miércoles, 15 de junio de 2011

Adivina quién soy (XIV)

Nueva entrega de la sección 'Adivina quién soy', un juego en el que, a través de una serie de pistas que os voy proporcionando poco a poco, tendréis que adivinar el conocido personaje que se esconde tras dichas pistas. Os recuerdo las normas que debéis respetar para poder participar en el juego:
  • Sólo se puede dar una respuesta por cada pista que se proporcione (las tres primeras pistas cuentan como si fueran una sola), es decir, no vale decir el nombre de dos o más personajes entre la pista 'X' y la 'X + 1'. Si alguien incumple esta norma, no se tendrán en cuenta sus posteriores intentos en dicha prueba, pero sí podrá participar en las posteriores.
  • Si queréis una nueva pista, basta con que dejéis un comentario en el que intentéis adivinar el personaje, es decir, tendríais que decir algo como 'Creo que es Pepito Pérez'.
  • Sólo proporcionaré una pista por día, por lo que si hoy dos personas propusiesen dos soluciones posibles, hoy os daría una pista y mañana otra.
  • No se puede participar identificándose como 'Anónimo'. Toda respuesta que se dé con dicha identificación no será tenida en cuenta bajo ningún concepto.
  • En el caso de que se lleguen a dar diez pistas, el plazo para responder terminará a las 23:59h del día siguiente al que se publicó la décima pista. Si nadie lo adivina, os daré la solución y la explicación de todas las pistas.
Una vez recordadas las reglas de participación, pasamos a dar las pistas:
  1. Hombre.
  2. Muerto.
  3. Iba para cura.
  4. Contrario al estagirita.
¡Buena suerte!

domingo, 12 de junio de 2011

Teletimo te tima

Y te amenaza. No se queda contento con lo primero y encima tira por lo segundo. Esto es lo que les ha ocurrido a Almudena e Iñaki, del blog Enchufa2, quienes hace un par de meses publicaron una entrada sobre Sandro Rey, un vidente que trabaja para La Sexta, y ahora este personaje les amenaza con denunciarles por una supuesta difamación si no retiran dicho post, tal y como nos cuentan aquí.
Antes de seguir con mi punto de vista sobre el tema, me solidarizo con estos dos compañeros blogueros y reproduzco íntegramente el post de la discordia, al igual que han hecho varios internautas en los últimos días:

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Esta es la transcripción de un fragmento de vídeo visto este miércoles en el Intermedio (minuto 2'05''). En ella, una mujer (presumiblemente anciana) llama al programa nocturno del vidente Sandro Rey de La Sexta, para preguntar por la salud de su nieta. Se produce entonces la siguiente conversación:
- Hola, buenas noches.
- Hola buenas noches.
- ¿En qué le puedo ayudar señora?
- Pues quería saber por la salud de una nieta.
- La salud de su nieta... hombre, aquí lo que más salen son alergias e insuficiencias respiratorias. ¿Cómo se llama usted?
- Yo soy Leo.
- Pues lo que veo más es cansancio físico o psíquico, o sea, "farta" de oxígeno, alguna alergia, algún problema en las vías respiratorias, las fosas nasales, faringe, bronquitis... eso es lo que yo le veo a esta nena. Pero no le veo nada malo, es pasajero, o sea...
- No, no, no... la niña no tiene eso eh, nada de eso.
- Bueno, eso es lo que yo estoy viendo.
- No, no, no, no.
- ¿Qué tiene la niña?
- La niña tiene una enfermedad que le llaman Crohn, el Crohn. Y alergia no tiene ninguna.
- Sí... bueno, piense que... pero piense que esa enfermedad le crea una insuficiencia respiratoria. Eso no lo digo yo, lo dicen los doctores de...
- De momento no la tiene.
- Bueno, esa enfermedad, normalmente, los doctores de este país lo saben, crea a medida que va pasando el tiempo una insuficiencia respiratoria y las defensas al estar muy débiles también crean alergias, alergias internas-externas, o sea... Esa es la enfermedad que usted dice que tiene esa nena. Pues muy bien, pero deriva, deriva... o sea, lo que yo digo estoy diciendo es deriva. Y ella, aunque ahora no lo tenga no quiere decir que no lo vaya a tener pero yo, a la nena, lo que sí le recomiendo es que la pongáis en manos de un buen homeópata.
Es decir, que el tipo le diagnostica a la nena alergia, insuficiencias respiratorias, cansancio físico, cansancio psíquico, falta de oxígeno, problemas en las fosas nasales, la faringe, bronquitis… todo ello pasajero. Y cuando la nena resulta tener una enfermedad crónica intestinal este señor insiste en que ha acertado ¡y le recomienda acudir al homeópata! Desde luego, el que no se consuela es porque no quiere. Por no hablar de su total desconocimiento de la enfermedad de Crohn o las alergias (más le valdría tener un buen acceso a Google y dejar de darle vueltas a la dichosa bolita). Quizás su único acierto (pura poesía) haya sido afiliarse tan oportunamente con esos timadores reconocidos. Habría que incluir una advertencia de este tipo en los medicamentos homeopáticos:
Es de chiste y tendría muchísima gracia si no fuese tan real. Hay gente, especialmente la más vulnerable, que confía verdaderamente en estos estafadores. Y lo malo no es que necesiten una palabra de consuelo y alguien se la proporcione. Supongo que alguien que llama a un programa así tiene una pregunta que no sale de su cabeza y sólo desea darle solución de forma positiva (si recibiese una mala noticia, la preocupación no se disiparía y eso lo saben bien los videntes timadores). Lo malo es cuando este consuelo pretende sustituir al consejo oportuno de un experto, suplantar al médico, cuando se atreve a dar diagnósticos y a sugerir tratamientos. Entonces pone en verdadero riesgo la salud de quien confía en él, a veces más que en su propio médico.
¿No se podrían prohibir este tipo de conductas? ¿denunciar al estafador por negligente en casos parecidos? Sería tan sencillo como obligarles a dar una respuesta estándar cuando se trate de temas médicos. Podría incluso estar grabada, una voz en off que resonaría en el plató automáticamente ante la llamada oportuna: “Las autoridades sanitarias advierten que este intrigante no está autorizado a estafarle en temas relacionados con su salud. Si busca consejo, hable con su médico”. A fin de cuentas, no creo que las cajetillas de tabaco sean mucho más perjudiciales que estos señores.
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Esto no es nada nuevo, para qué nos vamos a engañar. No es la primera vez, ni será tampoco la última, en la que un vidente de éstos que pululan por las cadenas de televisión se dedica a adivinar inventarse el futuro de las personas que le llaman. Ahora no sólo se equivocan en la gran mayoría de sus predicciones, amén de no reconocer sus fallos e irse siempre por la tangente, sino que también dan consejos que para nada son aconsejables, valga la redundancia.
Analicemos la conversación y echémonos unas risas. En primer lugar, Sandro Rey diagnostica una serie de síntomas que no tienen nada que ver con la enfermedad que padece la nieta de la señora que le llama, y no lo digo yo, pues basta leerse el artículo que la Wikipedia le dedica a la enfermedad de Crohn o cualquier artículo que encontremos en Internet sobre dicha afección para comprobar que en ningún momento se habla de problemas respiratorios, alergias o cosas por el estilo. Como era de esperar, a pesar de que la mujer le dice que se está equivocando, él se mantiene en sus trece y afirma que su bola mágica le está diciendo eso. Por último, remata la jugada recomendando a la señora que visite a un homeópata, es decir, un especialista en homeopatía, una pseudociencia que carece de rigor científico, que hace uso de unos métodos que no están probados y que presenta numerosas contradicciones.
¿Cuál es el resumen de todo esto? Pues que el vidente Sandro Rey ha estafado, engañado y malaconsejado a una mujer que creía que iba a encontrar en él una respuesta, y por desgracia se encuentra con una persona que le ofrece una respuesta que en términos escolares tendría que ser evaluada con un cero. Lo que ya riza el rizo de todo esto es que en el blog Enchufa2 decidieron dar a conocer este hecho, además de dar su más que respetable opinión, y ahora viene el susodicho vidente a pedir que borren ese post, ya que, según él, ha sido difamado. ¿Cómo? Para empezar, difamar no se difama en dicha entrada, pues lo único que se hace en ella es decir una verdad como un templo y dar fe de lo sucedido en la conversación telefónica entre Sandro Rey y la telespectadora, y, para terminar, resulta que el vidente amenaza cuando precisamente es él el que debería estar amenazado por la ley por estafar, engañar y poner en peligro la vida de una persona.
Me hago la misma pregunta que mis colegas de Enchufa2: ¿por qué no se prohibe este tipo de conductas? Yo añadiría otra más: ¿por qué las cadenas de televisión emiten estos programas? Ya no sólo me refiero a los de videncia, sino también otros del estilo, como los famosos call-tv, que te hacen creer que puedes ganar miles de euros y después te engañan y te timan. ¿Es que las cadenas de televisión no se dan cuenta de que están engañando a sus telespectadores? Probablemente sí lo sepan, y si no lo saben es que son bastante cortitos. ¿Qué ocurre? Que la audiencia de los videntes y call-tv es mínima, es decir, no tienen tanta repercusión como los programas 'diurnos', y por eso apenas se habla de ellos. La televisión tiene algunas virtudes, pero muchos defectos. No sólo peca de belenes esteban (un post, otro post, y puede que pronto un tercero...), amarillismo, contraprogramaciones y demás insultos al espectador, sino también de mentiras y timos.
Por último, tampoco quiero obviar la parte de culpa que tienen las personas que llaman a estos programas. Entiendo que, en casos como el de la mujer protagonista de la conversación con el Sandro Rey, una persona busque una respuesta o una ayuda en videntes y adivinos como último recurso, pero, en general, las que creen y confían en estos personajes que aseguran tener las capacidades de las que presumen tendrían que hacérselo ver.

viernes, 10 de junio de 2011

Nuevo segundo puesto en el O'Donnell's

El martes pasado por la noche acudí de nuevo al pub irlandés O'Donnell's para jugar al trivial acompañado por mi amigo Trol y quedamos por tercera vez en segunda posición.
El bloque de preguntas de deportes fue, como casi siempre, bastante facilito, aunque he de reconocer que yo solamente sabía la respuesta de tres de las cinco preguntas, pero para eso éramos dos cerebros jugando en el mismo equipo. El siguiente bloque siempre es el de las imágenes, pero el pub estaba poniendo por la tele el Venezuela-España, así que Carlos dijo que lo dejábamos para el final y que continuábamos con el bloque de cine. Inicialmente, fue desastroso, puesto que cuatro de las cinco películas a las que se referían las preguntas se filmaron cuando yo ni siquiera había nacido; es más, sólo teníamos bien una de nuestras respuestas cuando Carlos pasó a revisarlas. Menos mal que la cosa mejoró al probar con nuevas respuestas...
El bloque de música consistió en adivinar tanto los artistas como los títulos de algunas canciones de pop y rock. Entre Trol y yo conseguimos que nuestra puntuación fuese decente en este bloque; incluso lo podríamos haber hecho mejor, porque Trol soltó el típico "¡Claro!" u "¡Ostia!" cuando después supo las soluciones. El bloque de preguntas generales me resultó más complicado que en ocasiones anteriores, pero al final no nos fue tan mal como creíamos.
El partido de España terminó justo cuando tocaba empezar con el bloque de imágenes, que fue muy asequible, excepto el jeroglífico, que más simple no podía ser, pero tardamos un buen rato en caer en la solución correcta que finalmente encontró Trol. Carlos se pasó por las mesas para recoger las hojas de respuestas de todos los grupos participantes y luego nos las devolvió corregidas. Conseguimos 24 puntos, tres o cuatro más de lo que Trol y yo nos esperábamos, así que la idea de acabar en el podio cobraba fuerza. Tras dar las respuestas de las treinta preguntas formuladas, Carlos pasó a recitar el podio de la partida de trivial: "En tercera posición, con 23 puntos, el grupo... En segundo lugar, con 24 puntos, 'La tía que me está tirando los trastos'. Y primeros con 25 puntos, el grupo...". ¡Segundos! Lo dicho, que para nada nos esperábamos quedar tan arriba, pues éramos varios grupos participando y nosotros solamente éramos dos, y más jóvenes que la gran mayoría.
Como siempre, os dejo con algunas de las preguntas que se hicieron el pasado martes:
  • ¿Cómo se llama el estadio en el que juega el Inter de Milán?
  • ¿Qué sustancia se echan los gimnastas en las manos antes de competir?
  • ¿Qué actriz protagonizó 'Casablanca' junto con Humphrey Bogart?
  • ¿Quién dirigió 'Ciudadano Kane'?
  • ¿Cómo se llamaba el mayordomo de Willy Fog?
  • ¿En qué país actual se encuentran los restos de la ciudad de Troya?
  • ¿Cómo se llama el cruce entre un león y una tigresa?
  • ¿Quién escribió 'El perro del hortelano'?
  • ¿Cuál es la capital de Filipinas?
  • ¿Cuál fue el mote que le puso Bart Simpson a su elefante?
  • Entre las imágenes, estaban las de un cuadro de Joaquín Sorolla, Jorge Drexler, Antonio Banderas de niño, etc.
  • Entre las canciones, pusieron canciones de Kiss, Rihanna, Duncan Dhu, etc.

