jueves, 14 de febrero de 2019

Viaje a España 2017: día 4

Martes, 8 de agosto de 2017

8:00
Nos pusimos en pie bien temprano porque íbamos a pasar casi toda la mañana en la carretera para ir a Santander. Tras ducharnos y asearnos, bajamos a la calle para desayunar en la churrería que vimos la mañana anterior en una de las esquinas de los Jardinillos de la Estación; en concreto, nos pedimos una docena de churros y dos chocolates calientes de la casa Valor, y nos los tomamos allí mismo de pie en el mostrador charlando con el churrero aprovechando que no tenía clientes, aunque conforme pasaron los minutos fueron llegando algunos. En total, el desayuno nos salió por 5 €, muy bien de precio y bastante bueno. Repetiré desayuno en esta churrería si vuelvo a Palencia en el futuro.
Volvimos al hotel para recoger las maletas y devolver las llaves de la habitación a la recepcionista, para a continuación ir hasta el coche y ponernos en carretera. Salimos a las 9:50 con destino a Santander, para lo cual cogimos por la A-67, aunque al poco de dejar la capital palentina paramos en Frómista, un pequeño pueblo situado a unos 30 kilómetros de Palencia que Julio y Pilar nos recomendaron visitar porque en él se encuentra uno de los templos románicos más importantes de Europa, la iglesia de San Martín de Tours. No nos costó mucho localizarla, ya que se halla nada más acceder al pueblo, así que aparcamos por allí cerca para visitarla.
Tras hacer unas fotos del exterior, del que cabría destacar las dos torres cilíndricas de su fachada principal y los canecillos de diversos motivos (vegetales, animales, humanas...) que decoran los aleros de los tejados, entramos en el templo (mi madre gratis por ser desempleada, y yo, 1'5 €). El interior está compuesto por una nave central y dos laterales, las tres con bóveda de cañón, y con paredes desnudas y algunas ventanas que aportan luminosidad al conjunto. Sí que son llamativos los capiteles que rematan las columnas, con temáticas similares a las de los canecillos, y el ábside central, que cuenta con las tres principales y casi únicas esculturas del templo: un San Martín del siglo XIV, un Cristo crucificado del siglo XIII y un Santiago del siglo XVI.
De nuevo en el coche, nos pusimos definitivamente rumbo a Santander. Transitamos por las llanuras castellanoleonesas durante casi una hora, pero fue adentrarnos en Cantabria y cambiar radicalmente el paisaje a otro totalmente verde y frondoso. También lo hizo el tiempo, pues pasamos de un cielo soleado a otro que poco a poco se fue nublando, tanto que cuando llegamos a la capital cántabra, a eso de la una menos cuarto, ya estaba chispeando, y esa llovizna se fue haciendo cada vez más fuerte conforme estábamos buscando aparcamiento hasta convertirse en un auténtico diluvio. Al final, a la una y cuarto decidimos meter el coche en el parking situado bajo el Mercado de la Esperanza, ya que no encontrábamos sitio por ninguna parte y además estábamos metidos en un buen atasco del que no sabíamos cómo salir.
Casualmente, nada más salir a la calle dejó de llover, pues apenas caía un tímido chispeo. En primer lugar, visitamos el Mercado de la Esperanza, que cuenta con dos plantas: la baja, con puestos de pescado y marisco; y la alta, para carne, frutas y verduras. Al salir, nos acercamos a la iglesia de San Francisco de Asís, pero estaba cerrada, por lo que continuamos nuestro camino hacia la Biblioteca de Menéndez Pelayo y el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Santander y Cantabria, dos edificios que forman un conjunto muy vistoso con pináculos y escalinatas, dos de las cuales rodean la estatua del célebre escritor español.
Deshicimos nuestros pasos para ir ahora en busca del Ayuntamiento, muy elegante y en la línea arquitectónica de los edificios que habíamos visto por ahora. Unos metros más adelante, al tirar por la peatonal calle Juan de Herrera, nos encontramos con la iglesia de la Anunciación, cuya fachada recuerda a la del Gesù de Roma, pero nos quedamos con ganas de verla por dentro porque, al igual que la que vimos junto al mercado, tampoco estaba abierta. Así pues, seguimos con nuestro paseo por la ciudad bajando hasta la plaza de la Asunción, situada a los pies de la Catedral, la cual visitaríamos por la tarde, puesto que hasta las 16:00 no volvía a abrir, y además ya teníamos hambre.

