sábado, 28 de agosto de 2021

El científico que derrotó a Hitler y otros ensayos sobre la Historia de la Ciencia

El cuarto libro que he leído este verano ha sido 'El científico que derrotó a Hitler y otros ensayos sobre la Historia de la Ciencia', del divulgador científico Alejandro Navarro Yáñez.
A través de 24 ensayos agrupados en ocho partes, el autor nos presenta algunos de los hechos más conocidos y desconocidos, sorprendentes y curiosos, importantes y decisivos que han tenido lugar a lo largo de la historia de la ciencia. Así, en esta obra se abordan historias y personajes que abarcan casi todas las disciplinas científicas, desde las matemáticas hasta la astronomía, pasando por la física, la biología, la paleontología, la química o la medicina, puesto que encontraremos relatos sobre la invención del sistema sexagesimal, el papel de la mujer en la ciencia, la relación entre el evolucionismo y el creacionismo, la búsqueda de vida inteligente fuera de nuestro planeta o algo tan actual como la administración de vacunas para combatir las enfermedades víricas, y en los cuales aprenderemos algo más sobre las vidas y trabajos de hombres y mujeres como Arquímedes, Marie Curie, Alan Turing, Rosalind Franklin o Isaac Newton.
Son varias ya las obras de divulgación científica que he leído, eso sí, pocas en comparación con las de divulgación matemática, pero, si bien todas ellas son lecturas recomendables, todavía no he encontrado ninguna que me haya fascinado del todo, y con este título me ha pasado lo mismo. En este caso, nos encontramos con un libro que consta de capítulos que se pueden leer de forma independiente y en cualquier orden, teniendo cada uno de ellos una extensión de entre diez y quince páginas, lo cual, unido al enfoque divulgativo y a que el lenguaje utilizado es accesible a cualquier público, se antoja ideal para usarlo con los alumnos en las materias científicas de la ESO y del Bachillerato a la hora de introducir y dar a conocer algunos de los científicos o hechos históricos relevantes que se mencionan. Por otro lado, al ser una obra de divulgación científica genérica en la que lo mismo te puedes topar con un ensayo sobre los trabajos de un joven Albert Einstein que cambió la física hace algo más de un siglo que otro acerca de la creencia de la existencia de la generación espontánea, resulta que hay partes del libro que te pueden resultar más o menos interesantes o amenas en función de las temáticas por las que te sientas más atraído. Ahora bien, si hay una crítica negativa que debo hacer al autor de este libro es que es con mucha diferencia el libro que más faltas de ortografía tiene de todos los que he leído hasta el momento, desde la ausencia de numerosas tildes hasta el uso incorrecto de los signos de puntuación o la presencia de palabras mal escritas (he perdido la cuenta de cuántas veces aparece "porqué" en vez de "por qué" al empezar una pregunta), lo cual me ha dificultado el haber podido leer con fluidez más fragmentos de la cuenta, y aquí no me valen las excusas del tipo "es que yo soy de ciencias", ya que tanto los de letras como los de ciencias tenemos que redactar correctamente, y más si cabe a la hora de publicar un libro. Así pues, puedo decir que recomiendo el libro a todos aquellos que estén interesados en aprender algo nuevo de la historia de la ciencia en pequeñas dosis, eso sí, como bien acabo de destacar, hay que tener cierta paciencia con los abundantes ataques a las normas ortográficas españolas.

viernes, 20 de agosto de 2021

Viaje a España 2019: días 5 y 6


Viernes, 1 de marzo de 2019

7:30
Como cada mañana, tras levantarme fui a ducharme, y luego terminé de hacer mi maleta para seguidamente reunirme con mis tres amigos, que habían dormido en la otra habitación y que, por lo tanto, tuvieron que llevar de vuelta el colchón que cambiaron de habitación dos días antes para dejar todo en su sitio. No fue hasta casi las nueve cuando salimos del hotel para desayunar, esta vez en Casal 14, donde me tomé unas tostadas con aceite y un vaso de leche con Cola Cao (3'20 €).