miércoles, 8 de junio de 2011

¿Qué diferencia existe entre un equinoccio y un solsticio?

En nuestros años escolares, concretamente en los de educación primaria, teníamos una asignatura que se denominaba 'Conocimiento del Medio', o 'cono', como solíamos decir de forma abreviada por aquel entonces. Su variado contenido englobaba materias tan distintas como las de Historia, Geografía o Ciencias, con las cuales tomábamos un contacto inicial genérico antes de que en Secundaria se dividiesen en otras tantas asignaturas, y con las Ciencias la variedad era aún mayor, pues lo mismo dabas un tema de zoología para estudiar las diferentes especies animales, que luego otro de meteorología para aprenderte las capas de la atmósfera terrestre y por último uno de astronomía para recitar de memoria los nueve (¿o ahora son ocho?) planetas del Sistema Solar.
Recuerdo que uno de los temas más recurrentes de 'Conocimiento del Medio' era el de las estaciones del año, y en dicho tema nos hablaban de los equinoccios y los solsticios que determinan el paso de unas a otras. Recuerdo haberlo estudiado y aprendido varias veces, y es que, de un curso para otro, buena parte del temario de los libros de texto se repetía, pero hace poco me di cuenta de que no tenía nada claro cuál era la diferencia entre un equinoccio y un solsticio, o si el 21 de junio tiene lugar el solsticio de verano o el equinoccio de verano. En resumen, que en mi cabeza tenía un lío que en realidad era muy fácil de desenredar, así que, si alguno de vosotros tampoco se aclara al igual que lo estaba yo hace unos meses, lo mejor que puede hacer es seguir leyendo.
Antes de explicar lo que es un equinoccio y un solsticio, tenemos que saber que el plano del ecuador de La Tierra no es paralelo al que forma nuestro planeta al girar alrededor del Sol, ya que nuestro eje de rotación presenta una inclinación de varios grados. Esto provoca que, a lo largo de los 365 días del año, la distancia de los dos polos al astro rey varíe continuamente y que, por lo tanto, el Sol salga y se ponga en un punto diferente cada día. Si dicho eje de rotación fuese totalmente perpendicular, las cuatro estaciones que conocemos serían sólo una y nuestra estrella siempre seguiría el mismo recorrido por el cielo. Pues bien, teniendo claro todo esto, podemos pasar a las definiciones de equinoccio y solsticio.
Equinoccio es aquel momento del año en el que el día y la noche duran el mismo tiempo, como se puede deducir de su propio nombre, ya que 'equinoccio' significa 'noche igual' en latín. ¿Cuándo ocurre esto? Pues dos veces al año, entre el 20 y el 21 de marzo, y entre el 22 y el 23 de septiembre. Así pues, en dichos días tiene lugar el equinoccio de primavera y el de otoño, respectivamente. En estos dos días, el Sol sale justamente por el este, alcanza el cenit (si nos encontramos en el ecuador) y se pone justo en el oeste.
Solsticio es aquel momento del año en el que más dura el día o más dura la noche, y es que si analizamos el origen latino de esta palabra descubrimos que proviene del término 'solstitium', que significa 'sol quieto'. Este fenómeno tiene lugar dos veces cada año: el 20 o el 21 de junio, y el 21 o 22 de diciembre. El primero de ellos es el solsticio de verano, cuando el día es el más largo del año para los que habitan en el hemisferio norte, mientras que el segundo es el solsticio de invierno, en el que ocurre lo contrario, es decir, la noche más larga para quienes viven por encima del ecuador, como se observa en la imagen inferior.
¿Cuál es entonces el truco para diferenciar entre equinoccio y solsticio? Fijarse en la misma palabra, pues el origen latino de ambos términos describen lo que sucede dichos días. ¿Y para saber si el cambio de una estación a la siguiente es un solsticio o un equinoccio? Muy fácil. Para los que vivimos en el hemisferio norte, el verano es sinónimo de calor, es decir, que tenemos muchas horas de sol, y, como el verano comienza en junio, este mes tendrá lugar el SOLsticio; además, el verano termina cuando la noche empieza a igualarse con el día, por lo que el otoño se iniciará con un EQUInoccio. Y, por último, hay que saber que se van alternando, es decir, equinoccio, solsticio, equinoccio, solsticio...