14:10
Teníamos varias opciones para almorzar anotadas en mi lista de recomendaciones, y entre ellas estaba una taberna situada muy cerca de donde nos encontrábamos, La Gloria de Carriedo, y allí fuimos; a pesar de que todavía era relativamente temprano, ya estaba bastante concurrido, pero con suerte pillamos una pequeña mesa junto a la barra. Nos pedimos una ración de patatas a las tres salsas, una de rabas de calamar y otra de croquetas de jamón y bacalao, mientras que para beber mi madre se tomó una Coca-Cola Zero, y yo, un botellín de agua. Todo estaba muy rico, y además con un servicio bastante ágil a la hora de servir los platos. En total nos salió por 21'95 €, así que, al igual que la churrería de Palencia de esa misma mañana, otro sitio a tener en cuenta en futuros regresos a Santander.
Reanudamos nuestro paseo por la ciudad en los cercanos Jardines de Pereda, un parque situado a orillas de la extensa bahía de Santander cuyas zonas verdes están salpicadas de numerosas esculturas, entre ellas la del monumento a José María de Pereda, aunque lo que más llama la atención por su impacto visual es el modernista Centro Botín. También nos topamos con el tiovivo y el templete de los jardines, enfrente de los cuales se erige el edificio del Banco de Santander, el cual estaba fotografiando cuando, de golpe y porrazo, empezó a diluviar de forma racheada, lo que nos obligó a cobijarnos en una marquesina de autobuses, pero, teniendo en cuenta que estaba prácticamente lleno y que nos estábamos mojando a pesar de haber abierto ya el paraguas, nos vimos obligados a cruzar a la acera de enfrente para refugiarnos bajo el enorme arco del edificio Banco de Santander.
Pasaron unos quince minutos de intensa lluvia y, de repente, el cielo abrió y salió el sol. El día cambió por completo, pero más tardarían en secarse mis bermudas y mis zapatos, que estaban chorreando. Me quedaban por ver algunas cosas de los Jardines y del Paseo de Pereda, así que crucé de nuevo, no así mi madre, que prefirió no arriesgar y se quedó allí esperándome por si las moscas; en concreto, me acerqué a ver la elegante Fuente de Concha Espina, la Grúa de Piedra y el Palacete del Embarcadero. Nos reunimos de nuevo a pocos metros de la plaza de Pombo para volver al centro de la ciudad, pasando de camino por la plaza Porticada, llamada así por los soportales de los edificios que la rodean, aunque su verdadero nombre es el de plaza de Pedro Velarde, héroe cántabro de la Guerra de Independencia cuya estatua se encuentra en un pedestal a la entrada de la misma.
Eran las cuatro de la tarde cuando ya estábamos de vuelta en la plaza de la Asunción, donde nos sentamos para descansar unos minutos, precisamente junto al reloj que marcaba la cuenta atrás de los días que faltaban para que terminase el Año Jubilar Lebaniego 2017, el motivo central de nuestro viaje. Tras hacer algunas fotos a la estatua de la Asunción de la Virgen y a los exteriores de la Catedral de la Asunción de Nuestra Señora, subimos la escalinata de la plaza para unirnos a la cola que ya se había formado. No fue hasta las cuatro y media cuando pudimos acceder (1 € la entrada de cada uno), en concreto al claustro, de estilo gótico, como el de todo el conjunto.
Ya en el interior del templo propiamente dicho, advertí rápidamente que su tamaño es bastante más pequeño que el de otras catedrales que había visitado hasta entonces; aun así, desprendía esa belleza y elegancia que tanto me gusta del gótico, ahora bien, más simple que el que todos tenemos en mente. No hay mucho que se pueda destacar de la catedral, si acaso el interior del cimborrio, de planta octogonal y con cúpula estrellada, aunque su construcción forma parte de la ampliación a la que fue sometida la catedral el siglo pasado; por su parte, de las capillas que conforman las naves laterales, quizás la más llamativa de todas sea la que contiene el sepulcro de Menéndez Pelayo. Apenas diez minutos después ya estábamos de nuevo en el claustro, el cual rodeamos por completo para contemplar los restos allí expuestos.
La visita no terminó aquí, pues, al salir del claustro, bajamos a la iglesia del Santísimo Cristo, que se corresponde con la parte inferior de la catedral, ya que resulta que la de Santander está formada por dos iglesias superpuestas, y todavía nos quedaba ésta por ver, a mi parecer la mejor de las dos. Más oscura y de techos más bajos que parte superior, se asemeja a una cripta, de hecho también se le conoce así, y en ella se conservan los restos de San Emeterio y San Celedonio, patronos de la ciudad. De su interior también cabe destacar una Piedad esculpida en piedra, el Cristo crucificado que preside el altar y los restos de las antiguas termas romanas que se pueden ver en una de las naves laterales a través de un suelo de cristal.
Ahora sí, terminamos con la visita de la catedral, poco más de media hora desde que entramos, tras lo cual volvimos a sentarnos un momento en la plaza de la Asunción para planificar el resto de la tarde. Tocaba ir a la península de la Magdalena, por lo que, tras consultar en Google Maps la ruta por la que debía tirar para no perderme, fuimos hasta el parking para, previo pago de 6'60 €, coger el coche y emprender dicho camino, que realmente no tenía pérdida, ya que una vez que llegué al Ayuntamiento no tuve más que seguir por las avenidas que bordean la costa. Pasamos por los Jardines de Pereda y el Puerto deportivo, y luego por delante de una larga hilera de casas y mansiones que no parecían precisamente asequibles de precio.