A las diez menos cinco, tras subir para recoger las maletas, hicimos el check-out en el hotel, y, cinco minutos después, recogimos el coche en el garaje en el que lo habíamos dejado estos días, lo cual nos costó 30 € en total entre los cuatro. Nos pusimos en carretera para ir a Astorga, así que cogimos por la autovía Ruta de la Plata, volvimos a pagar 13'35 € por el peaje, y, a la altura de León, nos desviamos hasta llegar poco antes del mediodía a esta ciudad leonesa y aparcar frente al parque del Melgar.

12:00
Tras subir una escalinata situada junto a la muralla de Astorga, accedimos al recinto en el que se erige la Catedral de Astorga, donde pudimos admirar su gran tamaño y su fachada principal. Mis amigos no tenían ganas de visitarla, así que ellos se fueron a dar una vuelta por el pueblo, mientras que yo me quedé solo para pagar la entrada (5 €) y recorrerla con la ayuda de la audioguía.

Empecé la visita precisamente por la portada principal para luego continuar con el Museo catedralicio, en cuyas salas se exponen diversas piezas de carácter religioso, tales como cuadros, tallas de cristos, vírgenes y santos, etc. Tras ello, accedí a la catedral propiamente dicha a la altura del trascoro, desde donde pude contemplar su bella arquitectura de estilo gótico con algunos detalles renacentistas y barrocos.

A continuación, hice un recorrido por las numerosas capillas de la nave lateral derecha, entre las que cabe destacar la del Cristo de las Aguas, la de San Lorenzo o la de San Juan Bautista, hasta llegar a la Capilla Mayor, presidida por un retablo mayor de magníficas proporciones y de indiscutible valor artístico.

Continué la visita por el coro, cuya sillería y órgano me recordaron mucho a la de Málaga, para luego recorrer las capillas de la nave lateral izquierda, entre ellas la de la Inmaculada, la de Santiago Peregrino o la de María Magdalena; al mismo tiempo, también pude contemplar el colorido de las vidrieras que aportan tanta luz al templo.

Pasados unos minutos de la una de la tarde, abandoné la catedral, no sin antes admirar de nuevo su fachada principal y sus dos torres. Justo enfrente pasé por delante de la iglesia de Santa Marta, de la Celda de las Emparedadas y de la capilla de San Esteban, tras lo cual me planté delante del Palacio Episcopal, obra de Gaudí que llama la atención por su peculiar estilo, pues recuerda mucho a un castillo de cuento de hadas.

Una vez que compré en una confitería un par de cajas de mantecadas que me había encargado mi madre, me fui en busca de mis amigos, para lo cual me dirigí a la plaza España, donde se encuentra el Ayuntamiento, y luego a la iglesia de San Bartolomé.

Ya con ellos, quienes también habían aprovechado para comprar diversos productos de la tierra, tales como mantecadas, cecina, queso, vermut y miel, tocaba buscar un lugar para almorzar. Lo lógico hubiera sido ir a algún restaurante a probar el cocido maragato, pero iba a ser una comida muy pesada, por lo que finalmente fuimos a Eluno, donde nos pedimos una Coca-Cola y una hamburguesa para cada uno, de queso de cabra en mi caso, y unas patatas bacon cheese para compartir. En total, 37'10 € entre los cuatro, bastante bien de precio.
fotoHamburguesa

14:35
De camino al coche, pasamos de nuevo por delante de los principales reclamos monumentales de Astorga, es decir, el Palacio Episcopal y la Catedral, junto a los cuales me hice algunas fotos de recuerdo. Ya en el coche, pusimos rumbo a Castrillo de los Polvazares, un pequeño pueblo situado a apenas 7 kilómetros de Astorga y adonde llegamos pasadas las tres de la tarde.

Tras cruzar por el puente que atraviesa el río Jerga, nos adentramos en este pintoresco pueblo que si por algo destaca a primera vista es por su singular arquitectura, pues todas sus casas están hechas casi íntegramente de piedra, al igual que su iglesia y sus calles empedradas, lo cual le da al pueblo un toque añejo que hace que parezca que hayas viajado varios siglos en el tiempo.

Recorrimos el pueblo de una punta a otra con cuidado de no tropezarnos con el empedrado de sus calles, lo cual nos sirvió para comprobar que muchas de las construcciones son realmente casas que se han convertido en restaurantes donde sirven los platos típicos de la región, entre ellos el cocido maragato, como reclamo turístico. Así pues, en menos de media hora visitamos este pueblo tan peculiar, tras lo cual volvimos al coche para continuar con el viaje.