lunes, 6 de junio de 2011

Viaje a Londres: día 1

Viernes, 18 de febrero de 2011

15:30
He terminado de almorzar hace unos minutos y me encuentro sentado en el sofá viendo la tele. Mi padre está entrando por la puerta, recién llegado del trabajo, y lo primero que me pregunta al verme es si tengo ya preparada la maleta, a lo que le respondo que no, pero que no se preocupara que en unos minutos estará más que lista. Cualquiera diría que yo estaba a unas horas de coger un avión con destino Londres para visitar a un amigo acompañado de otros dos; de cruzar por primera vez un océano aunque fuese durante sólo unos segundos; de cambiar de huso horario, también por vez primera; de sumergirme en una ciudad, en una cultura y en un estilo de vida que poco o nada tienen que ver con la Málaga en la que vivo. Tampoco lo diría yo de mí mismo, pues no sentía ese nudo en el estómago previo a cuando uno va a embarcarse en un viaje, tal y como sí me ocurrió cuando fui a Barcelona, Valencia, Milán, Roma o Madrid. Estaba muy relajado, como si en vez de subirme en un avión fuera a coger el autobús, o como si en vez de ir a Londres fuese a Jerez de la Frontera.
Sobre las cuatro de la tarde, me levanté del sofá y me dirigí a mi habitación para hacer la maleta. El viaje duraría apenas cinco días mal contados, puesto que llegaría a la capital inglesa por la noche y regresaría el martes por la tarde, así que no tenía que meter mucha ropa: un pantalón y un polo de manga larga, una camiseta de manga corta, calcetines, calzoncillos, un pijama, las babuchas, las cosas del aseo (peine, desodorante, esponja, cepillo de dientes) y el cargador de mi antiguo móvil, que es el que me llevo cuando viajo al extranjero. No me podía olvidar del regalo que le habíamos comprado a Pepe ni tampoco de meter un paraguas, y es que las previsiones meteorológicas pronosticaban lluvia para el sábado y el lunes; de todas formas, me iba a llevar un paraguas igualmente, que Londres tiene fama de estar siempre nublado y nunca sabes cuándo te van a caer unas gotas. La maleta ya estaba bastante llena y apenas quedaba espacio para la mochila de mi cámara. Apretando un poco sí que cabía, pero costaba cerrar la maleta, así que finalmente decidí arriesgarme a llevarla al hombro con la esperanza de que en la puerta de embarque no me prohibiesen entrar con dos bultos. Para este viaje, querría haber estrenado el objetivo que me habían traído los Reyes Magos para mi cámara réflex, pero durante el viaje nos iba a llover, así que no quería ponerlo en peligro de estropearse a las primeras de cambio, que barato precisamente no es.
Total, que a las cuatro y media ya lo tenía todo prácticamente listo. Con tiempo de sobra por delante, hice un repaso general para cerciorarme de que no se me olvidaba nada por meter en la maleta. A continuación, me preparé el bocadillo de salchichón que me iba a llevar para cenar, puesto que a esa hora estaríamos en pleno vuelo y la única alternativa sería pedir la cena en el avión, cosa que descartaba totalmente. A pesar de que estaba seguro de que lo tenía todo controlado, tenía la sensación de que se me iba a olvidar algo, así que volví a mi cuarto para hacer un nuevo repaso que no deparó ninguna novedad. A las cinco y media, recibí un mensaje de Miguel en mi móvil actual para decirme que ya iba de vuelta a su casa tras salir del trabajo y que todavía le quedaban algunas cosillas por hacer, así pues quedaríamos quince minutos más tarde, a las seis y media en vez de a y cuarto. Inmediatamente, llamé a casa de Jose para comentarle que retrasábamos un poco la hora para que a Miguel le diese tiempo a terminar lo que le quedaba pendiente y, de paso, aproveché para recordarle que hiciera un buen repaso para que no se le olvidase nada. Seguidamente, me vestí, cogí mi cartera, mi móvil antiguo y un paquete de kleenex, además de guardar en mi chaquetón los billetes de ida y vuelta, la hoja con las rutas que había planeado para cada jornada y los sobres con las libras de Jose y Miguel, ya que fui yo el encargado de comprarlas a través de mi padre para que nos salieran algo más baratas.

