domingo, 27 de marzo de 2016

Dos chaparrones empañan una gran Semana Santa

La Semana Santa de Málaga de 2016 llegó a su fin. La de este año será recordada por el frío que ha hecho casi toda la semana y también por los dos chaparrones que trastocaron los planes de las cofradías y hermandades del Domingo de Ramos y del Lunes Santo, puesto que cuatro de ellas (Humildad y Paciencia, Humildad, Dulce Nombre y Crucifixión) no pudieron completar sus recorridos procesionales, mientras que Pasión ni siquiera se atrevió a salir a la calle por la amenaza de lluvia. Esta indeseada inclemencia meteorológica provocó situaciones esperpénticas en determinadas corporaciones que deberían plantearse muy seriamente el sentido de su procesión y, sobre todo, el patrimonio que atesoran, especialmente en lo que a los titulares se refiere. En cualquier caso, el resto de la semana transcurrió sin problemas de importancia y que, como de costumbre, nos dejó muchos y variados momentos de gran sabor cofrade.
Cuando el Domingo de Ramos amanece nublado no es buena señal, aunque fue salir la Pollinica a la calle y abrirse algunos claros que hicieron pensar que con un poco de suerte disfrutaríamos de una jornada al completo. El cortejo de esta cofradía presentó como principal novedad su paso por calle Ollerías en detrimento de Dos Aceras y el primer tramo de Carretería, cambio un tanto discutible porque se pierde el saludo de la Sangre desde su casa hermandad. Por su parte, Lágrimas y Favores genera cada vez más expectación por su nutrido cortejo y buen procesionar, sin duda alguna de lo mejorcito del Domingo de Ramos; a las dos y media, cuando ésta ya se encontraba en calle Larios, empezó a llover con cierta intensidad, y aquí fue cuando todo se trastocó. Pollinica aceleró para llegar lo antes posible a su casa hermandad, mientras que Lágrimas y Favores, tras cubrir con un plástico el manto de la Virgen, se dirigió a San Juan recortando parte de su recorrido. A esa hora, Humildad y Paciencia, en su segundo año perteneciendo a la Agrupación de Cofradías, se encontraba ya cerca de la Estación de Autobuses, y Humildad, que sacaba al Ecce-Homo recién restaurado, acababa de echarse a la calle, pero no tuvieron más remedio que dar media vuelta. Inexplicablemente, Dulce Nombre salió poco después, todavía lloviznando y con riesgo de algún chubasco posterior, como así ocurrió finalmente; para más inri, al dar media vuelta se recreó, lo que provocó un imperdonable parón al Prendimiento que incluso había salido media hora más tarde, al igual que las otras hermandades del Domingo de Ramos. Este retraso pactado, unido al todavía horario de invierno, se tradujo en que pudiéramos ver al Huerto transitar por el recorrido oficial prácticamente de noche, como ocurría hace ya muchos años cuando cerraba esta jornada. Salutación dejó buenas sensaciones, así como la Salud, que por fin completó el dorado de su Cristo. Prendimiento cerró esta caótica jornada asentándose como el gran plato fuerte y con el estreno de los enormes arbotantes del trono de la Virgen del Gran Perdón.
El Lunes Santo pareció sacado del mismo molde que el día anterior. Las previsiones auguraban lluvias intermitentes hasta las siete de la tarde, lo que de partida llevó a la Agrupación a retrasar media hora la salida de todas las cofradías. Llegado el momento, Crucifixión, con el cielo nublado pero sin llover, sacó su cortejo, pero por calle Mariblanca empezó a lloviznar, justo en el momento en el que la hermandad de los Gitanos también se echaba a la calle. Ésta inmediatamente paró su cortejo y cubrió con un plástico a Nuestro Padre Jesús de la Columna y su trono, mientras que Crucifixión siguió adelante hasta que por calle Nosquera empezó a llover con más fuerza, lo que les obligó a volver a su casa hermandad. El problema radicaba en que tenían a Gitanos justo detrás, por lo que subieron por calle Dos Aceras y Carrión para dejar vía libre a la segunda hermandad del Lunes Santo por la Plaza del Teatro y Comedias, que se mantuvo en sus trece de completar el recorrido. Bajo mi punto de vista, imperdonables las dos decisiones: la de Gitanos, por no dar media vuelta y procesionar cerca de dos horas con plásticos cubriendo sus tronos; la de Crucifixión, por hacerlo tarde y mal, y es que parece que no han aprendido de experiencias pasadas, como la que ellos mismos vivieron sin ir más lejos en 2011. Ante tal panorama, Pasión decidió no arriesgar y suspender su estación de penitencia, convirtiéndose sin saberlo en la única que no saldría a la calle en toda esta Semana Santa. Dolores del Puente, Estudiantes y Cautivo pactaron salir media hora más tarde de lo previsto y completaron sus recorridos procesionales sin ningún problema, más allá de unos encierros más tardíos de lo habitual. La cofradía de Santo Domingo volvió a dar ejemplo de sobriedad en sus filas nazarenas, y a destacar el tránsito de la Dolorosa del Puente por Echegaray de un tirón y a los sones de 'Amarguras'. Estudiantes, que si por algo llama poderosamente la atención es por los más de mil penitentes que lleva consigo, congregó como de costumbre a numeroso público tanto en su acto de la Plaza del Obispo como en su posterior encierro; mientras tanto, la cofradía del Cautivo, con el Señor de Málaga siempre rodeado de innumerables fieles, sigue dejando una interminable distancia entre sus dos titulares.
La jornada del Martes Santo fue la primera que no sufrió ninguna alteración, excepción hecha de una llovizna pasadas las cinco de la tarde que duró dos minutos y que sorprendió al Rocío en la Tribuna de los Pobres y a Nueva Esperanza en Martínez Maldonado. La cofradía victoriana de San Lázaro tuvo dos grandes estrenos: el primero, la incorporación de calle Nueva a su itinerario, muy recomendable por cierto; y el segundo, la coronación canónica de su titular mariana. Las Penas volvió a regalarme el que para mí es el momento más esperado de mi Semana Santa, su paso por calle San Agustín, este año en sentido inverso al habitual para evitar el tapón de la plaza Uncibay con otras cofradías; sin duda alguna, el trinomio conformado por el Santísimo Cristo de la Agonía, la Banda de Cornetas y Tambores del Paso y la Esperanza y la citada calle San Agustín representa la mejor combinación posible de toda la semana. Nueva Esperanza crece a pasos agigantados con el paso de los años, y eso a pesar del gran inconveniente que supone su larguísimo recorrido. Humillación mantiene su línea habitual, es decir, con más debes de la cuenta, aunque, obviando las críticas, merece destacar sus pulsos en la Tribuna de los Pobres, así como que la Virgen de la Estrella ahora está más centrada y luce más en su trono. El Rescate puso la nota de color con los atuendos de sus nazarenos, más numerosos si cabe, mientras que la Sentencia ha convertido la petalada a la Virgen del Rosario en calle Cárcer en uno de los momentos imprescindibles de este tercer día.