Repostamos gasolina y lavamos el coche cerca de Astorga, y poco después paramos en un área de servicio a la altura de La Bañeza para que mis amigos se tomasen un café. Reanudamos la marcha hasta que, poco antes de llegar a Zamora, hicimos una nueva parada para que yo relevase a Miguel al volante durante un par de horas; a las siete y veinte, en Carcaboso, Miguel volvió a conducir hasta que llegamos a nuestro destino, el Hotel Isur de Llerena, en la provincia de Badajoz.

21:45
Dejamos nuestro equipaje en las habitaciones, una triple (la 101) para mis amigos por 65 € y una doble (la 102) para mí solo por 43 €, tras lo cual nos fuimos andando al pueblo en busca de un sitio para cenar. Callejeando nos topamos con parte del patrimonio arquitectónico de Llerena, como por ejemplo la antigua iglesia de la Merced.

Al final cenamos en el restaurante La Cuadra, donde, además de la bebida, cerveza para mis amigos y agua para mí, nos pedimos para compartir unas berenjenas rebozadas con salmorejo y jamón que no me terminaron de gustar, y luego un plato individual para cada uno, de tal manera que yo me decanté por un flamenquín casero que era bastante contundente. En total, 61'60 €.

Ya cenados, emprendimos el camino de regreso al hotel, pero esta vez por una ruta diferente en la que pudimos ver unos restos de la muralla de Llerena. Pasados quince minutos de la medianoche ya estábamos en nuestras respectivas habitaciones, de tal manera que me acosté definitivamente sobre la una.
 
Sábado, 2 de marzo de 2019
 
8:30
Para no perder la costumbre, me duché nada más levantarme para luego hacer la maleta por última vez en este viaje. Reunido de nuevo con mis amigos, sobre las diez bajamos a la recepción para hacer el check-out, dejar las maletas en el coche e ir a desayunar a la cafetería del hotel a pesar de que no estaba incluido en el precio; como siempre, me pedí pan con aceite y un vaso de leche con Cola Cao, que me costó 1'80 €.

Al salir de allí, Miguel se acercó a una tienda de productos típicos situada junto al hotel para comprar queso, tras lo cual pusimos rumbo a casa pasadas las diez y media de la mañana. Repostamos gasolina al poco de salir en Ahillones, para luego hacer una nueva parada un par de horas después en un área de servicio de Lucena.

Tras pasar por Antequera, cogimos por la autopista de peaje, que nos costó 3'40 €, de tal manera que cuando llegamos a la casa de Miguel en Estación de Cártama eran casi las dos. Una vez allí, Jose y yo nos montamos con Fran en el coche de éste, que se lo había prestado a la novia de Miguel para que pudiese ir a trabajar mientras estábamos de viaje, y nos fuimos a Málaga, de tal manera que eran las dos y veinticinco cuando me dejaron en mi casa, terminando ahora sí este viaje.

jueves, 12 de agosto de 2021

La leona blanca

La semana pasada terminé de leer el tercer libro de estas vacaciones, concretamente 'La leona blanca', del escritor sueco Henning Mankell.
El inspector Kurt Wallander recibe en comisaría a un hombre que denuncia la desaparición de su esposa. Unos días más tarde, aparece el cuerpo sin vida de la mujer con un disparo en la cabeza, precisamente cerca de donde poco antes se había encontrado un dedo de una persona de raza negra y un trozo de una pistola de procedencia sudafricana en las ruinas de una casa en mitad del bosque en la que hubo una sospechosa explosión. Todo parece indicar que existe algún tipo de conexión entre todos estos hechos, pero el inspector Wallander y su equipo no terminan de encontrar una explicación lógica a este asesinato. Al mismo tiempo, en Sudáfrica se está gestando un atentado contra un conocido dirigente político que puede cambiar el destino del país.
Ya es el tercer libro que he leído de la saga del inspector Wallander, respetando el orden de publicación a pesar de que se pueden leer de forma independiente, y, si bien los tres me han resultado interesantes aunque no excelentes, este tercer título creo que es el que más me ha gustado. Me siento bastante cómodo con la forma de narrar de Henning Mankell, puesto que describe bastante bien tanto a los personajes como las localizaciones en las transcurren sus historias, y en cierto modo engancha bastante con los casos que plantea, aunque he de reconocer que en este libro ha habido varios fragmentos que se me han hecho un poco áridos y complejos de seguir, ya que en la trama se entrelazan dos historias que al final acaban uniéndose: en Suecia, una caza al asesino, como novela policíaca que es; y, en Sudáfrica, una conspiración política, que es lo que me ha resultado más incómodo de seguir. Por otra parte, al igual que en los dos primeros libros, la vida personal del inspector cobra especial importancia, especialmente en esta historia, hasta el punto de que tanto su padre como su hija acaban involucrados en el caso que Kurt intenta resolver. En fin, aunque todavía no puedo decir que me haya encantado alguna de sus novelas, se podría decir que Henning Mankell se ha convertido ya en una de mis apuestas seguras, así que seguiré pendiente de los casos que tendrá que seguir resolviendo el inspector Wallander.