18:05
Hora de partir. Me despedí de mi hermana y, tras coger la maleta y la mochila de la cámara, bajé con mis padres al garaje para dirigirnos hasta la esquina del Barclays de la Avenida de Andalucía, punto en el que había quedado con Jose y Miguel para recogerles y adonde llegué pasadas las seis y veinte. Miguel fue el primero en aparecer, justamente a y media, como me había comentado en el sms que envió una hora antes. En ese preciso instante, nos dimos cuenta de que había varios agentes de policía que se acercaban a la zona en la que nos encontrábamos, lo cual me llevó a pensar que nos iban a multar, puesto que el coche estaba parado en un sitio prohibido, pero al final resultó que la razón era que los semáforos no funcionaban. En vistas de que Jose no venía, le llamé al móvil para preguntarle cuánto le quedaba para llegar, y resulta que le traía su padre en coche, pero con las obras del metro estaban dando más vueltas de las esperadas, así que llegaría un pelín tarde; finalmente, lo hizo a las siete menos cuarto. Metimos su maleta en el maletero del coche de mi padre y nos encaminamos hacia el aeropuerto.
Al incorporarnos a la autovía, el atasco que había era monumental. Íbamos bien de tiempo, ya que nosotros no teníamos que facturar, pero la intranquilidad de ver hileras de coches parados me hacía pensar que llegaríamos tarde, y es que en estas situaciones reconozco que soy un poco pesimista; precisamente cuando estábamos a la espera de que el tráfico se reanudase, me llamó mi tía Inma para desearme un buen vuelo y que disfrutara del viaje. Por suerte, el atasco empezó a diluirse y, a los pocos minutos, ya estábamos en el aeropuerto. Acompañados por mis padres, accedimos a la terminal Pablo Ruiz Picasso, en uno de cuyos paneles de información vimos que nuestro vuelo no tenía asignada todavía puerta de embarque, como era de esperar, y que de momento saldría a su hora. Nos dirigimos al control de seguridad, ya en la terminal nueva del aeropuerto, la Terminal 3. ¡Vaya lujo! La terminal antigua y la nueva estaban contiguas, lo cual permitía compararlas y percibir la gran diferencia que existía entre ellas. Antes de ponernos en la cola, Jose y Miguel tuvieron que tomarse casi del tirón los zumos que se habían traído para la cena, ya que si no se los iban a retirar y no era plan de regalarlos. Cuando se lo bebieron, me despedí de mis padres y pasamos definitivamente al control, donde nos dieron a cada uno una bandeja para depositar la cartera, el móvil, el reloj, el cinturón y demás pertenencias. No tuvimos ningún problema a la hora de pasar por el arco de seguridad, excepto Miguel, al que le pitaba cada vez que lo cruzaba, por lo que le tuvieron que cachear, lógicamente sin ninguna consecuencia.
A continuación, entramos en la tienda del Duty Free de la zona comercial del aeropuerto para comprarle algo al casero de Pepe, Mark, que iba a dejar que uno de nosotros, concretamente yo, se alojase durante el viaje en su casa. La noche anterior, le pregunté a Pepe qué opciones se le ocurrían para el regalo, y me dijo que comprando ibéricos no nos íbamos a equivocar, así que nos fuimos directamente a dicha sección de la tienda. Teníamos mucho donde elegir (jamón, lomo, chorizo, salchichón, queso...) y a varios precios. Estuvimos unos diez o quince minutos deliberando sobre qué comprar: un paquete de jamón y una tripa de chorizo, sólo jamón, una tripa de salchichón y otra de chorizo, etc. Al final, nos decantamos por una oferta de 3x2 de bandejas de jamón ibérico que costaba unos 27 o 28 euros, creo recordar. Con el regalo de Mark ya solucionado, los siguientes minutos los dedicamos a pasear por las tiendas de la Terminal 3, como las de Adidas, una de relojes, la de National Geographic, etc. A las ocho menos diez, salió en los paneles de información la puerta de embarque de nuestro vuelo, que sería la C33, así que les dije a Jose y Miguel de ir ya a hacer cola para estar de los primeros y coger los asientos más espaciosos del avión, pero no les logré convencer y seguimos tonteando por las tiendas.
Por fin, diez o quince minutos más tarde, tras pasar por un control en el que nos teníamos que identificar con el DNI, accedimos a la zona de embarque; como era de esperar, la cola de nuestro vuelo ya era bastante larga. Aprovechamos que todavía quedaban unos minutos para ir al baño, que en el avión sería más rollo y puede que incluso hubiera que pagar, que Ryanair es impredecible en cosas como ésas. La cola fue avanzando poco a poco mientras yo estaba preocupado por si me iban a prohibir entrar con los dos bultos que llevaba, la maleta y la mochila de la cámara. Ya estábamos cerca de la puerta y vimos que uno de los pasajeros estaba un poco más apartado intentando guardar todo su equipaje en un solo bulto, lo cual hizo que empezase a temerme lo peor; por suerte, cuando me tocó a mí darle a la azafata el billete y el DNI, no me dijo nada, aunque sí me di cuenta de que me miró de una forma extraña, pero yo seguí caminando hacia el túnel de embarque para evitar que cambiase de opinión.

20:45
Entramos en el avión. Más de la mitad de los asientos ya estaban ocupados, y, como me imaginaba, varios de los asientos que están junto a las puertas de emergencia también lo estaban, por lo que los tres no nos podríamos sentar en esas plazas tan cómodas. Total, que seguimos andando hacia la cola del avión hasta que encontramos tres asientos juntos libres. Dejé mi maleta en el compartimento superior y me senté junto a la ventana. Bueno, más bien habría que decir que me encajoné, porque casi ni me podía mover: las rodillas me chocaban con el asiento de delante, y si las cruzaba lo hacía o con el lateral del avión o con Jose, que se puso a mi lado, mientras que Miguel estuvo junto al pasillo. De pensar que todavía me quedaban unas tres horas por delante...
La hora a la que estaba prevista que saliera el vuelo era a las 20:45, pero no fue hasta diez minutos más tarde cuando empezó a ponerse en movimiento. Mientras el avión se dirigía a la pista de despegue, las azafatas cumplieron con su rutina de explicar las medidas de seguridad en caso de emergencia, tanto en inglés como en castellano, aunque el idioma de Cervantes no se entendió tan bien como el de Shakespeare. A las nueve en punto de la noche, el avión dio el acelerón necesario para levantarse del asfalto y surcar el cielo de Málaga. Ya era noche cerrada, por lo que toda la ciudad y la bahía estaban totalmente iluminadas, distinguiéndose perfectamente la torre de la Catedral, la Alcazaba, Gibralfaro, el puerto, etc. Hubiera querido tomar alguna foto, pero entre que casi no me podía mover y encima tenía abrochado el cinturón de seguridad, no me pude agachar para coger la mochila y sacar la cámara, así que me quedé con las ganas.
Minutos después del despegue, se encendió la lucecita que avisaba de que ya nos podíamos desabrochar el cinturón y que el que quisiera podía utilizar dispositivos electrónicos. Las azafatas empezaron a desfilar ofreciendo en primer lugar la revista de la compañía aérea y luego la carta con las opciones que había para comer. Yo no pedí ni una cosa ni la otra, que bastante preocupación tenía ya con mover mínimamente las piernas cada dos por tres para que no se me durmieran. Jose y Miguel decidieron escuchar música y jugar a algunas de las aplicaciones de sus móviles para matar el tiempo, mientras que yo me dediqué a mirar por la ventana. Debido a la oscuridad de la noche, apenas se divisaba nada; de vez en cuando algún núcleo de población y, a veces, hasta parecía que se veía la costa levantina.
A las diez de la noche, me acordé de cambiar la hora de mi reloj para adaptarla a la inglesa, así que en un plis plas retrocedí en el tiempo sesenta minutos para volver a las nueve de la noche, o las 9:00 PM, como dicen los anglosajones. A continuación, le pedí a Miguel que sacase mi maleta para coger mi bocadillo, que ya tenía un poco de hambre y no quería esperar hasta llegar a Londres. Si ya estaba yo apretadito, imaginaos cómo lo estaba con la maleta encima, que casi ni la podía abrir debido a la poca distancia que hay entre cada fila de asientos; menos mal que dejé el bocata cerca de la abertura de la maleta para no tener que abrirla entera. Después, me tomé algunas chucherías, concretamente ladrillos azucarados, que había traído Jose para picotear los tres en el vuelo.
Sobre las nueve y veinte hora inglesa, Jose y Miguel se echaron una siesta, así que yo volví a mirar por la ventana para intentar identificar algo. Saqué la cámara para tomar algunas fotos, pero o salían muy oscuras o con el reflejo de la luz del interior del avión. Tras casi dos horas encajonado en el asiento, estaba ya cansado por no poder moverme, y encima ya empezaba a sudar del calor que tenía. ¡Qué ganas tenía de que terminase el vuelo!