17:45
Tuvimos mucha suerte en lo que a aparcar se refiere, puesto que, justo cuando íbamos a dar la vuelta para buscar sitio en una zona más alejada, encontramos uno a muy pocos metros de la entrada del Real Sitio de la Magdalena. Nada más entrar ya me quedé impresionado con lo que tenía delante, pero, conforme fui adentrándome en este gran parque, me fue gustando cada vez más, y eso que estábamos un tanto temerosos de que en cualquier momento se pusiese a llover de nuevo, cosa que afortunadamente no ocurrió. Siguiendo el camino trazado en esta pequeña península, pasamos en primer lugar por delante del Monumento en Memoria de las Víctimas del Terrorismo, y, unos metros después, por el que está dedicado a Félix Rodríguez de la Fuente, mientras que a nuestra derecha dejamos un parque infantil abarrotado de niños y padres aprovechando la ausencia de lluvia.
Luego, bordeamos las antiguas caballerizas reales, actualmente usadas como residencia de estudiantes de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP), y situadas frente a las playas de la Magdalena y de los Bikinis, así como de las pequeñas islas de la Torre y de la Horadada; por cierto, que me acerqué un momento a la playa para tocar la arena, muchísimo mejor que la de Málaga. Continuamos por el sendero, cada vez un poco más empinado, al tiempo que sobre cuyos frondosos árboles se iba asomando el Palacio de la Magdalena. El que se asomó fui yo a los acantilados con los que nos topamos a continuación, frente por frente de la isla de Mouro y su faro, un paisaje al que no me pude resistir hacer varias fotos dignas de un postal.
Por fin llegamos al Palacio de la Magdalena, actual sede de los cursos de verano de la UIMP, aunque se construyó hace un siglo como regalo para el rey Alfonso XIII, que lo utilizó como palacio de veraneo. Majestuoso y de inconfundible arquitectura de influencia inglesa, del edificio llaman poderosamente la atención varios elementos, sobre todo las cubiertas de pizarra y de forma triangular, así como el torreón octogonal que sobresale del mismo. Tras hacernos unas cuantas fotos, retomamos el camino, aunque en ese momento nos dimos cuenta de que mi paraguas había desaparecido; inicialmente lo dimos por perdido, pero me dio por volver a los acantilados en los que estuvimos antes y resulta que mi madre se lo había dejado en el banco en el que me esperó sentada mientras yo hacía fotos.
Bajamos ahora hasta el Muelle de las Carabelas, en el que se exponen la balsa y las carabelas que el explorador local Vital Alsar usó en distintas expediciones marítimas, para luego continuar por el Parque Marino y el Minizoo, los cuales cuentan con varios recintos acuáticos en los que pingüinos, leones marinos y focas hacían las delicias de los más jóvenes del lugar, y los no tan jóvenes. Con esto acabó nuestra visita al Real Sitio de la Magdalena, sin duda lo mejor de Santander, por lo que seguidamente volvimos al coche para dirigirnos al barrio del Sardinero, que era ya lo único que nos quedaba por ver.
Aparcamos a mediación de la Segunda Playa del Sardinero, ya prácticamente despoblada de bañistas, puesto que estaba nublado y hacía un poco de fresco. La fuimos recorriendo por el paseo marítimo hasta toparnos con los Jardines de Piquío, un pequeño parque que se eleva entre la Primera y la Segunda Playa del Sardinero y desde cuyos miradores se tiene una vista espectacular tanto de ambas playas como de la península de la Magdalena. Más adelante, llegamos a la plaza de Italia, presidida por dos imponentes y elegantes construcciones, el Gran Casino Sardinero y el Gran Hotel Sardinero, ambas con fachadas blancas e impolutas.
Mi madre aprovechó para tomarse un helado justo allí enfrente, tras lo cual dimos media vuelta por el paseo marítimo para coger de nuevo el coche y poner rumbo a Torrelavega, para lo cual pasamos por delante de los Campos de Sport del Sardinero (el estadio del Racing de Santander) y el Palacio de Deportes antes de incorporarnos a la autovía. A las ocho y media de la tarde llegamos al hotel Marqués de Santillana, donde nos alojaríamos dos noches por 132 €, desayuno incluido. Nos asignaron la habitación 206, en la cual descansamos un rato, en mi caso viendo la final de la Supercopa de Europa que enfrentaba al Real Madrid y al Manchester United, antes de salir a cenar.
Cuando terminó la primera parte del partido, bajamos a la calle a tantear la zona y buscar un sitio para cenar. Callejeamos por los alrededores de la plaza de José María González Trevilla y por la de Baldomero Iglesias, especialmente esta última, donde se concentran varios bares y restaurantes, aunque casi todos estaban escasos de público. Entramos en uno de ellos, e incluso tomamos asiento, pero, entre que pasaban los minutos sin que ningún camarero viniese a tomarnos nota y que a mi madre no le convencía mucho la carta, nos fuimos de allí para finalmente ir al 100 Montaditos situado junto al Ayuntamiento y pedirnos una Coca-Cola Zero y tres montaditos para cada uno por 10'70 € en total.
Casualmente, en la televisión de esta cervecería estaban retransmitiendo la Supercopa de Europa, y coincidió que el partido estaba a punto de acabar; con un poco de sufrimiento, el Real Madrid terminó proclamándose campeón tras imponerse por 2-1 al equipo inglés. Ya cenados y habiéndose celebrado ya la entrega del trofeo, volvimos al hotel a descansar definitivamente después de un largo día de viaje por carretera y de patearnos Santander con la lluvia acechando y haciendo acto de presencia de manera puntual. A las doce de la madrugada ya estábamos acostados y con la alarma del móvil activa para que nos despertase a las siete y media, que el plan del día siguiente era visitar Santillana del Mar, Comillas y San Vicente de la Barquera, además de Torrelavega.

martes, 5 de febrero de 2019

No es mío, pero es interesante (CXXII)