viernes, 6 de agosto de 2021

No es mío, pero es interesante (CLI)

Aquí llega una nueva entrega de 'No es mío, pero es interesante', una sección en la que os recomiendo las entradas de otros blogs y webs que más me han interesado en las últimas semanas. Como suele ser habitual, hay blogs que acaparan casi todas las aportaciones, y en este caso tenemos a Microsiervos y Ya está el listo que todo lo sabe con ocho y seis posts, respectivamente. En cuanto a la variedad de contenidos, lo acostumbrado: ciencia, curiosidades, vídeos, etc.
Echémosle un vistazo a la lista de enlaces de esta entrega:
¿Qué os han parecido las recomendaciones de esta entrega? Espero que os hayan gustado y que me lo hagáis saber a través de un comentario ;)

viernes, 30 de julio de 2021

La verdad sobre el caso Savolta

Mi segunda lectura de este verano ha sido 'La verdad sobre el caso Savolta', del escritor español Eduardo Mendoza.
Javier Miranda es un joven que trabaja en el despacho de abogados del señor Cortabanyes en la Barcelona de 1917, año en el que la clase obrera comienza a sublevarse para defender sus derechos a través de huelgas y rebeliones que alteran la vida de la ciudad. Por entonces conoce al francés Paul André Lepprince, quien trabaja en la empresa del industrial catalán Enric Savolta, aunque pronto se hará cargo de ella e incluso se casará con la hija de Savolta tras el misterioso asesinato de éste. La confianza que crece entre ellos es tal que Lepprince, cuando se anima a convertirse en alcalde de Barcelona, le propone a Javier que sea su secretario e incluso que se case con María Coral, una joven gitana de un cabaret que fue su amante. Entre tanto, se suceden diversos asesinatos de personas que en mayor o menor medida están relacionadas con la actividad de la empresa de Savolta, cuyos problemas económicos se van acrecentando poco a poco.
Estaba yo en 2º Bachillerato cuando mi profesor de Lengua Castellana y Literatura nos dijo que ese curso teníamos que leer este libro o 'La familia de Pascual Duarte'. Compré los dos y acabé leyendo el de Camilo José Cela, mientras que el de Eduardo Mendoza se quedó en mi estantería a la espera de ser leído más adelante. Pues resulta que han tenido que pasar 17-18 años, la mitad de lo que llevo vivido hasta ahora, para que por fin me haya decidido a leer la primera novela de Mendoza, y la verdad es que me alegro de que en su momento me hubiese decantado por el libro de Cela, ya que ése me gustó mucho y éste me ha gustado más bien poco. No pongo en duda la calidad literaria de esta obra de Eduardo Mendoza, pues se ve que está muy bien escrito y narrado, aunque a mí se me ha hecho un poco pesado por diversos factores, principalmente dos: uno, que la trama no me ha terminado de convencer, ya que no me siento muy atraído por los problemas sociales y laborales de la época en la que está ambientada la obra; y el otro, que en casi todos los capítulos se entremezclan hechos sucedidos en diferentes momentos temporales que no han hecho más que crearme confusión y, por consiguiente, que no haya sido capaz de hilar bien toda la historia, salvo en las últimas páginas, cuando se explica prácticamente todo. Por otra parte, he echado en falta que en el libro tuviese algo más de peso el género policíaco, que algo tiene, y no tanto el social o histórico, y, aunque a priori no contaba con que fuese a gustarme mucho, sí que es cierto que esperaba haber disfrutado un poco más de su lectura. Con estas palabras no pretendo cerrarle la puerta al resto de títulos de uno de los escritores españoles más importantes de los últimos 50 años, puesto que 'El misterio de la cripta embrujada', otro de sus libros más reconocidos, puede que sí se adapte mejor a mis gustos literarios, por lo que probablemente le daré una nueva oportunidad a Eduardo Mendoza en el futuro.