22:00
Por el tiempo que llevábamos surcando el cielo, calculé que deberíamos estar ya sobrevolando París, pero no conseguía ver la capital francesa por ningún sitio. De hecho, hacía unos minutos que las nubes empezaron a ir cubriendo el paisaje hasta tal punto que llegó un momento que bajo el avión se desplegó una alfombra de nubes tan blanca y tupida que no se veía dónde terminaba. Nunca había presenciado algo así desde las alturas, y, si me permitís la exageración, hasta daba un poco de miedo. Obviamente, la ciudad de Londres no se podía ver, pero lo único que yo pensaba en ese momento era "Con lo nublado que está, a saber el diluvio que tiene que estar cayendo". Jose y Miguel se despertaron, y, al poco tiempo, el piloto anunció que en unos minutos tomaríamos tierra. Las azafatas aprovecharon los últimos momentos del vuelo para intentar vender boletos de 'rasca y gana', relojes, joyería e incluso paquetes de cigarrillos que no expulsan humo.
Tras el aviso de que nos debíamos abrochar el cinturón de seguridad, el avión comenzó a descender atravesando la densa capa nubosa que cubría el cielo británico; ya se distinguían las luces de las ciudades y las de los coches que circulaban por las carreteras. A lo lejos, se divisaba el aeropuerto de Stansted, donde finalmente aterrizamos a las diez y media, cinco minutos más tarde de lo previsto, aunque en realidad el vuelo había durado diez minutos menos porque salimos de Málaga con quince minutos de retraso. Cuando el avión de detuvo por completo, sonó por la megafonía la melodía de Ryanair en la que se escucha una trompeta, a lo que los pasajeros respondieron con un aplauso por un vuelo sin incidentes. ¡Por fin me pude levantar! Bueno, al principio no del todo porque no me podía poner totalmente de pie bajo el compartimento del equipaje, pero vaya alivio que sentí cuando ya estaba en el pasillo y pude estirar un poco las piernas. Me puse el chaquetón y, tras coger la maleta y la mochila de la cámara, bajamos del avión por la cola; hacía un poco de frío, aunque me esperaba algo más. Aprovechamos que todavía quedaban varios pasajeros por bajar para hacernos una foto con el avión. Primero se la hice yo a Jose y Miguel, pero, cuando Miguel nos la iba a hacer a mí y a Jose, se le acercó un responsable de la pista para decirle que estaba prohibido tomar fotos al avión desde allí.
En fin, que nos fuimos andando hasta la terminal del aeropuerto, el cual era más grande de lo que nos esperábamos; es más, yo diría que es incluso tan grande o más que el de Málaga, y eso que es uno de los aeropuertos secundarios de Londres; el interior era muy similar al de la Terminal 3 nueva de Málaga, muy moderno e iluminado. Nada más entrar en la terminal, tuvimos que hacer cola para pasar por el control de identificación, donde tuvimos que esperar casi diez minutos, por lo que con total seguridad nos íbamos a poder coger el autobús de las once para ir a Londres. Una vez superado el trámite burocrático de los ingleses, que más especiales y diferentes que ellos hay pocos en este mundo, fuimos en busca del stand de Terravision, el cual encontramos rápidamente. Como de los tres soy el que mejor se defiende en inglés, fui el primero que se acercó para comprar el billete de ida y vuelta del autobús que conecta el aeropuerto de Stansted con Victoria Station, que nos costó 14 libras a cada uno. La chica que nos atendió nos dio un tríptico con el horario de los autobuses y nos indicó que, para venir el martes al aeropuerto, tendríamos que coger el que sale a la una desde la estación Victoria. Jose y Miguel entraron en una tienda del aeropuerto para comprar una botella de agua. Sólo tenían billetes para pagar, así que en el cambio les dieron monedas de todo tipo, y nos sorprendió que cuanto menos valor tenía una moneda más grande era, o al menos casi todas; por ejemplo, la moneda de dos peniques tenía el doble de tamaño que una de veinte. Lo dicho, que los ingleses son más raros...
Ahora nos tocaba buscar la parada del autobús, que sabíamos que era la número 13. Salimos al exterior y veíamos que al fondo estaba la carretera y entre medias, en un nivel inferior, las paradas de los autobuses que llegan y salen del aeropuerto de Stansted, pero el problema era que no encontrábamos la manera de bajar. Entramos de nuevo en la terminal leyendo todas las indicaciones y, tras un par de minutos, hallamos un ascensor que nos permitía bajar al nivel inferior. En ese instante, me llamó Pepe al móvil para preguntarnos cuál era nuestra situación, a lo que le respondí que ya estábamos a punto de coger el autobús y que cuando lo hiciéramos ya le avisaría. No fue difícil encontrar la parada número 13, puesto que ya se había formado una cola junto a ella. Aproveché para llamar a mis padres y contarles que el vuelo había ido bien y que justo en ese momento acababa de llegar el autobús que nos llevaría a Londres. El chófer nos preguntó si íbamos a Liverpool Street o a Victoria Station para dejar nuestro equipaje en un lado u otro del maletero del autobús, al cual subimos seguidamente. La mayoría de los asientos estaban ocupados, así que tuvimos que sentarnos por separado, aunque nos pusimos lo más cerca posible. Aquí tampoco estaba cómodo porque no cabía debido a la estrechez entre las filas de asientos, por lo que me tuve que ladear y dejar las piernas colgando en el pasillo.

