domingo, 19 de enero de 2020

No es mío, pero es interesante (CXXXIII)

Ya tenemos aquí una nueva entrega de 'No es mío, pero es interesante', una sección en la que os recomiendo las entradas de otros blogs y webs que más me han interesado en las últimas semanas. Como viene siendo habitual, hay blogs que consiguen colar más de una aportación, como es el caso de Microsiervos, con diez posts concretamente. Lo que tampoco cambia es la gran variedad de contenidos que comparto: matemáticas, astronomía, curiosidades, vídeos, etc.
Echémosle un vistazo a los enlaces de esta entrega:
¿Os han gustado las recomendaciones de esta entrega? Espero que sí y que me lo hagáis saber a través de un comentario ;)

lunes, 6 de enero de 2020

Los Reyes Magos no se cansan de regalar

Melchor, Gaspar y Baltasar trabajan solamente una noche al año, y hay quien por este motivo dirá que son unos vagos, pero es que en apenas unas horas, mientras estamos durmiendo, son capaces de visitar miles y miles de hogares para inundarlos de regalos. En esta mañana de 6 de enero, todos nosotros, y especialmente los más pequeños, nos hemos levantado ilusionados con la esperanza de que los Reyes Magos hayan leído la carta que les escribimos hace unos días y nos hayan traído esos regalos que tanto deseábamos.
Los Reyes Magos no se han olvidado de pasar por mi casa, ya que este año me he portado bien, y me han dejado los siguientes regalos:
  • 'Crónicas matemáticas', de Antonio J. Durán.
  • 'Fútbol y matemáticas', de David Sumpter.
  • 'Las hijas del frío', de Camilla Läckberg.
  • Un pijama.
  • Dos noches de hotel en Úbeda.
  • Dinero.
Yo estoy muy contento con los regalos de este año. ¿Qué os han traído los Reyes Magos a vosotros? ¿Papá Noel también se pasó por vuestras casas el 25 de diciembre? Espero que hayan acertado con los regalos y que los compartáis a través de un comentario ;)