Aquí llega una nueva entrega de 'No es mío, pero es interesante', una sección en la que os recomiendo las entradas de otros blogs y webs que más me han interesado en las últimas semanas. Como de costumbre, hay blogs que han conseguido colar más de un post, como son los casos de Microsiervos y Ya está el listo que todo lo sabe, con ocho y dos aportaciones respectivamente. Lo que tampoco cambia es la variedad de contenidos: matemáticas, ciencia, astronomía, curiosidades, vídeos, etc.
Echémosle un vistazo a las recomendaciones de esta entrega:
¿Os han gustado las recomendaciones de esta entrega? Espero que sí y que me lo hagáis saber a través de un comentario ;)

sábado, 26 de enero de 2019

El hombre anumérico

Aprovechando las vacaciones de Navidad, me he animado a leer el libro 'El hombre anumérico', del divulgador matemático estadounidense John Allen Paulos.
A través de este ensayo, el autor manifiesta su preocupación por la ignorancia que gran parte de la sociedad profesa hacia las matemáticas, que él llama anumerismo, sobre todo en situaciones de la vida cotidiana en las que se aplican conceptos de probabilidad, estadística, combinatoria, porcentajes o fracciones que deberían resultar básicos para el común de los mortales. Al mismo tiempo, critica por qué está mal visto que una persona sea analfabeta, es decir, que no sepa leer ni escribir, y sin embargo se acepte como normal que no sepa manejarse con los números, al tiempo que enfatiza que muchas personas se fíen más de las pseudociencias, la astrología y los adivinos que de los hechos matemáticos y científicos. De esta forma, a lo largo de cinco capítulos y numerosos ejemplos, John Allen Paulos nos muestra cómo este desconocimiento provoca que haya gente que piense que aplicarle a un producto un descuento del 10 % y otro del 20 % es lo mismo que rebajarlo un 30 %; que afirme que si hay un 50 % de probabilidad de que llueva el sábado y otro 50 % de que llueva el domingo, entonces seguro que lloverá durante el fin de semana; o que no sepa interpretar la gran diferencia de magnitud que existe entre un millón y un billón.
Este libro está considerado como uno de los clásicos e imprescindibles de la divulgación matemática, y a pesar de ello he tardado más de la cuenta en hacerme con él y, por consiguiente, en leerlo. Escrito hace ya 30 años, la crítica que hace el autor sigue estando vigente, puesto que la sociedad sigue pecando de ser anumérica, mientras que los sistemas educativos que tanto pone en duda en las poco más de doscientas páginas del libro tampoco favorecen que ese analfabetismo matemático mengüe. Muchas de las situaciones a las que recurre para ilustrar esta problemática están íntimamente relacionadas con el concepto de probabilidad, precisamente la parte del currículo de Matemáticas que menos se trabaja en los colegios e institutos, y quizás ésta sea la causa (o parte) por la cual somos tan ignorantes, fáciles de engañar y manipular, e incapaces de comprender todo aquello que ocurre a nuestro alrededor y que está afectado por conceptos matemáticos casi siempre elementales. La principal pega que le pongo al libro es que, aunque apenas recurre a definiciones o fórmulas matemáticas que ahuyentarían a más de uno, abusa en exceso de los ejemplos, pues no exagero si afirmo que ofrece casi un centenar; en mi opinión, hubiese sido más eficiente plantear algunos menos para profundizar algo más en ellos, y evitar los más complejos, en los que para mi gusto divaga demasiado. Ahora bien, y siguiendo con los ejemplos desde un punto de vista positivo, me ha encantado la manera en la que el autor, a veces con una pizca de humor, plantea varios conceptos o problemas, entre ellos el método de pescar-repescar, la paradoja de San Petersburgo, el dilema del bien común e individual, la falacia del jugador, el timo del asesor de bolsa o cuán difícil nos resulta imaginarnos números tremendamente grandes o pequeños. En resumen, un libro de lectura obligada para cualquiera que se jacte de ser un apasionado de las matemáticas, y también para todos aquellos que sean anuméricos, que por desgracia son demasiados.

Nota: este post forma parte del Carnaval de Matemáticas, que en esta octagésima edición, también denominada 9.4 Regla y compás, está organizado por Miguel Ángel Morales Medina a través de su blog Gaussianos.

domingo, 13 de enero de 2019

El 6 de enero sigue siendo mágico

Una noche al año, la magia invade todas las casas en forma de regalos. Melchor, Gaspar y Baltasar ya han cumplido con su cometido, y es que, aunque solamente tienen que trabajar el 6 de enero, tiene muchísimo mérito que consigan dejar tantos regalos en tan poco tiempo para que hoy todos nos levantemos con una sonrisa, especialmente los niños, que han esperado con ilusión y nervios que llegase este momento.
Los Reyes Magos no se han olvidado de pasar por mi casa, pues se deduce que me he portado más o menos bien, y éstos son los regalos que me han traído:
  • 'Deja en paz al diablo', de John Verdon.
  • 'El misterioso caso de Styles', de Agatha Christie.
  • 'Inferno', de Dan Brown.
  • 'Inteligencia matemática', de Eduardo Sáenz de Cabezón.
  • Dos cinturones.
  • Dinero.
Yo no tengo motivos para quejarme, y espero que en vuestro caso haya ocurrido lo mismo. ¿Qué regalos os han dejado los Reyes Magos junto a vuestros zapatos? ¿Papá Noel también se pasó por vuestras casas? ¿Alguno se ha portado mal y se ha tenido que conformar con un poco de carbón? Contádmelo todo en un comentario ;)