23:30
Cuando nos pusimos en marcha, le mandé un mensaje a Pepe para decirle que ya estábamos en carretera, pero que el autobús que habíamos cogido era el que pasaba primero por Liverpool Street, así que llegaría un poco más tarde a Victoria Station, donde nos tendría que recoger. En seguida me di cuenta de que circulábamos por la izquierda, y es que eso de ver cómo los coches avanzan en sentido contrario por tu derecha choca bastante. Consulté el tríptico que nos dieron en el stand de Terravision con los horas de salida y llegada del autobús, y miré que el nuestro tenía una duración prevista de 75 minutos, es decir, hasta las 0:45 de la madrugada, pero la cosa se complicó inesperadamente. Cuando ya eran las doce y cuarto, nos metimos en un atasco impresionante del que parecía imposible salir; por los edificios que había alrededor se deducía que nos encontrábamos en la periferia de Londres, la zona de los polígonos industriales diría yo. No entendía cuál era el motivo de que concretamente en esta parte de la ciudad hubiera tanto tráfico, no le encontraba sentido. Y las ganas que tenía de llegar ya para dormir iban en aumento...
El autobús hizo su primera parada en mitad de este caos automovilístico y no consiguió escapar de él hasta media hora más tarde, tiempo en el que apenas avanzaría un kilómetro. Poco a poco, nos fuimos adentrando en la ciudad. No había duda alguna: los típicos edificios ingleses de dos plantas, las numerosas casas de apuestas, los comercios asiáticos abiertos a esas horas de la noche... Unos minutos antes de la una, el autobús efectuó la parada correspondiente de Liverpool Street, donde el paisaje cambió completamente para convertirse en un bosque de rascacielos y edificios mucho más lujosos. En esta parada, se bajaron buena parte de los pasajeros, en concreto la chica con la que iba sentado, así que me apoyé en la ventana estirado sobre los dos asientos para estar más cómodo en lo que quedaba de trayecto, y así de paso podía ver mejor los sitios por los que íbamos pasando, como por ejemplo el 30 St Mary Axe, el famoso rascacielos londinense con forma de pepinillo.
El autobús llegó hasta una de las riberas del Támesis y comenzó a recorrerlo en paralelo, momento en el que noté que me vibraba el móvil. Era Pepe, que me llamaba extrañado por nuestra tardanza, a lo que le expliqué que habíamos estado un buen rato metidos en un atasco, pero que acabábamos de hacer la parada de Liverpool Street y que calculaba que nos encontrábamos cerca de St Paul's Cathedral. El Támesis se veía inmenso desde el autobús, con una anchura que no habría imaginado nunca, y, a lo lejos, ya se divisaba el London Eye iluminado de color azul. Cinco minutos después, pasamos a los pies del Big Ben y luego por Westminster Abbey para enlazar con Victoria Street. Al momento, dejamos a nuestra izquierda Westminster Cathedral y, por fin, llegamos a Victoria Station a la una y veinte de la madrugada, aunque el autobús se detendría finalmente en la parada de Bulleid Way tras bordear uno de los laterales de la estación.
En cuanto bajamos del autobús, nos topamos con Pepe, que llevaba allí un rato esperando. Cogimos nuestras maletas y salimos al exterior para tirar por St George's Dr y luego girar a la izquierda por Warwick Way, donde encontramos el Vegas Hotel, el lugar en el que se alojarían Jose y Miguel durante nuestra estancia en Londres, aunque más que un hotel era un hostal, como ya sabíamos. Pepe, que habla un inglés prácticamente perfecto, fue el que hizo de interlocutor entre Miguel, pues la reserva estaba a su nombre, y el dueño, un asiático (no sabemos si indio, bangladeshi...) cuyo inglés era difícil de entender, y es que encima hablaba bajito y casi sin abrir la boca. Tras resolver los trámites de cualquier alojamiento (llaves de la habitación, pago de la estancia, hora del desayuno...), le dijimos a Jose y Miguel que nos volveríamos a ver a las 9:30 en Westminster Cathedral, así que Pepe les indicó cómo llegar desde allí.
Tras dejar a Jose y Miguel en el hostal, Pepe y yo nos fuimos andando hasta su casa; en unos quince minutos, llegamos a la esquina de Great Peter Street con Horseferry Road. La idea que tenía de cómo sería el piso en el que estaba viviendo Pepe se desvaneció en dos momentos. El primero, cuando comprobé que no era un edificio de varias plantas, sino varios que formaban un complejo rectangular y a cuyo interior se accedía por una verja metálica. El segundo y más chocante fue cuando entré en el piso. Para empezar, era un bajo, pero lo que más me llamó la atención fue que era enano, muchísimo más pequeño de lo que creía. Las habitaciones de Mark y de Pepe, la cocina, el cuarto de baño y la entrada que hacía al mismo tiempo de pasillo para acceder a cada habitación. La de Pepe era algo pequeña, pero bien aprovechada: una cama de matrimonio, una mesita de noche, un escritorio y un armario.
Abrí la maleta para sacar el pijama y las babuchas, y aproveché también el momento para darle a Pepe el regalo que le habíamos comprado: 'La hora de los sensatos' y 'La crisis Ninja y otros misterios de la economía actual', dos libros de Leopoldo Abadía. Sabía que no me equivocaría con la elección porque en su blog habló de él bastante bien, y además es un tema que le va como anillo al dedo. Se alegró bastante, puesto que no se lo esperaba, pero me pidió que me lo llevase de vuelta a Málaga porque cuando él volviera no iba a tener mucho espacio en su equipaje. No alargamos mucho más la situación, que ya eran casi las dos y media de la noche y nos tendríamos que levantar en pocas horas para desayunar y llegar puntuales a Westminster Cathedral, donde nos reuniríamos con Jose y Miguel. Tras activar las alarmas de nuestros móviles para que nos despertasen a las ocho y media de la mañana, nos metimos en la cama a dormir.