jueves, 22 de julio de 2021

Viaje a España 2019: día 4

Jueves, 28 de febrero de 2019

8:10
Al igual que los días anteriores, lo primero que hice nada más levantarme fue darme una ducha. Ya vestido y preparado para afrontar un nuevo día del viaje, me reuní con mis amigos, que habían dormido en la otra habitación para que no les molestasen mis ronquidos, y a las nueve y cuarto salimos para ir a desayunar de nuevo a Panaria; al igual que el día anterior, tomé pan tostado con aceite y una taza de leche con Cola Cao, pero también me pedí un croissant (3'70 € en total).

De allí nos fuimos a la plaza Porlier, donde vimos el Palacio de Camposagrado y la escultura de 'El viajero', y ya en la plaza de Alfonso II el Casto nos topamos con el Palacio de Valdecarzana-Heredia y con la Santa Iglesia Basílica Catedral Metropolitana de San Salvador de Oviedo, aunque antes de visitarla estuvimos unos minutos viendo el monumento a Alfonso II el Casto, el Jardín de los Reyes Caudillos y la capilla del rey Casto.

A continuación, nos adentramos en el pórtico que da acceso al interior de la Catedral, cuya entrada nos costó 7 € a cada uno, audioguía incluida. Nada más entrar, advertimos el predominante estilo gótico del templo por los arcos ojivales y la bóveda de crucería de la nave central. Avanzamos por las capillas de la nave de la Epístola hasta llegar al ábside, en la que sobresale por su belleza y majestuosidad el retablo mayor.

Seguidamente, tras pasar por delante de la imagen medieval de El Salvador, accedimos a la Cámara Santa, una de las estancias más importantes de la Catedral, puesto que en ella se custodian tesoros y reliquias como el Arca Santa, la Cruz de la Victoria, la Cruz de los Ángeles y el Santo Sudario, entre otros.

La visita nos llevó después a la cripta de Santa Leocadia y al claustro, desde donde pasamos a la Sala Capitular, en la cual se conservan los restos de la sillería del coro, antes de regresar a la Catedral propiamente dicha y poder admirar de nuevo el magnífico retablo de la Capilla Mayor.

Terminamos la visita recorriendo la nave izquierda a través de sus numerosas capillas, entre las que destacan la de la Anunciación y la de la Asunción. Tras casi hora y media de visita, salimos de la Catedral para seguir conociendo la ciudad, aunque no sin antes hacerme una foto junto con la escultura de 'La Regenta' y la Catedral de Oviedo de fondo.

12:15
Avanzamos por las céntricas calles Rúa y Cimadevilla hasta desembocar en la plaza de la Constitución, donde se erigen la Casa Consistorial de Oviedo y la iglesia de San Isidoro el Real, en la cual entramos para admirar su evidente y majestuoso estilo barroco, sus numerosas capillas con tallas de cristos, vírgenes y santos, y su retablo mayor.

Después fuimos al Mercado de El Fontán, en uno de cuyos puestos me compré un bollo preñao por 1'10 € para probar este producto típico asturiano, tras lo cual nos acercamos a la plaza de Daoiz y Velarde, que estaba a rebosar de gente y tenderetes por el mercadillo que se monta allí cada jueves, y a la plaza del Fontán, muy característica con sus pórticos de columnas y soportales.

Nuestro paseo nos llevó ahora hasta los edificios del Palacio de la Junta General y de la Casa-Palacio de la Presidencia del Gobierno del Principado de Asturias, justo enfrente del Campo de San Francisco, un enorme parque urbano cuyos numerosos árboles estaban casi todos sin hojas por las fechas en las que nos encontrábamos.