jueves, 2 de enero de 2020

Los posts más leídos de 'El mundo de Rafalillo' en 2019

Cada nuevo año que empieza publico una entrada en la que hago un repaso de lo que ha sido el blog en los últimos doce meses en lo que respecta a los post más leídos, visitados o que más me ha gustado escribir. Empezamos con los cinco posts que han recibido comentarios a lo largo de 2019 (siempre pongo los diez que más comentarios han tenido, pero no he llegado a esa cantidad):
  1. Resumen de la Edición X.2 del Carnaval de Matemáticas: 9 comentarios.
  2. El juego de las 20 monedas: 2 comentarios.
  3. No es mío, pero es interesante (CXXVIII): 2 comentarios.
  4. El hombre anumérico: 2 comentarios.
  5. Carnaval de Matemáticas X.2 del 22 al 29 de marzo: 1 comentario.
Otro de los criterios que suelo considerar es el del número de visitas recibidas. Las diez entradas más visitadas a lo largo de 2019 han sido las siguientes:
  1. Un escape room en la clase de Matemáticas: 2.727 visitas.
  2. ¿Qué diferencia existe entre un equinoccio y un solsticio?: 1.041 visitas.
  3. ¿Por qué las tarjetas de crédito tienen esa forma?: 596 visitas.
  4. ¿Qué harías si fueras invisible?: 582 visitas.
  5. El hombre anumérico: 537 visitas.
  6. ¿Por qué el vidrio es transparente?: 503 visitas.
  7. ¿Cuál es el mejor número?: 363 visitas.
  8. ¿Qué puedes comprar con 500 €?: 291 visitas.
  9. Las dichosas Matemáticas bilingües: 274 visitas.
  10. ¿Por qué las veletas tienen forma de gallo?: 256 visitas.
Seguimos con los diez posts con mejor promedio de tiempo de visita en el año que acaba de terminar:
  1. Siglo y medio de Misericordia: 29 minutos y 29 segundos.
  2. Vía Crucis de la Agrupación de Cofradías 2016: 28 minutos y 46 segundos.
  3. La princesa de hielo: 27 minutos y 20 segundos.
  4. ¿Qué harías si tuvieras un millón de euros?: 26 minutos y 3 segundos.
  5. La Merced recorre su feligresía por el 800 aniversario de la Orden Mercedaria: 23 minutos y 56 segundos.
  6. El símbolo perdido: 23 minutos y 41 segundos.
  7. Premio #CarnaMat63: 21 minutos y 41 segundos.
  8. Buscando matemáticas: 14 minutos y 16 segundos.
  9. Viaje a España 2017: día 8: 13 minutos y 23 segundos.
  10. ¿Qué hacemos con 'La Manquita'?: 13 minutos y 17 segundos.
Para terminar, os comparto las diez entradas publicadas en 2019 que más me ha gustado escribir. Ya viene siendo habitual en los últimos años que haya poco donde escoger, puesto que solamente he publicado 39 posts, y buena parte de ellos son de la sección 'No es mío, pero es interesante', por lo que la selección ha sido bastante fácil de hacer:
  1. El 6 de enero sigue siendo mágico: aunque ya no la vivo con la ilusión de un niño, la noche en la que llegan los Reyes Magos es la más especial de cada año, y es que el momento de abrir los regalos es algo único.
  2. Carnaval de Matemáticas X.2 del 22 al 29 de marzo: por cuarta vez he tenido el honor de ser el anfitrión de esta fiesta bloguera de las matemáticas, y en principio no será la última.
  3. XXXV Olimpiada Matemática Thales: el curso pasado fue el primero que preparé a varios alumnos de 2º ESO del instituto en el que trabajo para participar en esta actividad matemática. Ninguno acabó resultando premiado, pero solamente el haber compartido con ellos la experiencia mereció la pena.
  4. ¡Que las matemáticas te acompañen!: ir a una charla de Principia y tener la suerte de conocer y hacerme una foto con la famosa divulgadora matemática Clara Grima no tuvo precio.
  5. Una Semana Santa nueva y polémica: después de varios años, por fin estrenamos el nuevo recorrido oficial, que resultó siendo muy criticado por muchos, a veces de forma justa y otras no tanta.
  6. Objetivo: La Luna. 50 Aniversario de una misión cumplida: en la otra charla de Principia a la que asistí tuve la oportunidad de conocer ciertos detalles de un momento histórico, el de la llegada del hombre a la Luna, que por edad no pude vivir en directo, pero ojalá dentro de poco pueda experimentar algo similar.
  7. El silencio de la ciudad blanca: el mejor libro que he leído con diferencia este verano, incluso me atrevería a decir que de los últimos cuatro o cinco años. Lo mejor de todo es que es el primer título de una trilogía que promete.
  8. Doce años que se han pasado volando: a duras penas, pero este blog sigue cumpliendo años, doce ya para ser exactos, aunque me temo que le quedan pocos.
  9. El juego de las 20 monedas: qué mejor idea para aprender matemáticas que con un juego, y todavía mejor compartirlo con vosotros, tal y como hice para participar en una de las ediciones del Carnaval de Matemáticas.
  10. Viaje a España 2017: día 9: con esta entrada que publiqué hace unos días terminé por fin de narrar el viaje que hice con mi madre por varias localidades de España en el verano de 2017. Todavía tengo pendientes varios viajes por contar, a los que habrá que sumarles los que ya tengo programados.
Con esto termina el resumen de lo que ha deparado el año 2019 en 'El mundo de Rafalillo'. Ahora os toca a vosotros opinar acerca de cuáles han sido las mejores entradas del blog durante el 2019.
¡Feliz año 2020!