El Miércoles Santo se presentó luminoso a pesar de una temperaturas todavía algo más bajas de lo que nos ha acostumbrado este invierno que ya es oficialmente primavera. Mediadora fue la primera en pasar por el recorrido oficial en éste su segundo año como hermandad agrupada, y quién sabe si el próximo lo hace con su otro titular, Nuestro Padre Jesús Nazareno Redentor del Mundo. Salesianos mantiene en sus filas nazarenas un orden y una compostura muy adecuadas a su carácter, mientras que, en lo que respecta al acompañamiento musical, quizás debiera plantearse retornar a la banda de música en vez de continuar con una de cornetas y tambores. Las Reales Cofradías Fusionadas sacó a sus cuatro titulares del Miércoles Santo (Azotes y Columna, Exaltación, Ánimas de Ciegos y Mayor Dolor), cada uno con sus peculiaridades y diferencias, especialmente en el apartado musical, pero que conforman un cortejo vistoso y muy atrayente. La hermandad de la Paloma mejoró con respecto al año pasado, sobre todo en lo que respecta al trono del Señor de la Puente del Cedrón, que estuvo mejor llevado y acompasado con las marchas interpretadas; por cierto, comentar que probablemente el año que viene la Virgen de la Paloma vaya en un nuevo trono. El Rico cumplió de nuevo la tradición de liberar a un preso, en este caso una mujer, para a continuación bendecir al pueblo en la plaza del Obispo. La Sangre es otra que da un paso adelante, quizás sea porque este año celebra el 75 aniversario de la talla del Cristo, motivo por el cual fue elegido para presidir el Vía Crucis de la Agrupación, y quizás también por el nuevo manto bordado que estrenaba la Virgen de Consolación y Lágrimas. La jornada, como de costumbre, la cerró la Expiración con su exquisito patrimonio, con el acompañamiento de la Guardia Civil y con dos de los mejores tronos de nuestra Semana Santa, sin duda alguna a la altura de los sagrados titulares que portan.
Decir Jueves Santo en Málaga es hablar de un día grande, muy grande, aunque paradójicamente empieza y termina con cortejos serios y con tronos de reducidas dimensiones. Santa Cruz procesionó a la Virgen de los Dolores en su Amparo y Misericordia buscando siempre calles recoletas y haciendo estación de penitencia en la Catedral. La Cena supone un gran contraste, pues sus dos tronos son auténticos barcos andantes que se acompasan perfectamente a sus respectivos acompañamientos musicales. Viñeros fue la otra cofradía del Jueves Santo que recorrió las naves catedralicias, y que por cierto retomó la estética clásica de la Virgen del Traspaso y Soledad tras la fallida apuesta del año anterior. El fervor legionario volvió a congregar a numeroso público alrededor de la Congregación de Mena, especialmente  con el Cristo de la Buena Muerte y Ánimas, que recorrió las calles de Málaga a los sones de 'El novio de la muerte', mientras que Nuestra Señora de la Soledad lo hizo en su imponente trono a la espera de ser coronada canónicamente el próximo 11 de junio. Misericordia, con su 'Chiquito' y la Virgen del Gran Poder, sacó a relucir su carácter perchelero y presentó como principal novedad su regreso al barrio por las calles del Soho. Zamarrilla ha sido otra de las buenas noticias de esta Semana Santa tras unos años convulsos por problemas internos, destacando por encima de todo la ubicación más centrada de la Virgen de la Amargura, aunque el número de nazarenos se antoja escaso para una cofradía tan importante. La Esperanza también estuvo cargada de novedades, como fueron que el cortejo cruzó el puente que lleva su nombre para acceder a la Alameda, que el Nazareno del Paso combinó su túnica lisa con la cruz labrada y que iba sobre un monte de corcho, aportando más realismo a la escena; por su parte, la Virgen brilló como siempre en su majestuoso y dorado trono sobre una alfombra de romero. El punto y final a esta jornada lo puso Vera Cruz, que por segundo año procesiona justo a continuación de la Esperanza, lo cual le perjudica en el recorrido oficial, pero a su favor tiene que posteriormente tiene más público.
El Viernes Santo conllevó dos contrastes con respecto a los días anteriores: el luto propio de esta jornada y el brusco cambio de temperatura, puesto que los abrigos sobraron en las horas de sol. Dolores de San Juan gusta cada vez más a pesar de ser una archicofradía de silencio en su procesionar, pero esto en Viernes Santo atrae mucho. Prácticamente lo mismo podemos decir del Monte Calvario, que, tras bajar al Santísimo Cristo Yacente de la Paz y la Unidad de la ermita, procesionó desde el Santuario de la Victoria para hacer estación de penitencia en la Catedral. Hizo lo propio el Descendimiento, que salió desde su tinglao del Hospital Noble, quien sabe si por última vez, ya que el año que viene esta previsto que lo haga desde su nueva casa hermandad. El Traslado sigue sin convencer por dos motivos ya repetidos, como son la cruceta de la banda de cornetas y tambores que acompaña a su titular cristífero y los ropajes del grupo escultórico; como acierto, el paso por las calles Comedias y Nosquera para acceder a Carretería. La cofradía del Amor recorrió el barrio de la Victoria de camino al recorrido oficial, siendo este el segundo año consecutivo que el Cristo lo hace con una banda de cornetas y tambores al que parece que se va adaptando poco a poco. La Piedad volvió a transmitir esa sensación de tristeza de una madre que tiene entre sus brazos el cuerpo muerto de su hijo entre el respeto y el silencio del público, que, como es lógico, también se mantuvo con el Sepulcro, impresionante con el catafalco a los sones de la 'Marcha fúnebre' de Chopin y con la Virgen de la Soledad, otra de las titulares marianas que adelantó su posición en su trono. Finalmente, Servitas apagó a su paso las luces de las calles de Málaga al tiempo que los penitentes que la acompañaban rezaban la Corona Dolorosa.
El Domingo de Resurrección remató la Semana Santa con la procesión del Santísimo Cristo Resucitado y María Santísima Reina de los Cielos, quienes como viene siendo habitual estuvieron acompañados por representaciones de nazarenos de todas las cofradías agrupadas (Domingo de Ramos, Lunes Santo y Martes Santo con el Cristo; Miércoles Santo, Jueves Santo y Viernes Santo con la Virgen) con sus respectivos guiones. El trono del Resucitado volvió a cambiar su estética, desechando los faroles que llevaba los últimos años, mientras que la Reina de los Cielos lució esta vez un manto blanco liso en vez del celeste al que nos tenía acostumbrados.
En cuanto a mi Semana Santa, este año me lo he tomado un poco más relajado de lo habitual, en el sentido de que he salido más tarde y me he recogido antes que de costumbre para poder aprovechar las mañanas para estudiar las Oposiciones, cuya convocatoria se publicó casualmente durante esta semana; eso sí, verlas las he visto todas, a excepción de las cinco hermandades que no completaron sus recorridos procesionales, y, cómo no, con mi cámara a cuestas. En total he hecho unas 3.800 fotografías y he pasado 56 horas y media en la calle, cifras que sin dudarlo hubieran sido mayores en otras circunstancias, pero a veces toca sacrificarse.
A partir de ahora toca trabajar, y mucho, para la Semana Santa del año que viene, puesto que esta vez sí que parece que las obras del Metro afectarán de forma considerable a las procesiones. A esto se une que está previsto cambiar el recorrido oficial por uno que empiece en la plaza de la Constitución y termine en la Catedral, bien entrando en ella las cofradías que se lo puedan permitir por el tamaño de sus tronos o bien pasando por los alrededores las demás. Todo ello implicará casi con toda seguridad una reestructuración del orden de paso de todas las hermandades, algunas de las cuales llevan ya varios años intentando modificarlo. Tendremos que esperar algo más de un año, hasta el próximo 9 de abril de 2017, para comprobar cómo queda configurada la nueva Semana Santa de Málaga.

jueves, 17 de marzo de 2016

No es mío, pero es interesante (LXXXIX)