Nota: perdonad que no haya publicado esta entrada el 6 de enero, como corresponde y siempre hago, pero es que los Reyes Magos me han dado algunos regalos con unos días de retraso.

lunes, 7 de enero de 2019

No es mío, pero es interesante (CXXI)

Primera entrega del año de 'No es mío, pero es interesante', una sección en la que os recomiendo las entradas de otros blogs y webs que más me han interesado en las últimas semanas. Como siempre, hay blogs que consiguen colar más de una aportación, y en este caso han sido Microsiervos y Fogonazos con catorce y cinco posts, respectivamente. Tampoco cambia la gran variedad de contenidos que hay: matemáticas, ciencia, astronomía, vídeos, curiosidades, etc.
Echémosle un vistazo a las recomendaciones de esta entrega:
¿Os han gustado las recomendaciones de esta entrega? Espero que sí y que me lo hagáis saber a través de un comentario ;)

martes, 1 de enero de 2019

Los posts más leídos de 'El mundo de Rafalillo' en 2018

Como cada año, la primera entrada del blog la dedico a repasar lo que nos ha deparado el blog en los últimos doce meses en lo que respecta a los posts más leídos, visitados o que más me ha gustado escribir. Comenzaremos con los ocho posts que han recibido comentarios a lo largo del 2018 (siempre pongo los diez que más comentarios han tenido, pero no he llegado a ese guarismo):
  1. Resumen de la Edición 9.1 del Carnaval de Matemáticas: 13 comentarios.
  2. Carnaval de Matemáticas 9.1 del 21 al 28 de mayo: 13 comentarios.
  3. No es mío, pero es interesante (CIX): 7 comentarios.
  4. XXXIV Olimpiada Matemática Thales: 4 comentarios.
  5. Once años... y los que quedan: 2 comentarios.
  6. No es mío, pero es interesante (CXIV): 2 comentarios.
  7. Histórica Procesión Magna de la Victoria: 2 comentarios.
  8. Melchor, Gaspar y Baltasar lo han vuelto a hacer: 2 comentarios.
Seguimos con el segundo criterio que considero en este repaso anual, que es el del número de visitas recibidas. Ésta es la lista de las diez entradas más visitadas en 2018:
  1. ¿Qué diferencia existe entre un equinoccio y un solsticio?: 2.856 visitas.
  2. Un escape room en la clase de Matemáticas: 797 visitas.
  3. ¿Por qué las tarjetas de crédito tienen esa forma?: 692 visitas.
  4. ¿Por qué el vidrio es transparente?: 436 visitas.
  5. ¿Qué puedes comprar con 500 €?: 270 visitas.
  6. ¿Números cerca del infinito?: 225 visitas.
  7. ¿Cuál es el mejor número?: 202 visitas.
  8. Literatura matemática: 182 visitas.
  9. El dolar tetraédrico: 171 visitas.
  10. ¿Qué harías si fueras invisible?: 159 visitas.
Seguidamente, mostramos los diez posts con mejor promedio de tiempo de visita en el año que acaba de terminar:
  1. Bohemian Rhapsody: 16 minutos y 2 segundos.
  2. Salve, Soledad de Mena Coronada: 14 minutos y 53 segundos.
  3. Las dichosas matemáticas bilingües: 14 minutos y 46 segundos.
  4. Con la miel en los labios... hasta el año que viene: 14 minutos y 21 segundos.
  5. Viaje a Francia: día 5: 13 minutos y 48 segundos.
  6. La fortaleza digital: 13 minutos y 42 segundos.
  7. Viaje a Francia: día 3: 13 minutos y 8 segundos.
  8. Centenario pollinico: 12 minutos y 18 segundos.
  9. Viaje a Escocia: día 5: 12 minutos y 4 segundos.
  10. ¿Somos muchos o somos pocos?: 11 minutos y 46 segundos.
Por último, os detallo las diez entradas publicadas en 2018 que más me ha gustado escribir. Al igual que en los últimos años, no tengo mucho donde elegir, puesto que solamente he publicado 41 posts, y muchos de ellos son de la sección 'No es mío, pero es interesante', así que no me he tenido que comer mucho el coco para hacer esta selección:
  1. Melchor, Gaspar y Baltasar lo han vuelto a hacer: cada año es igual, pero cada año es diferente. Como de costumbre, los libros fueron los regalos que más me ilusión me hicieron, cuatro esta vez.
  2. XXXIV Olimpiada Matemática Thales: por cuarta vez, asistí como profesor de Matemáticas de 2º ESO para acompañar a mis alumnos, en este caso del IES Jarifa. Por cierto, que una de las alumnas ganó el premio Paco Anillo por resolver uno de los problemas de la forma más original.
  3. Completa, pero con inclemencias meteorológicas: de nuevo tuvimos una Semana Santa en la que todas las cofradías pudieron salir a la calle, aunque la lluvia estuvo a punto de fastidiar parte del Domingo de Ramos.
  4. Carnaval de Matemáticas 9.1 del 21 al 28 de mayo: por tercera vez fui el encargado de organizar una nueva edición del Carnaval de Matemáticas, y dentro de poco seré de nuevo el anfitrión.
  5. Un escape room en la clase de Matemáticas: en esta entrada expliqué paso a paso cómo apliqué este juego tan de moda en una de mis clases, la que sin duda ha sido hasta ahora la mejor que he dado, y días más tarde hice otros dos en sendas clases.
  6. Histórica Procesión Magna de la Victoria: últimamente está habiendo demasiadas procesiones extraordinarias en Málaga, pero la que tuvo lugar el pasado mes de mayo con todas las imágenes marianas de Málaga coronadas canónicamente sin duda alguna pasará a la historia.
  7. Viaje a España 2017: día 1: aunque con bastante retraso, con este post comencé el relato del viaje que hice con mi madre por diversas provincias españolas (Segovia, Palencia, Cantabria, Burgos y Toledo) en el verano de 2017.
  8. La gran novela de las matemáticas: el mejor de los cinco libros que leí en verano; de hecho, parte de lo que aprendí de esta lectura lo he utilizado en mis clases y con buenos resultados.
  9. Once años... y los que quedan: este blog cumplió 11 años el pasado mes de octubre. No pasa por un buen momento, pero aquí sigue y aquí sigo.
  10. Bohemian Rhapsody: Queen fue una de las mejores bandas de rock de la historia, y por nada del mundo me podía perder esta película en la que destaca la espectacular actuación de Rami Malek en el papel del gran Freddie Mercury.
Esto es todo lo que ha deparado el año 2018 en 'El mundo de Rafalillo'. Ahora es vuestro momento para opinar acerca de cuáles han sido las mejores entradas del blog durante el 2018.
¡Feliz año 2019!