domingo, 29 de diciembre de 2019

Viaje a España 2017: día 9


Domingo, 13 de agosto de 2017

8:00
Llegó la última mañana que tocaba levantarse temprano. Por la noche ya estaríamos de vuelta en Málaga, pero todavía nos quedaba pasar la mitad del día en Toledo, así que, tras ducharnos y hacer las maletas, abandonamos la habitación para dejarlas en recepción para venir a recogerlas cuando nos fuésemos definitivamente. Nos acercamos a las escaleras mecánicas que desembocan en el centro histórico para ahorrarnos las empinadas cuestas que habríamos tenido que subir a pie, para seguidamente buscar un sitio en el que desayunar. No nos complicamos mucho la vida, puesto que entramos en la primera cafetería que vimos abierta (estaba prácticamente todo cerrado), concretamente en Wamba, donde ambos nos tomamos pan tostado con aceite, mi madre con café y yo con un Cola Cao. Barato (3'80 € todo), pero un pan muy mejorable.
En primer lugar, nos dirigimos a la iglesia de Santo Tomé, una de las que estaba incluida en la pulsera turística que compramos el día anterior, pero todavía no estaba abierta al público, por lo que seguimos callejeando. Tras pasar por delante del Palacio de Fuensalida, sede de la Presidencia de Castilla-La Mancha, nos acercamos al Museo del Greco, dedicado al genial pintor cretense, y cuya entrada era gratuita por ser domingo. Primero accedimos al patio y las estancias de la casa que recrean el ambiente y la época en la que vivió El Greco, como por ejemplo la cocina o el estudio, para luego visitar las salas en las que se exponen obras del pintor, destacando especialmente los trece cuadros del Apostolado, y una capilla en la que llama la atención su artesonado mudéjar.
A continuación, entramos en el cercano Museo Sefardí y la anexa Sinagoga del Tránsito, también de forma gratuita. Allí pudimos contemplar la historia y el patrimonio que dejó el pueblo judío que vivió en Toledo durante tantos años: paredes de yeso profusamente decoradas con frisos e inscripciones, artesonados, objetos religiosos, etc. Nuestro siguiente destino era la Sinagoga de Santa María la Blanca, en la que pudimos entrar mostrando la pulsera turística por estar incluida en el precio de la misma. Por fuera pasa bastantes desapercibida, pero su interior es una auténtica hermosura, el cual destaca sobre todo por el blanco impoluto de sus arcos de herradura sostenidos por pilares con capiteles de motivos vegetales, un conjunto que recuerda al de una mezquita más que al de una sinagoga.
Tras pasar por delante de la singular fachada de la Escuela de Arte de Toledo, entramos en otro de los monumentos incluidos en la pulsera turística, concretamente en el Monasterio de San Juan de los Reyes. Para acceder al templo propiamente dicho, tuvimos que recorrer uno de los laterales del claustro, que ya dejaba muestras del estilo gótico característico del monasterio. Una vez dentro de la iglesia, me quedé impresionado por su majestuosidad y por la gran altura de su bóveda de crucería, pero lo que más me llamó la atención fueron las heráldicas de los Reyes Católicos a ambos lados; también habría que mencionar las capillas situadas en los laterales y la que está bajo el coro elevado, en las cuales se veneran diversas tallas cristíferas de bella factura. De vuelta al claustro, lo rodeamos por completo tanto por la planta baja como por la superior, donde el techo es de un llamativo artesonado de madera mudéjar.
Ya fuera, al llegar a la Puerta del Cambrón, una de las muchas pertenecientes a la muralla de la ciudad, tocaba acercarse al Puente de San Martín, otro de los que atraviesa el río Tajo y que cuenta con un torreón en cada extremo, pero fui a verlo yo solo, ya que mi madre estaba cansada y quería evitar subir y bajar más cuestas de las necesarias. De nuevo los dos juntos, nos dirigimos a otro de los edificios incluidos en la pulsera, el Real Colegio de Doncellas Nobles. Nada más entrar, accedimos a la iglesia del colegio, de una sola nave y con bóveda de cañón, y junto cuyo altar mayor se halla el sepulcro del Cardenal Silíceo, fundador del colegio; luego, subimos al Salón Rectoral, una estancia presidida por un retrato del cardenal y que cuenta con un artesonado digno de mención.
Tarde o temprano tenía que pasar, y es que era muy fácil perderse por las laberínticas calles de Toledo. Por suerte, un vecino al que pedimos ayuda para ubicarnos nos recomendó que, antes de continuar con la ruta que teníamos planeada, fuésemos a la iglesia de San Román, situada a pocos metros de donde nos encontrábamos y cuya visita había descartado por falta de tiempo, pero menos mal que finalmente la llegamos a conocer, y encima gratis. Actual sede del Museo de los Concilios y de la Cultura Visigoda, su interior llama poderosamente la atención por sus enormes arcos de herradura, por los numerosos frescos con motivos religiosos que adornan sus muros y por la capilla mayor; en sus naves pudimos ver también los expositores del museo, en los que se explica todo lo relativo a la etapa visigoda de Toledo y se muestran diversos objetos y restos arqueológicos de dicha cultura.
Poco antes de la una, estábamos de nuevo frente a la iglesia de Santo Tomé, el último monumento incluido en la pulsera turística que nos quedaba por visitar, y que ahora sí estaba abierta, aunque tuvimos que esperar unos minutos para poder entrar porque estaba lleno de turistas, así que mi madre aprovechó para comprarse una botella de Coca-Cola Zero en una máquina expendedora situada justo al lado y que le costó 3 €. Si por algo es visitada esta iglesia es porque en la capilla de la Concepción está el famoso cuadro de El Greco 'El entierro del conde de Orgaz', el cual está prohibido fotografiar, tal y como me dijo el vigilante de seguridad que estaba allí, aunque yo me las apañé para hacer una discretamente y sin que se diese cuenta; con respecto al templo, cabe mencionar su altar mayor y sus varias capillas con imágenes de cristos y vírgenes.