Aquí llega una nueva entrega de 'No es mío, pero es interesante', una sección en la que os recomiendo las entradas de otros blogs y webs que más me han interesado en las últimas semanas. Como de costumbre, algunos blogs copan la mayoría de las aportaciones, como son los casos de Microsiervos, Hipertextual, Fogonazos y WTF Microsiervos, con nueve, dos, dos y dos posts, respectivamente. Y como también suele ser habitual, mucha variedad de contenidos: matemáticas, ciencia, astronomía, curiosidades, vídeos, humor, etc.
Repasemos la lista de esta entrega:
¿Os han gustado las recomendaciones de esta entrega? Espero que sí y que me lo hagáis saber a través de un comentario ;)

lunes, 7 de marzo de 2016

Adivina quién soy (XXVIII)

Después de muchos meses, os presento una nueva entrega de 'Adivina quién soy', un juego en el que tendréis que adivinar el personaje famoso que se esconde tras las pistas que os iré proporcionando con el paso de los días. Las normas que hay que respetar para poder participar son las siguientes:
  • Sólo se puede dar una respuesta por cada pista que se proporcione (las tres primeras pistas cuentan como si fueran una sola), es decir, no vale decir el nombre de dos o más personajes entre la pista 'X' y la 'X + 1'. Si alguien incumple esta norma, no se tendrán en cuenta sus posteriores intentos en dicha prueba, pero sí podrá participar en las posteriores.
  • Si queréis una nueva pista, basta con que dejéis un comentario en el que intentéis adivinar el personaje, es decir, tendríais que decir algo como 'Creo que es Pepito Pérez'.
  • Sólo proporcionaré una pista por día, por lo que si hoy dos personas propusiesen dos soluciones posibles, hoy os daría una pista y mañana otra.
  • No se puede participar identificándose como 'Anónimo'. Toda respuesta que se dé con dicha identificación no será tenida en cuenta bajo ningún concepto.
  • En el caso de que se lleguen a dar diez pistas, el plazo para responder terminará a las 23:59h del día siguiente al que se publicó la décima pista. Si nadie lo adivina, os daré la solución y la explicación de todas las pistas
Y allá vamos con las pistas:
  1. Mujer.
  2. Viva.
  3. No es alemana, pero tiene algo de 'germana'.
  4. Homenaje a la Reina.
  5. Conocida gracias a la fama.
  6. Rubia de bote.
¡Mucha suerte!

viernes, 26 de febrero de 2016

Arcos de Málaga: de herradura por arcos secantes

El serial de 'Arcos de Málaga' sigue adelante con su séptima entrega tras las ya publicadas de los arcos romano o de medio punto, rebajado, escarzano, carpanel, deprimido cóncavo y ojival equilátero. Cabe resaltar la buena acogida que está teniendo este serial entre los amantes de las matemáticas, y es que la última publicación recibió 6 puntos en la Edición 6.8: "El número 26" del Carnaval de Matemáticas.
La entrada de hoy está dedicada al arco de herradura por arcos secantes, probablemente el arco más representativo de la arquitectura árabe. Ya sabéis que nuestro país estuvo bajo el dominio musulmán durante casi ocho siglos, y entre el numeroso legado que nos dejaron se encuentra precisamente este arco, cuya presencia en construcciones de aquella época, y también en algunas más modernas, es bastante habitual, especialmente en las poblaciones del sur peninsular, donde permanecieron más tiempo en comparación con las del norte. Su construcción es un poco más compleja que la de los anteriores arcos que hemos visto, por eso no la he enseñado hasta ahora, aunque el resultado final es muy vistoso y estético, al menos en mi opinión. Los pasos que tenéis que seguir para construirlo son los siguientes:
  1. Elegimos dos puntos A y B para determinar el segmento a que une ambos puntos.
  2. Determinamos la mediatriz b del segmento a, y sobre ella elegimos un punto C.
  3. Unimos los puntos A y C para determinar el segmento c que une ambos puntos.
  4. Determinamos la mediatriz d del segmento c, que corta a la mediatriz b en el punto D.
  5. Con centro en C y radio el segmento CD trazamos una circunferencia e.
  6. Elegimos dos puntos E y F a la altura de A y B para determinar los segmentos f y g que unen A con E y B con F, respectivamente.
  7. Trazamos una paralela al segmento a que pasa por el punto D, de tal manera que corta al segmento f en el punto G.
  8. Con centro en D y radio el segmento DG trazamos una circunferencia k que corta a la circunferencia e en los puntos H e I y al segmento a en los puntos J y K.
  9. Con centro en C trazamos un arco de circunferencia p de radio el segmento CD con inicio en el punto I y fin en el punto H.
  10. Con centro en D trazamos un arco de circunferencia q de radio el segmento DG con inicio en el punto H y fin en el punto J.
  11. Con centro en D trazamos un arco de circunferencia r de radio el segmento DG con inicio en el punto K y fin en el punto I.
  12. Unimos los puntos A y J para determinar el segmento i.
  13. Unimos los puntos B y K para determinar el segmento j.
  14. Finalmente, con la combinación de los arcos de circunferencia p, q y r, y los segmentos i y j obtenemos el arco de herradura por arcos secantes.
Existen diversos tipos de arcos de herradura, con pequeñas variaciones entre ellas, pero la esencia y la forma de todos ellos se asemeja bastante al resultado que os muestro arriba. En cuanto a los lugares en los que podemos encontrar este arco, lo más fácil es dirigirse a algún monumento de la época musulmana, donde su uso y el de otros muchos arcos era muy recurrente, pero tampoco descartéis toparos con un arco de herradura en otros edificios que en principio no tienen nada que ver con la arquitectura árabe. A continuación, os dejo con los ejemplos que pude contemplar en mi paseo por las calles del centro histórico de Málaga.
Mercado de Atarazanas

Calle Cárcer (detalle de un portal)

Calle Sánchez Pastor (detalle de un portal)

Por mi parte, no tengo nada más que decir acerca del arco de herradura. Ya sabéis que estáis invitados a compartir a través de los comentarios los ejemplos que encontréis en las ciudades en las que vivís, así que salid a dar una vuelta y fotografiad los arcos de herradura que veáis, que seguro que son muchos.

Nota: este post forma parte del Carnaval de Matemáticas, que en esta sexagésima primera edición, también denominada 7.1: Sexto Aniversario, está organizado por José Antonio Prado Bassas a través de su blog Tito Eliatron Dixit.

domingo, 21 de febrero de 2016

No es mío, pero es interesante (LXXXVIII)