sábado, 4 de junio de 2011

Series numéricas (X)

Por fin, un nuevo acertijo se asoma en este blog para haceros pensar y que la cabeza os duela durante unos minutos. Esta vez, os propongo un clásico de esta sección: una serie numérica. Me ha costado bastante buscar una que tenga un nivel de dificultad considerable para que no logréis resolverla a las primeras de cambio, o al menos eso es lo que creo que va a pasar con ésta. Antes de nada, os recuerdo la única norma de los acertijos que propongo, que no es otra que está totalmente prohibido buscar la solución de la serie numérica en Internet, al igual que consultar algún libro o cualquier otra fuente; como es obvio, yo no puedo controlaros, pero confiaré en vuestra buena fe y que respetéis el fair-play que debe abanderar toda competición, aunque sea una de tan poca importancia como ésta.
La serie numérica que tenéis que resolver es la siguiente:
0 1 1 2 1 2 2 3 1 2 2 3 2 3 3 4 ...
La solución debe estar compuesta por al menos los tres siguientes elementos de la serie y también por la explicación de dicha serie numérica. Como os he comentado antes, creo que es un poco difícil, así que es muy probable que en unos días os dé alguna pista para ayudaros, siempre y cuando haya habido algún intento por vuestra parte. En cualquier caso, el plazo para responder expira el próximo jueves a las 23:59h.
¡Mucha suerte a todos!

jueves, 2 de junio de 2011

Segundo tercer puesto en el O'Donnell's

El pasado martes por la noche conseguí un nuevo tercer puesto en el Trivial del pub irlandés O'Donnell's acompañado de mi amigo y tocayo Rafa y por un amigo de éste, Jaime.
El bloque de deportes fue muy facilito, como de costumbre, puesto que no dudamos ni un segundo a la hora de rellenar las correspondientes respuestas; en realidad, en una de ellas sí tuvimos alguna duda, pero yo estaba casi seguro de que la opción que rondaba por mi cabeza era la buena, como así fue finalmente. A continuación, llegó el bloque de las imágenes, que no se nos dio demasiado mal. Tres de ellas las supimos casi al instante, pero las otras dos presentaban ciertas dificultades. A mi tocayo Rafa se le encendió la bombilla con una de ellas, sin embargo, la otra, por más que lo intentábamos, no la conseguíamos adivinar.
El bloque de cine era el que más temíamos por ser el que más dificultad nos suele deparar, y el martes pasado no fue menos, aunque al final no salió tan mal la cosa. La primera de ellas me la saqué de la manga casi literalmente y la acabamos acertando, al igual que las dos últimas, pero en la segunda y la tercera no tuvimos nada que hacer. El bloque de música, al igual que en anteriores partidas, consistió en adivinar la serie a la que pertenecían las cabeceras que sonaron en el pub. A excepción de la primera, que nos costó varios intentos hasta que Carlos nos dijo que la que pusimos estaba bien, las demás las acertamos casi sin pensarlas.
El último bloque, el de preguntas generales, fue algo más complicado que de costumbre, pero entre los tres conseguimos responderlas todas correctamente, menos la primera que finalmente fallamos. Carlos se pasó por las mesas para recoger las hojas de respuestas y, a los pocos minutos, regresó para entregarlas corregidas. Nosotros conseguimos 26 puntos, lo cual parecía más que suficiente para acabar bien alto en el podio. Carlos, tras decir las respuestas de las treinta preguntas que se habían hecho a lo largo de la partida, dio a conocer el podio: "En tercera posición, con 26 puntos, el grupo 'La tía que me está tirando los trastos'. En segundo lugar, con 27 puntos, un aplauso para... Y ganadores de esta noche, con 28 puntos, un fuerte aplauso para...". ¡Tercer puesto! Con la puntuación que habíamos obtenido, esperábamos algo más, pero el pasado martes hubo muchos grupos participando, por lo que el podio estuvo más reñido que nunca.
Como siempre, os dejo algunas de las preguntas que se formularon el pasado martes:
  • ¿Con qué escudería debutó Fernando Alonso en la Fórmula 1?
  • ¿En qué Juegos Olímpicos consiguió su primera medalla de plata la selección española de baloncesto?
  • ¿Qué actor protagonizó junto con Brad Pitt 'El club de la lucha'?
  • ¿Cómo se llama la actriz que daba vida a Trinity?
  • ¿De qué raza de perro es Snoopy?
  • ¿Qué personaje de la Segunda Guerra Mundial era conocido con el apodo de 'Zorro del Desierto'?
  • ¿Cuál es la capital de Nicaragua?
  • ¿Cuál es la profesión de Frank Gehry?
  • ¿Quién asesinó supuestamente a Kennedy?
  • ¿Qué melodía fue la que escogió Homer Simpson para el claxon del coche que diseñó para su hermano?
  • Entre las imágenes, pusieron las de Mao Tse-Tung, la serie 'Arrayán', Glenn Close, etc.
  • En la música, pusieron las series 'Los hombres de Harrelson', 'Aída', 'El Equipo A', etc.