13:10
Todavía nos quedaba por ver el Alcázar, cuya visita se antojaba un poco larga, por lo que decidimos ir a buscar ya un sitio para almorzar y dejar para después de comer el monumento más conocido de la ciudad. Callejeamos un poco por el casco histórico hasta llegar a la Cervecería El Trébol, un sitio de tapas que tenía apuntada en mi lista y que está situado a pocos metros de la céntrica plaza de Zocodover; a pesar de que era temprano, estaba bastante lleno, y por suerte pillamos una mesa libre en la planta de arriba. De bebidas pedimos una limonada para mi madre y agua para mí, mientras que para comer compartimos una tapa de ensaladilla rusa, otra de patatas bravas, un croquetón de jamón y una parrillada de carne. Todo estaba bueno, sin más, y nos salió por 24'60 €.
Casi sin tiempo para reposar la comida, nos dirigimos ahora sí al Alcázar de Toledo, que actualmente es la sede del Museo del Ejército, y cuya visita era gratuita por ser domingo. Nada más entrar, nos dieron un plano para saber movernos por todo el complejo, aunque a pesar de esta ayuda estoy seguro de que nos quedamos sin ver algunas de las muchas salas que lo componen, más que nada porque, según ese plano, la duración media de la visita es de cuatro horas, y nosotros solamente íbamos a estar allí poco más de una hora. Una de las primeras cosas que vimos fue una maqueta que muestra el ruinoso estado en el que quedó el Alcázar después del asedio que sufrió en la Guerra Civil; de hecho, parece mentira que estuviese así viéndolo ahora tan bien conservado como está. Luego, pasamos a la sala de las miniaturas, con diversas vitrinas con pequeñas figuritas de soldados españoles de distintas épocas, y a la sala de condecoraciones, en la que se muestran medallas e insignias militares.
Después, subimos a la planta superior, donde, tras visitar la cripta en la que están enterrados algunos militares y civiles que defendieron el Alcázar durante la Guerra Civil y ver en una de sus salas una copia de la conocida pintura de 'La Rendición de Bailén', accedimos al Patio de Carlos V, en el centro del cual se halla una estatua de este rey español del siglo XVI. De allí salimos un momento a la explanada correspondiente a la fachada de Covarrubias, en uno de cuyos extremos se encuentra el monumento al comandante Villamartín y desde donde se tiene una panorámica de parte de la ciudad, para de nuevo volver al edificio y seguir recorriendo las salas referentes a la historia de España y del Ejército; de dichas salas destacan una réplica del retrato de 'Carlos V a caballo en Mühlberg' y la Capilla Imperial.
A continuación, bajamos a las salas en las que se exponen banderas y armas blancas y de fuego que ha usado el ejército español a lo largo de la historia, tras lo cual salimos a la explanada de la fachada este, en la que pudimos ver un helicóptero y un carro de combate, así como el Monumento al Asedio del Alcázar. Con esto dimos por terminada la visita, puesto que ya eran las cuatro menos cuarto de la tarde, por lo que seguidamente regresamos al hotel para recoger las maletas que habíamos dejado en recepción y emprender el camino de vuelta a casa; no obstante, todavía nos quedaba una cosa por visitar de Toledo, concretamente el Mirador del Valle, llamado así porque está junto a la ermita de Nuestra Señora del Valle, así que cogimos el coche y en menos de diez minutos nos plantamos allí.
La panorámica que teníamos ante nosotros era sencillamente espectacular, pues desde el mirador se divisa la colina sobre la que se asienta la ciudad imperial, rodeada por el río Tajo, y de la cual sobresalen las siluetas de sus dos monumentos más representativos: la Catedral y el Alcázar. Como os podéis imaginar, saqué mi cámara para tomar varias fotos de estas magníficas vistas, no muchas porque apenas me quedaba espacio en mis tarjetas de memoria, y luego tanto mi madre como yo nos hicimos otras de recuerdo. Pasadas las cuatro y media, nos montamos en el coche y pusimos definitivamente rumbo a Málaga, para lo cual nos incorporamos a la autovía A-42 y luego enlazamos con la CM-42, la Autovía de los Viñedos; precisamente cuando estábamos circulando por esta carretera, a eso de las cinco y cuarto, vimos a ambos lados cinco o seis remolinos de arena que, para ser sincero, me asustaron un poco porque estaban bastante cerca, aunque afortunadamente no pasó nada.
A la altura de Madrilejos, nos desviamos por la A-4, una autovía bastante tranquila en lo que a tráfico se refiere y bastante recta. A las seis y diez, poco antes de Valdepeñas, hicimos una parada en un área de servicio para comprar una botella de agua y descansar unos minutos, y es que estábamos reventados después de tantos días caminando. Nos pusimos de nuevo en marcha para cruzar Despeñaperros y adentrarnos por fin en Andalucía, de tal manera que, al llegar a Bailén, continuamos por la A-44. El siguiente alto en el camino lo hicimos a las ocho y cuarto en una venta de carretera de Noalejo, concretamente en el restaurante Rincón de Pepe, un lugar elegido a conciencia por los buenos recuerdos que me trae, ya que allí fue donde paré a almorzar después de hacer en Jaén el examen oral por el que conseguí una plaza en las Oposiciones de Matemáticas. Allí mi madre se tomó una tónica, mientras que yo me dediqué más bien a estirar las piernas, que de tanto conducir ya me dolían bastante.
Ya empezaba a anochecer cuando reanudamos la marcha. Seguimos hasta Granada para enlazar con la A-92; después de parar por última vez en Huétor Tájar para repostar 30 € de gasolina para ir a Jerez a visitar a la familia de mi madre unos días más tarde, nos desviamos por la A-92M y continuamos por la A-45 para llegar definitivamente a casa a las once menos veinticinco de la noche. Atrás quedaron casi 2300 kilómetros en coche para cruzar España de una punta a otra, para visitar pueblos y ciudades (Segovia, Palencia, Santander, Santillana del Mar, Potes, Burgos, Toledo...) en los que nunca había estado y a los que ojalá pueda volver dentro de unos años.