Aquí tenemos una nueva entrega de 'No es mío, pero es interesante', una sección en la que os recomiendo las entradas de otros blogs y webs que más me han interesado en la última semana. Algunos de estos blogs han conseguido colar más de una aportación, como son los casos de Microsiervos, Fogonazos e Hipertextual, con diez, cuatro y dos posts, respectivamente. Y como siempre, variedad a raudales: matemáticas, astronomía, ciencia, curiosidades, vídeos, etc.
Repasemos la lista de la presente entrega:
¿Os han gustado las recomendaciones de esta entrega? Espero que haya sido así y que me lo hagáis saber a través de un comentario ;)

sábado, 13 de febrero de 2016

Vía Crucis de la Agrupación de Cofradías 2016

Como cada primer viernes de Cuaresma, la Agrupación de Cofradías de Semana Santa de Málaga celebró el ya tradicional Vía Crucis, siendo la imagen elegida para presidirlo la del Santísimo Cristo de la Sangre, talla del insigne escultor Francisco Palma Burgos que celebra este año el 75 aniversario de su bendición.
La procesión partió a las 19:15 del interior de la iglesia de San Julián con la cruz guía de la Agrupación de Cofradías al frente, seguida por dos hileras de hermanos de la archicofradía portando velas, los hermanos mayores de las cofradías agrupadas y la pertinente representación de la Agrupación, encabezada por el presidente Pablo Atencia, quien se estrenó en el cargo en un acto de estas características. El titular de la Sangre salió en el trono del Cristo de la Expiración de la localidad de Villanueva del Trabuco sobre un monte de lirios y erguido, siendo el primer crucificado que procesiona de esta forma en el Vía Crucis, y con una capilla musical de acompañamiento. La comitiva discurrió por Nosquera, Comedias, Santa Lucía, Granada, plaza del Carbón, plaza del Siglo, Duque de la Victoria, San Agustín, Císter y Patio de los Naranjos.
La imagen, que visitaba el primer templo de la ciudad por primera vez, entró en la Catedral sobre las ocho y media de la noche, siendo recibida por el obispo Jesús Catalá. A continuación, tuvo lugar el rezo de las estaciones del Vía Crucis al tiempo que el Cristo de la Sangre recorría las naves catedralicias, para finalmente abandonarlas a eso de las diez de la noche. Para el trayecto de vuelta, el cortejo, al que se unió la Agrupación Musical San Lorenzo Mártir para interpretar diversas marchas tras el trono del Santísimo Cristo de la Sangre, tiró por el Patio de los Naranjos, Císter, San Agustín, Granada, plaza de la Merced (donde se leyó un escrito frente al lugar donde estaba la desaparecida iglesia de la Merced, antigua sede canónica de la corporación del Miércoles Santo), Madre de Dios, Montaño, plaza Montaño, Guerrero, Gaona y plazuela del Cristo de la Sangre, para encerrarse finalmente en la iglesia de San Felipe Neri sobre la una de la madrugada.

martes, 2 de febrero de 2016

Viaje a Múnich: día 5


7:45
Suenan las alarmas de nuestros móviles por última vez en este viaje. Bueno, en realidad las del móvil de Jose lo hicieron un cuarto de hora antes, pero mi amigo prefirió seguir en la cama en vez de levantarse, por lo que, como siempre, fui yo el primero en ponerse en pie. Tras el preceptivo paso por el baño, me vestí para guardar el pantalón corto que usé para dormir, las chanclas y las cosas del aseo en la maleta, y así dejarla cerrada y lista a falta de la camiseta de recuerdo que me compraría más tarde. Mientras ultimaba todos estos detalles, le comenté a Jose que había soñado por la noche; concretamente, se había despertado para decirme algo del desayuno, creo recordar. Al principio no cayó en la cuenta, pero al minuto empezó a acordarse de algo, que se había dado la vuelta para hablar conmigo, aunque de una manera muy fugaz. En fin, se ve que esperó al último día para devolvérmela por los ronquidos que había tenido que soportar por mi parte.
Sobre las ocho y media, bajamos a la cafetería a desayunar. En la cesta del pan solamente había bollitos redondos, así que cogí un par de ellos con la esperanza de que repusieran en breve, mientras que para beber me serví un vaso de zumo de naranja y una taza de leche del tiempo con cacao soluble; mis amigos, como de costumbre, se mantuvieron fieles a su desayuno continental (pan, embutido, queso, café, zumo...). La mesa que utilizamos los dos primeros días volvía a estar ocupada, por lo que nos sentamos en la misma del día anterior. Primero me comí uno de los dos pitufos untado con mantequilla, al tiempo que me tomaba el zumo; en cuanto lo terminé, volví a la cesta del pan a ver si habían puesto algo nuevo, y sí, había unas cuantas mini baguettes del típico pan alemán, así que cogí una para despedir el viaje en condiciones. Ya en la mesa, lo unté también con mantequilla para disfrutar de su jugosidad y esas pepitas de sal gorda que le dan un toque más que especial; tras ello, me comí el otro pitufo con Nutella, así como el vaso de leche, que de nuevo eché de menos que estuviese fría y no a temperatura ambiente.
Cuando volvimos a la habitación eran las nueve y cuarto. Al asomarme por la ventana comprobé que hacía un día espectacular, del estilo de los que habíamos disfrutado durante el viaje, con mucho sol, aunque no con tanto calor, lo cual se agradecía. Le dimos un repaso a toda la habitación, baño incluido, para revisarlo todo y asegurarnos de que no nos dejábamos nada allí. Una vez que creímos tenerlo todo listo, cogimos nuestras maletas y abandonamos la habitación para salir a la calle y dirigirnos a la recepción del hotel, que se encuentra en la entrada principal, la de la calle Herzog-Wilhelm-Strasse. Esperamos a que otro huésped terminara de ser atendido, momento que aprovechó Jose para coger un tríptico del hotel, para que la recepcionista gestionara nuestro check-out, que básicamente consistió en que Miguel pagara con su Visa los 426 € del alojamiento. La verdad es que el precio no estaba nada mal (35'50 € por persona y noche, incluyendo desayuno), sobre todo teniendo su céntrica ubicación y que Múnich es una de las ciudades más caras de Alemania.
Cuando salimos del hotel, nos dirigimos a la estación de Sendlinger Tor, la que ya considerábamos "la nuestra", para comprar el Airport-City-Day-Ticket, ya que es el que se necesita para poder ir al aeropuerto. Tras abonar en la máquina expendedora los 22'30 € que costaba, bajamos al andén para coger una de las líneas de metro que se dirigen a la Hauptbahnhof Central Station, y una vez allí fuimos en busca de la consigna para dejar allí nuestras maletas y poder movernos con libertad durante todo el día. Buscamos a conciencia el casillero que utilizamos el día que llegamos a Múnich para ver si estaba libre, el 3038, y así fue, por lo que metimos las tres maletas y a continuación pusimos cada uno dos euros para cerrarlo, haciéndome cargo yo de la llave. Nos dimos cuenta de que por entre los pasillos de las consignas había un hombre con una pinta muy sospechosa que sin duda alguna estaba merodeando para comprobar si algún casillero no estuviese bien cerrado y llevarse las pertenencias de los viajeros, lo cual nos creó una cierta inquietud por si después nos fuésemos a encontrar nuestro casillero vacío.
Ahora tocaba buscar el andén del cercanías S2, puesto que el plan de la mañana consistía en ir al campo de concentración de Dachau, situado a unos 13 kilómetros de la capital bávara. El cercanías llegó enseguida, y, teniendo en cuenta que el trayecto duraría unos 25 minutos, cogimos asiento los tres juntos, y así de paso descansábamos, ya que había sido el día del viaje en el que menos horas habíamos podido dormir. Sobre las diez y media llegamos a la estación de trenes de Dachau, cuya entrada principal se encuentra en una pequeña plaza donde tuvimos que esperar unos minutos para coger un autobús de la línea 726. Como era de esperar, muchos de los que venían en el cercanías iban a hacer lo mismo que nosotros, por lo que en cuanto llegó el autobús se llenó casi por completo, que por cierto era doble; por suerte, pudimos sentarnos al final del mismo y con algo de aire acondicionado sobre nuestras cabezas.