Debido a su gran tamaño, estuvimos paseando por este parque cerca de media hora, tiempo en el que tuvimos la ocasión de ver el estanque de los Patos y los numerosos puntos de interés que hay en él, como por ejemplo el monumento a José Tartiere, el antiguo arco de entrada a la desaparecida iglesia de San Isidoro, la estatua de Mafalda o la de Sabino Fernández Campo, entre otros.

Dejamos el parque y cruzamos la calle Uría a la altura de donde se encuentra la estatua de Woody Allen para a continuación pasar por delante del Teatro Campoamor, avanzar por la calle Pelayo, donde nos topamos con varias esculturas urbanas de bronce, y llegar hasta la Basílica de San Juan El Real, que se encontraba cerrada en ese momento.

Como ya eran cerca de las dos, paramos unos minutos para pensar si almorzar en Oviedo o en Cudillero, que sería nuestro siguiente destino. Al final, decidimos comer aquí, concretamente en el restaurante El Fartuquín, donde dos de mis amigos se pidieron un menú especial de 17 €, mientras que el otro y yo nos decantamos por el menú del día a 10 €, en mi caso ensaladilla rusa, filete de ternera a la plancha y tarta de chocolate. Todo estaba exquisito, de hecho hasta probé alguno de los platos de mis amigos.

Salimos del restaurante más que saciados y casi tan llenos como el día anterior en Gijón para hacer una pequeña parada en el hotel y coger el coche para echar la tarde en Cudillero y Avilés, de tal manera que, saliendo de Oviedo, pasamos por delante de la iglesia de San Julián de los Prados, otro de los templos prerrománicos de la ciudad que son Patrimonio de la Humanidad.

17:10
Dejamos el coche en el aparcamiento del puerto pesquero de Cudillero, cerca de una bonita cascada situada frente al muelle, y de allí nos fuimos andando al núcleo principal del pueblo, enclavado en la montaña con unas coloridas casas que parecen forman un anfiteatro que se abre al mar, y cuyas edificaciones más notables son la iglesia de San Pedro, en la que no pudimos entrar porque se estaba oficiando un funeral, y el Ayuntamiento.

A continuación, nos dispusimos a ir al Mirador de la Garita y al Mirador de la Atalaya, para lo cual tuvimos que subir los interminables escalones de un laberinto de calles estrechas y en cuesta que al menos a mí me dejaron agotado, aunque el esfuerzo mereció la pena, ya que las vistas que teníamos del pueblo, del puerto y de los acantilados desde allí arriba eran inmejorables.

Tras descansar y disfrutar de la panorámica durante unos quince minutos, bajamos de nuevo al pueblo con cuidado de no caernos, pues algunos tramos estaban un poco deteriorados y había que agarrarse a las barandillas, y nos fuimos en busca del coche para continuar con el viaje.

Llegamos a Avilés poco antes de las siete de la tarde, de tal manera que dejamos el coche en la zona azul para seguidamente darnos una pequeña vuelta por la ciudad, pues la idea era cenar en Oviedo. En primer lugar, nos topamos con la iglesia de Santo Tomás de Canterbury, conocida popularmente como la catedral de Avilés, pues por su tamaño así lo parece.

Avanzamos por la calle de la Cámara hasta desembocar en la plaza de España, la cual está presidida por el edificio del Ayuntamiento, aunque estaba oculto tras un escenario. A continuación vimos el Palacio de Ferrera, que actualmente alberga un hotel, y la Fuente de los Caños de San Francisco, situada junto a la iglesia de San Nicolás de Bari.

Continuamos nuestro paseo por la peatonal calle Galiana y luego nos adentramos en el parque de Ferrera cuando ya era prácticamente de noche, por lo que apenas pudimos verlo en condiciones. Salimos por la calle Rivero, más o menos a la altura en la que se encuentran la Fuente de los Caños de Rivero y la capilla de San Pedro, tras lo cual regresamos a la plaza de España.