Nota: sí, este viaje lo hice en agosto de 2017, empecé a contarlo en agosto de 2018 y lo he terminado a pocas horas de que termine 2019. Un disparate, lo reconozco, pero es la consecuencia de querer narrar con detalle mis viajes, y eso que las entradas que publicaba hace unos años eran incluso más extensas que las últimas que he redactado. En la última entrada del anterior viaje ya comenté en una nota similar a ésta que recortaría la narración de los siguientes, pero es evidente que esa medida ha resultado ser insuficiente, más que nada porque en los últimos dos años he hecho más viajes y en el horizonte se divisan algunos más. Así pues, a partir de ahora las entradas de los viajes van a verse reducidas casi a la mínima expresión; básicamente, de cada día redactaré un breve comentario de cada uno de los principales monumentos, parques, calles y eventos a los que haya ido y los acompañaré de una foto. Me va a costar muchísimo cambiar el chip, sobre todo porque, como decía antes, se van a perder varios detalles y anécdotas que caerán en el olvido, pero es lo que toca salvo que alguien descubra cómo alargar los días para poder hacer tantas y tantas cosas que uno quiere. Mirándolo por el lado positivo, la frecuencia de publicación de las entradas de los viajes experimentará una clara mejoría. Eso sí, a ver cuántos años tardo en ponerme al día y no tener ningún viaje atrasado...

jueves, 12 de diciembre de 2019

No es mío, pero es interesante (CXXXII)

Aquí llega una nueva entrega de 'No es mío, pero es interesante', una sección en la que os recomiendo las entradas de otros blogs y webs que más me han interesado en las últimas semanas. Como siempre, hay algún blog que consigue colar más de un post, como es el caso de Microsiervos, con siete aportaciones. Y lo que tampoco cambia es la variedad de contenidos: matemáticas, ciencia, astronomía, curiosidades, vídeos, etc.
Echémosle un vistazo a los enlaces de esta entrega:
¿Os han gustado las recomendaciones de esta entrega? Espero que sí y que me lo hagáis saber a través de un comentario ;)