10:50
El bus atravesó medio pueblo y, pasados diez o doce minutos, nos dejó en la parada del KZ-Gedenkstätte Dachau, donde se bajaron casi todos los pasajeros, quedándose el autobús prácticamente vacío. Nos dirigimos al Centro para el Visitante, y no para adquirir las entradas, ya que el acceso es libre y gratuito, sino porque mis amigos querían alquilar las audioguías para estar informados durante la visita. Miguel tuvo que pagar 3'5 €, mientras que Jose solamente pagó 2'5 € por haber enseñado su carnet de estudiante; como depósito, Jose dejó su DNI que luego recogeríamos al terminar la visita. También les dieron unos planos orientativos que nos serían útiles a la hora de recorrer el campo de concentración y no dejarnos nada importante por ver.
Avanzamos por un sendero rodeado de árboles y paralelo a un pequeño riachuelo hasta llegar a la Jourhaus, la entrada que da acceso al campo de concentración a través de la famosa reja de hierro con la inscripción "Arbeit macht frei" ("El trabajo os hará libres"), mientras que en las paredes vimos un par de placas conmemorativas en recuerdo de la liberación llevada a cabo por tropas estadounidenses el día de la Masacre de Dachau (29 de abril de 1945). Una vez dentro, teníamos a nuestra derecha un enorme edificio correspondiente al Museo del campo de concentración, y a nuestra izquierda un extenso e interminable descampado donde se encontraban todos los barracones de los prisioneros. En primer lugar, nos acercamos al Memorial Internacional, situado justo delante del Museo y compuesto por varios monumentos: un muro con una inscripción en cuatro idiomas (francés, inglés, alemán y ruso); el monumento admonitorio internacional, una escultura en la que se distinguen varios cuerpos famélicos sobre el período en el que estuvo operativo el campo (1933-1945); y otro muro con la leyenda "Nunca más" en los cuatro idiomas antes mencionados.
Según el orden dispuesto en el plano orientativo, ahora habría que visitar el museo, pero preferimos dejarlo para el final de la visita en el caso de que fuésemos bien de tiempo y continuar mejor con el resto del campo de concentración. Nos dirigimos a los dos únicos barracones que se mantienen de los 34 que hubo en su tiempo, pero, cuando nos dispusimos a entrar en el primero, una chica nos preguntó si éramos de la visita guiada, y le dijimos que no, así que nos fuimos al siguiente. En realidad, los dos barracones son reconstrucciones de los originales, pero en cualquier caso resultaba fácil imaginarse a decenas de prisioneros hacinados en las literas de madera como tantas veces los hemos visto en las fotografías de los libros de Historia; quede como dato que este campo estaba capacitado para alojar a 6.000 personas y que llegaron a tener más de 30.000, así que imaginad en qué condiciones vivían, si ya de por sí eran duras. Además de las habitaciones, también vimos una sala que aparentaba ser el comedor y otra con dos hileras de retretes.
Ya fuera, recorrimos la calle principal del campo de concentración, a cuyos lados se encontraban los barracones, ahora recordados con números grabados en piedras. El sol empezaba a pegar con fuerza, por lo que fuimos por la sombra que daban los altos árboles a lo largo de todo el camino, hasta llegar finalmente a la zona de los monumentos conmemorativos de carácter religioso. Justo enfrente teníamos la Capilla de la Agonía de Cristo, un edificio con forma cilíndrica y abierta junto al cual se halla una campana donada por supervivientes austríacos. Detrás de esta capilla, una vez traspasado el muro del campo, se encuentra el Convento de las Carmelitas, al que no nos acercamos porque nos pillaba un poco a desmano, lo mismo que el Monumento conmemorativo judío y la Iglesia Evangélica de la Reconciliación, situados respectivamente a derecha e izquierda de la capilla.
A continuación, fuimos en dirección al crematorio, para lo cual tuvimos que atravesar un pequeño puente que salva el riachuelo que discurre en paralelo a uno de los laterales del campo de concentración, y justo después, al final de un sendero a mano izquierda, teníamos la Capilla Ruso-Ortodoxa. Unos metros más adelante nos topamos con el edificio del crematorio, inconfundible por la chimenea que sobresale del tejado, y enfrente, un poco escondido entre la vegetación, un pedestal sobre el que se erige el Monumento al prisionero desconocido. Nada más entrar en el crematorio, vimos los hornos en los que introducían a los reclusos para incinerarlos una vez ejecutados, mientras que en la siguiente sala, completamente diáfana, se les hacía creer que iban a ser duchados; precisamente en la siguiente estancia estaban las duchas, aunque como reza un cartel realmente eran cámaras de desinfección.
Al salir de allí, nos acercamos a un mural con una fotografía en blanco y negro muy impactante, en la cual aparecen los cuerpos de decenas de presos famélicos amontonados justamente en el punto en el que nos encontrábamos en ese instante. Rodeamos el crematorio por la parte trasera, donde probablemente fusilaban a los prisioneros, y a continuación seguimos por un sendero oculto entre los árboles que cuenta con algunos pequeños espacios para la oración y el recuerdo de las víctimas. Desembocamos en el puente que une la zona del crematorio con la parte principal del campo de concentración, por cuyo lateral avanzamos en dirección a la entrada, pasando entre medias junto a una de las torres de control. Eran las doce y cuarto, lo cual nos daba todavía un poco de margen para completar la visita con el museo del edificio de la intendencia que nos habíamos saltado al principio.
El museo se compone principalmente por expositores y paneles con información e imágenes de lo que fue en su día este campo de concentración repartidos por todas las estancias de dicho edificio, en cada una de las cuales se indica para qué estaba destinada en aquel entonces. Destacan sobre todo dos de ellas: una, el cuarto de maniobras, donde los prisioneros recién llegados tenían que despojarse de sus ropas y entregar todas sus pertenencias; y la otra, los baños, donde se les cortaba el pelo, se les duchaba y se les desinfectaba con la excusa de la higiene. En cuanto a la exposición propiamente dicha, comienza explicando el ascenso al poder del nazismo y los diferentes campos de concentración con los que contaban repartidos por toda Alemania y Polonia, tal y como se podía apreciar en un gran mapa, y continúa con las tres fases de la evolución del campo de concentración de Dachau, desde su apertura en 1933 hasta la liberación final de 1945.
Con el museo terminamos la visita del KZ-Gedenkstätte Dachau, que nos llevó aproximadamente hora y media. Salimos por la famosa reja de la Jourhaus para dirigirnos al Centro para el Visitante, donde Miguel y Jose tuvieron que dejar las audioguías, y este último además recoger su DNI, el cual habíamos dejado como depósito. De allí nos fuimos hasta la parada del autobús que nos habría de llevar de vuelta a la estación de trenes de Dachau. Al igual que a la ida, se llenó por completo, pero esta vez era un autobús simple y no doble, por lo que fuimos de pie y apretados como sardinas en lata, y encima con un calor insoportable; tan lleno iba que el conductor no tuvo más remedio que saltarse todas las paradas ante la cara de estupefacción de las personas que estaban esperando en la calle y que tendrían que esperar todavía más. Cuando llegamos a la Bahnhofplatz, entramos en una pequeña tienda de la estación en la que Jose se compró un botellín de Orangina (el equivalente a nuestra Fanta) y Miguel, una lata de cerveza, y tras ello nos acercamos al andén a esperar que llegase el cercanías S2.