19:55
No teníamos mucho más que hacer allí, así que nos fuimos en busca del coche para volver a nuestro hotel de Oviedo, adonde llegamos poco antes de las nueve de la noche. Una vez allí, mientras veíamos por la tele el Valencia-Betis de la Copa del Rey, nos pusimos a mirar en qué hotel nos quedaríamos el día siguiente a medio camino de regreso a Málaga. Finalmente, reservamos dos habitaciones en Llerena, en la provincia de Badajoz, y seguidamente salimos a la calle a cenar.

Acabamos yendo a la Sidrería El Gato Negro, donde ya cenamos dos días antes, aunque nos gustó tanto que no nos importó repetir. Yo no tenía mucha hambre y apenas comí un poco de cachopo de cecina y algunas anchoas con queso manchego, ya que el almuerzo fue bastante contundente, pero mis amigos no se cortaron y, además de lo que compartí con ellos, se pidieron una jarra de sangría, seis botellas de sidra, un plato de zamburiñas, un pastel de cabracho, una crema de la casa y un arroz con leche.

Cuando pagamos la cuenta, de casi 100 €, y salimos del restaurante, ya era la una menos veinte de la madrugada. Volvimos tranquilamente al hotel, de tal manera que cuando subimos a nuestras habitaciones pasaban ya diez minutos de la una, hora a la que nos pusimos a dejar las maletas medio hechas para no perder mucho tiempo a la mañana siguiente para continuar con el viaje, de tal manera que, entre una cosa y otra, nos acostamos a las dos.

martes, 13 de julio de 2021

La novia gitana

El primer libro que he leído este verano ha sido 'La novia gitana', de la escritora madrileña que se esconde tras el seudónimo de Carmen Mola.
Susana es una joven gitana que ha sido raptada después de celebrar su despedida de soltera y que aparece muerta unos días más tarde tras haber sido asesinada por alguien que le ha realizado unos agujeros en la cabeza en los que ha metido varios gusanos que han ido devorando poco a poco su cerebro. La inspectora Elena Blanco, junto con su equipo de la Brigada de Análisis de Casos (BAC) y el subinspector Ángel Zárate, se encarga de la investigación de un crimen cuyo modus operandi resulta ser prácticamente idéntico al del asesinato de Lara, la hermana de Susana, que tuvo lugar siete años atrás y cuyo asesino, Miguel Vistas, se encuentra en prisión. Cuando se revisa este caso, no tardan en aparecer ciertas irregularidades que invitan a pensar que quizás se condenó a un inocente, que el verdadero asesino de Lara anda suelto y que es el mismo que el de Susana.
La primera referencia que tuve de este título fue hace un par de años y tras una conversación sobre gustos literarios con un compañero de trabajo, quien me habló de un libro que llevaba poco tiempo a la venta y que estaba teniendo muy buena acogida. Luego me enteré de Carmen Mola no era el verdadero nombre de la autora, sino un seudónimo, lo cual le aportaba si cabe más misterio a este libro del género policíaco, y, en efecto, de que se estaba convirtiendo en un bestseller que al final ha derivado en una exitosa trilogía. Con todos estos ingredientes, sabía que tarde o temprano acabaría leyendo este libro y que muy probablemente lo disfrutaría, como así ha ocurrido. La trama es la típica en la que hay un crimen que resolver, varios personajes a los que se les cuelga el cartel de sospechosos conforme se descubren nuevas pistas y se revelan ciertas informaciones ocultas, y una inspectora con problemas personales que hace todo lo posible por encontrar al verdadero asesino. 'La novia gitana' engancha de principio a fin gracias a su lectura ágil y a que se compone de capítulos cortos que te dejan con ganas de leer un poquito más; además, no abusa de un gran número de personajes secundarios que aportan poco y lían mucho, sino que cuenta con los justos y necesarios para que la historia sea más creíble y que no todo gire exclusivamente alrededor del personaje principal, la inspectora Elena Blanco. Al final se resuelve el caso y se atan todos los cabos, bueno, todos excepto uno, y aquí viene casi lo mejor del libro, que queda pendiente para el segundo título de la trilogía y cuya puerta se deja abierta en las últimas páginas para dejarte con ganas de más. En resumidas cuentas, un libro muy entretenido para los aficionados al género policíaco de una misteriosa Carmen Mola cuyas obras seguro que seguiré disfrutando.