domingo, 23 de diciembre de 2018

Viaje a España 2017: día 3

Lunes, 7 de agosto de 2017

8:30
Nos levantamos temprano para aprovechar bien la mañana antes de quedar con Julio y Pilar al mediodía. Una vez duchados, al no tener incluido el desayuno en el alojamiento del hotel, salimos a la calle Mayor Principal para desayunar en Granier, justo al lado del Colegio de Villandrando. Mi madre se pidió un café con un par de napolitanas de diferentes sabores, mientras que yo me pedí una de chocolate y un vaso de leche del tiempo con Cola Cao; en total, 4'45 €. Ya con el estómago lleno, comenzamos la ruta matutina con los Jardinillos de la Estación, un frondoso parque que recibe este nombre por estar situado junto a la estación de trenes de Palencia y en el que vimos un puesto de churros donde desayunaríamos al día siguiente.
Avanzando por la avenida Simón Nieto, llegamos a la rotonda donde se encuentra la colosal estatua al Campesino Ibérico, tras lo cual deshicimos parte de nuestros pasos para continuar por la calle donde tenía el coche aparcado, y así comprobar que todo estaba en orden. Llegamos ahora a la plaza de San Pablo, donde destaca el Monumento a la Primera Universidad de España, compuesta por las estatuas de un profesor y cuatro alumnos que reciben clase. A continuación, entramos en la iglesia de San Pablo, muy llamativa con la gran espadaña de la fachada principal, mientras que ya dentro, poco iluminado quizás por ser temprano y no estar en hora de culto, pudimos visitar varias capillas con tallas de cristos y vírgenes, con especial mención a la capilla de la Piedad y a la capilla mayor, esta última situada bajo una preciosa bóveda de crucería estrellada y que cuenta con un notable retablo de estilo plateresco.
Ya fuera de la iglesia, en el lateral derecho de la misma vimos el Monumento al Cofrade, algo muy presente en muchas ciudades españolas y que tanto echamos en falta en Málaga. Después nos acercamos a la cercana iglesia de Santa Marina, más pequeña que la anterior, aunque con una fachada similar; por su parte, el interior es bastante acogedor, con naves más bien bajas separadas por arcos ojivales bastante anchos. De allí, nos fuimos en dirección a la catedral, en cuyo trayecto pasamos por la plaza de Cervantes, en la cual se halla el Monumento a la Paz, muy simbólico, ya que consta de un cañón de cuya boca mana agua que cae en una pequeña pila de piedra donde beben las palomas, también atraídas por una paloma de metal situada encima del cañón.
Justo enfrente nos topamos con una de las fachadas laterales de la Catedral de San Antolín, también llamada 'La bella desconocida', la cual rodeamos por la calle Mayor Antigua hasta llegar a la plaza de la Inmaculada, en el otro lateral del templo, donde se encuentra el acceso para las visitas turísticas. Tras pagar la entrada (5 € la mía y 3 € la de mi madre por ser desempleada) y recoger las audioguías, rodeamos parte de las galerías del claustro y nos adentramos en la catedral propiamente dicha, mucho más espectacular por dentro que por fuera, en la que destaca por su sencillez y sobriedad. En primer lugar, pasamos por la nave de la epístola, muy llamativa por su arco gótico y por un magnífico retablo plateresco compuesto por nueve estatuas de piedra y un pequeño retablo en madera dorada y policromada.
Avanzamos hacia la Capilla Mayor, frente al coro, con su majestuoso y enorme retablo renacentista en tonos dorados y plagado de pinturas con escenas de la vida de Jesús y de esculturas de santos, entre ellas la de San Antolín, que da nombre al templo. Luego recorrimos las capillas de la girola, todas ellas con coloridas vidrieras, y a continuación visitamos la Capilla del Sagrario, que en realidad es la primitiva capilla mayor de la catedral, y que también destaca por su retablo, pero sobre todo porque en ella se halla un arca con los restos mortales de la reina Urraca. Seguimos por la nave norte, algunas de cuyas capillas estaban ocultas tras lonas y andamios por estar en proceso de restauración, y de esta forma llegamos a los pies de la nave central, desde donde se puede admirar la grandeza de este templo a través de su alargada bóveda de crucería estrellada.
Delante de nosotros teníamos el trascoro, una auténtica obra maestra plateresca con minuciosos relieves de piedra ejecutados hasta el más mínimo detalle, y, enfrente del mismo, la escalinata que da acceso a la cripta de San Antolín. Al bajar por ella, me adentré en una nave con bóveda de cañón de estilo prerrománico en la que hacía bastante fresco, algo lógico, al final de la cual se encuentra la parte visigótica, donde en teoría descansan los restos de San Antolín. De vuelta en la catedral, pasamos ahora al Museo catedralicio, en el que destacan varias obras, entre ellas 'El martirio de San Sebastián' de El Greco, numerosos tapices y un retrato anamórfico de Carlos I que únicamente se puede ver bien a través de un pequeño agujero situado en el lateral del cuadro.