sábado, 23 de noviembre de 2019

Viaje a España 2017: día 8

Sábado, 12 de agosto de 2017

8:00
Como todas las mañanas de este viaje, nos despertamos puntualmente al sonido de las alarmas de nuestros móviles para asearnos y vestirnos, así como para terminar de hacer las maletas que ya habíamos dejado medio preparadas la noche anterior para embarcarnos en un nuevo trayecto en coche, aunque parte de la mañana la pasaríamos todavía en Burgos, pues nos quedaba por ver un par de cosas (en realidad, varias, pero con un tiempo tan limitado teníamos que seleccionar). Esta vez tocaba desayunar en el hotel, ya que estaba incluido en el precio de la habitación; en mi caso, mi desayuno fue similar al del resto de días, puesto que me tomé un par de tostadas con mantequilla, un surtido de bollería (croissant, napolitana y ensaimada) y un vaso de leche fría con Colacao.
A las diez menos cuarto, ya desayunados, volvimos a la habitación para recoger nuestras maletas y bajar a recepción para dejar las llaves. Para no tener que ir andando hasta el centro de la ciudad y luego volver al hotel para coger el coche, decidimos ir directamente en coche y aparcar por allí para perder menos tiempo; tras seguir la ruta que había consultado en mi móvil, pudimos aparcar en una calle próxima a la iglesia de Santa Águeda, que era el sitio donde teníamos pensado acabar la ruta que íbamos a seguir. En primer lugar, nos dirigimos a la plaza de Santa María para fotografiarnos con la Catedral de Burgos de fondo, tras lo cual nos dimos un buen paseo hasta la iglesia de San Gil Abad, la que nos quedaba por visitar de las incluidas en la pulsera turística que adquirimos la tarde anterior. Por fuera no llama mucho la atención, pero su interior resulta ser todo lo contrario, con un estilo claramente gótico, como demuestran sus bóvedas de crucería y arcos ojivales, y que destaca por sus numerosas capillas con retablos de gran valor artístico, en una de las cuales se venera el Cristo de Burgos, una talla de la Edad Media muy peculiar y con gran devoción en la ciudad.
Al salir de allí, continuamos nuestro camino por el cercano Arco de San Gil para luego ir en busca del Arco de San Esteban, que forma parte de la antigua muralla que rodeaba Burgos. De vuelta al centro, pasamos por la Plaza Mayor, en una de cuyas bocacalles vimos una de las muchas estatuas de bronce que hay repartidas por la ciudad, en concreto la del lector de periódicos, que rinde homenaje a la prensa escrita. Tras echarle un último vistazo a la catedral, nos acercamos a la iglesia de Santa Águeda, donde supuestamente tuvo lugar la Jura de Santa Gadea, en la cual el rey Alfonso VI juró al Cid Campeador que no había participado en el asesinato de su hermano, el rey Sancho II de Castilla. De estilo gótico, su interior no es precisamente grande, pues tiene solamente una nave, pero destaca por el retablo de alabastro de su altar, en cuya hornacina central se venera la imagen de Santa Águeda.
Minutos más tarde, a las doce menos veinte, ya estábamos en el coche dispuestos a salir con rumbo a Toledo. Nos incorporamos a la A-1 dirección Madrid, una autovía muy tranquila en esta época del año, con muy poco tráfico y sin apenas curvas, aunque poco antes de adentrarnos en la Comunidad de Madrid ya nos encontramos con el puerto de Somosierra, por lo que la carretera se fue haciendo cada vez más empinada. Precisamente en Somosierra hicimos una pequeña parada a eso de la una y cuarto, justo al lado de la ermita de Nuestra Señora de la Soledad, una pequeña iglesia a pie de carretera en la cual entramos; también nos acercamos a la iglesia de Nuestra Señora de las Nieves, situada a pocos metros de allí, pero estaba cerrada.
Reanudamos la marcha, aunque no por mucho tiempo, puesto que poco antes de las dos de la tarde, con el fin de evitar acercarnos demasiado a Madrid y que nos pasase lo mismo que el primer día del viaje, paramos a comer en La Cabrera, concretamente en La Posada de Mari. Mi madre se decantó por el menú de fin de semana, mientras que yo me pedí un plato combinado de lomo, huevo y patatas fritas. Todo correcto, aunque no para tirar cohetes, por 28 €, incluido 1'5 € de servicio de mesa, un añadido a la cuenta por la cara que sigo sin entender de muchos restaurantes, como cuando te cobran por los cubiertos. ¿Me como el filete sin cuchillo y tenedor? ¿Voy a la cocina a por mi plato de comida?