13:00
Casi todos los que habíamos venido en autobús desde el campo de concentración cogimos también el cercanías, que llegó pasados dos o tres minutos. Por suerte pudimos pillar asientos libres, lo cual nos vino de perlas para descansar un poco, concretamente cerca de media hora, que fue lo que tardamos en llegar a la parada de la Marienplatz. Nos bajamos allí en vez de en la Hauptbahnhof porque ya iba siendo hora de comer, y pensamos en tantear opciones en el cercano Viktualienmarkt. Ya pasaba de la una y media, por lo que como era de esperar estaba lleno de gente sentada y bebiendo cerveza alrededor de las numerosas mesas que componen este biergarten. Nos paseamos tranquilamente por todos los puestos para ver qué había, principalmente carne, hasta que llegamos al Maibaum, el Árbol de Mayo, un enorme y colorido mástil decorado con diversas escenas típicas bávaras.
Como no terminábamos de aclararnos acerca de dónde almorzar, consecuencia de nuestro habitual tonteo, decidimos echar un vistazo por la calle Tal, puesto que allí había una pizzería que tenía apuntada en mi lista de posibles sitios en los que comer, pero cuando la encontramos no nos convenció. Acabamos entrando en el supermercado Rewe al que ya habíamos ido en días anteriores, y lo primero que hicieron mis amigos fue reciclar el botellín y la lata que se habían comprado en Dachau para conseguir un vale de 50 céntimos que utilizaron para comprar dos pretzels pequeños; mientras tanto, yo me gasté 2'99 € en una tableta de chocolate con un envoltorio con el traje típico bávaro para mi hermana. De nuevo en la calle, decidimos volver al Viktualienmarkt y comer lo que fuese, ya que yo al menos tenía algo de hambre, y para la cena tendría que esperar a llegar a Málaga cerca de la medianoche.
Yo le había echado un ojo a un puesto de salchichas, pero antes nos teníamos que asegurar de coger sitio porque tampoco era plan de comer de pie. Nos acercamos a las mesas a ver si teníamos suerte y había algún hueco libre, y sí, pillamos un banco que estaba completamente vacío, más que nada porque daba el sol, mientras que los demás estaban a la sombra que daban los árboles. Como mis amigos no lo tenían del todo claro todavía, se quedaron guardando el sitio mientras yo iba al puesto que había visto antes, que básicamente ofrece salchichas de diferentes tipos recién pasadas por una plancha para luego meterlas en un pitufo de pan. Tuve que esperar unos cinco minutos en la cola hasta que llegó mi turno para pedir un bocadillo de salchicha picante y una lata de Coca-Cola, lo cual me costó 4'8 €. Volví al sitio que habíamos cogido para relevar a mis amigos, quienes se acercaron al Nordsee, una franquicia de comida rápida especializada en pescado.
Mi bocadillo no era nada del otro mundo y el refresco no es que estuviera demasiado frío, las cosas como son, pero por lo menos me sirvió para saciar mi apetito. Al poco volvieron Jose y Miguel, cada uno con un plato de cartón con dos grandes salchichas bañadas en salsa de curry y una buena ración de patatas fritas, así como un botellín de Coca-Cola para compartir, y es que resulta que, mientras esperaban en la cola del Nordsee, vieron a varias personas pasar con esos platos y se pusieron a averiguar de dónde venían hasta que lo encontraron. Tengo que reconocer que si hubiese llegado a saber de ese sitio, seguramente también habría ido allí. Apenas habían empezado a comer, decidimos cambiarnos de sitio porque el sol nos estaba dando de pleno, por lo que nos mudamos a un hueco que se acababa de quedar libre unas mesas más atrás, concretamente junto a un hombre de unos 50 o 60 años que estaba bebiendo cerveza en una gran jarra.
Sobre las tres, después de que Jose y Miguel terminasen de comer y de que reposásemos unos minutos, nos fuimos de allí para comprar los souvenirs, pero de camino nos llamó la atención algo que ya habíamos advertido los días anteriores, y es que los alemanes tienen por costumbre reunirse de pie junto a las pequeñas fuentes que hay en el centro de la ciudad, especialmente en el Viktualienmarkt, para beber y charlar a su alrededor. Tras coger por las calles Tal, Sparkassenstrasse y Ledererstrasse, llegamos a Orlandostrasse, la calle de los souvenirs por excelencia. Entramos primero en la tienda más cercana a la Hofbräuhaus para echar un vistazo a las opciones que había, Jose para buscar recuerdos para su familia y yo la camiseta a la que ya le había echado el ojo días atrás; allí no la encontré, así que me fui a la siguiente, donde tampoco hubo suerte. Finalmente di con ella en la tercera tienda en la que entré, y por suerte la había de mi talla (XL) y del color que quería (roja); además, solamente me costó 9'95 €, poco más de la mitad de la que compré en Salzburgo.
Volví a la primera tienda, donde Jose todavía no terminaba de decidirse entre unos souvenirs y otros; tras consultar a Miguel y a mí, al final se llevó unos imanes, postales y tazas. Con las compras ya resueltas, deshicimos nuestros pasos para dirigirnos a la Marienplatz, que, como de costumbre, estaba bulliciosa, pero la Neues Rathaus tenía otra apariencia, y es que de su fachada colgaban varias banderas alargadas, entre las que pude identificar la europea, la alemana, la de Baviera y la de Múnich. A continuación, nos acercamos a la Apple Store situada en Rosenstrasse porque teníamos que comprobar en la web de Norwegian, la compañía aérea del avión que cogeríamos más tarde, si era necesario imprimir las tarjetas de embarque, y claro, para eso necesitábamos conectarnos a la Wi-Fi de la tienda, que por cierto estaba llena de gente precisamente por ese motivo, no por que fuesen a comprar alguno de sus productos. En la web no aparecía ninguna opción de facturación online, lo cual nos dejó preocupados en parte, ya que a Miguel le sonaba que con esta compañía no te piden los billetes del avión. En pocas horas sabríamos si estábamos en lo cierto o no.
Tras aprovechar la conexión para hablar con mi hermana y mis primos por WhatsApp, y sin nada relevante que hacer hasta que nos fuésemos al aeropuerto, propuse de ir al parque situado junto al Palacio de Justicia para matar el tiempo. Así pues, le hice una última foto al Neues Rathaus y avanzamos por Kaufingerstrasse a paso tranquilo, e igualmente hice con las torres de la Frauenkirche cuando llegamos al cruce en el que da comienzo la Neuhauser Strasse, lo cual significó para mí el dar por concluido el viaje a Múnich. Ya en la Karlsplatz, para variar, tuvimos que esperar un buen rato para poder cruzarla por completo, tras lo cual nos desviamos a la derecha para rodear por Elisenstrasse el imponente edificio del Justizpalast.