11:30
Tras recorrer lo que quedaba del claustro, dejamos las audioguías en la taquilla y salimos a la calle. Allí en la plaza de la Inmaculada, además de ver la estatua de la Inmaculada Concepción y la del Homenaje al Maestro, pudimos contemplar la torre catedralicia, y, tras hacerme unas fotos, visitamos la parte exterior de la girola, de la que sobresalen varias gárgolas, entre ellas dos muy peculiares, concretamente la del fotógrafo y la del esqueleto. A continuación, tras avisar a Julio y Pilar de que ya habíamos visitado la catedral, nos dirigimos a la Plaza Mayor, donde vimos tanto la Casa Consistorial, simple pero elegante, y el Monumento a Alonso Berruguete; seguidamente, pasamos por el Mercado de Abastos (arquitectónicamente similar al de Málaga, aunque bastante más pequeño), por el edificio de la Diputación Provincial y por el Teatro Principal.
Más adelante, entramos en la iglesia de San Lázaro, reconstruida parcialmente tras sufrir un incendio y un hundimiento a mediados del siglo pasado, tal y como delata su interior, de ejecución moderna pero que intenta imitar el gótico del templo original, y en la que destaca su retablo mayor de estilo plateresco. Después, nos dirigimos al cercano Monasterio de Santa Clara, en cuya entrada nos estaban esperando Julio y Pilar, con quienes visitamos este templo gótico en el que se venera la imagen del Santísimo Cristo de las Claras, una talla yacente de gran devoción en la ciudad que se conserva en una urna de cristal; del resto del templo, cabría resaltar su bóveda de crucería y el retablo de la Capilla Mayor.
A continuación, recorrimos la calle Colón hasta llegar al Parque del Salón de Isabel II, al principio del cual vimos el Homenaje a los Mayores, otra de las numerosas estatuas que hay en Palencia. Dimos un tranquilo paseo por entre sus frondosos árboles, y, al final del mismo, cruzamos a otro parque, el de la Huerta de Guadián, de un estilo más romántico que el anterior y que destaca por los numerosos elementos arquitectónicos que guarda en su interior, entre ellos una reproducción a escala de la provincia de Palencia, la ermita de San Juan Bautista (cerrada en ese momento), un enorme reloj de sol compuesto por una columna central y otras 12 situadas alrededor para marcar las horas, etc.
De allí nos fuimos en busca del coche de Julio y Pilar para ir al Sotillo de los Canónigos, otro de los parques de la ciudad, y es que Palencia puede presumir de ser la que más zonas verdes tiene por habitante de España. Situado en las afueras y a orillas del río Carrión, es mucho más grande que los anteriores, pues cuenta con un parque para perros, una explanada en la que poder jugar al fútbol, una piscina pública y varias extensiones de césped donde descansar o tomar un picnic. Antes de volver al coche, nos acercamos hasta el Puente de Puentecillas, peatonal y de origen romano, y desde el cual se puede ver el Puente Mayor, otro de los puentes principales de la ciudad.
De nuevo en el coche, y siendo ya la una y media, nos dirigimos a la calle donde viven Julio y Pilar, puesto que habíamos quedado allí con Carlos, el hijo de Julio, a quien no veía por lo menos desde hacía cuatro o cinco años. Entramos en La Cervecería, un bar situado en esa misma calle, para tomarnos un refresco (una Coca-Cola Zero en mi caso) junto con la tapa gratis que nos sirvieron, tras lo cual los cinco nos fuimos a comer a Tariego de Cerrato, un pequeño pueblo situado a pocos kilómetros de Palencia, concretamente al Mesón del Cerrato, pues Julio había reservado mesa. El restaurante me llamó la atención nada más entrar por su decoración y su ambiente cálido y acogedor, muy castellano, especialmente en el sótano, donde nos sentamos, llena de fotos de famosos que han ido a comer allí, cuadros muy pintorescos, productos típicos colgados de las paredes y del techo, etc.
Con respecto a la comida, pedimos una tosta caramelizada de boquerones con escalibada para cada uno y un revuelto de morcilla y piñones para compartir; en cuanto al plato principal, yo no tuve ni que mirar la carta, ya que tenía claro que iba a probar el lechazo churro asado sí o sí. La tosta de boquerones no me hizo mucha gracia, más que nada por la escalibada, y se la dejé a mi madre prácticamente entera, mientras que del revuelto sí que piqué bastante, y eso que yo no le tengo mucho aprecio a la morcilla; también habría que mencionar que nos pusieron una cesta de pan que estaba buenísimo, se notaba que era de pueblo.
Poco después llegaron los platos principales, entre ellos el lechazo, servido en una cazuela de barro muy caliente con una pinta espectacular. La ración que me saqué en mi plato me gustó tanto que me supo a poco y repetí, y eso a pesar de que ya estaba bastante lleno, pero a saber cuándo volvería a disfrutar de este manjar. Luego llegó el momento de los postres, a elegir entre los quince que se mostraban en la pizarra que colgaba de la pared. Me decanté por la bomba de chocolate caliente con corazón líquido, que venía muy bien presentada y acompañada de varias fresas cortadas, y la verdad es que no me equivoqué con mi elección.