14:50
El resto del trayecto hasta Toledo lo hicimos del tirón, pero prestando mucha atención a las indicaciones que nos íbamos encontrando, así como a la ruta que llevábamos en papel, para no perdernos por los alrededores de la capital como nos pasó para ir a Segovia. Al adentrarnos en Madrid, enganchamos con la M-30 para finalmente desviarnos por la A-42 una vez que atravesamos buena parte de la ciudad. Superado el lío de carreteras de Madrid, el resto fue coser y cantar, puesto que, casi sin darnos cuenta, llegamos a Toledo a las cuatro y veinticinco. Aparcamos en la zona naranja, a pocos metros del Hotel Mayoral, donde, tras identificarnos como huéspedes, preguntamos si había que pagar por dejar el coche allí aparcado, y nos confirmaron que, al ser fin de semana, era gratuito.
Nos asignaron la habitación 114, esta vez con bañera en lugar de plato de ducha. La única noche que pasaríamos allí nos salió por 58'65 €, buen precio teniendo en cuenta que era sábado y que el hotel estaba situado a pocos metros del casco histórico, donde es prácticamente imposible circular con el coche. Tras dejar las maletas en la habitación, volvimos a la recepción para coger un mapa turístico y empezar con la visita de Toledo. En primer lugar, nos dirigimos a una de las escaleras mecánicas que salvan el desnivel que tiene el casco histórico con respecto al resto de la ciudad, y es que subir por empinadas cuestas en pleno mes de agosto con el calor que hacía no era nada recomendable. Al llegar arriba, avanzamos hasta la plaza de Zocodover para luego continuar por las estrechas y empedradas calles de Toledo hasta la Puerta de Valmardón, una de las muchas que pertenecen a la muralla de la ciudad, junto a la cual se encuentra la ermita del Cristo de la Luz.
Allí fue donde, al igual que hicimos en Burgos, compramos la pulsera turística que nos daría acceso a siete monumentos de Toledo por un precio de 9 € cada uno, lo cual nos salía a cuenta porque teníamos previsto ir a todos y por separado resultaba más caro. Empezamos por esta ermita, que en su origen fue una mezquita y que destaca por los blancos arcos de herradura que se entrelazan en su interior y por su pequeña cúpula estrellada; además, cuenta con un patio ajardinado que linda con la Puerta del Sol y desde el cual se divisa parte de la ciudad. A continuación, nos acercamos a otro de los monumentos incluidos en la pulsera, la iglesia de San Ildefonso (más conocida como de los Jesuitas), de majestuosa fachada barroca, y cuyo interior no es menos impresionante, pues llaman la atención su luminosa tonalidad blanca, sus grandes dimensiones, su altar mayor y sus numerosas capillas, casi todas ellas con notables retablos.
La visita incluía también la subida a una de las torres de la iglesia, algo que descartó mi madre, pero yo no quería desaprovechar esa opción a pesar de que implicaría más cansancio y más sudor. Menos mal que no desperdicié esa oportunidad, ya que al llegar al mirador me topé con unas vistas espectaculares de la Catedral, del Alcázar y de otros monumentos de Toledo, sin ir más lejos la cúpula de la propia iglesia. De nuevo con mi madre, fuimos en busca de la iglesia del Salvador, otra de las incluidas en la pulsera turística. Construida sobre una antigua mezquita, destaca por el blanco impoluto de sus paredes, por las columnas y la pilastra visigoda que sostienen arcos de herradura, así como por las tallas de cristos y vírgenes que hay en ella; también conviene citar las excavaciones arqueológicas que se están llevando a cabo en una de las naves laterales y que dan acceso a un paso subterráneo que conecta con un patio interior.
A las seis y media decidimos hacer un receso y tomarnos una Coca-Cola Zero en la terraza El 10 de Santo Tomé, que por suerte estaba cubierta por toldos y tenía pulverizadores de agua para refrescar el ambiente, que era bastante caluroso. Tras pagar los 5'20 € de los refrescos, bajamos por el Camino el Salvador y seguimos por el Pasadizo del Ayuntamiento hasta llegar a la plaza del Ayuntamiento, lugar en el que erigen edificios tan importantes como la Casa Consistorial, el Palacio Arzobispal y, sobre todo, la Catedral de Santa María. Para entrar en la catedral había que pagar 10 €, lo que nos parecía un poco excesivo, así que nos conformamos con verla por fuera, concretamente su característica torre campanario, rematada por una flecha; su fachada principal, en la que destacan la Puerta del Perdón en el centro y las del Juicio Final y del Infierno a cada lado, las tres de un marcado estilo gótico, al igual que el templo; y la Puerta de los Leones, situada en el lateral sur.
Una vez que rodeamos parte de la catedral, pasamos por delante de la Posada de la Hermandad y del Teatro Rojas para seguidamente callejear y llegar al Alcázar de Toledo, probablemente el monumento más representativo y conocido de la capital castellanomanchega, especialmente por las cuatro torres que sobresalen en cada esquina. La visita la dejaríamos para el día siguiente como colofón del viaje, puesto que ya estaba cerrado al público y además nos saldría gratis por ser domingo; así pues, de allí nos fuimos a la cercana plaza de Zocodover, punto de encuentro de los toledanos, y luego bajamos por el Arco de la Sangre para ver el monumento a Miguel de Cervantes, una estatua a tamaño natural del creador de don Quijote.