16:00
Nos encontrábamos ahora frente al Alter Botanischer Garten, el Antiguo Jardín Botánico de la ciudad, ahora reconvertido en un parque más de los muchos que hay en Múnich. Mis amigos se fueron enseguida a buscar un banco libre a la sombra en el que sentarse, mientras que yo, como no podía ser de otra forma, me acerqué a hacerle unas cuantas fotos a la Neptunbrunnen, la Fuente de Neptuno, llamada así porque en el centro se halla una estatua de Neptuno junto a un hipocampo y varios tritones. Miguel y Jose se habían sentado en un banco en el que daba un poco el sol, así que les dije de venirse a otro que estaba completamente a la sombra. Allí, bien protegidos del calor, nos pusimos a charlar acerca del viaje, de lo que nos había gustado más, de lo que nos había gustado menos, etc. Al rato, sobre las cuatro y media, una avispa se acercó adonde estábamos nosotros, y claro, después de la mala experiencia que pasé el día anterior en los aledaños del Allianz Arena, di un brinco, y mis amigos también, para que no nos picase.
Aprovechando que tenía ganas de ir al baño, nos dirigimos a la Hauptbahnhof Central Station. Cruzamos la calle Elisenstrasse para más adelante desviarnos por Luitpoldstrasse y continuar por Prielmayerstrasse hasta llegar a la Bahnhofplatz, aunque, en vez de acceder a la estación por la entrada principal, lo hicimos por la del lateral correspondiente a la calle Arnulfstrasse. Nos costó bastante encontrar los baños, para lo cual tuvimos que bajar a la planta inferior, donde comprobamos que eran de pago, 1 € concretamente, por lo que, como todavía podía aguantar, volvimos al exterior para seguir haciendo tiempo en Coffe Fellows, una cafetería situada en la esquina de la Bahnhofplatz por la que habíamos pasado apenas unos minutos antes. Yo no estaba muy seguro de qué tomarme, así que mientras tanto Jose y Miguel se acercaron a la barra para pedir respectivamente un frappiato de frambuesa y uno de fresa, que costaba cada uno 3'90 €; cuando ellos ya se hubieron sentado en la mesa, terminé de decidirme y me pedí un frappiato de chocolate tamaño XXL por 4'30 €.
Iluso de mí que creía que lo que había pedido era una especie de batido de chocolate, resulta que cuando aspiré el primer sorbo por la pajita noté sabor a café, que no me gusta en absoluto, lo cual provocó las risas de mis amigos; con tal de no pensar que había tirado el dinero, me propuse tomármelo entero, pero fui totalmente incapaz y dejé más de la mitad. Para quitarme el sabor a café, le pedí a Jose y Miguel que me dejasen probar un poco de lo que ellos se habían pedido, siendo la bebida de este último la mejor con diferencia, y es que a Jose tampoco le hizo mucha gracia la suya. Antes de irnos, me acerqué al baño de la cafetería para aliviarme, aunque nada más abrir la puerta se me quitaron las ganas de entrar por lo asqueroso que estaba, así que nada, me tocaba aguantar un poco más.
Nos fuimos de allí sobre las cinco y media directamente a la estación, en concreto a la consigna, comentando por el camino si ese hombre sospechoso que vimos por la mañana cuando las dejamos habría conseguido forzar la nuestra y, por consiguiente, haberse llevado nuestras maletas. Aparentemente no había señales de nada extraño, y sí, las maletas estaban allí tal y como las habíamos dejado, por lo que las cogimos y, una vez que guardamos los souvenirs que habíamos comprado unas horas antes, nos dirigimos al andén de los dos cercanías que llegan al aeropuerto, para lo cual tuvimos que bajar por varias escaleras mecánicas. Nos daba igual uno que otro porque más o menos tardan lo mismo en realizar el trayecto, unos 35-40 minutos, así que nos montamos en el primero que llegó, el S1, es decir, el que no cogimos el primer día.
No tuvimos ningún problema para sentarnos, lo cual fue de agradecer teniendo en cuenta que teníamos por delante 14 paradas, siendo las primeras de ellas subterráneas y el resto al aire libre. Poco antes de la parada de Neufahrn, se avisó por megafonía tanto en alemán como en inglés que en dicha parada el tren se dividiría en dos, por lo que los pasajeros con destino al aeropuerto tenían que pasar a la parte trasera. Sinceramente, el aviso en inglés no lo logré entender del todo, pero como en nuestro vagón había más personas con maletas como nosotros, supusimos que estábamos bien ubicados, como así confirmamos una vez que, tras permanecer el tren parado unos minutos para dividirse y reanudar la marcha, vimos que íbamos en la dirección correcta. Finalmente, llegamos al Flughafen München a las seis y veinte más o menos.
Seguimos las indicaciones del aeropuerto para llegar a la terminal, donde, tras comprobar en los paneles de información de vuelos que el nuestro ya tenía puerta de embarque asignada, la D03, nos acercamos al mostrador de información situado justo debajo para preguntar por el stand de Norwegian, ya que todavía estábamos con la incertidumbre de si con los papeles de la reserva de los billetes ya era suficiente o no para embarcar. Así pues, nos fuimos en busca de dicho stand, para lo cual tuvimos que atravesar buena parte del aeropuerto y subir una planta, aunque en realidad lo que encontramos fueron las mesas de facturación de nuestro vuelo, que tenía bastante cola por cierto. Pasaron unos diez minutos hasta que llegó nuestro turno, en el que fuimos atendidos por una azafata que chapurreaba algo de español, aunque a veces tuvo que recurrir al inglés.
Nuestro temor con respecto a los billetes se esfumó cuando vimos que nos entregaba las tarjetas de embarque que se nos asignaban automáticamente (asiento 22D de pasillo para Jose, 22E para mí y 22F de ventana para Miguel). Sin embargo, la sorpresa fue que estábamos obligados a facturar las maletas, eso sí, gratis, por lo que las tuvimos que entregar para que las etiquetaran con nuestros nombres y se las llevase la cinta transportadora, a nuestro avión se supone, porque no será la primera ni la última vez que las maletas no llegan a su destino; por si acaso, me quedé con la mochila de la cámara de fotos, la cual llevaba colgada al hombro, mientras que Jose hizo lo propio con su bolsa souvenirs. Tras ello, volvimos a la planta inferior para ir a los baños que habíamos visto allí minutos antes, y es que que no podía aguantar mucho más; ya de paso, aproveché para llenar de agua la botella de Coca-Cola del almuerzo.
Siendo ya las siete de la tarde aproximadamente, volvimos a subir para ir al control de seguridad. Tras dejar en la bandeja todo aquello que fuera susceptible de hacer pitar el arco de seguridad (smartphone, cartera, reloj, cinturón, cámara de fotos...), me dispuse a pasar por él, pero a pesar de todo pitó, así que se me acercó un guardia de seguridad para cachearme minuciosamente tras pedirme que extendiese los brazos y las piernas; obviamente, no encontró nada peligroso, ni que fuese yo un delincuente o un terrorista, aunque, como era de esperar, se percató de que en uno de los bolsillos laterales de mi pantalón, por lo que lo cogió y lo tiró a un bidón situado a pocos metros. No sé si es casualidad o no, pero creo recordar que en mis últimos viajes solamente he tenido problemas para pasar por el arco de seguridad en aeropuertos extranjeros, mientras que en el de Málaga suelo pasarlo a la primera. Algún motivo habrá...