17:15
Tras reposar durante un buen rato la comida, volvimos a los coches, y allí nos despedimos de Carlos, puesto que nosotros cuatro íbamos ahora a visitar el Cristo del Otero, una portentosa escultura de Jesucristo de unos 20 metros de altura llamado así porque se erige sobre un cerro a las afueras de Palencia. Bajo sus pies se encuentra un pequeño museo dedicado a la obra de Víctor Macho, autor de la escultura, y la ermita de Santa María del Otero, donde descansan los restos del escultor, pero ambos estaban cerrados a esa hora, por lo que nos tuvimos que conformar con asomarnos al mirador y disfrutar de la panorámica de la ciudad desde allí arriba, desde donde podíamos distinguir fácilmente la catedral y la plaza de toros.
Cogimos el coche para volver a la ciudad, esta vez a orillas del río Carrión, concretamente a la altura de la pasarela Isla Dos Aguas, entre medias del Puente Mayor y del Puente de Hierro; a continuación, entramos en la iglesia de San Miguel, que destaca por su llamativa torre, más propia de un castillo que de un templo religioso, y en la cual se cree que se casó el Cid Campeador con Doña Jimena, o al menos eso cuenta la leyenda. Al salir de la iglesia, que a esa hora estaba vacía y casi a oscuras, nos despedimos momentáneamente de Julio y Pilar, quienes se marcharon a su casa a descansar un rato, mientras que mi madre y yo seguimos visitando lo que nos quedaba por ver del centro de Palencia.
Caminando dos o tres minutos llegamos a la cercana iglesia de la Compañía, también conocida como de Nuestra Señora de la Calle porque así se llama la patrona de la ciudad, cuya pequeña talla, de apenas 41 centímetros de altura, se encuentra en el retablo mayor del templo. Del interior del mismo cabría destacar su gran cúpula y las capillas laterales, todas ellas con notables retablos, en especial la que está destinada al culto del Santísimo Cristo de la Misericordia, un crucificado que data del siglo XVI. Seguidamente, nos acercamos a la calle Mayor Principal, la cual recorrimos en dirección norte para ir al hotel, aunque antes, casi al final de la misma, entramos en la iglesia de San Agustín, en la que pudimos contemplar algunas imágenes que se procesionan en la Semana Santa palentina.
Ya de vuelta en el hotel, aprovechamos nosotros también para descansar después de haber pasado todo el día en la calle de un lado para otro. Más tarde, pasadas las ocho, Julio vino en coche a recogernos para reunirnos con Pilar y unos amigos suyos, puesto que los lunes por la noche suelen quedar para tomarse algo; en concreto, nos estaban esperando en el bar People, muy cerca del piso en el que viven. Allí me tomé una Coca-Cola Zero con su correspondiente tapa, tras lo cual, pasado un rato, nos fuimos a La Cervecería, donde mismo habíamos estado al mediodía, y esta vez me pedí un botellín de agua, puesto que no me gusta abusar de la Coca-Cola, e igual hice luego cuando cambiamos de nuevo de sitio, ahora en el bar Menta.
Poco antes de las once de la noche, tras despedirnos de los amigos de Julio y Pilar, volvimos a La Cervecería para cenar; en mi caso, pedí un plato combinado de patatas, huevos fritos y chorizo, y agua para beber. También vino a cenar con nosotros uno de los dos hijos de Pilar, a quien mi madre ya conocía de una visita anterior. Ya cenados, Julio y Pilar nos acercaron en coche al hotel, y allí ya nos despedimos de ellos definitivamente, puesto que a la mañana siguiente mi madre y yo nos iríamos a Santander, aunque nos recomendaron que parásemos en el camino en Frómista, un pueblo situado a pocos kilómetros de Palencia que tiene una iglesia románica muy importante. Teníamos pendiente acercarnos a la catedral para verla iluminada, pero estábamos muy cansados, así que subimos directamente a la habitación a acostarnos, siendo ya la una menos veinte de la madrugada.