizo!
P.D.: ya me gustaría a mí ir a una playa como la de la foto...

lunes, 2 de junio de 2008

Descanso forzado

No esperaba yo que fuera tan pronto pero no hay más remedio. Os habréis dado cuenta de que llevo una semana sin escribir, algo impropio de mí, pero la explicación es bastante sencilla: ¡no tengo tiempo!
Este cuatrimestre en la universidad está siendo horrible. Quitando la Semana Santa, que eso no lo perdono por nada del mundo, no he parado de hacer cosas: que si trabajos, que si prácticas, que si ahora me haces un póster... Que los profesores se han vuelto locos (más de lo que ya están) y han perdido la noción de lo admisible. Sin duda, me queda el peor mes de lo que llevo de carrera, y eso que soy de los que más tarde empieza los exámenes, el día 16, pero los cinco que tengo los hago en sólo once días. Y como en todo el cuatrimestre no he podido estudiar, por culpa de tanta práctica y tanto trabajo (y muchos de ellos no sirven 'pa ná'), pues ahora, en apenas tres semanas, me tengo que poner las pilas.
Con todo esto os quiero decir que 'El mundo de Rafalillo' descansa un tiempecito; yo tenía planeado seguir escribiendo unos cuantos días más, pero cuando no se puede, no se puede. En principio, sólo el ascenso del Málaga me llevaría a sentarme y contaros el glorioso momento, pero tras el empate de ayer contra el Cádiz, a pesar de que nos mantiene terceros en la tabla, sigo teniendo más claro que ese momento tendrá que esperar, como mínimo, un año más. Esperemos que no sea así...
P.D.: os recuerdo que, aunque no escriba durante una temporada, los problemas de cifras y letras siguen abiertos indefinidamente, que hay una encuesta activa en la barra lateral sobre el papel de España en la Eurocopa que empieza el sábado... Que el blog sigue vivo con vuestros comentarios, a los cuales responderé en cualquier descansito que me tome en estos días.
¡Hasta pronto!

viernes, 9 de mayo de 2008

Incendio en la facultad

El miércoles a las cuatro de la tarde, se produjo un incendio en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Informática y de Telecomunicaciones. Al parecer, el departamento de Ingeniería de Sistemas y Automática estaba probando en su laboratorio, el 2.3.6, una batería de litio en un robot; por causas desconocidas, ésta empezó a arder y provocó el citado incendio. Minutos más tarde, las clases y los laboratorios fueron desalojados por precaución. Los bomberos tardaron bastante en llegar, ya que, según conserjería, no sabían dónde estaba la Escuela; al menos, la dotación que se desplazó fue importante: 5 vehículos y 22 efectivos del cuerpo.
Como podéis imaginar, los alumnos se pusieron muy contentos, ya que eso de que arda la Escuela es algo que la mayoría 'desea'; pero dejando las bromas aparte, hay que ponerse en la piel del departamento, que ha perdido muchas horas de trabajo por culpa de este incendio y que ahora, a ver cómo tiran para adelante. Desde aquí, nuestro apoyo moral para una pronta recuperación de lo perdido (se estima que se han calcinado unos 50 metros cuadrados); y por cierto, que fue un profesor de este departamento el que me ofreció trabajar en él, por lo que también me da un poco de pena.
Y como uma imagen vale más que mil palabras, aquí os dejo algunos vídeos:
El incendio:




La actuación de los bomberos:


Los desperfectos:


viernes, 4 de abril de 2008

Notas de Febrero

Después de mucho esperar, ya conozco todas las calificaciones de los exámenes de Febrero. No me puedo quejar mucho de lo obtenido, aunque en alguna que otra la nota se ha quedado un poco corta.
En Inteligencia Artificial e Ingeniería del Conocimiento hicimos dos exámenes: un test de LISP y un ejercicio búsqueda en árboles. En el test aprobé por los pelos, un 5'25, y en el problema saqué un 7, que era más o menos lo que me esperaba cuando salí del examen. Por suerte, se hizo otra prueba del test de LISP, ya que había aprobado muy poca gente; como no arriesgaba el aprobado de Febrero, me presenté y mejoré la nota hasta llegar al 8'5.
La mejor noticia vino con Ingeniería de Sistemas. Salí del examen muy contento, sabiendo que había hecho uno de mis mejores exámenes en lo que llevo de carrera, si no el mejor. Pero el día que publicaron las calificaciones me llevé una pequeña decepción: tenía Sobresaliente y yo me esperaba Matrícula de Honor. Si dudarlo un instante, fui a la revisión del examen para hablar con mi profesor acerca de la nota. Me explicó que las calificaciones finales no las ponía él, sino el profesor del turno de mañana, así que me prometió que le comentaría mi situación, a sabiendas de que, si dependiera de él, me la hubiera puesto y de que había sacado un 9'8. Pero lo mejor fue lo que me contó a continuación: me planteó la posibilidad de trabajar en el departamento como becario o colaborador, además de que, si aceptase, me ayudarían con el proyecto de fin de carrera. Yo, en la situación actual en la que me encuentro de horarios de clase, no podía aceptar la oferta, decisión que mi profesor entendió, aunque me dejaba las puertas abiertas por si el curso que viene me animaba a unirme al grupo. A los pocos días, el profesor me comunicó que tenía Matrícula de Honor en la asignatura.
La siguiente semana de exámenes fue un desastre. En Arquitectura de Redes, como era de esperar, suspendí. El profesor, todo hay que decirlo, ha sido bastante malo. Basta decir que siete puntos del examen eran problemas, y que a lo largo del curso sólo había dedicado dos horas en clase con tal fin. En el examen de laboratorio de Estructura de Computadores, la que me queda de segundo, me quedé a las puertas de aprobar; no obstante, el profesor de la asignatura me indicó que si le entregaba unas prácticas voluntarias me aprobaría. Y así fue. Hace unos días, recibí un mensaje confirmándolo, así que este aprobado, unido a las buenas calificaciones que estoy obteniendo en los parciales teóricos, puede que me permitan en Junio quitarme esta asignatura, por fin, de en medio. Por último, también suspendí el examen práctico de Ingeniería del Software. Especificación, aunque con la nota que tenía en la parte teórica, un 8'8, y el 6 de media que obtuve finalmente en el trabajo del EPES, la calificación definitiva se ha quedado en un Notable. No obstante, la nota se me antoja corta después de todo el tiempo que se ha comido el citado trabajo, más del previsto inicialmente por el profesor.
La última semana ya fue de relax, ya que sólo quedaba por hacer el examen de Procesadores de Lenguajes, y, además, era un parcial, así que no había mucho que estudiar. La prueba constaba de dos test, en los que obtuve un 5 y un 9; la primera nota me sorprendió mucho al conocerla, porque con las respuestas que di me esperaba mucho más nota, al igual que el resto que mis compañeros, que también obtuvieron bajas calificaciones en el primer test. Sin embargo, días después se supo que el corrector de dicho test tenía las respuestas correctas mal asignadas, por lo que es probable que ese 5 sea mayor.
Por último, también hay que recordar el Sobresaliente de la asignatura de libre configuración Matemática Recreativa. El trabajo que hicimos entre Christian, Manoli y yo sobre resolución de sudokus, que tuvo más complicaciones de las esperadas y que nos tuvo en vilo hasta casi el último día, era merecedor de la Matrícula de Honor, pero había otros de igual o mayor dificultad que, con todo merecimiento, se llevaron tal distinción.
Balance global: una Matrícula, un Sobresaliente, un Notable, un Suspenso que, esperemos, se apruebe en Septiembre, y tres notas, las de las anuales, que no van por mal camino.
Y a vosotros, ¿qué tal os ha ido?