19:45
A continuación, bajamos por una empinada cuesta desde la que se divisan tanto el Castillo de San Servando como la Academia de Infantería, y que desemboca en la Puerta de Alcántara, que forma parte de la muralla de la ciudad y que está justo enfrente del puente de Alcántara, bajo el cual discurre el río Tajo. Mi madre se quedó esperando junto a la muralla mientras yo atravesaba el puente de punta a punta para ver los arcos situados en cada extremo del mismo y hacer algunas fotos desde la otra orilla del río, desde el cual se ve cómo sobresale el Alcázar por entre los edificios de Toledo. A pocos metros de allí teníamos las escaleras mecánicas, por lo que volvimos a utilizarlas para regresar al casco histórico y evitar subir más cuestas. En nuestro laberíntico callejeo, pasamos por la iglesia de San Vicente, que estaba cerrada; la plaza de Padilla, en la que se encuentra el monumento a Juan de Padilla; el bello edificio de la Escuela Oficial de Idiomas Raimundo de Toledo; la iglesia de Santa Leocadia, también cerrada, etc.
Quedaba poco para que fuesen las nueve de la noche y ya teníamos ganas de cenar, así que empezamos a buscar algunos de los sitios que tenía apuntados en la lista que llevaba. Al final nos decantamos por La Malquerida de la Trinidad, donde mi madre se pidió una Coca-Cola Zero y una tosta de jamón ibérico, mientras que yo me pedí agua y una hamburguesa de pollo. Sin ser exquisita, la comida estaba bastante buena, y el precio tampoco estaba nada mal, puesto que todo nos salió por 20'30 €. Salimos de allí poco antes de las diez de la noche, y, aprovechando que la teníamos a muy pocos metros, lo que hicimos fue acercarnos a la Catedral para verla iluminada, que me resultó incluso más espectacular que cuando la vi por la tarde, así que no dudé en hacerle varias fotos. Después de rodearla, hicimos lo propio con el Alcázar, que también contaba ya con la iluminación nocturna.
Para regresar al hotel, nos dirigimos a la plaza de Zocodover y, en vez de utilizar las escaleras mecánicas, bajamos a pie por el Paseo del Miradero, pasando por delante de la Puerta del Sol y de la iglesia de Santiago del Arrabal hasta llegar a la Puerta Nueva de Bisagra, enclavada en la muralla de la ciudad y que se compone realmente de dos puertas, la interior flanqueada por dos torreones de base cuadrada y la exterior por otras dos circulares, entre las cuales se forma un patio en el que hay una estatua de Carlos V. Fuera ya del casco antiguo, bordeamos la muralla para volver definitivamente al hotel. Esta noche sería la última en la que tendríamos que hacer las maletas, o al menos dejarlas medio preparadas, puesto que al día siguiente tocaba regresar a casa, aunque todavía nos quedaba echar la mañana completa en Toledo. Después de ver un rato la tele y hacer algunas llamadas, nos acostamos a las doce de la madrugada para descansar y poder afrontar las últimas horas del viaje.

sábado, 9 de noviembre de 2019

No es mío, pero es interesante (CXXXI)

Aquí tenemos una nueva entrega de 'No es mío, pero es interesante', una sección en la que os recomiendo las entradas de otros blogs y webs que más me han interesado en las últimas semanas. Como de costumbre, hay blogs que consiguen colar más de un post, como son los casos de Microsiervos y Gaussianos, con diez y dos aportaciones, respectivamente. Lo que tampoco cambia es la variedad de contenidos: matemáticas, ciencia, astronomía, curiosidades, vídeos, etc.
Echémosle un vistazo a la lista de enlaces de esta entrega:
¿Os han gustado las recomendaciones de esta entrega? Espero que sí y que me lo hagáis saber a través de un comentario ;)