19:15
De nuevo con mis amigos, ya que ellos no tuvieron que ser cacheados, únicamente nos quedaba esperar a que llegase el momento de embarcar y poner rumbo a Málaga. Para hacer algo de tiempo, puesto que nuestro vuelo estaba programado para las ocho y veinticinco, entramos en una de esas tiendas que supuestamente están libres de impuestos, lo cual no me termino de creer al observar los precios de los productos que venden, ya que en algunos casos son incluso más caros que si los compras en la ciudad; cuando Miguel y yo nos hartamos de dar vueltas, dejamos a Jose en la tienda y nos fuimos a buscar un asiento libre en la zona de espera situada junto a nuestra puerta de embarque. Enfrente de nosotros estaba sentada una chica junto a su pareja que me preguntó si esa misma mañana habíamos estado en Dachau, puesto que les sonaba mi cara de haberme visto en el autobús que va desde la estación de tren hasta el campo de concentración, a lo que les dije que sí, y que sus caras también me resultaban familiares; también me dijeron que les impresionó mucho aquello, aunque solamente estuvieron una hora.
Viendo que Miguel, que estaba sentado a mi lado, estaba aprovechando la espera para navegar por Internet conectándose a la red Wi-Fi del aeropuerto, saqué el mío para echarle un vistazo a las noticias y al WhatsApp, pero poco pude hacer porque la señal no llegaba del todo bien, así que lo puse directamente en modo avión. A los pocos minutos de unirse Jose a nosotros, comenzó a formarse la cola de embarque de nuestro vuelo, aunque esta vez no le metí prisa a mis amigos para ser de los primeros porque ya teníamos asignados nuestros asientos. Lo que sí tuve que hacer fue convencer a Miguel de que me cediese su asiento de ventana con la excusa de poder hacer fotos y estar más cómodo, ya que me había tocado entre ellos dos y eso les perjudicaba a ambos. Desde la cola de embarque se podía ver nuestro avión a través de los ventanales de la terminal, y justo en ese preciso instante los operarios estaban cargando las maletas en la bodega, por lo que me quedé mirando por si lograba distinguir las nuestras; en efecto, mi maleta y las de mis amigos estaban entre ellas, lo cual nos dejó muy tranquilos en este sentido.
Tras enseñarle a las azafatas de Norwegian nuestras tarjetas de embarque, pasamos al finger que conecta la terminal con el avión que nos llevaría de vuelta a casa. Cuando me senté, me di cuenta de que mis piernas apenas rozaban el asiento de delante, es decir, que no iba a viajar tan incómodo como de costumbre, pero no fue eso lo que más me sorprendió, sino las pequeñas pantallas que surgieron bajo los compartimentos de equipaje justo antes de que el avión se pusiera en marcha. En esta compañía aérea, las indicaciones de seguridad no las daban las azafatas con sus típicos gestos, sino que las mostraban con dibujos y subtítulos en inglés a través de dichos monitores, algo que no había visto en ninguno de los vuelos que había cogido hasta entonces. Entre tanto, el avión avanzó para buscar pista y dar el acelerón necesario para poder despegar y poner rumbo a Málaga.
A los cinco minutos, nos encontrábamos ya sobrevolando el norte de Múnich, donde se distinguía perfectamente el inconfundible Allianz Arena, que a esa hora todavía no estaba iluminado, y justo después atravesamos una espesa nube debido a que el avión todavía estaba subiendo para alcanzar la altura de crucero. Ahora en las pantallas del avión empezaron a poner varios vídeos de dibujos animados y de bromas absurdas que algo entretenían, sobre todos los últimos, aunque yo prefería estar pendiente de mirar por la ventanilla para intentar distinguir algo, como por ejemplo las montañas de los Alpes, justo en el momento en el que el sol se estaba poniendo en el horizonte. Cuando eran las nueve y cuarto, Miguel y Jose, al ver que las azafatas estaban pasando con el carrito de la comida, aprovecharon para pedirse cada uno una Coca-Cola, y Miguel además un bocadillo.
Otra de las cosas que podíamos hacer durante el vuelo era conectarnos a Internet a través de la Wi-Fi del avión, así que me conecté al WhatsApp para hablar con unos amigos y con mi hermana para confirmarle que ya iba de camino. A las diez menos veinte estábamos sobrevolando Marsella, y media hora más tarde, cuando ya era prácticamente noche cerrada, pude distinguir en el cielo dos estrellas que en realidad eran los planetas Venus y Júpiter. Aquí cada uno se distraía a su manera: yo con el cielo nocturno, mis amigos jugando con sus smartphones, los pasajeros que estaban sentados delante de nosotros viendo Los juegos del hambre en su portátil, otros leyendo, etc. De vuelta a mi visionado a través de la ventanilla del avión, resulta que se unió a la fiesta la Luna, la cual me costó ver un poco al principio porque estaba un poco alta, pero con el paso de los minutos, y gracias a un pequeño giro que dio la aeronave, pude verla mejor y fotografiarla, como no podía ser de otra forma.
Unos minutos antes de las once, el piloto se dirigió a los pasajeros para informar de que en breve llegaríamos a Málaga y de las condiciones meteorológicas que nos íbamos a encontrar, básicamente cielos despejados y una temperatura considerable para ser de noche. En efecto, notamos que el avión comenzaba a descender poco a poco, y, por consiguiente, cada vez veíamos más y más cerca las luces de las poblaciones que sobrevolábamos; finalmente, aterrizó a las once y doce minutos, ocho antes de lo previsto. En cuanto conectaron el finger al avión, nos levantamos rápido para estar de los primeros en la cinta transportadora de equipaje de nuestro vuelo, no fuese a haber algún listillo que nos robase las maletas, y ya de camino aproveché para reactivar la tarifa de datos de mi móvil por si había recibido algún mensaje de alguien; cuando llegamos, ya había algunos pasajeros esperando, pero la cinta todavía no estaba operativa.
Nos colocamos más o menos en la mitad de la cinta para controlar las maletas que iban saliendo y poder identificar las nuestras. De ellas, la primera que vimos fue la de Jose, y, un par de minutos después, la mía, tras haberla confundido previamente con otra del mismo modelo, pero más grande. Pasaron todas las maletas y la de Miguel no aparecía, porque la que teníamos delante de nosotros era parecida, pero no la de mi amigo; sin embargo, él, que había estado atento desde el principio, se había fijado en un hombre con un carro portaequipaje que había cogido una maleta del mismo color y tamaño que la suya poco antes, por lo que salimos corriendo a buscarle con esa única pista, pero con la mala suerte de que en ese justo momento llegaban de golpe los pasajeros de otro vuelo. Mis amigos corrieron más que yo y se alejaron tanto que enseguida les perdí de vista; yo, mientras tanto, avancé fijándome en todas las personas que veía con uno de esos carros portaequipajes.
Cuando ya lo daba casi por perdido por mi parte, vi a un hombre de unos sesenta años con un polo verde que podría ser el que tuviese la maleta, y lo pillé justamente en el momento que cruzaba la puerta que da acceso a la parte de la terminal donde esperan los familiares. Le dije que mi amigo no tenía su maleta y que creíamos que quizás fuese la que él llevaba en el carro, lo cual se confirmó cuando se fijó detenidamente en ella y vio que no era la suya, a lo que él y su mujer me dijeron que, de no haberles encontrado, no se habrían dado cuenta hasta abrirla en Marbella, que es adonde se iban inmediatamente, y eso sí que hubiera sido un lío. En fin, le dije que seguramente su verdadera maleta sería la que habíamos dejado en la cinta, así que volvió allí mientras yo avisaba a mis amigos por WhatsApp de que la acababa de recuperar. De nuevo los tres juntos, esperamos un momento a que regresase el hombre que se había confundido de maleta, quien se disculpó por su error, pero le dijimos que no pasaba nada, que es algo normal en estos casos.
Subsanado este problema de última hora para rematar el viaje, nos fuimos en busca de uno de los hermanos de Jose, que había venido a recogernos en su coche y nos estaba esperando fuera; por cierto, nada más salir de la terminal fuimos recibidos por un brutal golpe de calor que nos hizo echar de menos el que habíamos pasado en Múnich, que ya es decir, y es que la humedad de las noches de verano de Málaga es sencillamente insoportable. Al primero que dejaron en su casa fue a Miguel, y a continuación me llevaron a la mía, pero no sin un nuevo obstáculo, y es que en calle Álamos nos topamos con un camión de la basura que avanzaba muy lento, por lo que subimos Peña y Mariblanca para no estar detrás como tontos. Finalmente, llegué al portal de mi casa a las doce y veinte de la madrugada, y ahí fue cuando oficialmente pude decir que el viaje había llegado a su punto y final. ¿Siguiente destino?